Nuevos escenarios para pensar la Educación Superior

Un antiguo consejo español que data del Siglo de Oro, decía:

“No te largues a hablar sin que preceda el pensar”

A menudo, cuando nos enfrentamos a analizar la tarea universitaria y sus proyecciones sobre la sociedad y de esta sobre la institución, tengo la impresión –y comienzo por una autocrítica- que hacemos un trabajo más de colage, -fea palabra castellana para traducir la expresión francesa collage- que de reflexión. Está bien reproducir las fuentes, pero cada vez que se reproducen, hay que repensarlas.

En particular repensarla a partir de escenarios vigentes. La puesta en escena de un modelo educacional cambia y debe cambiar en la medida que los proyectos de sociedad se modifican. En particular cuando hay un cambio radical de escenario. Esa es la situación que estamos viviendo actualmente.

Por otra parte, hay que asumir el riesgo de equivocarse, se equivoca solo el que hace algo más allá de la rutina, los que se atienen a ella aciertan siempre, aunque sea en el error.

La pregunta inicial es ¿Si el escenario social planetario ha sufrido una crisis catastrófica,  podemos seguir pensando la universidad de la misma manera?-

En particular si la universidad se fijaba como prioridad absoluta formar para ese modelo de sociedad que hoy se ve frustrado. Y estamos constatando en todas partes cómo los estudiantes se movilizan para denunciar el modelo de Bolonia.

Dos acontecimientos están a punto de modificar totalmente nuestra visión de la sociedad: la crisis financiera y el triunfo de Obama en los E.E.U.U. Ambos concurren en anunciar un nuevo escenario político, social, económico y en definitiva educacional, porque no hay proyecto educacional que no corresponde a un modelo de sociedad. Desde los griegos. La areté (un ideal de hombre encarnado por un héroe. Aquiles u Odiseo), era el valor que convenía al modelo social griego y la paideia (educación) estaba orientada a formar en este ideal. Estos últimos años el modelo social impuesto ha sido el de la economía de mercado. El emprendedor ha reemplazado al héroe y Bill Gates ha desplazado a Aquiles.

La crisis financiera ha planteado la vuelta al Estado protector que tanto denigraron los neoconservadores. Ha mostrado que formar emprendedores sin humanidad (quiero decir sin formación ni ética humanista, exclusivamente para ser eficientes en el mercado) puede conducir incluso a las más grandes catástrofes financieras y nos percatamos que las altivas concepciones pedagógicas que han privilegiado la formación de emprendedores, más que emprendedores lo que han hecho es formar especuladores.

La elección de Obama manifiesta la crisis del mito de Occidente. Como aficionado a la ciencia ficción leí algunos años una obra cuyo título ni autor recuerdo, pero sí recuerdo que ocurría en el año 2500 y que lo fantástico era que al final cuando se revelaba quien era entonces el presidente de los EE.UU., este resultaba ser un negro. Nada más fantástico que la realidad que acelera la ficción para hacerla historia. La elección de Obama plantea una ideal fraternidad racial, en consonancia al masivo proceso migratorio y de mestizaje que está viviendo el planeta y, que en Nuestra América y en otro plano concuerda, con las reivindicaciones de interculturalidad que conoce el mundo andino. Obama es el Mesías del cambio, el paladín de un mestizaje mundial en marcha. Por otra parte promete verter contenido social en la poción neoliberal: Fortalecer la educación pública y dar cobertura sanitaria para todos (Hay 47 millones de EE.UU. sin cobertura). Obama representa el fin del mito del Occidente blanco y de la civilización por antonomasia: La cristiana y occidental. No faltan quienes sospechan que ni siquiera es cristiano.

Finalmente, no podemos dejar  de considerar que, aparte de rebajar el antiamericanismo,  el triunfo de Obama debe representar una distensión en las relaciones entre los EE.UU. y América Latina.

