Museo ALLENDE

Fin del exilio para un Museo

Después de un cuarto de siglo, el Museo Allende encuentra, finalmente, reposo y abrigo en una sede permanente. Su peregrinar fue consecuencia de un compromiso con la democracia y la justicia social, que terminó en el exilio. Exilio que se prolongó durante largos años, soportando el Museo más o menos las mismas peripecias que sufrieron las personas.

Su historia comienza en 1970. Se crea entonces el Instituto de Arte y Cultura Latinamericano en el marco de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. En el año 71 se incorporan al equipo el poeta y crítico de arte argentino Aldo Pellegrini y el crítico y ensayista brasileño Mario Pedrosa.

El instituto,  al igual que su director, Rojas Mix, son portadores de la idea latinoamericana: Su  propuesta cultural se inscribe en una idea, cara a Salvador Allende: que formamos un Pueblo-Continente. Desde su fundación el Instituto deja clara su línea.

Solidaridad fue una palabra clave de la Unidad Popular, el principio de acción que caracterizó su política interna y externa. En grandes letras de colores aparecía escrita, con la aurora, en los muros de cierre y contención de la ciudad, pintados y repintados de noche por brigas de jóvenes comprometidos, brocha gorda en mano, con el proyecto del socialismo en libertad.

Con ese espíritu se organizó “La operación Verdad”, denominación con la cual se invitó a la investidura del presidente a intelectuales del mundo entero. Verdad para desvirituar mentiras esparcidas por una inescrupulosa campaña contra Allende: “Pronto se verán las tanques rusos frente a La Moneda”, escribían los periódicos de la derecha; los únicos tanque que se vieron, fueron los golpistas del ejército chileno.

Con el mismo espíritu el Instituto organizó sendas exposiciones “América no invoco tu nombre en vano” y “Homenaje al Triunfo del Pueblo”. Ambas con espectáculo, ambas en barrios populares y con una carpa para las funciones; la una y la otra demostraron cuanta capacidad de convocatoria tenía la nueva política cultural: asistió una multitud. Un nuevo público llegaba a los museos.  Intervinieron poetas, volatineros y conjuntos de la nueva canción chilena. A esas jornadas siguieron “El Encuentro Chile-Cuba” en la Habana y el “Primer Encuentro de Artistas del Cono Sur” en Santiago de Chile. Fue al hilo de esos acontecimientos que nació la idea de crear un Museo, formado por donaciones de artistas del mundo entero en respaldo a la experiencia que representaba la Unidad Popular. La importancia de las obras reunidas da la medida de cómo aquella humanidad veía la experiencia democrática de Salvador Allende. Propuesto al Presidente, éste concordó en que debía llamarse Museo de la Solidaridad.

Eran años en que todavía alumbraba la utopía y se creía firmemente en que era posible construir una sociedad mejor. Y si los artistas respondieron decididamente al llamado de Salvador Allende, y apoyaron en forma masiva su experiencia, fue porque él representaba esa “utopía concreta” de que hablaba Ernst Bloch, gran maestro de la Escuela de Frankfurt: la de una sociedad que todavía no existe pero que se puede construir, una sociedad donde habría más libertad, más justicia y más democracia. En este sentido Allende es una de las personalidades emblemáticas más significativas de lo que ha sido este siglo, y su Museo un monumento, un memorial, destinado a recordar esos principios.

La Primera exposición la organizó el Instituto en el Museo de Arte Contemporáneo de la Quinta Normal.  Fue un acto impresionante. En un año se habían reunido cerca de 400 obras. Entre ellas telas de Miró, Tapiès. Millares. Genovés, Arroyo, El Equipo Crónica, Adami,Vostel, Vassarely, Lam, Le Parc, Soto, Gamarra, Seguí.., esculturas de Calder, César, Martín Chirino, Eduardo Chillida, Pablo Serrano; del vasco Jorge Oteiza, el cubano Cárdenas, el peruano Guzman…., obras de Europa y América; una colección argentina y otra uruguaya, que daban cuenta de todo lo que había sido el siglo XX en ambos países: desde Figari y Torres García para adelante en Uruguay y hasta las tendencias de “La Nueva Figuración” en Argentina, y de Le Recherches d’Art Visueles de los artistas latinoamericanos que, en París, estaban en la Galería Denis René.

Y los envíos continuaron llegando: El golpe se produce cuando en el edificio de la UNCTAD -que después se convertirá en sede del gobierno militar- se exponía la colección norteamericana recién desembarcada: Frank Stella, Motherwell… ,son descolgados a golpes de bayoneta.

El Museo queda cautivo en Chile después del golpe.

Los organizadores, que salen al exilio, deciden entonces crear un nuevo museo: Si el primero se llamó de la Solidaridad a éste lo bautizan como Museo de la Resistencia. Aunque el nombre suscita dudas y oposiciones de quienes temen “politizar” demasiado el Museo.

El problema de un Museo en exilio es el mismo de los exiliados. ¡Dónde vivir? Según los países, así el albergue. En España la colección queda bien protegida en Valencia; en Francia pasa de un refugio a otro, sin que nunca se disponga de fondos para seguros o para mantere un local propio. No faltan las obras que sufren o que desaparecen en ese desamparo…

Finalmente, a mediados de los ochenta, prácticamente todos los chilenos puedan volver a Chile y, entre ellos, la familia Allende, que, desde su llegada, crea la Fundación Allende e incorpora el Museo a ella.

Otra Odisea fue recuperar las obras y trasladar a Chile aquellas que habían sido donadas para el Museo de la Resistencia. Durante años se luchó por tener un espacio digno para exhibirlas. Se hizo una primera exposición en el Museo de Bellas Artes de Santiago, con una selección de artistas extranjeros. La Junta de Extramadura cooperó con esta muestra financiando el Catálogo. Por último, en gran medida con ayuda de España, se obtuvieron los dineros necesarios para reparar un antiguo local y establer una sede estable para el Museo.

No puede ser sino transitoria, pues el Museo Allende, como se llama ahora, necesita una aquitectura museológica específica, que atienda a proteger y a valorar una colección de arte contemporáneo internacional, que es sin duda la mejor de América Latina.

Quienes donaron sus obras a este museo lo hicieron con el mismo propósito que un día el poeta Aimé Cesaire descubriera en el arte de Wifredo Lam: “hacer un gesto que detuviera al conquistador” ¿Qué sentido tiene hoy este gesto en el que creyeron tantos artistas e intelectuales de las décadas de la utopía?

En todo caso, el Museo Allende es su monumento, y como tal un Memorial a la solidaridad internacional, a la justicia y a la defensa de los derechos humanos.

Diogo Homem