Tintin un héroe cristiano occidental

TINTÍN: HÉROE CRISTIANO Y OCCIDENTAL

Sin lugar a duda Tintín es una de las imágenes que mueven al mundo. En el año 2000. con ocasión de la fiesta de la estampilla, el Correo emitió un sello con la imagen de Tintín. A partir del 2005 y cada dos años se organiza en Europa un festival Tintín. Los grandes artistas le han dedicado cuadros al personaje y a su autor: a Tintín, Roy Lichtenstein, a Hergé, Andy Warhol. A partir del 2005 y cada dos años se organiza e Europa u festival Tintín- El primero fue en Bruselas, en julio del 2005; el segundo en Lausanne, en el mismo mes, el 2007. Y en el año 2012 se estrenó una súper producción realizada por Spilberg.

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Tintin es un héroe conocido en todo el planeta y en todas las lenguas, un héroe de papel con aventuras imaginarias. Para la francofonía son menos imaginarias. Para dichas culturas es un icono cultural. Aunque hay tintinófilos de todas las edades; su lectura en niños y adolescentes deja una huella particular. Es un arranque para que se formen la imagen de otras culturas y de otros sistemas políticos, una de las primeras aproximaciones a la idea del otro. En ese sentido es una obra, la de Hergé, de fuerte contenido ideológico. Es ahí donde comienzan las dificultades. Por el currículo oculto que portean los álbumes. En un artículo del Foreing Policy, edición española (diciembre-enero 2006) se muestra como la edición oficial de Tintín en China (hay numerosas piratas) ha tenido que censurar sus textos. De El loto azul y Tintín en el Tibet, han eliminando todo aquello que podía contrariar la dignidad nacional: por ejemplo los “ji ji ji” del tendero chino de Katmandu y por supuesto la última viñeta de Tintin en el Tibet, donde el Yeti dice: “¡Tintín ha salvado a su amigo Tchang del Tibet, pero los tibetanos viven bajo el yugo de los diablos comunistas, y es terrible!”. El CRE (Comisión por la Igualdad racial del Reino Unido) pide prohibir totalmente la circulación de Tintín en el Congo y que se conserve en un museo con el título “disparate racista y pasado de moda”. La Editorial Egmont que lo publica , ha incluido una etiqueta que advierte que el cómic contiene” estereotipos burgueses y paternalistas de la época, interpretación que algunos lectores podrían considerar ofensiva”, Por otra parte, en el mes de agosto del 2007, un congolés estudiante de ciencia política presentó una demanda a la sociedad Moulinsart, que posee los derechos de Hergé, señalando que la aventura africana de Hergé es un libro “racista y xenófobo” y pidió que sea retirado de las librerías. Hay viñetas que considera inadmisibles “pura propaganda colonialista”. En ese sentido el estudio de las aventuras del héroe del copete es de particular importancia para comprender la América imaginaria que a menudo anida en la cabeza del europeo. Varias generaciones de niños comenzaron a conocer América Latina leyendo La oreja rota, El templo del sol y Los Pícaros. Algunos se quedaron allí otros llegaron a ser catedráticos, pero los estereotipos los siguen rondando.