Estos dos acontecimientos que concurren, tienden a cancelar un modelo, el neoliberal que, en definitiva, derivó en neoconservador y que tenía como dogma la regulación de la vida por el mercado. La naturaleza de la crisis que estamos viviendo no plantea solo un debate técnico, sino un importante debate ideológico. Estamos ante la crisis terminal de un modelo económico y también de la base ideológica sobre la que ese modelo se ha sustentado. El modelo está asociado a un conservadurismo social de la derecha religiosa y a un conservadurismo militar. La revolución conservadora se inició en los años ´70 en Chile de Pinochet y los “Chicago boys”, bajo la égida de Milton Friedman y Hayek y se planetarizó con Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Se presentó a sí misma como un programa moral indignado con la contracultura de los años ´60, que significó la destrucción de los valores tradicionales respecto a la mujer, la familia, el sexo y las costumbres. Un ejemplo de esta ideología extrema es el libertarismo, definido en el libro de Nozick: Estado, Anarquía y Utopía (1972), donde defiende el derecho del talento a percibir todos sus beneficios sin que el Estado puede retirarle nada a través de impuestos. Su ejemplo es el basquetbolista de los años ´60 Wilt Chamberlain. El Estado debe ser minúsculo, reducido a su mínima expresión, limitándose a la protección de nuestros derechos más elementales: La vida y la propiedad. En la educación superior el imperio de la ideología neoconservadora, puso la universidad al servicio del mercado, estableciendo criterios de rentabilidad incluso para la supervivencia de las disciplinas académicas tradicionales. Toda disciplina que no tuviera un número cabal de alumnos inscriptos por año debía suprimirse o fundirse con otra. Lo que amenazaba directamente a las asignaturas formadoras y humanistas, convirtiendo la universidad en una pura escuela profesional al servicio de la empresa. Ya lo dijo Guillermo de Humboldt en el siglo XIX, lo peor que le puede ocurrir a la universidad es que se convierta en una escuela profesional.

¿Puede la universidad seguir pensándose exclusivamente como una institución al servicio del mercado después de esta crisis? ¿No debe acaso reflexionar si su entrega a la llamada economías del conocimiento-visto los resultados- en vez de formar emprendedores está creando especuladores? La crisis del capitalismo libertario que predicaron Friedman y Hayek, y al que se le permitió desbordarse sin reglamentación alguna, mostró que los sistemas de mercados no regulados acaban destruyéndose a sí mismos ¿No le ocurrirá lo mismo a la universidad pública si sigue pensándose en términos de mercado?

Los efectos de la crisis serán múltiples sobre la universidad, de manera anecdótica podemos decir que abrirá una edad de oro para la sociología y las ciencias políticas, porque ni Hegel pensó que las cosas podían convertirse en su contrario con tal rapidez.

El nuevo escenario requiere repensar la universidad, exige un aggiornamiento, en particular los desafíos a que tiene que hacer frente la universidad latinoamericana en el siglo XXI. El siglo nos espera con cuatro grandes compromisos: el compromiso nacional, regional, continental y el planetario: El compromiso nacional es la democracia; el regional el desarrollo; el continental; el continental; el planetario la globalización.

El Compromiso Nacional: La Democracia. El compromiso democrático no es solo con la democracia liberal, (un individuo, un voto), sino también con la democracia social y ética. De la misma manera que hablamos de un desarrollo sustentable tenemos que pensar en una democracia sostenible: La democracia no es solo un individuo un voto. Hay materialidades que no son compatibles con la democracia. Por ejemplo no es compatible con ella el desequilibrio social ni la pobreza. La democracia aparece concretada en la Constitución, cuando garantiza la igualdad de oportunidades y precisa su ecuanimidad ideológica, fundamentalmente asociada al Estado laico. El mandato constitucional que garantiza la igualdad de oportunidades lo cumple el Estado a través de la educación pública. Es la concepción de la educación superior como palanca del desarrollo, como recuperadora del capital humano cualquiera sea su condición social, lo que da el carácter de servicio público a la universidad.

