UTOPÍA: Isla situada en el Mundo Nuevo

La búsqueda de la sociedad ideal en Occidente

Miguel Rojas Mix

La exposición sobre la utopía con que la Biblioteca Nacional de Francia, inauguró el milenio y que se expondrá a fines de año en The New York Public Library, Utopia: La quête de la société idéale en Occident (Utopía la búsqueda de la sociedad ideal en Occidente), va acompañada de un magnífico catálogo, editado por  Fayard, (París 2000). En él se reúne una serie de textos de gran interés teórico que muestran cuan profundamente anclada está la utopía en el espíritu humano, y cómo la idea subyace en muchas de nuestras concepciones políticas religiosas y culturales. Sobre todo es un marco de referencias a nuestras actitudes éticas, en particular cuando hablamos de Eutopía.

La exposición nos presenta un imaginario de Utopos, del “Ninguna Parte”,  que si inicia en la obra canónica: La Utopía de Thomas Moro (1516). A partir de ella se avanza y retrocede en el tiempo. Llega hasta los sueños de nuestro siglo ¿Cuál es éste:  el XX o el XXI?  Y retrocede buscando los  orígenes de la imagen hasta la Atlántida de Platón y la Arcadia de Virgilio. (En todo caso el concepto es anterior a Moro)

La Utopía formulada por Moro tiene mucho que ver con América: Su obra coincide con la época de los descubrimientos y en el prefacio cuenta que fue un marino de Américo Vespucio, Hythlodetes,  quien al volver del Nuevo Mundo, le narró al autor la historia de esa isla donde los hombres vivían en una sociedad modelo. El tema en la época interesó a pintores y escritores. Durero trazó dos planos de la ciudad ideal que sospecho inspirados en el plano de la cuidad de Tenochtitlán,  realizados para ilustrar las cartas de Cortés (Curioso es que este plano siga circulando como de autor desconocido, incluso en la presente exposición, cuando figura en el Tratado de las Fortificaciones de Durero).

Desde tiempos tempranos las utopías estuvieron divididas entre las realizadas sin intervención del hombre , como el Paraíso, la Edad de Oro, el “buen salvaje” (los  infiernos eran el correlato antinómico),  y aquéllas construidas por el esfuerzo de éste: como las Leyes de Platón. También se dividían en utopías intelectuales y populares: Popular era Jauja, el país donde el rico no entraría nunca, destinado a los que habían realizado las más pesadas tareas, donde  no se conocía el hambre,  las perdices y jamones caían asado a la boca: una tierra de leche y  miel. Otra variante eran las utopías milenaristas de los Profetas del Antiguo Testamento que ponían el acento sobre las calamidades por venir y la liberación en un sociedad futura mejor. El  milenarismo se asocia a la utopía en un punto preciso,  su concepción de la Nueva Jerusalén: “bella como una recién casada engalanada para recibir a su esposo” (Apocalipsis, XXI,2) Ciudad de proporciones perfectas, medidas por el Ángel del Fin de los Tiempos, metonimia del cosmos, ciudad telúrica donde el hombre concluye la historia, la Nueva Jerusalén, el reino a donde vuelve  Cristo en Gloria y Majestad: la ciudad a la que todos aspiran. La villa enigmática donde terminan los sueños.

Estas utopías donde el hombre no intervenía nunca se opusieron al orden establecido. Eran sueños, nada más, pero a fines de la Edad Media estos sueños se encarnaron en movimientos heréticos.

Las utopías construidas por el esfuerzo del hombre han tratado siempre sobre relaciones humanas: individuo y sociedad, vínculos entre los sexos, propiedad, repartición económica, poder político, etc., así como del papel atribuido a la educación y a las leyes en la construcción de la polis. Temas éstos que aparecen ya en  las Leyes y la República de Platón. Durante el Medioevo, la utopía parece encarnarse en el modo de vida monástica y en la recuperación del cristianismo primitivo, en reglas de vida como las edictadas por San Benito (480-543?) o San Francisco (1182-1226). Un ideal de existencia que incluso se reflejan  en la arquitectura de los monasterios.