A Hergé y a su personaje se le han dedicado numerosas exposiciones. La más reciente la del Centro Pompidou de diciembre del 2006 a febrero del 2007. Pero la que más me interesó, fue una de 1979. Frente al Centro Pompidou, el Centro cultural de la comunidad francesa de Bélgica presentó “EI Museo Imaginario de Tintín”. El interés de la muestra consistía en demostrar lo que el propio Hergé había afirmado en numerosas entrevistas: la importancia que ha tenido la documentación fotográfica en la realización de sus sucesivos álbumes. Si en la galería se exponía el fetiche arumbaya de La oreja rota, el tarro de conservas de El cangrejo de las pinzas de oro, el cetro de Ottokar y la momia de Rascar Capac; en el catálogo se reproduce una impresionante colección de fotos y recortes de periódico que sirvieron al dibujante belga para imaginar sus argumentos o confeccionar sus recuadros. Quedaba claro, allí, que la mayoría de sus personajes habían sido tomados de la vida real. El sabio insólito de Vuelo 714 para Sydney estaba calcado sobre Jacques Berger, coautor de Le Matin de Magiciens, Tornasol se inspiraba en el profesor Piccard, inventor de batiscafo. Se comprobaba igualmente que numerosas de sus escenas venían directamente de fotografías de periódicos. ¿Periódicos? El plural es casi excesivo, pues si uno se tomaba la molestia de mirar uno a uno los créditos de las fotos, comprobaba que las fuentes en realidad eran dos: Cinemonde y la revista Match. Y esto es significativo, ya que si se piensa que lo que diferencia a Tintín de otros cómics es que no sólo sus imágenes, sino sus argumentos se inspiran en el mundo real de la información, que Tintín evoluciona en un mundo político, siguiendo los acontecimientos históricos y que a menudo visita países existentes y se mueve en decorados realistas, sus fuentes resultan particularmente importantes para esclarecer la óptica a través de la cual Hergé se asomó al mundo.

Hergé nació en 1907 en Bruselas y apenas entró al colegio, ingreso en el movimiento scout, llegando a los diecisiete años a ser jefe de patrulla. Sus primeros dibujos aparecieron en la revista Boy Scout, órgano mensual de los scout belgas. La experiencia scoutista lo marco indeleblemente, dándole una moral: las virtudes legendarias de la lealtad, cortesía, dedicación, franqueza, etc., que el va a transferir por entero a su héroe. En efecto, Tintín nunca deja de ser un boy-scout, incluso por su aspecto físico.

En 1926 se publica su primera serie ya con el pseudónimo de Hergé (formado por las iniciales de su nombre Georges Remi, invertidas): Las aventuras de Totor C. P. de los Hannetons. El dibujo es todavía torpe y la composición monótona. La diagramación comprende de seis a ocho imágenes por página, todas del la mismo tamaño.

Es después de esta experiencia que Hergé entra a trabajar en XXeme Siècle, diario católico y nacional de doctrina e información, como la definía su subtítulo y que era el órgano oficial del nacional catolicismo belga. Es allí donde lanza el personaje que lo hizo famoso: Tintín. Sus primeras series aparecen en 1930 y corresponden absolutamente al espíritu del periódico, cuyo director, el abate Norbert Wallez, según confesión del propio Hergé, “se comía un bolchevique en cada comida”. Tintín en el país de los soviets fue el primero de una serie de ocho álbumes con temas exótico-ideológicos, que Hergé va a publicar durante diez años (cuando todavía Tintín no había encontrado sus amigos): Tintín en el país de los soviets (1930), Tintín en el Congo (1931), Tintín en América (1932), Los cigarros del Faraón (1934), El loto azul (1936), La oreja rota (1937), La isla negra (1938) y El cetro de Ottokar(1939). El dibujo es aún débil y los personajes son indefinidos. Es la historia la que tiene la parte principal. La serie fue interrumpida por la guerra, durante la cual Hergé colabora con el diario Soir Jeunesse. En las historias publicadas durante este periodo abandona los temas ideológicos y hace una historieta de evasión y puro entretenimiento: El cangrejo de las pinzas de oro (1941), La estrella misteriosa (1942), El secreto del Unicornio (1943), El tesoro de Rackhaman el Rojo (1944). Es en esa época que aparece el Prof. Tornasol y el capitán Haddock.

