Revista de arte Chilena

TESTIMOMIO DEL IMAGINARIO CULTURAL DE SU ÉPOCA
PUBLICACIÓN BIMESTRAL DE LA FACULTAD DE
BELLAS ARTES DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE
1919-1939

América Cahiers du CRICAL:
Le Discurs culturel dans
les revues Latino-Américain de l’entre deux guerres 1919-1939.

                                                                                                      Publictions De la Sorbonne Nouvelle s/f (c.1986)

Nuestro estudio de la Revista de Arte se restringe a la Primera Época (porque hubo una segunda , en los años 50, después de una larga interrupción). Comprende este período, 23 números y 3 Boletines, publicados entre julio de 1934 y enero de 1940. La dirección de la revista estaba a cargo de Domingo Santa Cruz, el Comité Directivo estaba formado por Carlos Humeres, José Perotti, Romano de Dominicis y Armando Carvajal ; Jefe de la Redacción era Vicente Salas Viu. Los colaboradores eran un pequeño grupo. A los miembros del Comité directivo se agregaban los artistas, como Lorenzo Domínguez, Carlos Issamit o Armando Lira. Los números especiales estaban hechos por los críticos del país al cual dedicaba el número : de Argentina, Perú o de los EEUU, la colaboración de latinoamericanos era permanente. Cito algunos : Mariano Picón Salas, Francisco Curt Lange, Uriel García. Este último introduce la nota indigenista o “andinista”, en la revista. Dato curioso, hay una crónica escrita por Pablo Neruda (1).

Salvo los números especiales centrados en un tema : hay tres, dedicados al Perú (2), a Argentina (3) y los EEUU (4), que no llegó a salir, la revista se forma con un número casi igual de artículos, sobre arte chileno y arte europeo. La estructura es en dos partes : artículos de fondo y crónica dividida en noticias nacionales y extranjeras. En los primeros números, una larga crónica de noticias del extranjero debía informar al lector de todo lo que ocurría en el mundo de las artes. Poco a poco, empero, la actualidad chilena va ganando el paso sobre la crónica internacional. La prueba es el Boletín, dedicado exclusivamente a la actualidad chilena, que termina por reemplazar la Revista.

¿ En qué condiciones aparece la Revista ?

En lo que respecta a la realidad nacional, fue el gobierno populista de Carlos Ibáñez (1927-1931) el que decidió ocuparse de la cultura. La que será más tarde la Facultad de Bellas Artes fue fundada en 1930. El segundo gobierno de Arturo Alessandri Palma (1932-1938), que había comenzado la lucha por el relance económico post-crisis del 29, inicia el proceso llamado de “crecimiento hacia adentro”: el Estado apoya fuertemente la economía y busca una redistribución del ingreso a través de una política social. La intervención del Estado se intensifica con el gobierno del Frente Popular, Pedro Aguirre Cerda (1938-1941), crea la CORFO, la Corporación de Fomento a la Producción, organismo que va a ser el pivote de la participación del Estado en la Economía hasta la caída del gobierno de Salvador Allende. Esta concepción se transfiere a la cultura, pues se piensa que el Estado debe participar en el desarrollo de todos los sectores de la sociedad, incluso en el de las “artes”. De ahí la creación de la Facultad de Bellas Artes, de la carrera de profesorado de música y de artes plásticas y de la Revista de Arte, en el seno de la Universidad.

El marco internacional de esos años es conocido. El 34, Hitler se había proclamado “führer” y se había iniciado la campaña antisemita. El 36 se había sublevado Franco en Marruecos y se inicia la Guerra Civil. Todo esto dentro de un cuadro ideológico y cultural, marcado por ideas apocalípticas, como las de “decadencia” y “cruzada”, la boga de la arquitectura y escultura clásicas en los regímenes autoritarios ; y Picasso, que en el 37 realiza Gucmica.