La democracia ideológica es la tolerancia. Los integrismos tampoco son compatibles con la democracia. La mentalidad laica, que no se ve condicionada por ideas previas, es la que mejor se adapta a la función crítica de la formación universitaria. Para la sociedad laica dios es de la esfera de lo privado.

En los EE.UU. que sin ser un Estado confesional es un país religioso y puritano como lo caracterizaba la famosa sigla WASP, el triunfo de Kennedy, primer presidente católico ya fue un acontecimiento, el de Obama es aún mayor, porque incluso se susurra la sospecha de que es musulmán. El multiconfesionalismo es un gran factor de Democracia.

La educación en valores es parigual instancia de socrática. Un capítulo fundamental en este espacio es el compromiso ético. Un compromiso que la universidad debe considerar  en su formación y que en grandes líneas comprende el respeto a la dignidad de las personas y los derechos humanos, el Estado de derecho, el pluralismo, la justicia, la solidaridad, la igualdad y la libertad.

No podemos pensar la democracia, especialmente en el Cono Sur de Nuestra América, sin tener en cuenta lo que fueron las cruentas dictaduras de la segunda mitad del siglo pasado: La universidad latinoamericana en este sentido tiene un compromiso fundamental con la democracia. En sociedades con tan grandes desigualdades como las nuestras debe constituirse en un laboratorio democrático de ponderación y análisis y orientación de la opinión pública para que no vuelva a urgir la tentación autoritaria.

Tampoco podemos dejar de pensar la democracia en el marco de la crisis ideológica que parece haberse desencadenado con la caída del muro de Berlín. Entonces los antagonismos de la Guerra  Fría se eclipsaron y los esquemas políticos se desdibujaron, dejando paso a otros conflictos: Los de los integrismos.

En América Latina la crisis deja en evidencia la ambigüedad política que se está viviendo. La crisis ha devuelto el protagonismo al Estado, que ha salido a apagar los incendios pero no ha tenido respuesta política precisamente porque hay una gran incertidumbre ideológica. La derecha financiera está descalabrada, la izquierda tradicional, cada vez más ambigua, parece haber entrado en un proceso de desconstrucción como diría Derrida. Seguimos hablamos de gobiernos socialistas, cuando estamos seguros de que no hacen políticas socialistas. El significado de socialismo se hace cada vez más volátil. Por otra parte se presentan corrientes renovadoras como el neobolivarismo y el indigenismo andino, pero que van seguidas de un gran punto de interrogación.

Parafraseando a Kant que reflexionaba sobre la paz, diría que la democracia no forma parte de la naturaleza humana, que hay que instituirla, y ese es un trabajo de nuestras universidades. Forma parte de esa osatura de la educación (tan olvidada hoy en las concepciones docentes neoconservadoras) que se llama formación y que es el esqueleto que sostiene la información y la hace pertinente.

La educación es lo único que puede consolidar la democracia en un mundo en que la mundialización desafía al Estado Nación. Se habla mucho del milagro económico de Irlanda. Cuando el arquitecto de este milagro –ex primer ministro John Benton, se le pregunta cuales han sido los aciertos, responde textualmente: “Uno de ellos fue la inversión en educación, y poner el énfasis en todos los estudiantes no solo en la élite”

El Compromiso Regional: El Desarrollo. El concepto de región es polivalente, puede abarcar varios países, un continente, una zona geográfica o una división administrativa. Puede comprender un mosaico de países que comparten una realidad étnica, tienen un vínculo cultural o una interdependencia económica.

En el marco del compromiso regional están dos cuestiones asociadas: La cuestión transfronteriza y la intercultural. Hay pueblos, culturas y sinergias que continúan más allá de las fronteras, América Latina  tiene muchos espacios transfronterizos Chile, Perú y Bolivia en la zona Aymara; así como el Norte Argentino con Bolivia y Paraguay; México y Guatemala y hasta donde alcanza la zona maya. Tiene zonas de intercambio fronterizo intenso: Entre Ríos y Uruguay; zonas de intercambio cultural penetrante; zonas de particularidad cultural, unida por creaciones simbólicos, como es el Ángel del Arcabuz, o el “Arcabucero”, el único Ángel parido y pintado en América. Innovación del arte popular, practicado en rigor de icono en una geografía que recorre desde Ecuador hasta los nortes de Chile y Argentina, pasando por Perú y Bolivia, Jujuy es un epicentro.

