Símbolos Hispanos en los Estados Unidos

La conmemoración del quinto centenario del descubrimiento de América tenía como fin servir de motivo para una profunda revisión histórica de los viejos lazos que desde entonces han unido a España con Latinoamérica. Uno de los componentes básicos de la primitiva actuación de España en el continente fue el de la llamada evangelización de las Américas, que dio origen a muchos de los fenómenos históricos más influyentes dentro de la accidentada relación entre colonizadores y colonizados, primero, y, luego, entre la comunidad de naciones libres e independientes que actualmente tratan de resaltar lo que tienen en común.

La Guadalupe

Durante su viaje a México, en el 2002, Juan Pablo II llevaba una misión muy especial. Iba a canonizar a un indio, a Juan Diego de nombre castellano y Cuauhtlatoatzin en lengua náhuatl. . Corría el mes de diciembre de 1531 cuando a Juan Diego se le apareció la Virgen en el cerro de Tepeyac, pidiéndole en su lengua que erigieran un templo en aquel lugar donde pudiera ser venerada.  Ahí se originó el culto de Nuestra Señora de Guadalupe (2).

La canonización del primer indio mexicano hizo correr mucha tinta, entre otras cosas por la controvertida existencia de Juan Diego, por la visión del indígena que quiso proyectar la santificación y por las intenciones de la política vaticana: dada la extensión del culto en México, los Estados Unidos y otros países de América él iba a reforzar un símbolo que podía detener entre los indígenas el avance del protestantismo, creando una devoción que los atrajera hacia la iglesia católica.

Desde su inicio, la devoción a la Virgen de Guadalupe fue un símbolo de identidad. Constituye uno de los fenómenos religiosos más fascinantes de la actualidad, pues su culto ha traspasado siglos y continentes, razas, hablas y creencias, siempre en continua expansión hasta convertirse en señas de identidad de lo mexicano y de todo lo hispano en América del Norte. El pueblo la reconoció como uno de los suyos: su modelo de mujer, su guía, su protectora; le dio un enorme espacio en su imaginería, y los más acreditados autores escribieron pliegos y pliegos explicando el porqué y el cómo de un tema que está muy lejos de haberse agotado. Si desde el comienzo fue un emblema de la mexicanidad, es porque nació del conflicto que formó lo americano, y del sincretismo forzado de las dos culturas; donde una, para subsistir, tuvo que encubrirse bajo los dioses y las creencias de la otra.

Pronto «la Guadalupe», como la llaman sus «íntimos», es decir, todo el pueblo, pasó de ser sólo mexicana a convertirse en símbolo de todos los hispanos. Ojo, y no de la Hispanidad (con mayúsculas, como se escribió en una época), porque esa hispanidad era una idea de élite, más bien conservadora, y que estaba del lado de la España hispánica. (“Hispano” es hoy un término que personaliza más que a una élite señorial, con quinientos años de retratos de conquistadores en el salón, a un mestizo discriminado, que, en el «Norte», del otro lado del río Bravo, de Nueva York a Los Ángeles, trata de sobrevivir como mano de obra no cualificada. Un mundo donde hay trabajo para él y su familia, a precio del menoscabo de su dignidad. Para defenderla se aferra a los símbolos que garantizan su identidad, que le muestran lo que tiene de diferente y mejor que los «gringos» (3): los símbolos hispanos.

Símbolo

“Símbolo” es una palabra vieja. Nos llega de los griegos, pasando por el latín: symbalon. No se debe confundir el símbolo con el “signo” o con la “alegoría”; son términos próximos, pero diferentes. El signo es una invención arbitraria, como las señales de tráfico; el símbolo es un signo de reconocimiento. Por su etimología, el prefijo sin (‘sim’) se refiere a la comunidad o a la reciprocidad. La alegoría, por su parte, personifica cosas abstractas, entes que no son directamente visibles: la primavera, la envidia, etc. El símbolo no representa algo abstracto, sino que quiere expresar, o expresa, un significado o contenido profundo e importante.

El significado original del verbo symballow, que parece un gag de película de serie negra, alude al objeto dividido en dos que permite identificarse en la clandestinidad haciendo coincidir ambos trozos; y también a la contraseña que sirve a los miembros de una comunidad para reconocerse entre ellos: es una forma de complicidad. Hay también el significado lógico-matemático de símbolo, pero éste aquí no nos interesa. El sentido de reconocimiento es lo que hace desembocar el símbolo en la identidad: es una marca que diferencia al grupo de los otros. Símbolos son los referentes en los cuales se reconoce una comunidad, que tienen una función consensual. En el caso que nos interesa, el de los hispanos en los Estados Unidos, el símbolo, pongamos la Guadalupe, integra grupos nacionales diferentes: portorriqueños, cubanos, mexicanos, en uno solo, que resume los valores y las costumbres regionales de todos. Así lo declara, con ritmo, otro símbolo de identidad hispana, al que nos referiremos más adelante, la salsa.

La Guadalupe, como todo símbolo, es inclusivo y excluyente. Inclusivo, porque sólo envuelve a los hispanos. Excluyente, porque es una práctica de pertenencia al catolicismo mestizo, por contraposición al protestantismo de los WASP (4). “Las antiguas diosas precolombinas renacen en la Virgen de Guadalupe, que es su traducción al cristianismo de Nueva España. Los criollos traducen la Virgen de Guadalupe -virgen española- al contexto mexicano. Doble traducción de mitología hispánica e india. La Virgen de Guadalupe es uno de los pocos mitos vivos de México” (5).

Hispano

La noción de hispano es una realidad mestiza, como la de la Virgen: hispano-india. Nace después de la guerra entre México y los Estados Unidos (1847), en que el primero pierde cerca de la mitad de su territorio.

En Texas, la provincia más septentrional de la República de México, se habían establecido muchos extranjeros. la mayoría estadounidenses. En 1836 se rebelaron,  solicitando a Washington su incorporación a la Unión. En un primer momento, el general Santa Anna arrasó con la resistencia de los texanos en eI fuerte de El Álamo, pero luego fue derrotado en San Jacinto y firmó un tratado reconociendo la independencia de Texas. Tratado que denunció al volver a México. La petición de Texas fue aceptada durante el gobierno de Polk (1845), lo que hizo que México declarara la guerra a los Estados Unidos (1845-1848). Derrotado, firmó el Tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848), cediendo a los Estados Unidos. además de Texas,  extensos territorios, a cambio de una compensación de quince millones de pesos.

Hispano se designaba a las personas de ascendencia cultural hispánica que quedaron en los comarca anexadas, unos territorios que los chicanos llaman ‘Aztlán’. Actualmente designa a toda persona de origen latinoamericano que viva en los Estados Unidos. El gentilicio ‘hispano’ se difundió para salvar el prejuicio racial. Escribía en 1901 uno de esos hombres de «buena fe» con que cuenta la sociedad estadounidense, hoy merecidamente olvidado: «Nunca he apreciado el temperamento mexicano. Considero a ese pueblo como una raza inferior, dominadora, traidora y cobarde. A menudo he dicho a mis camaradas que, al igual que dar muerte a un comanche, matar a un greaser [nombre dado a los mexicanos] no es pecado ni venial». Después de la revolución de 1910, los anglosajones recién llegados a Texas consideraban a los mexicanos, igual que a los negros y a los indios, un grupo inferior. Incluso el término mexican american con que se denominaban al principio era pronunciado meskin, deformado de manera despectiva y grosera con intención racista. La comunidad hispanohablante, para distinguirse de las demás y para soslayar el prejuicio, comenzó a llamarse spanish american, de donde salió el nombre ‘hispano’. En los últimos años, en las regiones del suroeste, los jóvenes han reivindicado el término mexican american, y sobre todo, el de ‘chicano’, apelativo de oposición al resto de la población, los anglos (6). La designación hispano se conserva para el conjunto de la población latinoamencana.