Apenas unos días después de la Liberación, el periódico Le soir va a ser suprimido por el Alto Comando y Hergé arrestado por las milicias de la Resistencia. Y pese a que pronto fue liberado y se archivo su expediente, sus álbumes desaparecieron del mercado. Hergé fue puesto en el índice por kollaborateur y acusado de formar parte de un grupo de periodistas de “Orde Nouveau”[1]. Dos años después sin embargo, reapareció en gloria y majestad al inaugurarse la revista Tintín. Desde entonces hasta su muerte publicó once aventuras, dejando inconcluso Tintin et l’Alph-Art (1986, réédité en 2004)

La visión del mundo de Tintín

¿Es fascista Tintín? Así se titulaba un articulo que en 1975 hizo aparecer la revista Gulliver y la verdad es que sobre este tema la polémica es vasta. Va de los que afirman que “Tintín y Milou eran los porteros y los bedeles de la propaganda de Goebbels”[2], hasta aquellos que sostienen que estas son calumnias y que sus colaboraciones en los periódicos belgas de la ocupación, servían a mantener la moral del pueblo”[3]. La polémica se ha encarnizó en las décadas de los sesenta y setenta como consecuencia del interés que despertó la semiología por los análisis denotativos y connotativos de los cómics. A partir de entonces el contenido político de los álbumes de Tintín comenzó a ser pasado a peine fino.

Las acusaciones se envenenaron al máximo precisamente cuando se hizo aparecer una edición pirata de Tintín en el país de los soviets, álbum que el propio Hergé nunca había querido hacer reeditar a causa del anticomunismo primario que lo inspiraba. Desde la primera página el relato toma el tono del panfleto. Tintín se enfrenta con la Cuépeau, la policía secreta de Stalin, y en sus peripecias nos va dando la imagen que él tiene de la sociedad socialista. Niega que las fábricas marchen realmente, asiste a una distribución de pan a los pobres, donde solo se les reparte a aquellos que se dicen comunistas. Por un pasaje secreto llega a un lugar donde se guardan los tesoros que Lenin, Trotski y Stalin han robado al pueblo. En este escondrijo encuentra también el trigo, el caviar y la vodka, destinados a probar en el extranjero las riquezas del paraíso soviético, mientras el pueblo se muere de hambre. En fin, desarma a un bolchevique que tenía el proyecto de dinamitar todas las capitales de Europa.

Hergé, interrogado sobre este libro se defiende diciendo que son imágenes d´Epinal hoy día pasadas de moda, o se excusa hablando de pecado de juventud. No falta quien trata de justificar este álbum afirmando que también Hergé lanza sus dardos contra el sistema capitalista americano, que en sus aventuras siguientes constantemente esta enfrentándose a gangs internacionales, agentes de un “hypercapitalismo”. Su personaje Rastapopulos, que aparece por vez primera en Los cigarros del faraón y que es un malo rotundo, encarna los grandes trusts internacionales, cuyo único fin es hacer dinero. Sin embargo, esta denuncia a diestra y siniestra no prueba gran cosa porque es efectivo que de la misma manera que el anticomunismo, el anticapitalismo se encuentra en los principios ideológicos de todos los movimientos fascistas.

Hergé asistió al nacimiento del movimiento Rex (y según algunos dicen, militó en él) que tuvo una importancia considerable en Bélgica de los años 25 a 35. El rexismo nació justamente al interior de la revista XXème Siècle, bajo la inspiración de Leon Degrelle, que volvía entonces de México y, probablemente inspirado por los movimientos que allá se organizaban en torno a la defensa de Cristo-Rey para oponerse a la Revolución Mexicana. Degrelle lanzó una campaña en el periódico, bajo el título de “Rex vencerá”. Sus artículos aparecían verso/reverso con las aventuras de Tintín.

El movimiento Rex, que se inspira sustancialmente en La Acción Francesa de Charles Maurras, se proclamaba defensor de los valores cristianos. Defendía las jerarquías naturales al interior de la sociedad, el valor de la familia y la propiedad, la dignidad de la persona humana y creía que los pueblos de Occidente a través de la moral cristiana tenían la función “misional” de restablecer el orden y defender la civilización en el Tercer Mundo. Afirmaba que los dos grandes monstruos que atentaban contra la civilización y la dignidad humana eran el hypercapitalismo, herencia del liberalismo, y el socialismo. Uno de sus mas famosos slogans será: “Ni Washington ni Moscú”.

