Sobre la unidad del arte latinoamericano

Desde hace quince años; … no, más años, me pregunto en que consiste la unidad del arte en América latina; e incluso, si se puede hablar con sentido de un arte latinoamericano: ¿si?… ¿nó?… No, por cierto, de la misma manera que hablamos de un arte chino, japonés o precolombino, donde de inmediato la imagen se nos impone como la forma concretizada de una civilización, de una cultura, de una filosofía ( y esto aún cuando se traté del realismo socialista chino). En América no pasa igual. Y ello por muchas, razones; entre otras, porque el arte latino-americano -que sólo puede entenderse en cuanto arte moderno— nace simultáneamente con la iniciación de formas planetarias de sociedad, de bloques culturales; y, en virtud de los mass-media, de tendencias isomórficas.

La unídad del arte latinoamericano se hace de otro modo.

Se inicia con la aparición de la noción de “América latina”    —en si misma un concepto de unidad-; y ésta surge únicamente a fines del siglo XIX; son los franceses quiénes la acuñan en la época de Maximiliano, pretendiendo justificar a través de la “latinidad” su presencia en México. Luego cuando comienzan a desarrollarse los tours, se difunde como imagen exótica y de turismo:”Visite América latina” (cocoteros, daikiris, pirámides, papagayos, minas bronceadas que desde la playa hacen un guiño al viajero). Poco a poco, sin embargo, va adquiriendo otros perfiles: políticos, revolucionarios,… Allende, en el momento de morir, deja de legado a esta América el escribir la última página de su

Historia. Y los va adquiriendo en la medida que se opone a otras visiones que pugnan por apropiarse del continente: al hispanoamericanismo, que se convierte en la imagen de América de una oligarquía, pro-franquista o al panamericanismo, que es la idea de una América toda unida,… pero bajo el imperio de USA.

Así, siguiendo los meandros del concepto, nace el arte latinoamericano como afirmación, como lucha contra el colonialismo y la opresión, como búsqueda de identidad. Es en estas dimensiones, que se manifiestan en una creatividad que pasa por la temática y por la forma, que él encuentra sus señas personales. Y no es sólo una identidad que se describe, a semejanza de la que lleva a los artistas mexicanos, comenzando por José Guadalupe Posada (padre del arte latinoamericano —para mí al menos) y a los muralistas a reescribir la historia, dando al indio, al campesino y al obrero sus papeles protagónicos, sino también una identidad a través de la voluntad de anexar una forma a América latina, valorizando el “arte popular”, mezclando al modo de los mexicanos el espacio-tiempo del arte azteca con el trampantojo de 1a perspectiva renacentista; transformando la luz y el color en filiación, y asociando esa impresión visual a Argentina, a Venezuela; en fin, a la América nuestra. No es pues el socíismo, por socialista que éste sea, el que va a cimentar la unidad del arte. Ella se crea en la más amplia pluralidad de estilos (también con el realismo); pero es la consecuencia de una problemática común, de una lucha solidaria, que se manifiesta hoy día en la resistencia que ofrece el arte a la dictadura y en el exilio de gran número de artistas. La unidad del arte latinoamericano surge de una lucha por el hombre y de una lucha por la libertad, de la cual la libertad de estilo también forma parte.

Rojas Mix

Nogent sur Marne, 3 de febrero de 1979