Noe y la Transvanguardia o

Tras la Vanguardia de Noé

Quién es Noé, llamado “Yuyo”.

Creo que, en general, los críticos se sienten desconcertados por la obra de Noé. Cuando escriben sobre ella, la mayoría tiende a hacer un texto literario y no faltan los que frente a la fogosidad del color y la germinalidad de su mundo creen poder comprenderlo iluminándose con un nerudismo del Canto General. Otros hay, que ven en el zafarrancho de los colores una fosforescente memoria del útero, y tienden a Noé en el diván del analista. Ni tan loco ni tan poeta, Yuyo -como le decimos los amigos- es ante todo un pintor y un cogitabundo; o, si ustedes quieren emplear un neologismo, un cogitamundo pintor.

Durante años, Noé encajó mal en las tendencias a la moda. Pero cuando se inventó la “transvanguardia”, se descubrió que era transvanguardista. Es el sino del creador latinoamericano: ser otro para ser. Existir reconociéndose en lo ajeno. Porque en nuestra sociedad colonial no se puede ser si mismo, sino se es de acuerdo a lo que las metrópolis imponen que se sea.

Veamos la transvanguardia.

En un libro reciente , Achule Bonito Oliva, definía el movimiento, contraponiéndolo a las tendencias anteriores en que los artistas se unían en base a afinidades lingüisticas o direcciones comunes. La transvanguardia le parecía más bien una actitud o una filosofía que enfatizaba su propia centralidad. Un “hacer”que no se sometía a una lógica exterior al cuadro, como podía ser la de la .”tendencia”, sino a la única lógica de la coherencia de la obra -p^^nn^^^Era el”chacun pour soi”de la pintura, frente al gran barco, más o menos fel 1inesco/de • las cofradías “pop”, “minimals”, “cinéticas” o “conceptuales” ‘que la antecedieron. Cá transvanguardia refleja asimismo una pérdida de la fe en el progreso del arte, (como si algunavez hubiera existido progreso en el arte)x que, dice el autor, avanzaba hacia el conceptualismo. Pero, sobre todo, muestra la transvanguardia, la caducidad de la palabra política y del dogma ideológico y la superación de un arte que se autocal i f icaba de progresista. Si el arte precedente se creía capaz de participar en las transformaciones sociales, la transvanguardia no se hace ilusiones á^&teí^e—svt—e-fectoj—sobro oí—oxtorior y se vuelve hacia sí misma. Hacia las huellas de su realidad plástica.

&<é£to “pádo esto es palabrería. La verdad es que lo que vemos observando ese conjunto que algunos críticos se obstinan en llamar transvanguardia -quizá precisamente porque se sienten incapaces de encontrar para una época de gran escepticismo plástico una denominación que dé realmente cuenta de lo que está ocurriendo en el arte-, es una serie de obras que se unen vagamente y a las que se intenta dar un nombre de conjunto para transformarlas en movimiento. Y%quí e-sfeá la contradicción: desde que se las incorpora a la transvanguardia, las obras no existen más del modo/que la propia transvanguardia se define,  porque por el  sólo hecho de definirse

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se transforma en movimiento y, en consecuencia, en “avant-garde”.

Piensan  los autores que  estas obras se unen en  los trazossiguientes:

En primer término en un sentimiento poético; en el sentido de una búsqueda de armonía o ritmo, pero dentro de su propio cuadro. En segundo lugar -a diferencia del “minimal” o del “arte conceptual”, que trataban de anular todo trazo de subjetividad-, la transvanguardia es fuertemente subjetiva, no se atieneyotra lógica que a la de la realidad misma de la obra. En tercer lugar, es común a estos artistas una supresión del antagonismo, o una ambigüedad, entre lo figurativo y lo abstracto. Hay una vuelta al color puro y a la asociación libre. A menudo, las obras preferentemente figurativas se debaten entre el expresionismo y el primitivismo. Y, en cuanto a la temática, tienen una fuerte tendencia feérica. La que se nota por ejemplo en los numerosos artistas que han dedicado telas a “Al ice in Wonderland”, a “Yggdrasil” o al “Hombre araña”. En realidad, ésta es una tendencia a la evasión. Los críticos han considerado la transvanguardia como opuesta a los lineamientos lingüísticos o a los compromisos políticos de las escuelas anteriores. De ahí su búsqueda de “depaysement” en el mundo feérico, que, por el sólo hecho de partir en el tiempo y en el espacio hacia “El país de nunca jamás” o hacia el “Erase una vez”, admite la relatividad del espacio y el tiempo, y encuadra perfectamente con un “modo de hacer” que no se fija en lascontradicciones que pueden existir entre lo abstracto y lo figurativo, o entre el espacio renacentista y el espacio primitivo, jerárquico o simból ico……