Muchos pretenden desvirtuar la acusación de fascista, señalando Hergé desde antes de la Ocupación va a denunciar el nazismo y citan, a guisa de ejemplos la persona del conspirador Musstler (nombre entre Mussolini y Hitler), creado por Hergé en 1939 en El Cetro de Ottokar y que quiere derrocar la monarquía de Syldavia. ¡Tintín aparecerá allí para salvar la monarquía! y El asunto tornasol de 1956 donde hace una verdadera caricatura de la Alemania nazi a través del régimen de Plekzigladlz, en que los oficiales saludaban con la mano extendida.

Es posible que la discusión fuese mal planteada. Lo que ocurría es que ni el movimiento Rex ni la “Acción Francesa” eran idénticos al fascismo o al nacionalismo alemán. Su ideología integrista los separaba de ellos porque eran ante todo católicos y, además, férreos defensores de las monarquías (¿de las monarquías dictatoriales como decía Maurras?) y de los principios de la civilización cristiana y occidental.

En toda la obra de Hergé subyace la adhesión a estos principios, representados por Tintín. Un periodista francés, Olivier Todd, en una emisión de la BBC sobre el héroe belga, decía que éste encarnaba “los mejores aspectos del humanismo europeo, mesura, equilibrio, sentido de la justicia, humor, generosidad y ese amor no afectado por el género humano”.

Tintín es un héroe coherente, rotundo, que representa los valores del scoutismo católico. Tintín más que un ser humano es un ideal, un ejemplo, un héroe irreprochable. Existe solo como aliado del bien, con que se identifica en un mundo maniqueo, donde el bien está en constante lucha contra el mal. Tintín está fuera de tiempo, no envejece, siempre esta correctamente vestido. Apenas en los últimos tomos, un viento de modernidad ha hecho que cambie sus pantalones de golf por un par de jeans, la bicicleta por un velomotor y ponga en su casco el signo de la paz. Es el deseo de afirmar el pacifismo de la “neutralidad” de Hergé y de reactualizar la imagen de permanente juventud (medio caduca con los pantalones de golf). En 50 años Tintín ha envejecido apenas 3. Ahora tiene 17 pero, cuando se le interroga sobre su vida sexual, responde alarmado. Atención, tengo la forma de alguien de 17, pero moralmente tengo todavía 14[4].

Tintín no bebe, no fuma, es deportista. Tiene un lenguaje perfecto. Mientras la sordera de Tornasol le hace confundirlo todo y Haddock inventa las más insólitas injurias. Tintín se expresa siempre con perfecta corrección: “Es que yo soy el que reparte el juego —afirma en su seudoentrevista— Estoy ahí para aclarar las cosas, soy el hilo conductor”[5] . Tintín podría encarnar la imagen perfecta del héroe fascista descrito por Drieu la Rochelle. Tan inquebrantables son las virtudes de este adolescente modélico, que Hergé estuvo obligado a poner junto a él al capitán Haddock, torpe, borracho y vocinglero, para humanizarlo.

De esta concepción del héroe cristiano y occidental se desprende un mal disimulado racismo y un solapado antisemitismo. La denuncia de Hergé de las bandas internacionales cuyo único fin es hacer dinero, corresponden a las consignas de la Acción Francesa de entre las dos guerras, que denunciaban los valores del dinero que corrompían los valores de la sangre y la capacidad de los grandes banqueros, judíos por encima de todo, antes de ser belgas o franceses. Esos metecos o rastacueros como se les llamaba son encarnados por Rastapopulos (y la consonancia entre los dos nombres es clara). Basta observar con un poco de atención a este personaje para ver que Hergé ha querido reproducir en él la caricatura del judío que circulaba en la preguerra, de nariz aventajada y orejas bajas, es el judío internacional, el judío errante, deshonesto, traficante y complotador. El hecho mismo de que Hergé le ponga a la cabeza de una firma de cobertura la Cosmos Picture reafirma este aserto, pues en esa época el propio Celine, acusaba a los medios cinematográficos de estar profundamente judaizados.