En América Latina, por igual los años 30, son de dudas y de crisis intelectuales, los grandes vectores del pensamiento europeo se recogen en filosofías de identidad y en concepciones estéticas : la idea de decadencia de Spengler, y el marxismo se difunden entre todos los medios intelectuales, que reaccionan mayoritariamente a la crisis de los Estados que ha puesto dictaduras en casi todos los países de América Latina. En Perú, Haya de la Torre acuña el término “Indoamérica”, Mariátegui publica los Siete Ensayos ; en Argentina, Martínez Estrada la Radiografía de la Pampa y en España y América, la “Generación del 98” difunde el mito de la “Hispanidad”.

Por lo que respecta a las corrientes que se imponen en el arte chileno, están igualmente marcadas por la realidad nacional y las tendencias europeas. En estos años refiriéndose a las vanguardias se habla sólo de Europa, a EEUU no se le menciona, salvo en lo que toca a la arquitectura. Europeizante es como se pretende “hombre culto”. Pero, a su vez, los europeizantes se dividen en “académicos” y “vanguardistas”.

La polémica entre estos grupos es enconada, y supera o excede la realidad plástica chilena, sobre todo si se piensa que en esos años, los “treinta”, el arte chileno todavía está digiriendo el impresionismo.

Antes de la formación de la Escuela de Bellas Artes, los artistas se agrupan en torno a la Revista Ilustrada, que es el órgano oficial de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, esta publicación atacaba duramente al “cubismo” y a las tendencias vanguardistas. Incluso a sus precursores : le había declarado la guerra a Cézanne y a Gauguin. Uno de sus críticos hablaba de los pintores que habían entrado en el camino de la licencia y de la indisciplina. Y esto en el año 1928. El “Salón de 1928” había sido violentamente atacado por la Revista, Ilustrada que desautorizaba a todo pintor que se alejaba de la academia, con el mote de “cubista”. Justamente fue este Salón, el que marcó el punto máximo de desacuerdo entre las tendencias academicistas y las vanguardistas.

Las tendencias vanguardistas estaban representadas por el llamado “Grupo Montparnasse”, decididos admiradores de Cézanne y los fauves. Los pintores del grupo habían vivido largamente en Europa y frecuentado a los artistas más creadores del siglo. Sólo como prueba de estos contactos cabe señalar que dentro de la pequeña colección de piezas de otros artistas, que dejó como legado de Picasso, cuelga la obra de chileno entonces en París, Julio Ortiz de Zarate.

La polémica tuvo consecuencias y fue resuelta por el gobierno. Un decreto del Presidente Carlos Ibáñez del Campo, cerró la Escuela de Bellas Artes y envió a Europa a los profesores y alumnos que la frecuentaban. La primera frase del decreto es maravillosa, porque muestra cómo concebía el arte la cultura oficial, dice : “…Porque siendo la enseñanza artística de carácter objetivo y no existiendo en el país fuentes de documentación suficientes, se hace necesario…” ¿ Qué entendía el decreto por fuentes de documentación suficientes ? Está claro, sin duda que  se refería a “las tradiciones europeas”…

Estas fechas marcan en Chile el paso de un colonialismo antiguo, académico, a un nuevo tipo de dependencia estética, fundado en la mimesis de las nuevas tendencias. Más que la aparición de un arte nacional, es el colonialismo el que va a renovarse.

El año 1930 se constituyó la Facultad de Ciencias y Artes aplicadas de la Universidad de Chile que más tarde, pasaría a llamarse Facultad de Bellas Artes (en 1948). En la Facultad se unió la antigua Escuela de Artes Aplicadas con el Conservatorio Nacional de Música. En 1936 se acordó a esta Facultad la formación de profesores para la enseñanza secundaria.

El primer número de la Revista del Arte es el correspondiente a junio/julio de 1934. La nota editorial que lo presenta ya es significativa. Bajo el título “Cultura Artística” repite una serie de tópicos característicos de las preocupaciones culturales y las influencias de la época. Dice la nota :

“El problema fundamental que encuentra en Chile una tentativa de renovación artística, es un problema de cultura. Un país nuevo, sin tradiciones estéticas ni bellos monumentos que en naciones más antiguas constituyen viva enseñanza y permanente ejemplo, necesita la creación de un ambiente propicio, que recoja y difunda la irradiación de los centros culturales más evolucionados, dando estímulo al mismo tiempo a nuestros valores artísticos incipientes. En este camino, consideramos un paso definitivo la incorporación de la Facultad de Bellas Artes a la Universidad, que ha venido a situar la cultura estética en el centro mismo de la educación superior, como un reconocimiento del valor trascendental del arte entre las elevadas disciplinas del espíritu”.