Hispano significa la mezcla de indio y español, más lo anglo, como se ve en el lenguaje: elspanglish. Nace del sincretismo. Como la Virgen, síntesis de la Guadalupe extremeña y la Tonantzín azteca.  El spanglish, que es el argot de los chicanos, suena así: «Desde el porche de mi chante,  en mi barrio de Eastlos,  Aztlán, watcho a mis carnales cruziar por las caies rumbo a sus cantones después del jale: vatos cabuliando con sus jainas, pachucos fuliando afuera de la marketa de don Charli, agüelitas con chavallos de la mano y un bonche de raza que sale de los boses que vienen del doontaon. Toda ésta es mi raza, alegre, orgullosa y muy jaladora aunque la placa siempre los esté tisiando» Lo que en castellano quiere decir: «Desde la veranda de mi casa, en mi barrio del este de Los Ángeles,  Azt!án,  contemplo a mis hermanos pasearse por las calles rumbo a sus casas después del trabajo: jóvenes platicando con sus novias, pachucos divirtiéndose fuera de la tienda de don Carlos, abuelitas con niños de la mano y grupos de gente chicana que sale de los autobuses que llegan del centro. Toda ésta es mi raza (chicanos), alegre. orgullosa, muy simpática, aunque la policía siempre los está provocando» .

Sincretismo

El sincretismo es la fusión de dos creencias en una sola. Normalmente la imagen de la religión dominante recubre la dominada, pero sin hacerla desaparecer, subsiste bajo el nuevo símbolo. En América el sincretismo permitió a los indios, y más tarde a los negros, guardar sus divinidades ancestrales fundiéndolas en las de la nueva religión. En general, ni los indios ni los negros entendieron que los santos no eran dioses. A los aztecas les costaba integrar el monoteísmo en su concepción dual de los dioses, de divinidades contrapuestas. Por eso, frente a un Cristo crucificado, vencido, la Virgen de Guadalupe aparecía como una divinidad victoriosa y restablecía el equilibrio cósmico. En América, desde los comienzos de la conquista, muchas órdenes misioneras, en particular los jesuitas, fueron conscientes de la importancia del sincretismo para extender rápida y eficazmente la religión cristiana y adaptaron su religión a la de los naturales, construyendo santuarios en lugares de cultos ancestrales y predicando en el idioma indígena. Otras órdenes temieron que el sincretismo condujera a la idolatría y rechazaron estas prácticas. Todavía hoy se discute si el sincretismo implica o no una valoración negativa. ¿Los sincretismos son o no una exigencia de la misión? ¿Forman parte de ese indispensable «acomodo» que debe sufrir la religión cuando se impone a una realidad extraña? En sentido amplio, se puede definir como «la coexistencia de elementos extraños entre sí dentro de una religión». Esos elementos pueden venir de otra religión, como el culto de Tonantzín, en el de la Guadalupe, o el culto africano de Iemanajá, que se ha mezclado con el culto a María; pero también pueden venir de las estructuras sociales, como la imagen patriarcal del patrón, que en América Latina se ha superpuesto a la imagen bíblica del padre, configurando un «dios apatronado». A menudo la religiosidad sincrética no es asimilada por los teólogos, sino amasada por el pueblo, originando la religión popular.

La Guadalupe, para los hispanos que viven en condiciones de marginalidad, resume estas significaciones: es un símbolo católico, por oposición al protestantismo; es un símbolo de mestizaje, y es también un emblema de resistencia.

La Guadalupe española

Algunos autores remontan el origen de la imagen, que hoy se encuentra en el monasterio de Guadalupe, al siglo 1, asegurando que es una talla original de san Lucas, evangelista y patrono de las bellas artes. Uno de sus devotos fue Gregario Magno (finales del siglo VI). La Virgen, llevada en procesión, habría hecho cesar la peste que asolaba Roma, al tiempo que aparecía un ángel sobre un castillo, llamado desde entonces Sant’ Angelo: Posteriormente, el mismo papa habría enviado a san Leandro, arzobispo de Sevilla, la imagen como regalo. Allí fue venerada en la iglesia principal hasta comienzos de la invasión árabe. Hacia el año 714, los clérigos que huían ante el avance de los sarracenos la escondieron en las márgenes del río Guadalupe.

Reapareció durante la reconquista. Un vaquero vecino de Cáceres, tratando de recuperar la piel de una vaca muerta, hizo con el cuchillo la señal de la cruz y apareció la Virgen María. Ll dijo que debía construir un santuaric allí mismo. Al volver a su casa, el pastor encontró a su mujer llorando porque acababan de perder a un hijo, pero el pastor se encomendó a la Virgen y el niño resucitó. El prodigio convenció a todos de la veracidad de lo que contaba el pastor, y fueron al lugar: construyeron el santuario y dieron a María el nombre de Guadalupe, que significa ‘río escondido’, o también ‘lobo’, del latín lupus.

Ésta es la leyenda. Con certeza, la talla puede datarse de fines del siglo XII. En Extremadura aparecería como más temprano en el reinado de Alfonso X el Sabio (1252-1284). La imagen, de estilo románico, pertenece al grupo de Vírgenes Negras, como la de Montserrat, que se multiplican en la Europa occidental del siglo XII. Un tipo iconográfico que se originaba en aquel pasaje del Cantar de los cantares que dice: «Tengo la tez morena, pero hermosa, muchachas de Jerusalén, como las tiendas de Kadar, como los pabellones de Salomón. No os fijéis en mi tez oscura, es que el sol me ha bronceado”

La Guadalupe extremeña es patrona de la región y es llamada, por «derecho histórico”, Reina de la Hispanidad, según dice Sebastián García, uno de los mayores especialistas en el tema (7). A diferencia de la Guadalupe americana, la extremeña sostiene al niño contra su pecho. Militarmente ostenta  el grado de capitán general, y de ahí que suele ser mostrada a los fieles con el correspondiente bastón de mando.

Historia del culto y la imagen:

Probablemente la imagen canónica de la Virgen de Guadalupe mexicana quedó establecida en la primera réplica de 1606, atribuida a Baltasar Echave Orío (1548-c.1623). Las Guadalupes proliferaron cuando Benedicto XIV la confirmó como patrona de Nueva España, instituyendo el día de su celebración el 12 de diciembre. Muchos ejemplares mexicanos fueron entonces llevados a España. Varios se conservan en el Museo de América. Una de las primeras versiones es la de Luis de Mena, donde  se la ve rodeada de santos y evangelistas El de Miguel Cabrera, del siglo XVIII, es uno de los más reproducidos. Cabrera publicó también en 1756 un folleto sobre la Guadalupe: Maravilla americana y conjunto de raras maravillas observadas con la dirección de las reglas del arte de la pintura en la prodigiosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México.

