Un gran abrazo a Damián Bayón

Querido Damián:

Permíteme que me dirija a ti como si ejercitara el género epistolar, porque él facilita las cosas, decir lo mucho que queremos a alguien es siempre algo íntimo y púdico, y es un hecho que la carta se presta m,as a la discreción que el discurso, porque permite mantener la frescura del afecto que exige la intimidad.

Pues bien,

Querido Damián he aquí un puñado de amigos, muchos de los cuales hemos sido a lo largo de una vida, la tuya y la mía, tus “compañeros de ruta”, como se decía en tiempos en que imperaba otro lenguaje, el que incluso llegó algunas veces a separarnos en juicios dispares sobre el tema que finalmente nos reune a todos, el arte, pero sin que nunca pudiera alejar nuestros afectos ni romper el mutuo respeto. Un grupo de amigos -repito- nos hemos reunido aquí para manifestarte nuestro aprecio: en primer lugar como ser humano y amigo; en segundo lugar como maestro, como fundador de una dimensión de nuestra cultura que cada vez alcanza mayor identidad, como fundador no por cierto del arte latinoamericano, pero sí de la idea que que éste existe, la idea de que el arte latinoamericano tiene una identidad frente a otras formas culturales.

Se te conoce como crítico, profesor, teórico, escritor, arquitectólogo, ahora memorialista y múltiples etcéteras. Cada uno de los que vamos a intervenir en este homenaje nos referiremos a algunas de esas tablas que forman el políptico de tus actividades e intereses. Estamos covencidos, en todo caso, que sólo abordamos un escorzo de tu personalidad, y, por eso, para no simplificarla ni reducirla, quiero recordar que como todo buen amante y analista del arte, eres todo eso, y más

Nadie puede abordar ese terreno, ni recorrer las mil y una rutas del arte, tan múltiples como diversas, sin disponer de todos esos talentos: de la sensibilidad del gusto, del pulso del escritor, del rigor del historiador, de la agudeza para percibir la modernidad del gran periodista, etc. Y tu obra muestra que has estado bien aviado para recorrer esas rutas.

Quisiera referime a ti como historiador. Y podría comenzar por la lista de tus obras que se distinguen en toda bibliografía de historia del arte latinoamericano que se respete. Podría citar Aventura plástica de Hispanoamérica (México 1974/1991), Sociedad y arquitectura colonial sudamericana (Barcelona 1974), Artistas contemporáneos de América latina (Barcelona 1981), Historia del arte colonial sudamericano (Barcelona 1989), La peinture en Amérique latine au XXe siècle (París 1990), etc….., pero es un trabajo vano porque ya las conocen todos.  Igualmente podría hablar del método, de la forma en que has llevado tu mirada por el arte, guiado por la sociología que bebiste con Francastel, sin olvidar ese análisis que se presentó como gran novedad, el de la semiología, pero que los historiadores del arte conocíamos de siglos, desde que el afamado Ripa publicara su Iconología; y por cierto, sin olvidar el interés por la modernidad con que enriquecieron tu espíritu historiante las lecciones de ese otro gran maestro que fue Romero Brest, y de cuya escuela salieron algunos de los grandes fundadores de la crítica del arte latinoamericano.

Fué en la confluencia de estas circunstancias donde se plasmó tu doble personalidad estética, la de crítico y la de historiador. Es en esa dualidad que hay igualmente que entender tu valor dentro de la historia del arte: no sólo por que has escudriñado el pasado y tus obras son señeras para entender el arte colonial, los avatares de nuestra arquitectura o aventurarse en al arte contempor neo, sino también por que tu obra es un documento en sí sobre la creatividad de una época: la misma que cubres en tu parto m s reciente: Las memorias de tu andadura por el mundo.

Por ello, por toda tu obra Damián quiero manifestarte la admiración mía y la de todos los que aquí nos reunimos.

Por ser como eres y por agraciarnos con tu amistad quiero manifestarte nuestro afecto y nuestro reconocimiento.

Recibe en éste, último día del mes de noviembre, que es como si fuera gran cumpleaños tuyo, en mi nombre, y en el de todos, un gran abrazo.