Historia de Noé que perdió el arca y sólo se quedó con un Tigre

Casi se puede decir que Noé comenzó a frecuentar el arte como crítico. A mediados de los cincuenta escribía pequeñas notas en el diario El Mundo. Cierto es que pronto, ayudado por Krasno -viejo amigo e incitador-realizó una primera exposición en la Galería Witcomb en 1959. Comenzó Noé siendo un expresionista de color sombrío. Pero de inmediato siente que la grisaille lo sofoca, al igual que el corsé del cuadro y de la figura bien hechita, y se libra al color al mismo tiempo que libera sus figuras, que pierden sus delineamientos parafundirse unas en otras. Es en esta época que expone la Serie federal, en 1961, 15 telas que se interrogan sobre los orígenes de la argentinidad, y que muestran de entrada una de las grandes temáticas que va a personificar su obra.

‘ En el mismo 1961, se encuentra con ¿eirá, Macció y de la Vega y realizan una exposición denominada Otra Figuración. Es una exposición señalizadora. Aldo Pellegrini considera que ella inaugura el tercer período de la historia estética argentina. El segundo habría sido el de la abstracción. Este rompía los límites entre abstracción y figuración. La exposición -pensaba- era una punta de lanza en la liberación del arte argentino. Rompía con los prejuicios del “buen gusto” y de la “misión sagrada del arte”. Era una pintura espontánea y violenta que correspondía al mundo circundante al que criticaba con un humor mordaz.

Para Noé marca igualmente una fecha señera, pues implica una toma de conciencia de lo que será la preocupación fundamental de su obra. Y digo preocupación y no temática porque es más que una temática. Es el espesor filosófico en que descansa el conjunto de su creación. En un autocatálogo (a Noé le encantan los autocatálogos, cree que nadie comprende mejor su pintura que él mismo), en un autocatálogo, pues, declara: “Creo en el caos como valor. Dentro de ese caos la figura no es en mi obra un elemento casual ni circunstancial. Creo en la revalorización de la figura humana, no en el retorno a la figuración.

Los años siguientes Noé se sale del bastidor,  lo da vuelta.

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lo aumenta con elementos externos, rompe su formato, dividiéndolo en cuerpos que escapan de él y que transforman poco a poco la tela, de puro soporte de la pintura, en envi ronemment. Es lo que él llama la “visión quebrada”, un nombre pretencioso como hay tantos en pintura, en lenguaje corriente lo llamaríamos el “desmadre”. Viaja a Paris y a los Estados Unidos. Allí abandona la pintura en el río Hudson después de comprobar que ésta se ha salido de todos los “marcos” y que invade techos, suelos y muros.

Entre el 66 y el 76 permanece alejado del taller. Publica tres libros:Antiestética (1965), Una sociedad colonial avanzada (1971) y Recontrapoder (1974) y pone un bar en Reconquista con Tres Sargentos: el “Bar bar O”.

Su reconciliación con la pintura coincide con su segundo viaje a París en 1976. Noé llega en esa gran marea migratoria que empuja fuera de la Argentina el espanto de la dictadura. Trae en su memoria los paisajes de El Tigre, cercanos de Buenos Aires,y en su carpeta los primeros dibujos de esa vegetación acuática y frondosa: hecha de verde planta, rojo crepúsculo y amarillo río. Es posible que haya sido la necesidad de mantener en la memoria esos colores lo que lo hizo volver a la pintura. Era su fariña de seguir siendo argentino. Pero también es cierto que en el Paris de esos años no se podía sino reafirmar el ser americano. Y ahí no más renacieron las dos grandes preocupaciones de Noé: la nacional y la continental, argentino y americano   .;   :v

Un arte argentino sin complejos: una guardia de cuatro, avant la trans…

Mucho antes que en Europa, una tendencia semejante se afirmó en Argentina. Hacia los años 60 el “Grupo de la Nueva Figuración” formado por Jorge de la Vega, Luis Felipe Noé, Ernesto Deira y Rómulo Macció realiza una serie de experiencias plásticas buscando una “nueva imagen de Argentina” en que se perfilan ya las características de lo que será 20 años más tarde, la transvanguardia. Y finalmente por una razón esencial. Porque ,como dice Borges respecto a la literatura, lo que ellos hicieron fue asumir todas las tradiciones europeas, pero sin tratar a ninguna con respeto. Rompieron así dialécticamente con las vanguaridas, integrando sus lecciones. La ruptura no fue sólo^ una ruptura plástica, fue también fundamentalmente teórica,porque ellos se planteaban un problema de identidad en el arte, y la cuestión de identidad tenía necesariamente que cuestionar las tradiciones que vertían de fuera, pues eranliel las, precisamente, las que en el cuadro de un colonialismo cultural, impedían expresarse a lo nacional expresarse.