EI 12 de octubre del 2008 se cumplirán noventa años de la coronación de la Virgen de Guadalupe como Reina de la Hispanidad por su majestad el rey Alfonso XIII y el cardenal primado Pedro Segura. La Virgen de Guadalupe había sido proclamada patrona de Ciudad de México en mayo de 1737 y de toda la nación en 1746. Es decir, que en el plazo de poco más de doscientos años pasó de ser una divinidad local a poseer santuario propio (1605-1709) Y a ser venerada en toda la nación.. Iconográficamente la imagen de la Guadalupe mexicana tiene poco que ver con la del monasterio extremeña, que es una virgen negra, sedente y con el niño en las rodillas.  La imagen primitiva que adoraban los indios no es la imagen que conocemos. Se considera que el arzobispo Montúfar comisionó a un pintor indígena, Marcos, una obra inspirada en un modelo europeo y pintada sobre soporte de factura indígena (tela). La imagen actual, que habría desplazado la imagen primitiva, si realmente existió, parece más bien inspirada en un grabado del  Durero para el “Apocalipsis de San Juan” (Die heimlich offenbarung iones, 1498) en el que se ve a la mujer vestida de sol. Es una imagen alada, pero las vírgenes aladas se difundieron en la América colonial. Todavía se conserva su culto en Colombia y Ecuador. Por otra parte, incluso en la iconografía europea pronto perdió sus alas, como se ve en el grabado en el compendio del jesuita J.F. Lafitau (8), que se inspira en la imagen de Durero. La Guadalupe mexicana no sólo representó a la madre, sino también a la mujer. Un artista moderno mexicano unió el mito religioso al cinematográfico y pintó la  Guadalupe con el rostro de Marilyn Monroe. Provocó una acalorada controversia en México y fue criticada por los sectores más conservadores. Sin embargo no había causado igual escándalo, mucho antes, la Guadalupe de Dalí con el rostro de Gala (1959). Sea como fuere, a la Guadalupe  se la ha asociado desde siempre con los grandes mitos femeninos

La apropiación del culto por los nativos y, más tarde, su reasimilación por los criollos es vista por muchos como el símbolo supremo de la transculturación mexicana. Octavio Paz dice que para los criollos la Virgen morena era la posibilidad de enraizar en la tierra de Anáhuac y la naturalización americana (El ogro filantrópico).

Desde su origen, pues, la imagen va a representar lo popular y lo nacional, no sólo mexicano sino también americano.

La leyenda es conocida: María se le apareció a Juan Diego y le ordenó (1531) decir al obispo Juan de Zumárraga (1476-1548) que construyera en el mismo sitio, Tepeyac (en la punta de los cerros), al norte del lago Texcoco, una iglesia en su honor. Sobre el cerro existía ya un altar a la divinidad náhuatl, Teteo Innan, la madre de los dioses, o “Nuestra Madrecita Tonantzín» como la llamaban cariñosamente los indios. La hipóstasis parece haberse producido de inmediato. En particular porque ya antes la imagen se había sincretizado con otra: Teteo Innan se había identificado con una diosa de la tierra venerada por los olmecas y huastecas: Tlazoltéotl, madre de Centéotl, el maíz.

En náhautl, el lenguaje indio hablado por Juan Diego. el nombre antiguo dado a la Virgen de Guadalupe podría haber sido cóatalocpia, de cóatl, que significa ‘serpiente’, y tlapia, que significa ‘atalaya’, es decir, la diosa serpiente protectora. También se ha sugerido que podría venir de cóatl,’serpiente’. y lIope, ‘hollar’. Ambas raíces implican que Juan Diego, expuesto a la propaganda de los misioneros franciscanos y jesuitas sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen, la mezcló con la nativa diosa madre serpiente de los indios, a la que se rendía culto local en Tepeyac. (9)

Cuándo se originó el culto no está claro. La primera mención a su origen en 1531

sólo aparece en 1648 en la obra de Miguel Sánchez: Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe. Es entonces cuando es adoptado por los criollos. Pero ya en 1555, al fundarse la basílica por el arzobispo Montúfar, sucesor de Zumárraga, era una devoción importante.

El culto pasa de la colonia a la república, donde, lejos de debilitarse, se consolida. A fines del siglo XIX es la devoción más popular y numerosos son quiene llevan su nombre. Es el caso del que fuera, probablemente, el primer artista auténticamente americano:  José Guadalupe Posada. Posada figura entre los devotos de la Virgen y la vemos aparecer en muchos de sus grabados. El más directo es elColoquio para celebrar las cuatro apariciones de la Virgen de Guadalupe, que se conserva en el Museo Nacional de la Estampa, en México.

El grabado cuenta la leyenda. Describe el milagro tal cual aparece relatado en la obra de Sánchez: como Zumárraga dudó de Juan Diego, la Virgen hizo florecer rosas en la colina y ordenó al indio que se las llevase al arzobispo en su manta. Pero cuando la abrió delante de Zumárraga, las rosas se desparramaron revelando en la manta la efigie de la propia Virgen. Desde entonces se adora la imagen textil de la Guadalupe, considerada como la manta original de Juan Diego. Todos los detalles de la leyenda, como veremos, adquirirán un sentido emblemático, a la vez popular y americano. El hecho mismo de ser Posada -artista popular y el auténtico fundador del arte mexicano contemporáneo- el precursor de los muralistas y activo militante contra la dictadura de Porfirio Díaz, y el que haya hecho ésta y otras imágenes de la Guadalupe, anticipan el sentido que tendrá la Virgen durante el período de la revolución. Zapata y los zapatistas la tomarán como estandarte. Con ella entraron victoriosos en México. El carácter popular, nacional y continental de la Guadalupe se va a originar en dos hechos, estrechamente ligados entre sí: el origen de la imagen y la política de evangelización. Uno es un tema iconográfico, el otro, teológico; ambos son cuestiones de iconología: ambos, polémicas. En particular el segundo, que opuso dos concepciones de la evangelización, marcando definitivamente la evolución de la sociedad y la cultura hispánicas en el Nuevo Mundo

Imagen de síntesis:

Respecto a su origen, la Guadalupe mexicana es una imagen de síntesis, perfectamente adecuada para permitir el proceso de transición entre las religiones precolombinas y e! catolicismo: reunía a la Guadalupe extremeña, introducida probablemente por «los Doce» (nombre que se les da a los primeros franciscanos que llegaron a México, poco después que Cortés hubiera consumado la conquista); a Tonantzín y la imagen de la Mujer Apocalíptica, que se enfrenta a la Bestia. Para los aztecas era difícil sincretizar sus dioses con la imagen de Cristo, en particular con la del Cristo doliente. Dentro de su universo conceptual les resultaba terriblemente duro aceptar a un dios vencido. Bernal Díaz cuenta cómo Cortés propuso a Moctezuma reemplazar sus dioses y éste rehusó indignado. Les resultaba igualmente difícil aceptar un Dios omnipotente y único. De acuerdo a su visión del mundo, e! hombre y los dioses formaban parte de un flujo cósmico; y la acción del hombre en el funcionamiento del cosmos era esencial. Ella se manifestaba a través del sacrificio, que aseguraba la repetición del ciclo. Sus dioses no eran esencialmente buenos, ni mucho menos infinitamente buenos, eran personajes dicotómicos; podían, a la vez, traer la lluvia y la sequía. El sacrificio debía inclinarlos en el buen sentido. En su cosmovisión, el pecado no existía, sus relaciones con la divinidad eran litúrgicas y los hombres no eran impotentes frente a los dioses, sino que podían ejercer una acción sobre ellos; y, así como regaban las milpas  para que creciera el maíz, a los dioses los regaban con sangre para que fueran propicios a los hombres.