Hergé ha llegado incluso a cambiar en su ediciones sucesivas el nombre de algunos de sus personajes para borrar las huellas de su antisemitismo. Así su enemigo de La estrella misteriosa, el banquero internacional, que en la edición aparecida durante la ocupación se llamaba Blumerstein, ha trocado su nombre por el Bohlvinkel, de resonancias flamencas. El racismo de Hergé es sutil. El mismo se defiende diciendo que no es para nada racista, señalando que a lo largo de sus aventuras Tintín tendrá por amigos a un joven africano, a un tibetano y a un quechua (pero la amistad con los jóvenes “de color”, forma parte del espíritu de jamboree de los grandes encuentros internacionales del scoutismo). Y que en Stock de coque (1958), justamente la misión de Tintín es poner término a la actividad de los negreros. La verdad es que el racismo, así como el colonialismo de Hergé se expresan sobre todo en la visión que da de los países del Tercer Mundo y en el papel que asigna a Tintín de salvador del orden y portador del occidentalismo. Tintín en el Congo ha sido el ´álbum más criticado de Hergé. En primer lugar por los numerosos detalles racistas y colonialistas que se advierten en dibujos y textos blanco colonialistas que se hace llevar por los negros en palanquín.

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Los africanos son la caricatura del “negro jetón”, flojo, estúpido, hablan con una sintaxis defectuosa, mientras un elefante se expresa en correcto francés. En África colonial, Francia, Alemania, Inglaterra, Bélgica, Portugal e Italia se repartían el continente africano, Jules Ferry declaraba: La política colonial es hija de la política industrial. Las razas superiores tienen un derecho frente a las razas inferiores: el de civilizarlas” El álbum ha sido criticado incluso por las escenas de caza: hiere a un elefante, mata monos, búfalos, antílopes, revienta un rinoceronte con un cartucho de dinamita… Hasta el punto que el propio Milou –su perro- exclama: “No soporto estas carnicerías…” Hergé se defiende diciendo que el álbum muestra la imagen que se tenía en la época de la quera la principal colonia belga. No deja de ser cierto. No se puede olvidar que en 75 años de colonización de Bélgica, apenas llegaron a 50 los universitarios nativos,. Eran unos años en que los fotógrafos se solazaban captando escenas de caza no menos brutales que las que practica Tintín. Como una foto de 1900 que muestra la caza y tortura de un gorila en torno al cual danzan las mujeres.

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Analizando los tres álbumes que ha dedicado a América Latina se ve claramente como y con qué métodos, construye Hergé una visión colonialista y racista del Tercer Mundo.

En primer lugar, la defensa de la civilización cristiana y occidental. Misión en que se reconoce el catolicismo integrista, y atribuye a Occcidente una tarea: la de “salvar” a América y África de la barbarie, la ignorancia y el subdesarrollo. En este sentido esta concepción es radicalmente colonialista. Tintín como héroe en sus aventuras “exóticas” se identifica cono la moral cristo-occidental y asume el papel de “salvador” a todos los niveles. En El tempo del Sol, por ejemplo, es él quien salva de los peligros de la selva a su compañero Zorrino, no obstante ser éste el guía y el conocedor de la región. Y si se revisa la edición en blanco y negro de Tintín en el Congo, que apareció en 1931, el mismo año de la gran exposición colonial, se puede verificar con una cita esta afirmación. Allí se afirmaba: “El colonialismo es un misión sagrada de la civilización”. Hergé ha tenido cuidado de hacer desaparecer esta frase de las sucesivas ediciones.