– Pero, si los cuatro se encuentran en la “ruptura”, es sobre todo a Noé a quien podemos considerar un transvanguardista avant-la-lettre. Porque para él la ruptura es el “desmadre”, exactamente en lo que este término querría decir aplicado al arte: “sacar la pintura de su cauce”. Noé es, además, el teórico del grupo, pues pretende fundamentar sus desavenencias con la estética en un texto de nombre signigicativo: Anti estética. Los otros resuelven más discretamente sus conflictos con el. arte. Macció, gran pintor,apacigua a Bacon con los colores planos y el sentido surrealista de una escuela publicista usamericana, entonces en boga; lo propio hace de la Vega, que incorpora en su radiografía de la sociedad argentina, los estereotipos de “Mad”, y Deira, que se mantiene próximo al expresionismo español, mientras se entretiene con la caligrafía, el secreto de las letras, la Cabala y los juegos cabalísticos. Todos ellos coinciden con las imágenes que en esos momentos imponía en Europa el grupo “CoBra”.

Tras la vanguardia de Noé

Noé es desde el comienzo el desmadre. Su preocupación es la de la dialéctica: “poner la realidad patas arriba”

Tal vez lo único que Noé tenga evidentemente en común con la transvanguardia sea el gusto por lo feérico y la saga. Su obra .desde el 75 hasta la fecha, es en realidad una gran saga. Comienza con la creación. Todo es naturaleza, incluso naturaleza mística; y, de pronto aparece el hombre. Pero es un hombre subordinado a una naturaleza que tiene más identidad que él. Es un hombre borrado, que en un entorno de colores explosivos, no es visto sino como una “grisaille”. Es la metáfora de la historia que de pronto habita la naturaleza o, si se quiere, el coito cósmico entre la materia y el espíritu, el caos y la razón. Pero, al mismo tiempo: el origen..

Ya en este “Génesis” de Noé encontramos una gran diferencia tanto con el expresionismo como con la transvanguardia. El expresionismo es expresión del individuo, en Noé, en cambio, el individuo se borra. En la transvanguardia se reivindica el color vacío, aquí, en cambio, Noé dice que en el principio fue el color: de él nació el paisaje y tal vez no a la inversa. Eso es lo que da misticismo a su pintura. De él salieron los grandes ríos, vaginas de la Tierra y los valles, úteros verdes -por seguir a Neruda-, y los montes, ambiguos entre la geografía y la anatomía de muslos gigantescos de la M#adre Tierra. Porque el paisaje es el prin cipio femenino y el hombre lo fecunda con su presencia, engendrando esa criatura que es la historia. Es es el Canto General de Yuyo; o el Yuyo’s Canto General.

A su vez, el paisaje es la abstracción, mientras que las figuras, los personajes, son la figuración. Hay un permanente renvío entre la figuración y la abstracción. La pintura de Noé, pretende sobrepasaresta antinomia y lo hace en un doble sentido, a través de la ambigüedad del color: que por un lado es violencia cromática y que por otro puede ser visto como paisaje, y por la ambigüedad de la línea: que es pensamiento abstracto y, al mismo tiempo, personaje. Así pues, más allá del sentido de lo figurable, aparece siempre la realidad de los medios plásticos y vice-versa.