El caso de la Guadalupe era distinto al del Cristo doliente. En Tonantzín,

«Madrecita», se unían la madre del Resucitado y la madre del maíz, que se sacrificaba por los hombres pero que volvía a renacer cada primavera. La imagen del Resucitado es la del Cristo triunfante, no la del vencido. Hoy, entre las corrientes de la teología latinoamericana, hay una fuerte crítica a la cristología de la evangelización, hecha con el modelo del Cristo barroco y la estética del dolor y la muerte, porque ella sirvió para hacer aceptar la dominación, enseñando a los indios el sufrimiento y la sumisión. La Guadalupe, en cambio, es una imagen de victoria, de resistencia. Señala Miguel Sánchez que en ella se espejó otra Mujer triunfante, la del Apocalipsis de san Juan: «Y allí apareció la gran maravilla en el cielo, una mujer vestida con el sol, la luna creciente bajo sus pies y sobre su cabeza 12 estrellas».

Con toda probabilidad, la imagen encontró sus fuentes en el grabado de Durero, correspondiente a la serie del Offenbarung Johannis. La edición había aparecido en 1498, simultáneamente en alemán y latín, y circuló durante muchos años. Sabemos que las primeras imágenes sagradas fueron abundantemente copiadas: el Apocalipsis de Durero es uno de los primeros tirajes múltiples que se hacen de grabados religiosos; sabemos igualmente que los grabados del  artista de Nürenberg circularon con profusión en el Nuevo Mundo y sirvieron no sólo para escenas religiosas, sino incluso para decoraciones mundanas. Como el famoso rinoceronte, que decora la casa de Tunja en Colombia.

Para Miguel Sánchez, la Mujer que enfrenta a la Bestia es el «original profético» de la Virgen de Guadalupe. La Virgen encarna el espíritu de resistencia; de ahí su sentido protonacional; de ahí su identificación con las luchas del pueblo. En el grabado de Durero se encuentra también sobre una colina.

La idea de la «Bestia Apocalíptica», por lo demás, resultó polisémica, pues va a ser definida según la coyuntura histórica. Es lo que se opone a quienes se identifican con la Virgen. Ya señalamos que después de la publicación de! libro de Sánchez, ella se identifica con el criollismo y el sentimiento nacional.

La evangelización

En cuanto a la evangelización, ya en 1556 el franciscano Francisco Bustamante denunció el culto, por su asociación con las creencias de los indios. Por el contrario, al llegar los jesuitas (1571) van a promover a fondo la devoción. Ella resultaba estrechamente ligada a las concepciones de lo que debía ser la política misionera. Me he referido en otro escrito a la importancia de la doctrina de la gracia en la colonización y la profunda diferencia que existía entre la colonización basada en el «servo arbitrio» de los puritanos y la basada en el «libre arbitrio» de los españoles. Entre éstos la discusión partía de un consenso, que fue la particularidad humanista de la colonización española: reconocer  al indio como ser humano, capaz de recibir la gracia y ser adoctrinado (10). La diferencia se cifraba en cómo había que adoctrinarlo.

Los primeros frailes que llegan a México, «los Doce», capitaneados por fray Martín Valencia, el obispo Zumárraga, también franciscano, y Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán, son reformado res. Partían de ideas milenaristas asociadas al hecho de que en el Mundo Nuevo debía renovarse la cristiandad. «Los Doce» pertenecían a la Custodia del Santo Evangelio, y estaban inspirados por la vanguardia del franciscanismo de su tiempo, que quería resucitar la cristiandad primitiva. Muchos conocían a Tomás Moro, leían la Utopía y a Erasmo. Respecto a Vasco de Quiroga no caben dudas: los pueblos-hospitales que fundó el «Tata Vasco» para asistir a los enfermos y ayudar a los indios, ¿no reflejan claramente la influencia de las ideas utópicas? También sabemos por Silvio Zavala (La utopía de Tomás Moro en la Nueva España, 1937) la influencia de éstas en Zumárraga. Por su parte, los libros de Erasmo parecen haber sido bastante difundidos. Un ejemplo es el del extremeño Francisco de Saavedra, avecindado en Jalisco, procesado por la Inquisición en 1539. En su procese afirmó estar leyendo un libro de Erasmo sobre el «libre albedrío». Del «erasmismo» español vendría la idea de fundar con gente nueva en tierras nuevas una nueva cristiandad; corriente que, según afirma Bataillon (Erasmo y el Nuevo Mundo, 1950), Erasmo no llegó nunca a imaginar. En grandes líneas, el erasmismo se presentaba como un «racionalismo» religioso que insistía en el «libre albedrío» y desconfiaba del culto a los santos, de las indulgencias, etcétera. Los santos, decían los erasmistas, querían más que se les imitase por sus obras a que se les rindiese culto. Nada más significativo que el prólogo de Zumárraga a su Catecismo (1545-1546): «y mi deseo siempre ha sido que a esta gente fundásemos ante todas las cosas en la inteligencia de nuestra fe, de los artículos y mandamientos, y que sepan en qué pecan, dejando los sermones de otra materia para más adelante».

En general, los franciscanos pensaban que la religión debía imponerse por su «verdad» y sus valores más que por lo «maravilloso»; por «milagros» que deslindaban con la idolatría. En la práctica, los franciscanos se encontraron con serias dificultades para inculcar a los indios la diferencia entre Dios y la Virgen María, y entre éstos y sus imágenes. En el pensamiento de las culturas precolombinas, lo semejante producía lo semejante: era homeopático, y no existía el sentido de la representación, que separaba la imagen de lo real: la imagen era el dios. Daban el nombre de Santa María a todas las figuraciones que veían, pensando que nombraban a Dios. Esto hacía temer a los misioneros que si se exaltaba el culto a la Virgen se podía llevar a los naturales a continuar sus prácticas idolátricas.

Esta política de evangelización se negaba, pues, a una concepción (hoy de moda), la del diálogo cultural, y partía de la idea de que era necesario hacer tabula rasa para imponer la «verdadera religión». Por otra parte, las ideas erasmistas carecían del atractivo que representaba lo maravilloso. Elemento que terminó por mostrarse decisivo en la manutención de la religiosidad popular, que se alimentaba, entonces como ahora, de lo que podríamos llamar mass media. La Guadalupe, desde su origen, se asoció a esa visión.

Si la primera corriente es la de los franciscanos, la otra es la opción de los jesuitas, y representa una concepción completamente diferente de la evangelización. Le interesará la eficacia, obtener a la mayor brevedad una conversión masiva. Dentro de esa óptica, tomará en cuenta las especificaciones culturales de los pueblos americanos, buscando montar la nueva religión sobre sus mecanismos comprensivos. Lo maravilloso como prueba de lo divino, el culto a los santos, la imagen como Biblia pauperum, Biblia indiorum. El Concilio de Trento confirmará estas concepciones. Con precisión describe este espíritu Florencia, uno de los llamados cuatro evangelistas de la Virgen de Guadalupe, autor de La Estrella del Norte de México (1688). Dice este autor que la Mujer Apocalíptica no necesita de escritos, sino más bien de imágenes. Ella es escritura impresa en una manta. La Virgen se pintó, por consiguiente, para seguir la costumbre indígena de los códices.

Catolicismo y paganismo:

En 1551 Carlos V designa al dominico Alonso de Montúfar cabeza de la Iglesia mexicana. Teólogo tradicionalista, Montúfar está marcado por las ideas tridentinas y sobre todo por la idea de que lo que Lutero había quitado al catolicismo, Cortés había de devolvérselo.

Montúfar, además, es granadino y ha crecido en contacto con el mundo morisco, lo que lo ha acostumbrado a ver acomodarse el «paganismo» antiguo con el catolicismo neófito. Esto hace que su visión de la evangelización pase por una suerte de diálogo cultural, dispuesto a aprovechar las creencias  o, al menos, las actitudes de los gentiles.