Obama es un símbolo. Representa la línea de futuro del planeta, el triunfo del mestizaje y la interculturalidad, como expresión del gigantesco movimiento de pueblos que estamos viviendo a través de la emigración, que recompone nacionalidades y redefinen identidades. A fines del Siglo XIX, W.E.B. Du Bois, el primer graduado negro en la Universidad de Harvard, señaló que el gran problema del siglo XX sería “The color line”. En el siglo XXI Obama acaba de traspasar esa línea y con él, los hispanos, los chicanos, los asiáticos, los gays, jóvenes y viejos, la mujer y los indios. Afirmó que eran todos partes, diferentes identidades, en el marco de un solo pueblo. Obama nos enseña asimismo la diferencia esencial que hay entre multiculturalidad e interculturalidad. La consigna de la multiculturalidad era “Iguales pero separados”, mientras que la interculturalidad declara “ somos más que la suma de las partes”. La interculturalidad nos lleva a dos temas fundamentales para América Latina, desde el punto de vista de la cultura y que tienen que asumir nuestras universidades: el ya visto de los pueblos que se continúan más allá de las fronteras y el del patrimonio intangible.

Un capítulo relevante del patrimonio intangible en América, y en estrecha relación con la identidad lo constituye el legado indígena. Proteger esta herencia mplica asimismo un rescate y una reivindicación de las culturas sometidas por la conquista y la evangelización. Se continúa en la época republicana con la idea de crear un estado nacional en cuyo interior se desarrolla una cultura nacional que es la cultura dominante a las que las otras tenían que someterse. Rescatar la cultura implica ir a sus fuentes primigenias y articularlas al pensamiento moderno, donde se escuchan voces hasta hace poco inaudibles, de la mujer, del indígena, de la naturaleza…Voces que enriquecen nuestra sabiduría y adquieren dignidad intelectual a la vez que alertan nuestra percepción ética. Son formas de conocimiento que han estado estigmatizadas con los nombres de superstición, magia o hechicería pero que resguardan las bases de nuestras identidades regionales y nos dan luces para respetar la diversidad que finalmente será nuestra identidad unificadora, una identidad concreta y dialéctica (unidad en la diversidad): con timbres diferentes.

El patrimonio intangible engloba lo más profundo de la identidad, de la cultura viva de un pueblo, sus tradiciones orales, de sus manifestaciones culturales, su sabiduría. Una frase del escritor Mali, Amadou Hampâté Bâ se ha hecho famosa, y vale para América: “En Africa cuando un anciano muere es como una biblioteca se quemara”.

Sin duda que la cuestión fundamental del compromiso regional es el desarrollo. Decir el desarrollo debe ser sostenible, sustentable y pertinente es ya un lugar común. Se repite que el desarrollo económico tiene que concebirse como un medio para alcanzar el fin, no como un fin en sí mismo y debe ser compatible con el uso sostenible de los recursos mundiales. Pero… la cuestión es como avanzamos, en los hechos. El FMI constata que desde el 2006 la subida del precio de los alimentos ha disminuido notablemente el poder de compra en los hogares más pobres. El desarrollo sustentable reposa igualmente en la diversidad cultural. Ella es el cuarto pilar de la política de la sustentabilidad. Pero el desarrollo debe ser también pertinente, preveer el futuro “satisfacer las necesidades de las generaciones presentas sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”. Así se lee en el Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo(Comisión Brundtland: Nuestro Futuro Común)

Al dar la vuelta al siglo XXI, particularmente iniciado en Bolivia con Evo Morales, hay un creciente protagonismo político de los pueblos indígenas. Se habla incluso de una “nación indígena” en América del Sur y se actualiza una voluntad de reescribir la historia. La efervescencia correspondía asimismo a un rechazo del Consenso de Washington, que organizaba la integración de América Latina en el marco del proceso de globalización, basada en la liberalización de los mercados y en la privatización. El Consenso-desprestigiado igualmente hasta el hueso con la crisis- impuso el modelo económico hoy fracasado, que en vez de reducir las diferencias, terminó ampliándolas.