La mera lectura del texto nos permite constatar que recoge los tópicos siguientes, algunos todavía vivos en las visiones culturales de América :

El que la cultura viene de Europa.

El mito del “pueblo joven”, que tanto contribuyó a difundir la obra de Ortega y Gasset sobre la Argentina : Meditaciones del Pueblo Joven. Donde -perdóneseme la síntesis ligera – Ortega concluía visionariamente que Argentina

poseía gran talento político, pero que carecía de talento literario. Este mito fue reforzado más tarde por la obra de Toynbee : Estudio de la Historia, que comienza a publicarse en 1933, y es la contrapartida de otro tópico difundido por el otro gran filósofo de la historia de este siglo, del mito de la “Decadencia de Occidente” de Spengler.

La idea del papel fundamental reservado al Estado, a través de la Universidad, en la creación y en la difusión de la cultura, a que ya hice referencia, es otro de los grandes tópicos. La verdad es que esta idea animó toda la política de las Universidades chilenas hasta fines del año 73.

La revista se presentaba, además, como destinada a ampliar la conciencia y la cultura artística del pueblo, tarea que le parecía urgente, terreno en el cual el pueblo era virgen porque las “artes plásticas, dada su naturaleza, no pueden difundirse fácilmente como la literatura o la música”. La Revista de Arte, pues, decíase decidida a emprender una “cruzada”.

Nada decía, sin embargo, la revista, de la importancia del mercado de la difusión del arte. Eran todavía años de un candoroso optimismo en las posibilidades de los valores trascendentales de imponerse por sí mismos, por su sola calidad.

Veamos como a lo largo de sus números la revista traía estos temas :

1. El que la cultura viene de Europa, con su collera, el mito del pueblo joven, se puede enunciar como en la época lo hacía el vulgo : en América no hay tradiciones y los artistas de un pueblo joven son todavía inmaduros para lanzarse por sí solos a la aventura de la creación y deben seguir a sus “mayores”.

Es un tema redundante, no sólo en Chile, sino en la mayoría de los países de América Latina, el que “el país carece de tradiciones”. Este tema, una especie de “síndrome de vacío cultural”, además de poder ser estudiado como un fenómeno de psicología social, asociado a una imagen de sí mismo que dejó la colonización hispano-portuguesa , es la puerta abierta a un proceso intenso  de recolonización, basado en la mimesis de las vanguardias europeas. Es la época en que el principal modelo del artista son las revistas y los libros de arte, etc. El tema, además, exigía la “urgencia” de recuperar y crear una tradición cultural propia, como es en el México post-revolucionario el indigenismo y, en Brasil, la antropofagia cultural, que en la época se despierta como apetito con la Semana de Arte Moderna” (5). Otra palabra reiterativa en el discurso de los pensadores y políticos latinoamericanos cuando se refieren a la cultura. Las repite el rector de la Universidad de entonces, Juvenal Hernández : en Chile, “país de ausencia de tradiciones culturales se hace urgente una acción cultural intensiva” (6).

La idea de pueblo joven se encuentra en los comentarios que hace Lorenzo Domínguez, uno de los más celebrados escultores chilenos, del medio siglo : Estima que en Chile no se puede pensar en una escultura propiamente tal, es decir con valor de manifestación cultural, si no se resuelven problemas básicos previos. ¿ Qué quiere decir ? ¿ Un amueblamiento del espacio urbano ?, ¿ Una escultura que exprese la identidad nacional ? Curiosamente, Domínguez parece ver esta identidad más en la naturaleza que en otra cosa, porque lo que lamenta es que, poseyendo el país materiales nobles : piedras, mármol, madera, el artista chileno no los utilice (7)

Este síndrome de vacío cultural, tiene dos consecuencias concretas en lo que se refiere a la orientación de la revista :