Los franciscanos se resisten al cambio de política. En 1556 Francisco Bustamante, provincial de los franciscanos, ataca el culto rendido a la imagen de la Guadalupe; Sahagún (Historia general de las cosas de Nueva España, siglo XVI) denuncia el equívoco del nombre náhuatl dado a la Virgen: Tonantzín. Pero Montúfar rompe con la evangelización tabula rasa de los misioneros franciscanos e inicia una política de recuperación de los indios basada en su sensibilidad a la imagen (idolátrica dirán algunos). Busca no una ruptura, sino una transculturación (en el sentido de paso gradual hacia otra cultura). Así le asigna a la Virgen de Guadalupe un papel galvanizador en la nueva sociedad; no sólo para integrar al indio, sino para crear un nuevo cuerpo social: formado por el indio, el mestizo, el negro y el propio español: una sociedad de mestizaje. Ése será, por lo demás, el proyecto de colonialismo hispánico, esencialmente diferente al anglosajón.

Octavio Paz comenta en El ogro lantrópico: «Los jesuitas mexicanizan el catolicismo, mientras que los franciscanos querían cristianizar a los indios».

Por eso mismo, desde el primer momento la Guadalupe fue vista como símbolo de la nacionalidad. Basta observar la portada del libro de Miguel Sánchez: Imagen de la Virgen Ma; Madre de Dios de Guadalupe, milagosamente aparecida en la Ciudad de México, publicado en 1648, para comprobarlo. La Virgen sobre un nopal, asocia los símbolos mexicanos: el águila y la serpiente, con la Mujer alada del Apocalipsis que vence al dragón. Miguel Sánchez, que parece reflexionar mirando el grabado de Durero, asocia a San Juan con Juan Diego; la ciudad es México; las alas, el águila mexicana; el desierto, Tepeyac; san Miguel, Hernán Cortes… Pocos años más tarde, al sermón sobre la Virgen pronunciado Madrid en 1681, en la casa de los marqueses de Mancera, donde el predicador había dicho que si México había dado la manta, España había puesto las rosas, respondía el jesuita Florencia «No debe quitamos Madrid lo que cielo dio a México». Recordando que Guadalupe se pintó con variedad de flores y además que había rosas mexicanas. Sor Juana Inés de la Cruz parecía conocer la anécdota al escribir esta cuarteta:

La compuesta de flores maravilla,
Divina Protectora Americana,
que a ser se pasa rosa americana
pareciendo rosa de Castilla
Si el sentimiento criollo nacional se manifiesta ya claramente, no es menos respecto al sentimiento continental.  Vuelve  a escribir Sor Juana Inés:
Levante América ufana
la coronada cabeza
y el águila mexicana
el imperial vuelo tienda…

Incluso en la dedicatoria del libro de Florencia, signada por el bachiller Jerónimo de Valladolid, se lee: “La Mujer Apocalíptica se representó para prodigiosa señal del nacimiento y progresos de la primitiva Iglesia de Europa; «ÉSTA, para señal portentosa de los exordios y aumentos de la primitiva Iglesia de NUESTRA AMÉRICA». La expresión «Nuestra América», que siglos más tarde se dirá acuñada por Martí en Cuba, como título del más prestigioso de sus ensayos, había nacido mucho antes, estrechamente vinculado a la Guadalupe

“¡Viva la Virgen!

Desde sus orígenes fue también la Guadalupe una imagen de combate. Tanto la devoción de las imágenes como el culto mariano formaban parte de los rituales que la Contrarreforma oponía al protestantismo.

Al desencadenar el movimiento de la independencia mexicana, el grito de Hidalgo fue: «iViva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva América!».

Cuando en 1895 se corona solemnemente la imagen, Ignacio Manuel Altamirano, el gran novelista mexicano, laico y liberal, se declara convencido de que el culto a la Virgen era lo que unía a todas las razas, las castas y todas las opiniones. Era la expresión de una conciencia nacional.

En 1910 fue nombrada por la Iglesia patrona de América Latina.

Es cierto que no faltaron los regímenes conservadores que trataron de servirse de ella, pero en general la Virgen permaneció unida a ese sentimiento de resistencia al opresor que señalamos. Incluso entre los republicanos españoles que se transtierran -como prefería decir Gaos- en México, ella aparece como una imagen revolucionaria. Juan Larrea escribe en 1945 -él, un comefraile- que la Guadalupe se identificaba con el espíritu revolucionario, antiimperialista y con la España republicana…: resistía a la España de Franco.

Tan vinculada se siente la Guadalupe a la identidad mexicana, que en los años cuarenta circulaba una revista infantil llamada Juan Diego.

Durante un período la Virgen desaparece de la iconografía identificadora mexicana. Es durante la época de los muralistas. Tato Orozco como Rivera, pero sobre todo Siqueiros, rechazan los signos positivos de la cristiandad, para insistir en el discurso sobre la indianidad o en la temática obrerista. Estos últimos años, sin embargo, ha vuelto a resurgir con enorme fuerza en el arte popular hispano de los Estados Unidos, asociada a las reivindicaciones de los chicanos.

Los nuevos  símbolos:

La renovación popular del culto guarda sus características tradicionales y agrega otras nuevas, dando así modernidad y actualidad a la imagen.

De las características tradicionales, hay que señalar el sentido de protección del pueblo que ella guarda; en segundo lugar, su dimensión identificadora. Tener fe en ella es un signo de filiación para los chicanos. Un emblema que, como en la época colonial, más que mexicano, es americano; o como ellos se llaman, hispano.

¿Qué es lo que se agrega? Probablemente una nueva concepción de lo sobrenatural, modificada por el impacto que tienen hoy los medios de comunicación de masas; y la inevitable asociación en la cultura popular de lo sobrenatural con los superhéroes. La idea de protección a su pueblo, para quienes se han criado leyendo historietas y viendo televisión, parece difícil separarla, al menos en su representación, de las artes marciales y de los superpoderes. Dijimos que la Guadalupe es una imagen de síntesis. Nuevos elementos se han solapado estos años en su representación. La pregunta fundamental es la siguiente: ¿son estos elementos necesarios para mantener la eficacia de la idea del Todopoderoso -idea de Dios por antonomasia y de la Virgen por proyección-, y dade actualidad? El hecho es que estos elementos expresan las luchas actuales de los pueblos hispanos: la resistencia a la discriminación, pero también la lucha de las mujeres. El tema de la dignificación de la mujer es frecuente entre las poetisas chicanas. Consiste en revalorizar a la mujer como un ser que da vida y como la fuerza de sostén en la familia chicana. Arguye que la chicana se vuelve políticamente activa cuando rechaza los pasivos papeles femeninos que su cultura le impone y asume una posición de vanguardia. En esta perspectiva reivindican y sintetizan el espíritu de tres mujeres «positivas» de la historia mexicana: sor Juana, Frida Kahlo y la Guadalupe. Así se ve a Frida Kahlo con el aura solar, o a la Guadalupe, avanzando decidida, hecha mujer chicana.

Imágenes que a veces parecen tener con ella más de un parecido se han integrado en la nueva iconografía popular. La Virgen se ha hipostasiado con los mitos de la mujer, identificándose con emblemas y características que constituyen la imaginería actual de lo todopoderoso. ¡Todopoderoso y superpoderoso! ¿Es el, mismo combate? La feminidad de la Guadalupe aparece aventajando a su papel de madre, se diría que casi le hace sombra. Tal vez porque se trata de una Virgen sin Niño. El hecho es que incluso se la asocia a los más grandes mitos femeninos de la época. Como el cuadro que la presentó con el rostro de Marilyn Monroe…

La Guadalupe y Wonder Woman

Menos notorio ha sido sin embargo un sutil solapamiento que se nota en algunas yuxtaposiciones entre la Virgen y diversas imágenes o visiones más recientes de superheroínas, que se multiplican en el mundo de los mass mediia. El caso más flagrante es el de Wonder Woman.