En este aspecto, el exotismo de Tintin es el reflejo de su ideal misional del colonialismo, lo que lo diferencia profundamente de los cómics americanos, expresiones más bien de una mentalidad puritana, que no cree en el valor de la “misión”, pues se ven a si mismos como un pueblo elegido por Dios, y formando una comunidad sagrada y cerrada. Dentro de esta ideología la función del héroe es defender esa colectividad y, en consecuencia, la mayoría de las historias tiene como fin atender a su salvación cuando la amenaza algún peligro. Pero hay excepciones notables Tarzan, El fantasma, Buz Sawyer…, las que ocurren en el espacio interplanetario y algunas series de Walt Disney. Andanzas estas últimas que revelan una concepción distinta del colonialismo, pero no menos colonial: lo único que va a “salvar” el Pato Donald, son las riquezas del Tío Rico.

 

Por otra parte, las historias de Hergé son en su mayoría inspiradas por acontecimientos contemporáneos. Tintín y los Pícaros, según el mismo lo señaló en una entrevista[6], se basaba en un asunto de época, en Régis Debray y los Tupamaros. No concedía que se inspiraba también en el régimen castrista, mismo si resultaba evidente. Seguir los acontecimientos históricos, le permitía dar e imponer su visión política, y de una manera solapada, pues Hergé está constantemente afirmando su neutralidad. En Tintín y los Pícaros dice rechazar ambos sistemas enfrentados, por opresivos y totalitarios: la dictadura y la revolución. La miseria del pueblo no cambia –afirman sus imágenes- es la misma bajo el régimen del dictador Tapioca, sostenido por la Bordurie, que bajo el “revolucionario” Alcázar, financiado por la Internacional Banana Co. Y, para prueba el último recuadro, donde en las “fabelas” -siempre idénticas en su miseria- sólo ha cambiado el uniforme de los guardias que las vigilan: antes vestían de policía militar y ahora lo hacen de “guerrilleros”, pero la matraca que llevan en la mano es la misma. Ni capitalismo ni revolución, parece decir Hergé ¡Neutralidad!.

La suya es, empero, una neutralidad pro domo sua, que no hace sino defender las ideas políticas del autor. Ya antes, en La oreja rota, la Revolución había sido presentada como un combate que resultaba absolutamente indiferente, tanto para el desarrollo del país como para el pueblo, que estaba dispuesto a aclamar al primer venido. El único portador de valores éticos es Tintín. Las luchas contra los tiranos en Hergé no tienen nada que ver con las ideologías políticas son únicamente querellas personales entre dos grupos y tanto vale un general como otro.

Así mediante un proceso de generalización, se busca transformar la historia en naturaleza. ¿Quién pude negar las dictaduras en América Latina? Pero, vaciarlas de su contenido político y hacerlas aparecer como algo que forma parte de la naturaleza del continente, implica un juicio sobre el hombre, pues ellas no quedan circunscritas a una historia particular sino a la condición humana del latinoamericano.

Y mientras Hergé se mofa de las dictaduras y se abstiene de hablar de los regímenes democráticos, manifiesta una profunda simpatía por las monarquías ¿No es acaso salvar la monarquía la misión que tiene Tintín El Cetro de Ottokar?

La técnica del belga se presta además extraordinariamente al mensaje que quiere transmitir. Sus personajes, caricaturescos, evolucionan en un mundo de un realismo extremo y cuidadosamente documentado. Con ello se da un máximo de credibilidad a las aventuras y mediante un proceso de amalgama se mezcla la realidad con el mito para hacer pasar aquélla al mundo de éste o fundar el mito en una realidad evocada. Con la revolución, por ejemplo, se hace pasar como características de la política del continente, la violencia y la inseguridad, que tipifican en una imagen generalizada de las sociedades extraeuropea. En sociedades caóticas como son las latinoamericanas da lo mismo una revolución que una dictadura. En los Pícaros, Hergé contrapone dos imágenes en un argumento “a pari”. Inicia la historia con una viñeta con soldados de la policía militar cuadrillando una Villa miseria y la termina con soldados revolucionario revolucionarios cuadrillando la misma villa. Nada ha cambiado. Es un argumento que Rolland Barthes definía como “ninisno”: ni lo uno ni lo otro.