La universidad latinoamericana –en particular la universidad andina- debe hacerse cargo de estos cambios políticos, sociales y económicos y de la emergencia de los valores soterrados.

Sin embargo, el proceso de desarrollo se ve seriamente afectado por la crisis. Se ha desvanecido la ilusión de que los países emergentes iban a soportar mejor la catástrofe que los EE.UU., Europa  o Japón. La caída del precio de las materias primas, a lo que cabe añadir la caída de las remesas, segunda fuente de ingresos en el caso de México y Ecuador y primera en el caso de Guatemala, la arrastra hacia la recesión.

Gran parte de la protección de cualquier país o zona económica frente a una crisis económica depende de su estructura fiscal y éste es un flanco particularmente débil en la región. Los ingresos fiscales apenas suponen el 23% del PIB, mientras que en los países de la OCDE llegan al 42% y la recaudación total por impuesto directo alcanza como media al 4% en la OCDE sobrepasa el 23%. El desacoplamiento de América Latina de los mercados del ciclo económico desarrollado, que se pensaba que podía protegerlos de la crisis, se ha mostrado que no es posible. Factor derivado de la regulación fiscal es que afecta directamente el financiamiento de la universidad pública.

El Compromiso Continental: La Integración. La voluntad de integración recorre alegremente todo el continente. Las realidades son, sin embargo, menos risueñas. Nuestra América navega todavía en incertidumbres agobiantes y los procesos de integración viven momentos de crisis en las fronteras de desarrollo.

En Centro América la Comunidad Centro Americana se sostiene sobre la estructura del SICA (Sistema de Integración Centroamericana) y hace avances significativos en la integración comercial. La Comunidad Andina (CAN) próxima a cumplir 40 años el 2009 se debate en la incertidumbre después de la retirada de Venezuela en el 2006, MERCOSUR entre países miembros y países asociados se extiende sobre el subcontinente. Aunque ha hecho avances en el compromiso democrático se define más como “bloque comercial” que por el propósito de avanzar en una mayor integración política y cultural. MERCOSUR ha recibido un duro golpe en sus expectativas de consolidación política y económica con el conflicto por las papeleras en el Río Uruguay, Recientemente UNASUR.-nueva instancia  integradora- sea hecho presente para mediar en el conflicto institucional boliviano

Otro escenario es el planteado por el presidente Chávez. La revolución boliviana que inicia en Venezuela se ha convertido en surtidor de iniciativas de integración y hermandad en América Latina y el Caribe. Durante casi nueve años de tormentoso gobierno, Chávez ha llegado a la conclusión que sólo el socialismo -despojado de lastres burocráticos, dogmatismos ideológicos y errores del pasado- puede traer justicia social y derrotar la pobreza. La novedad de Chávez es que da una base económica a la integración. Si para Bolívar, pilar de la unión era la lengua, Chávez ofrece el petróleo como base, y pone el enorme potencial energético de Venezuela a disposición de la integración. La crisis que implica la caída de los precios de las materias primas, en particular del petróleo puede menguar los proyectos de Chávez.

¿Cómo se sitúa la universidad latinoamericana frente al compromiso continental? ¿Podemos tomar ejemplo de los países europeos que forman lo que llamamos la Comunidad Iberoamericana: España y Portugal? Su incorporación a la Comunidad Europea ha significado un importante salto adelante. Hasta entonces los indicadores sociales y económicos situaban a Madrid y Lisboa por debajo de Buenos Aires y Río de Janeiro. La democratización y la integración permitieron su rápido desarrollo.