La identificación  entre ambos personajes ya la advirtió Gruzinski (11),  pero lo interesante no es la simple yuxtaposición, sino la mixtura iconográfico. Wonder Woman es un personaje de cómics creado a comienzos de los años cuarenta. La versión más autorizada señala que era una princesa amazona que habitaba en la isla del Paraíso (curiosamente situada en el Caribe, más o menos a la misma altura donde según el Diario de Colón se ubicaba la isla de Matinino, «que diz que era poblada toda de mujeres sin hombres»). Wonder Woman, que era casi omnipotente (salvo cuando un hombre lograba encadenar juntos su «brazaletes de sumisión»), ya en su atavío manifiesta numerosas analogías con la Guadalupe; entre las cuales, el manto de estrellas es el más asombroso. Conociendo la pasión de los mexicanos por los cómics, es probable que inconscientemente la imagen del superhéroe femenino se haya trasvasado de la Guadalupe. Los artistas que han querido dinamizar la imagen de la Virgen, y hacerla pasar a la acción, la aproximan a la superheroina. Ejemplos sorprendentes son los autorretratos de Yolanda López y, sobre todo, el grabado en linóleo de Esther Hernández: La Virgen de Guadalupe defendiendo los derechos de los chicanos, en el que se la ve de karateka, cinturón negro.

En los puestos de periódicos de los barrios hispánicos, la imagen de la Guadalupe y Wonder Woman se presentan codo a codo, haciendo la asimilación inevitable. Por otra parte, las analogías parecen acentuarse en la medida que, en los años ochenta, el personaje es dibujado por Jorge Pérez, un hispano. Probablemente fue él quien agregó la capa estrellada.

Entre los chicanos la Virgen se ha convertido en una referencia constante. Nadie podría imaginar una manifestación sin que en ella flameara su estandarte. Preside todos sus actos: sus fiestas, sus bailes. Figura en cada mural que se pinta en el barrio latino. Incluso en los anuncios comerciales. Es así porque es un auténtico símbolo. Representa sus valores, su identidad, su dignidad. Para Octavio Paz, Tonantzín/Guadalupe fue la respuesta a la chingada (12): a la madre violada, abierta, desgarrada. La redimió la madre virgen, cerrada, invulnerable. La Guadalupe continúa siendo la devoción principal porque es la «Mamacita», la defensora de su pueblo, claro que ahora con técnicas más modernas.

Figuras emblemáticas y divinidades sincréticas

Muchas de las divinidades ancestrales y de las tradiciones precolombinas y africanas se conservaron en América bajo la máscara del cristianismo: otras siguieron conviviendo con ellas como símbolos de la resistencia y la oposición al orden impuesto por el conquistador, resignificándose en la problemática actual. En diversas partes de América surgen así figuras que son objeto de un culto popular,  representan ideas nacionales o constituyen una emblemática anticolonialista. Entre ellas pueden citarse a Iemanajá, Tonantzín, Tlazoltéotl, Quetzalcóall y Cuauhtémoc.

Iemanajá fue la madre de numerosos dioses yoruba. Tenía grandes tetas, signo de la maternidad feliz, pero no soportaba ninguna broma en ese sentido. Tenía poder sobre las aguas. En Brasil se sincretizó con Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Grandes fiestas en su honor se celebran el 8 de diciembre y el 2 de febrero, día de la Candelaria, en que una inmensa muchedumbre se reúne en Bahía, en la playa de Rio Vérmelho, para ofrecer un presente a Iemanajá, mae d’agua, “madre de las aguas”. En Cuba ella se identifica con la Virgen de Regla.

Tonantzín, “Nuestra Madrecita”, era el nombre que los indígenas daban primero a la diosa azteca Teteo Innan, madre de los dioses, y después a la Virgen de Guadalupe. Era un nombre cariñoso. Tlazoltéotl era una diosa venerada por los olmecas y los huastecas de la costa del Golfo. Diosa de la tierra y de la luna, se identificó con la divinidad azteca Teteo Innan. Era diosa de las relaciones sexuales pecaminosas, por lo que se recomendaban a ella los adúlteros. Su nombre significa “diosa de las inmundicias” y su sobrenombre, Tlaelcuani, “devoradora de las inmundicias”, lo que la hacía diosa de las enfermedades y las curaciones. Como vieja diosa de la tierra, le estaba consagrada la gran fiesta de la cosecha, en otoño, durante la cual un sacerdote se revestía con la piel de una mujer sacrificada y gestualizaba el parto del dios del maíz, concebido por el sol.

Quetzalcóatl, llamado también Kukulcán en Yucatán y Chiapas y K’ucumatz en Guatemala, divinidad masculina tolteca y azteca, cuyo nombre significa “serpiente cubierta con plumas verdes de quetzal”. La serpiente emplumada simboliza originariamente el agua y la vegetación. Dios civilizador, divinidad protectora de las artes y la cultura. Quetzalcóatl es también dios del “autosacrificio”: crea el mundo, según el mito, arrojándose a la hoguera en Teotihuacán. Héroe legendario, los aztecas consideraban a sus reyes como sus descendientes. Al nuevo rey se le advertía durante su investidura: “Recuerda que éste no es tu trono, sino que sólo te ha sido prestado y que será devuelto después [a Quetzalcóatl] a quien en verdad pertenece”. Quetzalcóatl debía volver para aliviar el sacrificio de su pueblo. La profecía, que se encuentra en el Chilam Balam, libro maya de los oráculos, hizo que su vuelta se confundiera con la llegada de Cortés.

Cuauhtémoc, último emperador de los aztecas. Resistió a Cortés hasta la muerte. La tortura no logró que comunicara el paradero del tesoro azteca. Es el símbolo de la resistencia. Según Octavio Paz: “Cuauhtémoc quiere decir “águila que cae”. El jefe mexica asciende al poder al iniciarse el sitio de México- Tenochtillán, cuando los aztecas han sido abandonados sucesivamente por sus dioses, sus vasallos y sus aliados. Asciende sólo para caer, como un héroe mítico. Inclusive su relación con la mujer se ajusta al arquetipo del joven héroe, a un tiempo amante e hijo de la diosa. Así, López Velarde dice que Cuauhtémoc sale al encuentro de Cortés, es decir, al sacrificio final, “desprendido del pecho curvo de la emperatriz..” Es un guerrero pero también un niño. Sólo que el ciclo heroico no se cierra: héroe caído, aún espera su resurrección. No es sorprendente que, para la mayoría de los mexicanos, Cuauhtémoc sea el “joven abuelo”, el origen de México: la tumba del héroe es la cuna del pueblo. Tal es la dialéctica de los mitos, y Cuauhtémoc, antes que una figura histórica, es un mito. Y aquí interviene otro elemento decisivo, analogía que hace de esta historia un verdadero poema en busca de un desenlace: se ignora el lugar de la tumba de Cuauhtémoc. El misterioso paradero de sus restos es una de nuestras obsesiones. Encontrarlo significa nada menos que volver a nuestro origen, reanudar nuestra filiación, romper la soledad. Resucitar» (El laberinto de la soledad).