1) Va a hacerla defensora de la incorporación de las artes en el sistema educativo nacional, y de la necesidad de que la Universidad se ocupe de la formación de profesores de artes plásticas y de música, destinados a la educación secundaria ; y 2) Va a darle un espíritu pedagógico , destinado a educar a su público en la Historia del Arte y en la sensibilidad del gusto. La parte de crítica de arte en realidad es pequeña, mucho más importante es la de “divulgación”, sobre todo en la historia del arte europeo, por lo demás, son las tendencias europeas las que van a legitimar la obra de los artistas locales. Así, Lorenzo Domínguez, elige algunos ejemplos del románico catalán para mostrar que el arte no tiene por qué ceñirse “al natural”, sino que debe buscar los elementos puros, la línea, el volumen, la construcción, la composición, etc. En realidad Domínguez está hablando de sí mismo. A través de sus reflexiones del arte catalán nos entrega una visión de lo que él busca en su escultura (8).

El género dominante en pintura en esos años, es, de todas maneras, el paisaje. No obstante, que el entonces muy joven Roberto Matta hará al final de los 30 sus primeras exposiciones en Europa, el surrealismo es desconocido por la revista. El paisaje, como género, está de acuerdo con las tendencias criollistas que se manifiestan en la literatura, y con un deseo de identidad, que parte de la imagen que de sí mismos, del país, de la nación y de la historia, tienen los chilenos. La afirmación de que el país carece de tradiciones culturales repetida a diestra y siniestra por la propia revista, refleja una idea europea ya avanzada por Hegel, de que América, Chile en este caso, carece de historia y sólo posee naturaleza. Este tópico se expresa en la pintura por su preferencia por el paisaje, que más que un estudio de la luz o del color o de la modernidad, como lo había sido para los impresionistas, es un estudio de la realidad nacional, paseísta, que añora una sociedad rural…Pero, a la vez los paisajistas tratan de integrar las vanguardias europeas en su lenguaje, y es en ese punto, donde entran en conflicto con otras ideas adquiridas sobre el arte : la de la unidad, equilibrio, organización y claridad, que informan la teoría académica. La propia Revista de Arte, se sitúa críticamente frente a ellos, le cuesta aceptar una visión de la “chilenidad” que no muestre un paisaje sereno, si no – cito – “un conglomerado de árboles, montañas y cosas pintadas sin orden ni concierto, so pretexto de que le proporcionan una sensación de paisaje chileno”(9).

En general la mirada que lanza la revista sobre Europa, no sólo sobre la historia del arte, sino incluso sobre las tendencias del arte contemporáneo, está destinada a exaltar la obra de los artistas nacionales. Un artículo sobre el “Expresionismo alemán” (10) servía para dar sólidas bases estéticas para la nueva imagen que desde Alemania y se trasladaba a Chile con los artistas que habían obtenido la beca Humblodt y que se inspiraba en Franz Marc, el grupo “Die Brücke” en pintura y en Barlach y Lembruck en escultura (11).

En cuanto al método, la crítica de arte que encontramos en la revista es de tipo impresionista, subjetiva. El análisis de la gramática formal y de la estructura de la obra, rara vez aparece. Interesa más que nada “el alma”, un concepto abstracto que traducido al colectivo rima con “raza”. Así, en el artículo sobre “El expresionismo alemán” de Carlos Humeres (12), el punto de partida es la explicación por las características raciales. Dice : “La raza es innegablemente un factor considerable que hay que tomar en cuenta si se quiere conocer los caracteres diferentes de una cultura”. Es el espíritu de la época que se difunde con el nazismo. En la Revista no encontramos una sola crítica a él. A veces incluso parece sentirse la admiración. Pero tratan de distanciarse algo, matizando…El propio Humeres agrega (13): “pero que no explica por sí misma – la raza – el sentido de una cultura, como algunos suelen pensarlo”.