En el terreno de la integración tenemos que hablar claramente de universidad latinoamericana. La noción de Iberoamérica que nos une con España y Portugal es trascendental en el terreno cultural, pero no así en el universitario. Las urgencias y las pertinencias de las universidades europeas no son las mismas que las de América Latina.

Creo que en pocas cosas hay que seguir modelos ajenos. Pero también estoy convencido que para nosotros, integrarse es la solución. Y tenemos urgencia porque cada vez quedará más de manifiesto que la estrategia unilateral resulta extremadamente costosa mientras que la cooperación ofrece soluciones más eficaces y duraderas. Se trata de configurar estrategias comunes que organicen los agentes sociales en beneficio de nuestro propio interés. En ese sentido debemos crear un espacio de educación común: El espacio latinoamericano del conocimiento, que reconozca la diversidad y pluriculturalidad de etnias de  todas las regiones de América Latina. Un espacio en el cual, a semejanza de lo que establece la Convención para la protección de la diversidad cultural de la UNESCO, del 2005, la educación, como cultura, no sean tratadas exclusivamente desde la perspectiva de su valor comercial. Un espacio que sea asimismo capaz de integrarse a nivel global, porque ese es el ámbito en que las culturas han de convivir. De lo contrario, si queremos actuar en solitario, nos arriesgamos a quedarnos al margen en un mundo que es cada vez más interdependiente.

En el terreno de lo práctico es conveniente que el sistema sea compatible con lo que existen en Europa y en los países anglosajones, en lo que se inspiró por otra parte la Declaración de Bolonia. Es un hecho que para crear ENLACES (El Espacio Latinoamericano de Educación Superior) se deben homologar los estudios para facilitar la libre circulación y el intercambio de estudiantes. Eso implica permeabilizar las estructuras docentes, superar el anacrónico sistema de progresión anual de los estudios y pasar al sistema de créditos. Sin generalizar el sistema de créditos difícilmente podemos pensar en la integración académica. Hay pues que instaurar el Sistema Latinoamericano de Transferencia de Créditos (SLATC) y estructurar las titulaciones en un doble ciclo, de grado y posgrado, equiparable en todos los países y también fuera de América Latina. Y consciente de las dificultades políticas que esto represente, lo factible es ir haciéndolo poco a poco a través de las redes que ya existen y de otros que podamos ir creando. Teniendo en cuenta que nuestro patrimonio para la integración es la cultura (la biculturalidad mestizada hispano-brasileña), y que la universidad debe ser uno de los principales agentes culturales, la integración académica debe favorecer la integración política. Esto permitirá aumentar la tasa de movilidad de nuestros estudiantes que en América Latina es limitadísima. Es igualmente preciso introducir el concepto novedoso de crédito no medido en horas de clase sino en horas de trabajo del estudiante: Un número de horas, de las cuales, como máximo la mitad, deben corresponder a clases teóricas. Por otra parte, la idea de tronco común con asignaturas en mosaico –eventualmente un año- se impone cada vez más para dar el marco de valores a la formación profesional, y ofrecer a los alumnos la posibilidad de rectificar sus opciones.

El Compromiso planetario: Globalización. Por cierto que la crisis es también un producto de globalización ¿Cómo afectará a América Latina? El dinero es global pero las reacciones son nacionales. En la reciente reunión del G-20 –que se pensó que podría establecer un nuevo Bretton Woods, pero que estuvo muy  lejos de hacerlo- los países más ricos del mundo acordaron paradójicamente acelerar la liberación comercial (concesión a Busch y al caído sistema) y fundamentalmente lanzar un plan de acción pública masivo y reformar el sistema financiero. Volvieron así a reconocer el papel protagónico del Estado en la economía. Nadie osó afirmar –ni siquiera Busch- que la mano invisible del mercado iba a resolver el problema. El protagonismo del Estado implica incrementar políticas  sociales para resolver la crisis. Portugal por ejemplo ha respondido presupuestando una política de gasto social, la mayor de su historia. Esto está en pleno acuerdo con el programa de Obama, que presidirá la  próxima Cumbre del G-20, donde debe insistirse aún más en la importancia de valor una política neokeynesiana. Las ideas Keinesianas tan desprec8iadadas por el dogma neoconservador están siendo ahora aplicada por quienes tratan de sacar la economía de la camisa de fuerza de la revolución conservadora.