Aztlán

Los aztecas la consideraban su patria original. Aztlán: “el país de color blanco”, es decir, “el país del amanecer” o de los tiempos primeros, del cual deriva el nombre de aztecas: «la gente de Aztlán”. Según una de sus tradiciones, los aztecas emprendieron el viaje desde Aztlán en el año 1168, y llegaron al valle de México desde el norte. Los chicanos reivindican su derecho a vivir en el suroeste de los Estados Unidos señalando que ésa es su tierra originaria: Aztlán. De allí habrían partido. Los territorios donde hoy son discriminados eran tierras mexicanas hasta 1848. El Tratado Guadalupe-Hidalgo, que puso fin a la guerra México-Estados Unidos, representó la pérdida de cerca de dos millones de kilómetros de territorio: los actuales estados de Arizona, California, Nuevo México, Utah, Nevada y parte de Colorado, sin contar Texas, anexado poco antes. Cuando los Estados Unidos se apoderaron de esas tierras quedaron unos 75.000 mexicanos que adquirieron la ciudadanía y se convirtieron en la mano de obra necesaria para el nacimiento de la gran empresa. A ellos se fueron sumando trabajadores migrantes, que comenzaron a cruzar la frontera en forma masiva a fines del siglo XIX. Si Aztlán es el símbolo de la patria del chicano, los otros grandes referentes precolombinos ya los señalamos, son Quetzalcóatl y Cuauhtémoc. Ambos vienen de la reivindicación de la historia precolombina. El primero ancla la cultura chicana en la más antigua tradición americana. A través del dios Quetzalcóatl, serpiente emplumada, dios de la vida y divinidad civilizadora, reclaman derechos anteriores a la llegada de los europeos. Él hará que comience un nuevo ciclo de gloria para los indios de América. El segundo, Cuauhtémoc, es un símbolo nacional mexicano, se le asocia a una tradición de resistencia al invasor.

Otros símbolos hispano-latinos

La historia de los símbolos hispano-latinos (hispano y latino se usan hoy en forma más o menos equivalente, más hispano entre los chicanos, más latino en Nueva York) tiene en los Estados Unidos páginas trágicas. La más conocida es la del zoot suit.

El zoot suit, traje de chaqueta larga, hasta las rodilla, grandes hombreras ,pantalón abombachado y pretina alta, camisa de colores vivos, sombrero de ala ancha y una cadena de reloj que caía hasta más abajo de la rodilla (13),  fue la indumentaria de los que se sentían al margen de la sociedad. Nació en los barrios de Los Ángeles. Así vestían los pachucos, los jóvenes de la comunidad mexicana. Con su elegancia exuberante desafiaban el racismo de los W ASP. Ese modo de vestir les permitía alejarse de la ropa gris de sus padres y romper la indiferencia de una sociedad que los discriminaba: llamaban la atención e inspiraban temor. Sentían que recuperaban el respeto por sí mismos. Los anglos consideraron que los pachucos alteraban el orden público, y lanzaron contra ellos una terrible represión. Todo empezó el año 1943 con una riña entre mexicanos y un grupo de marines en las barriadas hispánicas. Al día siguiente, doscientos marinesse dirigieron a los barrios, golpeando a los muchachos y violentando a las chicas. Aquella noche desfilaron por las calles de Los Ángeles desnudando a todo el que llevaba traje de pachuco.

En años recientes han aparecido numerosos personajes de cómics, e incluso historias, que reivindican la imagen y el modo de vida de las comunidades hispánicas. Dos superhéroes recientes son el Diablo y la Bandera (su traje está confeccionado con los colores de la bandera cubana o puertorriqueña), ambos latinos, mestizos, asociados al barrio, al catolicismo y a la defensa de los «compadres», el pueblo. Defensa que, en el imaginario usamericano, limita con la revolución.

Un apartado especial merece Gilberto Hernández, notable dibujante de cómics, que ha creado un pueblo hispano imaginario: Palomar, del cual incluso se conocen canciones: Palomar, miPalomar  I’ll  never leave you. En el pueblo hay personajes y se dan situaciones de un «realismo mágico» que ya los críticos han comparado con García Márquez. Marcado por el cine, Hernández reivindica entre sus fuentes Pixote, de Héctor Babenco, y Los olvidados, de Buñuel. Centro de la historia son una especie de diosa de la fertilidad a mal traer: Luba¡ y Heraclio, personaje que va haciéndose adulto de episodio en episodio. Aunque Palomar es un pueblo imaginario de América Central, en realidad reproduce los valores y los problemas del «barrio».

El barrio es la identidad urbana de las comunidades hispanas. Centro de sus vivencias, eje de su cultura. Como se advierte, sin ir más lejos, en su más reciente expresión musical: la salsa

La música latina.

Hacia los años sesenta se juntaron en Nueva York numerosos músicos latinos, a la vez que la comunidad caribeña se multiplicaba, formándose un verdadero Harlem hispánico. Los músicos iban a encontrar un escenario adecuado en el Palladium, enorme pista de baile de Broadway, que estaba en decadencia, y andaba a la búsqueda de un nuevo público.

Ya en las décadas de los  cuarenta-cincuenta se había puesto  de moda la música afrocubana. Varias orquestas recorren toda América y llegan a los Estados Unidos: la Orquesta Aragón, Melodía del 40, la Sonora Matancera, con Celia Cruz, y algunos cantantes como Miguelito Cuni y Benny Moré, «el sonero mayor». Muchos músicos cubanos se instalan incluso en el este, en particular en Nueva York.  Estos grupos tocaban básicamente en son, el ritmo del que Nicolás Guillén hizo una forma poética, el mismo que dos décadas más tarde va a dar origen a la salsa. A partir de los años cuarenta el son evoluciona en contacto con otros ritmos latinos o afrolatinos: el bolero, el chachachá, el mambo, el guaguancó, la guaracha… De la música africana guardaba la técnica tradicional y antifonal (en su sentido etimológico): al solista le respondía el coro. Dámaso Pérez Prado la utiliza instrumental mente en el mambo, al cantante le responde un coro de trompetas… La música latina de esos años era la música de las grandes orquestas de baile, como la de Xavier Cugat a quien la Metro Goldwin Mayer hizo famoso, con voces hipanas, trompetas, fondo de congas y bongos, y la charanga, en que las flautas tocaban melodías de origen europeo, como en el danzón. A la llegada de los músicos cubanos a los Estados Unidos, la música afrocubana se mezcló con el jazz y produjo el «afro-cuban-jazz», o el «jazz latino».

Contribuyó enormemente  la popularidad de la música latina el que El Palladium comenzar a organizar matinées bailables para la colonia hispana y abriera sus puertas a la orquesta de Machito, Tito Puente, «rey del timbal» y Tito Rodríguez. Allí se grabaron en vivo y en directo sus mejores discos. Antes aún lesta música había tenido éxito en los Estados Unidos, especialmente con Pérez Prado, que conoció la gloria en México en los años cuarenta, y que introdujo los estilos jazzísticos en la música cubana; o con Nat King Cole, que popularizó las grandes canciones latinas. Poco antes de los años sesenta, cuando Cuba era todavía el paraíso turístico de las clases medias usamericanas, la radio y la televisión difundían una imagen de “paraíso antillano” de la isla. En una súper popular serie de televisión, « Yo amo a Lucy”, Dcsi Arnaz mostraba una Habana con rumberas de faldas de volantes, bailando un ritmo acartonado, bajo palmeras innumerables y a cuya sombra una mulata sensacional, con un culo como “pa’ tratalo d’usté”, le ofrecía un daikiri al míster blanco, de camisa floreada y shorts. Una brillante evocación literaria de esta época, y que sin duda es también una historia de los hispanos en Nueva  York, la constituye la obra ele Óscar Hijuelo: Los reyes del mambo tocan canciones de amor(1989).

