Tamayo, cumple cien años

Este año es de grandes aniversarios: Sólo que los festejados no se siente en la mesa del cumpleaños. Se sientan sus obras. Borges será centenario este 99, también Tamayo. De Borges hablaremos en el próximo número de con eÑe, dediquemosnos ahora al mexicano. Rufino Tamayo nació en Oaxaca 1899, una de las ciudades más bellas de América, ciudad de las piedras verdes. Allí ha dejado un museo con su magnifica colección de piezas zapotecas, aztecas y  otras, pero curiosamente ninguna de su grandes obras figura en el patrimonio público oaxaqueño. Por eso la exposición que presentó el Museo se centraba más bien en documentar sus obras mostrando los dibujos preparatorios. Murió en Ciudad de México en 1991.

De origen zapoteca, partió a Ciudad de México cuando sólo tenía doce años, donde cuatro años más tarde comenzó su formación como dibujante. En 1921 fue nombrado Director del Departamento de Dibujos Etnográficos del Museo Nacional de Arqueología. Es indudable que esto influyó enormemente en su obra, que se inspira del arte precolombino y del arte popular. En el hecho comenzó a pintar inspirándose en la geometría estructural, hierática y simbólica de la escultura precolombina; pronto, sin embargo, sus formas adquirieron movimiento, se hacieron más abstractas, los colores más sutiles y los temas se universalizaron.

Hay un fuerte simbolismo en la pintura de Tamayo, que utiliza imágenes de animales como metáforas de actitudes y sentimientos humanos-. Por otra parte sus anatomías,  inéditas como las de Picasso,  en sus personajes microcéfalos juega con la perspectiva porque dice que son vistos de “abajo hacia arriba”.  Tamayo se aproxima al surrealismo. Breton decía de él que insertaba lo cotidiano en el  ámbito de la poesía y el rito. En realidad definía su estilo como lo qu en realidad era más que surrealismo, realismo mágico.

Aunque el muralismo esta presente en su obra, incluso en sus primeros dibujos son frecuentes las imágenes que aluden a la Revolución, en la obra de Tamayo no existe el compromiso político como en la de los muralistas. Hay, en cambio, un fuerte sentido metafísico, justamente por su carácter simbólico. Algunos críticos destacan en él el sentido del infinito, el más allá  del hombre. En el perro aullando, el perro rojo que levanta la cabeza en tensión hacia el cosmos, sugeriría esta búsqueda del hombre.

Su temática es variada, va lo trascendente a lo cotidiano: de las grandes alegorías a los bodegones coloreados de las frutas del mercado vecino, recuerdos de su niñez de vendedor en un puesto de frutas. Si duda Tamayo es maestro del color, al que trata con extrema sutileza, los rojos, los violetas y los naranjas dominan en su paleta: Decía el mismo: “es mucho más pictórico explotar todas las posibilidades de un color que utilizar una cantidad ilimitada de tonos”

Aunque el artista prefiere la pintura de caballete no por eso deja de realizar importantísimos murales: Homenaje a las razas (1952) del Museo Nacional de Bellas Artes, Prometeo en la Universidad de Puerto Rico(1957).Una versión del mismo tema hecha el año siguiente se encuentra en el edificio de la UNESCO en París. La Serpiente y el Jaguar (1964) en el Museo de Antropología, y paro de contar.

Al distanciarse de los muralista, la maledicencia lo acusó de no ser suficientemente mexicano. E protesto airadamente: Tamayo se asentaba sobre las formas de Monte Albán y Mitla y sus profundas raíces zapotecas. Más aún Tamayo es un gran creador de identidad mexicana, en la medida que al igual que Posada y los muralistas crea una iconografía nueva, en la que México se reconoce y que reivindica como propia el arte latinoamericano.

M.R.M. 1999