La búsqueda de América parece ser una empresa fundamental para Noé. Mas ella no es monocorde ni dogmática. La pistea a través del paisaje, y a través de los mitos. Un paisaje que descubrió en el Tigre, cuando se reconcilió con la pintura en 1975. Volvió a pintar gracias a la naturaleza, gracias a una revelación que ha marcadoel espíritu de muchos intelectual y artista del Continente en algún momento de sus vidas: el descubrimiento de üser americanos; pero de serlo a medias: por estar a caballo entre el indio y Europa y porque ya otros convencieron a la opinión mundial de que los “americanos” eran ellos. Este descubrimiento reiterativo, renovado de generación en generación, es el síndrome de Colón que lo exita a la creación y que marca sus diferencias con los intelectuales del Viejo Mundo, aún cuando siga sus huellas. Un pintor francés no tiene que descubrir Francia: siente que ya está hecho; el latinoamericano, si: siente que está por hacer. Pero, este descobijamiento no es sólo el del terruño, no es sólo el de la América de Caupolicán y Sarmiento, no es únicamente la América de Pizarro y del Martin Fierro, es también la América de Gargantúa y el Bocaccio, donde ellos llegaron por igual en los barquitos de los inmigrantes, saltando sobre olas montañosas para quemarse en un sol de mil colores. Es la América de Puerto Hambre y también la del Submarino Amarillo. No faltará quien a esta altura piense, entonces no es sólo América: es la Humanidad entera. Tiene razón, América es eso. Es la recopilación de la historia de la Humanidad en el gigantismo de una naturaleza exhuberante -palabra de ortografía americana, pues todos acostumbrarnos a escribirla con “h”, como la historia se hace americana cuando la escribimos con una nueva ortografía-,  y Noé la escribe con color,  con inmensos

impastos fosforescentes. Pues sólo con todos los brillos de la paleta un pintor puede decir: “En el principio fue… el caos”

Ya en una exposición de 1975, Noé afirmaba: Primero fue el caos, como ente pasional lo que me atrajo. Por ello pintaba figura fundiéndose unas con otras. ¿Se podría decir que “el orden” es el enemigo de Yuyo? No, para él el caos es el verdadero orden liberador, el actual orden es una “limitación de la vida. Su pintura es “antes del orden”: antes del orden social, ¿el orden burgués?, y también contra un determinado orden político, y un determinado orden estético. De ahí su búsqueda del descuadre y la utilización del color como discurso. Pero, como lo señalamos, este caos también es místico. Noé tiene en su hoja de vida el haber frecuentados grupos católicos, jesuítas y profesores de simbología y esoterismo.

Es difícil asimilar a Noé a la transvanguardia, porque finalmente la semejanza no es más que superficial y la divergencia, fundamental.

A parejas de la transvanguardia, Noé, no participa del optimismo histórico de las avanguardias, asociado a una idea de progreso que llevaba a estructuras ” cada vez más codificadas y másdespersonalizadas. Como la transvanguardia, él recurre en su pintura al lugar común, busca el subjetivismo y no le teme a la contradicción. En el Catálogo de su exposición de 1984-, dice: que pintar es lanzarse a la aventura es “poner de cabeza”, reiventar los códigos.

Lo que también es común entre la transvanguardia y Noé es la “estética del fragmento”, de la disociación de la imagen, que se presenta en una continua mutación, que hace que la obra se constituya de numerosos accidentes lingüísticos. El fragmento lo define Yuyo, mediante la multiplicación de las perspectivas que aislan cada objeto y la convergencia disparata de ellos. Lo que une la obra es, sin embargo, el tema, el color y paradogicamente la misma disociación de escalas y el desvario de las formas que le dan una unidad de espíritu.

Lo que es profudamente diferente entre Noé y la transvanguardia es la vacuidad de sentido que esta tendencia atribuye a al obra. La pintura de Noé, como declamos al principio, es la de un cogitamundo; y como tal no puede ser una pintura sin sentido. Hasta podría decirse que es política en un sentido amplio. En el sentido de relacionarse con la sociedad y entablar con ella un diálogo dialéctico. El mismo Noé dice que cuando reflexiona sobre el mundo, pinta. Pintar, es dejarse llevar por un pensamiento. En ese sentido su pintura es lenguaje: forma de filosofar. Es aprehender el mundo a la vez que. se enuncia y se propone. Su pjntura está llena de sentido, porque es una reflexión sobre el hombre, él mundo y la historia.

Yen particular sobre el hombre y el mundo argentino y americano,
es una pintura de identidad. Aunque Yuyo dice que pese al  tema
americano, no cree que esté haciendo arte americano, y parafraseando
a Marti, concluye, que que el arte americano sólo se dará genuina-
mente cuando exista Latinoamérica como pueblo. La verdad es que el
creador actual ni en literatura ni en pintura está haciendo arte
o escritura latinoamericana,  lo que se está haciendo es América.

Yamericano  será  el  arte,  abstracto  o  figurativo,  que  logre
transformarse en imagen del continente, el que llegue a ser signo
y punto de referencia de la identidad americana.