¿ Cómo se vive la época en Chile ? Tal vez el mejor testimonio lo den las crónicas. Podemos considerar a la Revista una publicación liberal. Sin embargo, la óptica, la adjetivación para hablar de la cultura en el nazismo y en la URSS no son iguales : al referirse a Alemania parece que quisieran ser objetivos, sin comentarios, pero, como decía arriba, a veces incluso se siente la admiración, como cuando se habla de que la civilización helénica volverá a vivir momentos de esplendor en los XI Juegos Olímpicos en Berlín (14), que, sabemos,  sirvieron para consagrar la gran proeza del atleta negro Jesse Owens, dejando a mal traer el fetichismo de la superioridad del hombre ario, o como en este comentario a propósito de los “Things”, esos teatros al aire libre que había organizado el ministro de propaganda del nacional-socialismo, Gocbbels : “En la nueva Alemania existe una efervescencia vital que traspone ampliamente los límites de una transformación política por inmensa que ésta sea. Todos los sectores de la existencia del pueblo alemán reciben hoy día tal aliento y empuje que realmente se puede hablar sin énfasis, de un renacimiento” (15). Pero aparentemente nadie asocia una cultura al nazismo. Ni ve reproducirse los valores de éste en su afición a las formas clásicas, ni en el desarrollo de un determinado folklorismo.

Mucho más severos y desconfiados se muestran los críticos, cuando la revista habla de Rusia. Refiriéndose a la música (16), se repite la idea de la mediocridad estética en que cae el arte, cuando el autor no ve en su obra otro fin que el de servir al Estado.

Ni una palabra se escribe sobre la Guerra Civil Española…

Pronto aparecen también en la revista las tendencias americanistas. Un americanismo marcado por las ideas indigenistas de los años 30…Estas se manifiestan en el interés por divulgar y comprender, con criterio antropológico, algunos fenómenos culturales indígenas, como los artículos de Carlos Issamit sobre “El Machitún” (17) y “Los cantos mágicos de los araucanos”(18). También se manifiesta en concepciones más complejas , como en el artículo de María Valencia “Pintores peruanos indigenistas”(19) o en el de Uriel García : “Arquitectura colonial del Cuzco” (20) donde en consonancia con las ideas indigenistas de la época, reivindica el “vigor” indígena en la arquitectura de la aldea. “Vigor” en esta época es una palabra clave, contrapuesta a “Decadencia”. Uriel García ve en el barroco y en el churrigueresco, un enfrentamiento entre dominadores y dominados, en un proceso que él llama el “amestizamiento”. Piensa que fue la ornamentación barroca, donde el alarife mestizo dejó la huella de su ironía, frente a la faz de España. Esta tendencia de identidad, recuperando el pasado y las tradiciones locales, culmina con un artículo de Francisco Curt Lange: “Apuntes sobre un americanismo cultural y artístico”(21) que renueva la crítica que ya a fines del siglo XIX había lanzado Martí sobre el “criollo exótico”. Curt Lange aboga por el fortalecimiento del sentimiento nacionalista en América, por la búsqueda de la creatividad en “ese fermento popular que está por doquier”, que es el gaucho, el huaso, el carnaval de Río, etc. y sobre todo en las tradiciones aztecas e incas, que viven – cito – “en el subconsciente de nuestra raza latinoamericana”. Curt Lange ve en la decadencia de Occidente y el derrumbe de su cultura, la necesidad de revitalizar estas tradiciones.

Resulta intricado para los críticos dar la imagen nacional en esta maraña de conceptos y realidades, no siempre conciliables : La Revista se debate entre una idea tradicional del arte, una concepción biológica universalista de la historia, y los voluntarismos para desarrollar una creatividad nacional. De acuerdo con esa idea que señalábamos más arriba, lo nacional parece expresarse preferentemente en el paisaje…Pero, a esta imagen se le exige claridad, para que comunique emotivamente las características del país ; o las que se suponen que son las características nacionales : sensación de grandiosidad, íntimo recogimiento, seriedad…etc. De ahí la dificultad para reconciliarse con los que siguen las vanguardias, que encuentran la razón del arte en el medio mismo y no en el motivo.

Finalmente, como decíamos al principio, la crítica se debate entre tradicionalismo y modernidad…La Revista refleja este conflicto, que se daba en esos años en América. Si por un lado critica a los “modernos” por carecer de valores “clásicos”, por otro, reprueba a los “Salones oficiales” por su “anticuada idea del buen gusto” (22)  y por intentar restablecer viejas formas académicas.