A partir  del siglo XVII la novela se impone como género literario y la utopía se expresa en ella. Pero es sobre todo en los siglos siguientes cuando el argumento produce grandes obras. En el siglo XVIII dos obras que hacen escuelas: Robinson Crusoe (1749) y Los Viajes de Gulliver(1726) Ambas llevan una referencia a América, en particular la de Daniel  Defoe, inspirada en el hecho real de un marino inglés abandonado en la Isla de Juan Fernández, frente a las costas de Chile. El siglo XIX ve la obra de H.G. Wells : La máquina del tiempo (1895), y el XX Brave New World (1932)de Huxley  y 1984 de George Orwell (1949). Simultáneamente el siglo conoce el florecimiento de un género que se inspira tanto en la utopía como en la anti-utopía: la ciencia-ficción

Parejas con el desarrollo de la novela en el siglo XVII aparecen las utopías que se refieren a la ciencia y a la tecnología. Se refieren más que se inspiran:La Nueva Atlántida de Francis Bacon (1627), así como los escritos de Campanella, Giordano Bruno y Commenius.

El siglo XIX conoció los socialistas utópicos:  Robert Owen, Charles Fourier, Henri de Saint-Simon, Etienne Cabet.. Contra ellos se volverán severamente Marx y Engels  que rechazaban el comunismo utópico. Pero el tema utópico dominante en el siglo XIX fue el socialismo bajo todas sus formas.

De la Edad Media a nuestros días la cuestión central de la utopía es la ciudad, y no hay gran arquitecto que no haya sentido la tentación de trazar los planos de  la ciudad ideal. Citemos sólo algunas de las grandes figuras del siglo XX Le Corbusier y su proyección sobre Niemeyer y Lucio Costa en Brasilia y Frank Lloyd Wright que buscó en los monumentos precolombinos su idea de futuro con el maya revival style

La exposición se centra sobre el espacio utópico: la ciudad ideal. La sigue desde las cartas mineadas del Paraíso, los templos y abadías que figuraban  como el ombligo del mundo, pasando a través de las muchas vistas de la Tradicional y la Nueva Jerusalén, sin olvidar otros expedientes apocalípticos, o las representaciones de la ciudad de Dios en el sentido puramente espiritual como la veía San Augustín,  ni la ciudad de las damas, utopía feminista avant-la-lèttre, que se desarrolla en Le Livre de la Cité de Dames (1405) de Christine de Pisan:.  Se extiende especialmente en la utopía del Nuevo Mundo, pero trata el tema de manera más bien tradicional. A fines del  siglo XVIII pasa revista a la ciudad ideal de Ledoux y al “Cenotafio de Newton” de Etienne-Louis Boullée, llegando en el siglo XX hasta los futuristas rusos.

Pese a que no deja de tocar los movimientos comunitarios, e insiste –como lo dijimos- en las relaciones  entre  socialismo y utopía, trae un capítulo sorprendente sobre utopía y totalitarismo. El mismo autor dice que parece aberrante asociar ambos términos, en particular porque Utopía, el lugar que no existe, es también Eutopía, el lugar del bien. Sin embargo, señala,  es necesario porque a menudo en su obsesión de reconstruir al hombre y de constreñirlo para que sea feliz, la utopía  avecina el discurso totalitario. El mayor deslizamiento viene de la idea de hacer tabla rasa con el pasado y construir al hombre nuevo. El hombre nuevo del Tercer Reich aparece ilustrado en la exposición por una serie de fotos de Leni Riefenstahl.

Pero ésta es en realidad la antiutopía descrita por Huxley y  Orwell. Un género que, por otra parte, recoge todos los arquetipos que ha dado la imaginación gótica en obras como el Dr Jeyll y Mr Hyde (1886) de Stevenson, El Retrato de Dorian Gray (1891) de Oscar Wilde, La Isla del Doctor Moreau de Wells y Drácula de Bram Stoker, a la par que en numerosas novelas de ciencia-ficción.

Finalmente la muestra no deja de considerar las grandes reflexiones del siglo la materia:  la de Karl Manheim: Ideología y utopía (1929), quien estudia estos términos como dos grandes categorías mentales: mentalidad ideológica,  reflejo de las clases dominantes y mentalidad utópica,  expresión de las clases dominadas que rechazan las limitaciones impuestas al espíritu por la ideología y sus servidumbres. Es ella la que actúa en las transformaciones sociales de importancia. Y la concepción de Bloch en elPrincipio de Esperanza (1955-59). Una idea que hoy subyace en todo proyecto progresista. La utopía impregna toda actividad humana y cuando ella toma la forma de una utopía concreta (lo que todavía no es pero que podemos hacer realidad) crea los fundamentos para construir una realidad mejor.

La utopía por lo general es contestataria. Manifiesta la frustración por el estado en que se encuentra el mundo y aspira a una vida mejor. Cuando no va más allá de los buenos deseos se queda en el imaginario, pero cuando avanza propuestas concretas de cambio toma la forma del discurso reformista, incluso de incitación a la revuelta y la revolución Así  piensa  Bloch la Utopía concreta.