Con la llegada de músicos como la Sonora Matancera, con su cantante Celia Cruz, y Tito Rodríguez, nace la salsa. Pero fue sólo a partir de los años sesenta, y en los setenta que la salsa se hizo famosa. En esta época llega a Nueva York una gran cantidad de músicos cubanos, que vienen con el ritmo de la pachanga. La colonia latina aumenta enormemente y adquiere una identidad cultural, asociada a la marginalidad y al barrio, semejante, pero culturalmente distinta, de la del negro. La salsa va a ser expresión de esta vida de barrio, va a dejar de ser la música afrocubana que se dirigía a todo el mundo, especialmente al turista yanqui (sobre todo porque éste ya no mira a Cuba), y se dirige a la comunidad latina: abandona el glarnour y habla de la esquina y el farol, como el tango en su época marginal: refleja su violencia, su miseria, utiliza su lenguaje… Sobre el son cubano como base rítmica se van a cantar textos violentos y agrios sobre el medio urbano, el mundo rural. No se habla del modesto pueblo escondido y feliz de una América Latina idílica, sino de las dificultades cotidianas, del barrio como espacio de lucha por la subsistencia: un mundo duro y de «duros», con valores de gueto, donde el malo, el malandro, el gamberro, tiene el prestigio de la rebeldía. Al malo, al feo y al bandido les canta Willi Colón, yPedro Navajas, el rey deI barrio, es el título más popular de Rubén Blades. Salsa implica barrio.

La salsa sintetizó la música del Caribe. Fue expresión de todas las minorías hispanas que poblaban los guetos de las grandes ciudades  de “El Norte”y se metió con las tradiciones musicales de todos ellos. Los clásicos ritmos cubanos se enriquecen con la experiencia del rythm and blues y aumentan su registro instrumental: cambian las trompetas por trombones. Los artistas que venían de Cuba y de Puerto Rico, muchos de ellos negros, como Celia Cruz, expresaron la sensibilidad caribeña, y la vida cotidiana del Spanish Harlem. En los años setenta se hicieron famosos Eddie Palmieri, Johnny Pacheco, Willie Colón y Rubén Blades.

El nombre “salsa” fue utilizado por primera vez en 1966 cuando “Federico y su Combo” editan en Venezuela el disco: Llegó la salsa. Pero el término se difunde a partir de 1975 gracias a la película Salsa. A partir de entonces se populariza el nombre, pero en realidad no es un ritmo distinto, sino una simple cuestión de etiqueta publicitaria, sintetiza toda la música del Caribe que se vive en el barrio, del Caribe urbano. Sale de Nueva York porque allí se reúnen comunidades latinas de diferente origen cultural, con aires de ranchera mexicana, cumbia colombiana, tango argentino, son… Lo que tenían en común era la pobreza, el barrio. A partir de los años setenta sus títulos comienzan a figurar en el hit-parade. Después de pasar veinte años en el barrio, la música latina vuelve a ser lanzada como gran espectáculo comercial.

Pero el sentimiento más fuerte que se respira en la salsa es el de identidad. El latino, el hispano, superan en el barrio y en la pobreza, su origen nacional, para, como la salsa, componer un solo mundo: unido por la lengua, la música y las costumbres

La salsa es de Nueva York
El son de años anteriores,
la guaracha y el guaguancó
son de la salsa antecesores,
con su ricura, con su sabor.
El mambo, hermano mayor,
lo vistió de americano,
llegando al norte africano
el compás de su tambor.
La salsa es de Nueva York…
Salsa con tango, la yerba mate,
salsa y pasillo, ecuatorial,
salsa con cumbia y con aguacate,
salsa con rumba en un tabacal.
La salsa es de Nueva York…
Salsa y jarope, cuatro y maracas,
salsa y ranchera, puro mezcal,
salsa con jota, la madre España,
los tambores de Panamá.
La salsa es de Nueva York..:
Salsa y merengue, azúcar caña,
salsa con danza, cañaveral,
salsa con valse que sabe a alpaca,
salsa con samba es un carnaval.
La salsa es de Nueva York…
Imágenes latinas (guaguancó)
Indios, hispanos y negros
nos vinieron a formar,
con raza de todas las sangres
y un futuro por lograr.
A las entrañas del monstruo,
como digiera Martí,
venimos para esforzamos,
a trabajar y a vivir.
Desde Quisqueya hasta el Plata,
de las Pampas a La Habana,
somos sangre, voz y parte
de esta tierra americana;
somos sangre, voz y parte
de esta tierra americana.
En el país de la nieve
o bajo el sol del palmar,
el latino en todos lados
lucha por su libertad.
Latinoamericanos somos,
del centro, norte y del sur,
con un presente de lucha,
con un futuro de luz.
Ésta es mi imagen latina,
éste es mi nuevo cantar,
para decirte, mi hermano,
busca y encuentra unidad;
para decirte, mi hermano,
busca y encuentra unidad.
l

Letra de Bemardo Palombo

Notas:

  1. Esther HERNÁNDEZ: La Virge de Guadalupe en karateka, defendiendo los derechos de los chicanos.
  2. El culto originario de Extremadura fue llevado a México por los doce franciscanos que encabezaba Motolinía, nombre náhuatl que adoptó y que significa “el que es pobre”, fue guardián de varios conventos y autor de la más temprana crónica franciscan
  3. En México, “gringo” es extranjero, generalmente rubio, sobre todo “norteamericano”.
  4. WASP. White, anglo-saxon and protestant: blanco, anglosajón y protestante. Así se definía la típica burguesía blanca en los Estados Unidos, aunque hoy se prefiere hablar de “nativismo blanco” cf. Samuel P. Huntington¿Quiénes somos Los desafíos de la identidad nacional estadounidesnse, Paidós, Madrid 2004.
  5. Octavio Paz, en El ogro filantrópico
  6. Chicano. Aunque el término ‘chicana’, expresión apocopada por mexicanoamericano, se usaba desde principios de siglo para designar a todo mexicano que iba a trabajar como bracero, el “.movimiento chicano” nació después de la represión de los pachucos. Hay también otros términos, como el de ‘pocho’, que son los que se creen integrados y se sienten superiores a los chicanos, Y los ‘mojados’, wetbacks (‘espaldas mojadas’), porque acaban de cruzar el río Bravo.
  7. Guadalupe de Extremadura en América,1990
  8. LAFITAU, Joseph Françis: Moeurs des sauvages américaines comparés aux moeurs des premiers temps, París 1724.
  9. Marina Warner, Tú sola entre las mujeres, Ed. Taurus
  10. cf. supra: La idea del otro…”
  11. Serge Gruzinski: La guerre des images. De Christophe Colomb à « Blade Runner », Fayard, 1990.
  12. Chingada. Por contraposición a la Guadalupe, que es la madre virgen, la chingada es la madre violada. En México, chingar es el vulgar de copular, como joder. Pero tiene innumerables significados: se puede ser un gran chingón o un chingoncito. El verbo denota violencia, se dice “se chingó”. cuando se rompe algo, también indica desgarrar, hasta violar. La expresión “hijo de la chingada” es análoga pero no igual a “hijo de puta”…
  13. Luis Valdez hizo una película con el título de Zoot suit,(1979) inspirada en los disturbios de los Ängeles de 194

Bibliografía:

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