Por otra parte, los países centrales no pueden dedicarse solo a ordenar el sistema financiero, tienen que desarrollar una política para superar los desequilibrios sociales, tanto dentro de sus países como a nivel internacional, en caso contrario nuestras democracias estarán condenadas a la inestabilidad e inseguridad.

Estos acontecimientos exigen repensar la universidad.

Si estamos convencidos de que nuestro futuro planetario está en la integración, la universidad de comprometerse con ese destino en una política de cooperación académica. Como escribí en “Siete preguntas a la educación superior del siglo XXI” Incluir en la currícula del futuro la creación de redes temáticas, multidisciplinarias y asociativas de universidades, destinadas a responder y anticipar los desafíos sociales, a desarrollar la pertinencia de la investigación científica, formando a las nuevas generaciones en concepciones muchos más amplias, que abarquen e integran el conocimiento de la historia, la literatura, la cultura alfabética y visual, las ciencias y las artes en estructuras comprensivas de todo el continente latinoamericano; ordenaciones que les hagan sentir que tienen una identidad común. A diferencia de la destreza profesional que se adquiere en el claustro de una especialidad, el conocimiento creativo es una obra abierta, de ingeniería. Consiste en saber tender puentes entre la vida, las artes y la ciencia. Por eso creo que no hay que olvidar que un eje principal en el proceso de integración académica es el “eje cultural”.

Hoy más que nunca es necesario pensar la universidad desde una filosofía. Eso le da su singularidad en tanto expresión latinoamericana. Pero la filosofía en su sentido más original, según la definía Sócrates en el Eutidemode Platón: Como “el uso del saber para ventaja del hombre”. Lo que quiere decir que de nada sirve la ciencia si no sabemos servirnos de ella. Es pues desde una filosofía que se plantean las preguntas sobre el saber de la Universidad y desde una praxis desde donde e interroga sobre su función formadora y profesional. Pero “saber servirse” alude también a la pertinencia. En realidad es desde una filosofía desde donde nos planteamos la pertinencia del uso del saber.

Wittgenstein en el Tractatus Logico- Philosophicus define la filosofía como una actividad de reflexión crítica que pretende aclarar el intelecto y eliminar el sin sentido. No hay mejor definición de la pertinencia.

Hay que enseñar a pensar en latinoamericano. Solo el pensar por nosotros mismos puede generar pertinencia. El conocimiento se teje sobre una doble urdimbre. La erudición y la familiaridad. He criticado repetidamente lo que llamo la exterioridad interpretativa, los modelos que nos impone desde fuera sugiriendo conocer nuestra realidad mejor que nosotros. Nosotros mismos en nuestras aulas a menudo reproducimos un “colonialismo académico” en la medida que enseñamos más a citar que a pensar. Es preciso formar en el pensamiento crítico. Los años que he enseñado en universidades europeas y visitado universidades estadounidense me han hecho comprender la importancia que para el conocimiento tiene la familiaridad. He visto como la erudición sin familiaridad conduce a las más peregrinas interpretaciones de la realidad ajena y a su más superficial comprensión. Visiones alienadas, sin sensibilidad, que luego, desgraciadamente, son reproducidas por nosotros mismos como consecuencia del colonialismo académico. Señalando las tres grandes facultades del espíritu humanos: la sensibilidad, el entendimiento y la razón, Kant rehabilita la sensibilidad, desterrada de la República desde Platón, acusada de ser la fuente de todos los errores. Sensibilidad es el factor de percepción que subyace debajo del concepto de familiaridad que yo destaco en la validez del conocimiento. Es la materia prima del saber. Son las intuiciones y las percepciones particulares nacidas de la experiencia. Es un marco que da sentido al conocimiento en relación como este se sitúa en el tiempo y en el espacio. Sin estas formas a priori de la sensibilidad no es posible percibir nada ni conocer nada. Son las bases de la pertinencia que en definitiva no es otra cosa que el pensamiento crítico. El pensamiento crítico no significa demoler la razón sino por el contrario, reforzarla determinando con precisión su campo de aplicación legitima.