En todo caso, y para concluir, hay que reconocer que La Revista de Arte es mucho más conservadora y paseísta, de lo que fue algunos años antes, esa genial y efímera revista de Arte que creó Huidobro : “Pro”…, donde crítica y creación se hicieron uno, y la revista misma era concebida como una obra de arte  (23)

Miguel ROJAS-MIX Université de París VIII

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NOTAS

  1. 1.     Vol III, N° 18 : “Arte Popular”, por Pablo Neruda (2 reproducciones).

2. Vol. II, N° 9 :

Portada – Huaco Peruano (foto)

Editorial – Relaciones culturales interamericanas.

“Un aspecto técnico del barroco en general y en especial del Hispano-Aborigen” por

Alfredo Benavides (10 fotos).

“Arquitectura colonial del Cuzco”, por Uriel García, (4 fotos).

“Música Peruana”, por Guillermo Salinas C.

“Pintores Peruanos indigenistas”, Por María Valencia, (7 reproducciones).

“El arte del tejido en el antiguo Perú”, por Ana CABRERA (1 reproducción).

“Los Huacos de Nazca”, por Horacio HURTEAGA, (6 fotos).

“El escultor Guillermo Córdova”, por D.D. (1 reproducción).

3.  Vol.II. N° 11 :

Portada – Detalle del Monumento del General Alvear de Antonio BOURDELLE, Buenos

Aires.

“Un siglo de arte en Argentina”, por Augusto Da ROCHA. (5 reproducciones de

cuadros).

“La Sociedad Internacional de música contemporánea de Buenos Aires y el “Grupo

Renovación” por Juan Carlos Paz.

“Sociedad Argentina de artistas Plásticos”. (21 reproducciones de cuadros).

“La Música contemporánea y sus problemas”, por Leopoldo Hurtado.

“Las  fronteras de la plástica,  Emilio  Pettoruti”,  por  Leonardo  Estarico; (4

reproducciones de cuadros).

“Antonio Bourdelle y Sud América”, por D.D. (2 fotos escultura).

“América y la nueva Arquitectura”, por Martín NOEL.

4.  N° 23 (la irregularidad de la Revista hace que ya no se indique el volumen):

“Pan Americanismo de la Revista de Arte de la Universidad de Chile”, por William

BERRIEN.

“La pintura contemporánea y los Estados Unidos”, por Grace L. Me Cann Morely.

“La creación musical de los Estados Unidos”, por Jacques SHNIER.

“El artista norteamericano y el Estado”, por Francisco Aguilera.

  1. Cf. Rojas Mix: “La semana de arte moderna”
  2. Cf. “Enseñanza artística y universitaria”, a propósito del discurso del rector Juvenal HERNÁNDEZ en el Congreso Interamericano de Educación. Vol I; N° 2.
  3. “Algo acerca de nuestra escultura actual” Vol. I, N° 3.
  4. “Imaginaria española” Vol. I, N° 2.
  5. “Movimiento artístico nacional. Exposiciones de paisaje” Vol. I, N° 2.

10.”El expresionismo alemán, por Carlos HUMERES. Vol. I, N° 2.

10. Disfrutaron de esta beca el escultor Samuel Román y el pintor Israel Roa.

11. loe. cit.

12. lbid.

13. “Los Juegos Olímpicos en Berlín” Vol. 2, N° 7. Cf. “El arte de la danza en Alemania”, Por Beda Frilipp. Vol. II, N° 10.

14.  “Alemania : Nuevas orientaciones en el arte teatral”, por el Dr. Johannsen
Hamburgo. Vol.,N°3.

  1. Vol. I, N° 3.

16. “El Machitún y sus elementos de carácter mágico” Vol. I, N° 3.

17. Vol. I, N° 6.

18. Vol. n, N° 9.

  1. Ibid.

20. Vol. 2, N° 10.

21. Vol. I, N° 2, p. 33.

22. Cf. Rojas Mix , “Huidobro y el arte abstracto” Arte en Colombia , Bogotá 1983, N°23. También en Araucana de Chile, n° 32, 1985.