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Agréguese a esto que, por un proceso de escamoteo, se hace aparecer como totalidad, únicamente una parte de la realidad. De América se muestra sólo la selva y el indio, con los que se subraya la idea que esta no es nada más que naturaleza y primitivismo. Figura entre los “pueblos sin historia”. En El Templo del Sol, se muestran ciudades que no conocen otra arquitectura que la colonial, dándose de ellas una idea folclórica y paseísta. En este mismo álbum la imagen del Perú se construye por metonimias yuxtapuestas. El Perú igual selva + cordillera + llama + tapir + boa + indio + arquitectura colonial + templo precolombino. El lector concluye de lo que ve: un Perú folclórico y peligroso, donde domina la naturaleza, anclado en el pasado y sin presente ni futuro. No hay una sola imagen de “modernidad” en todo el álbum.

Corrientemente Hergé recurre también a los calambures toponímicos, los cuales, haciendo la referencia irrisoria, permiten dar una visión camuflada del Tercer Mundo. En La oreja rota habla de Nuevo Rico (¿Puerto Rico?) y de San Theodorus (¿Santo Domingo?), términos que en el nivel de la denominación aluden en forma imprecisa a países de América Latina y en el campo de la connotación le permiten, dándose una coartada, entregar o imponer una imagen despreciativa de América, diciendo que todo ocurre en el “reino de ninguna parte”. Es el procedimiento del viaje imaginario. Por el contrario, cuando el autor fija con precisión el lugar geográfico, como en el caso de El Tempo del Sol, se vuelve nuevamente fiel a la documentación para dar verosimilitud al relato mítico.

El calambur permite parigual un proceso de banalización de la historia, haciéndo risibles procesos y personajes. No se puede olvidar que el argumento de La oreja rota le fue inspirado a Hergé por la guerra del Chaco: que fue una catástrofe perfectamente seria. El calembour permite asimismo hacer presión sobre ciertos términos que se quiere desprestigiar, palabras como revolución, democracia, etc.

La visión colonialista y occidentalismo de Hergé se manifiestan también a través del proceso antitético. El impecable traje de colonizador de Tintín en sus aventuras en el Congo, se opone al carnaval de sombreros de los negros, y el orden de los marinos franceses de La oreja rota denuncia el caos y el desorden de los soldados latinoamericanos, en que ni un solo uniforme es igual a otro.

Finalmente, su mensaje colonialista se completa mediante lo que podríamos llamar una pedagogía con trampa. En El Templo del sol. Hergé toma una actitud pedagógica de tipo enciclopédico. Todos los animales de la selva están dibujados en forma muy exacta, pero, la manipulación de la frecuencia transforma en cotidiano lo que es azaroso. Nadie se tropieza en la selva a cada paso con un tapir, una boa, un cocodrilo, un oso, etc. Su pedagogía es un metalenguaje que habla de “peligrosidad” y de exotismo y que satisface una visión colonialista “occidental y cristiana” del mundo.

exacta, pero, la manipulación de la frecuencia transforma en cotidiano 10 que es azaroso. Nadie se tropieza en la selva a cada paso con un tapir, una boa, un cocodrilo, un oso, etc. Igualmente los templos quechuas, y los indígenas. La reconstrucción de sus atavíos, su modo de vestir en la sierra. Todo es correcto. Son sus actitudes los que los delatan, como bárbaros. La pedagogía de Hergé es un metalenguaje que habla de “peligrosidad” y de exotismo y que satisface una visión colonialista “occidental y cristiana” del mundo.