Acción urgente de nuestras universidades es el aggiornamiento (la puesta al día). Es necesario volver a pensar que es misión de la universidad educar en valores, sin que esto implique que haya que dejar de lado la educación en destrezas, pero los valores deben dar sentido ético y social al conocimiento. Si no llegamos a lo que estamos, y esta es una crisis que va a llevar años el absorbería y todavía no sabemos donde puede parar.

La cultura es un factor clave para los objetivos estratégicos de la integración por sus efectos en la ciudadanía, en la identidad continental y en la cohesión social. Es preciso definir el ámbito de cultura: Establecer criterios de referencia, objetivos latinoamericanos, hasta conseguir una acción cultural de integración continental.

Respecto a la globalización, uno de los grandes temas de nuestro tiempo, la universidad debe discernir criterios de pertinencia. Para instaurarlos debe formar culturalmente y entender la cultura, la cultura como identidad.

Es importante asimismo no confundir la sociedad del conocimiento con la economía del conocimiento, que es la orientación que es la orientación que ha dominado hasta hoy en las universidades europeas, después de la Declaración de Bolonia y de acuerdo a las expectativas del Tratado de Lisboa, y que subordina la universidad al mercado. La universidad debe comprender que este modelo de Educación Superior también debe repensarse luego de la caída del sistema financiero.

La concepción de la universidad que se ha impuesto en Europa en la estela del Tratado de Lisboa representa una grave amenaza para la cultura.

Por otra parte nunca hemos tenido mejores condiciones de hacer realidad la posibilidad de crear una universidad latinoamericana, la creación en Brasil de UNILA (Universidad para la Integración Latinoamericana), prevista para ser inaugurada en el segundo semestredel 2009 en Itaipú lo demuestra.  Pero, además, esto está ahora perfectamente a nuestro alcance si la pensamos como una universidad virtual. On-line ella podría establecerse sobre grandes redes multidisciplinarias de profesores y estudiantes de distintas universidades. La formación on-line está consolidándose como una alternativa a la enseñanza presencial. Por otra parte puede ser también un buen medio de financiamiento universitario. Aunque los precios de los másters varían mucho,  un MBA en Global Executive cuesta €89.500 y como anécdota, otro en Derechos Humanos y Democracia (que a mi juicio debería ser impartido gratuitamente por todas las universidades),  €4.200.

El fisiólogo argentino Bernardo Alberto Houssay que fue galardonado en 1947 con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina decía hace ya más de 40 años “Solo con el esfuerzo tenaz de todos, dirigidos por hombres preparados y con clara visión del futuro, podemos hacer adelantar a nuestra patria para que alcance los más altos destinos”

Pero, ¿Podemos hacerlo? ¿Está en el marco de nuestras posibilidades construir una universidad que pueda responder a estos cuatro desafíos: que amplíe la democracia, desarrolle la pertinencia del conocimiento para avanzar en el desarrollo regional, que privilegie los estudios culturales para acompañar el proceso de mestizaje en marcha, que fortalezca el sentimiento de identidad continental y que prepare a la región para desarrollarse en la modernidad de un mundo globalizado? ¿Una universidad que sirva de basamento al proceso de integración latinoamericana y que trabaje en construir nuestra sociedad del conocimiento?

Quisiera poder responder pidiendo prestado a Obama el lema de su campaña:

¿Yes, we can!

¿Sí, podemos!