Volviendo a sus primeros álbumes, en particular los de antes de la guerra y sobre todo a Tintín en el Congo, queda claro cómo concibe la relación entre el héroe occidental y las colonias. Es una relación que recuerda a Robinson y Viernes. Una relación entendida como metáfora por Charles Maurras[7]. Una visión que en que está en el fondo de toda política colonial. Comenzando por la belga, porque diga lo que diga Tintín en el momento de la descolonización eran poquísimos los congoleños que habían pasado por la universidad y la educación básica no tenía otro propósito que hacerlos aceptar el colonialismo, como la muestra una viñeta. Tintín dicta una clase de historia donde informa a los “negritos”: “Hoy voy a hablarles de vuestra patria: Bélgica”. A Lumumba, intelectual formado en la penumbra del colonialismo, recién nombrado Primer Ministro de la naciente República democrática del Congo en 1960, que no estaba de acuerdo con la clase magistral de Tintín y criticaba severamente el colonialismo, no vacilaron en hacerlo asesinar por los sicarios de Mobuto, bajo la dirección de los servicios de seguridad belga y la CÍA

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Recientemente, en la edición diaria en italiano de L’Osservatore Romano (11-07/08-2011), publicación oficial del Vaticano, apareció una doble página dedicada a exaltar la figura de Tintín. El artículo lo presenta como “un héroe católico cien por ciento”. Gaetano Vallini, Secretario de redacción de L’Osservatore, que contribuye con un artículo dedicado a la reciente película de Spielberg, cita para enmarcar moralmente al personaje un artículo de Denis Tillinac en el Dictionnaire amoureux du catholicisme4-. Dado que, celebrados por el Osservatore, representa la opinión oficial del Vaticano, vale la pena concluir resumiendo algunos párrafos: Tintín sería un caballero sin mancha con gusto por el misterio y exaltado por el imperativo de proteger a los débiles. Un héroe del catolicismo impregnado del ideal del escautismo. Un héroe sobrenatural. No sujeto a tentaciones (como es la del whisky para Haddok). Un héroe sobrenatural, sin edad, ni sexo ni pasión alguna. Un ángel o casi. Lo compara con el Padre Brown, el personaje de Chesterton, porque parece venido a la Tierra para defender a la viuda, al huérfano, al débil y al oprimido. Encarnizado anticomunista[8] y, aunque se adecúa a los clichés paternalistas de la época en la que los belgas explotaban el Congo, rompe con las satrapías de los latinos, los capitalistas yankis y los traficantes a sueldo. Pertenece a la cofradía de los justos, cuyos príncipes son dos niños: el indio Zorrino (El Templo del sol) y el chino Chang (El Loto azul). Tintín les reserva una ternura particular, son figuras evangélicas, sublimes en su confianza. Son puros, como él. Tintín es un caballero occidental de los tiempos modernos, un corazón sin mancha exaltado por el sagrado imperativo moral: salvar al inocente, vencer el Mal. Es el ángel custodio de los valores cristianos de los que Occidente reniega o se burla constantemente. El hombre de la calle peca sobre todo por inercia. El orgullo, el lucro y el gusto del poder son los que lo arruinan todo. Tintín los denuncia y los refrena, entre los aplausos de la gente honrada. Pero el mal no se desarma nunca. En los tiempos de mi infancia -recuerda Tillinac- teníamos un misal para el domingo y los álbumes de Tintín para los días de entre semana. Iban de la mano en nuestra iniciación. Al no estar ya en uso el misal, Tintín es ahora lo único que tenemos para iniciar a los niños en los valores de la caballería[9].

  1. Les Cahiers de la Bande desinée (Nº.14/15 declaración de Hergé p. 14.
  2. cit. Pol Vandromme Le Monde de Tintín.
  3. Ibid.
  4. Cf. Tintín s’explique”, Lire dic. 1978
  5. Ibid.
  6. Les cahiers de la BD, No 14/15
  7. Maurras fue el gran ideólogo de la derecha católica en el siglo XX t XX, antisemita, creador de la Acción Francesa, condenado como colaborador por la Resistencia, Ch. Maurras, “Principes” Ouvres capitales, Flamarion 1954 II pp. 164/65
  8. Tintín en el País de los So rojas de Plekszyviets y el Cetro de Ottokar. La monarquía de Ottokar es mejor que las dictaduras rojas de Plekszy-Gladz, pues el rey prefiere abdicar para evitar que se derrame sangre, mientas que en los Bordures, se dispara sin piedad
  9. Denis Tillinac, 8 de noviembre, 2011