Monumento a Allende de M Bunster

El primer monumento al Presidente Constitucional  Salvador Allende. Obra de Mónica Bunster

Con el título “Chile, ¿un paréntesis en la democracia o una democracia entre paréntesis” inauguramos el año 1998 los cursos Internacionales Iberoamericanos de Jarandilla. El curso suscitó entonces la polémica en Extremadura y en España sobre la situación de Chile y las complejidades ideológicas de la situación, se dijo que la transición había terminado, que Pinochet era un caso superado, que se había consolidado el cuerpo social y que un curso así no ayudaba para nada a la reconciliación. Poco después Pinochet se transformó en el invitado de piedra en Londres, se mostró que faltaba todavía muchísimo para que la sociedad chilena se reconciliase y la polémica se extendió al planeta y hoy es particularmente viva en Chile, por no decir peligrosamente explosiva.

El título no sólo demostró su plena validez y vigencia, sino que la pregunta rebotó como el dilema del soliloquio de Hamlet para el futuro de la política chilena.

Recuerdo una mesa redonda hace unos años con el entonces embajador de Chile en España, Alvaro Briones; el cual  -siguiendo una afirmación del Presidente Aylwin- presentó la transición chilena como terminada y como un éxito de la sociedad civil. Entonces le repliqué que más que transición el proceso chileno parecía un período de pacificación de los militares, y que  resultaba tan difícil convencerse de que en Chile pudiera haber una auténtica transición democrática, como  hubiera resultado difícil creer en un hipotético proceso de transición en España,  con Franco como Comandante en Jefe del Ejército.

El triunfo del “No” en el plebiscito y su consecuencia legal: la pérdida de la Primera Magistratura por Pinochet, no del poder…, generó la ilusión de que Chile volvía a ser un Estado de derecho y que el cuerpo social se reconciliaba en la democrática elección de sus representantes.

Nada más incierto.

Desde luego se pedía la reconciliación de todos los chilenos, pero sobre bases absolutamente arbitrarias   y asimétricas, aplicando dos pesos y dos medidas. Para los militares la ley de amnistía que impedía juzgarlos por los hechos cometidos entre 1973 y 1978; el período más cruento de la violación de los derechos humanos, para las víctimas, en cambio, no se acordaba justicia alguna; incluso la comisión que estudió el caso de las personas desaparecidas -comúnmente llamado “Informe Rettig”- fue designada como  “Comisión de Verdad y Reconciliación”, dejando bien en claro que sólo estaba destinada a informar y que de sus investigaciones no se seguiría ninguna acción legal contra los culpables. Por otra parte, a diferencia de la ley de amnistía que borraba los crímenes de sangre cometidos por los militares, ninguna ley restituyó en sus derechos a los expedientados, exonerados que habían sido expulsados de sus cargos o habían tenido que salir del país por supuestos delitos de opinión, configurados en el momento del golpe.

La llamada transición consistió simplemente en el paso del gobierno de manos de los militares a manos de los civiles. Aquéllos, con manu  militari , dejaron -como preveía Pinochet- atadas las manos del gobierno. Sólo ahora con la presidencia de Ricardo Lagos, y como consecuencia del repudio internacional a un régimen que violó sin cuartel los derechos humanos, ha vuelto la lucidez a la política y la justicia chilena, se ha destapado una olla podrida que se mantenido taponada por la fuerza durante más de un cuarto de siglo y que obnubilaba incluso el juicio político de los chilenos y se ha visto claramente quiénes fueron las víctimas y quiénes los verdugos. Sólo ahora el tema de la justicia en Chile, comienza a ser perfectamente serio.

La dictadura había manipulado hábilmente la historia y se presentaba como salvadora del pueblo chileno del “peligro comunista”. Discurso que mantuvo aún después de la caída del muro de Berlín y de la desagregación del mundo socialista. Discurso que ya no se creía nadie, salvo la derecha chilena que lo usaba eufórica para legitimarse.  A ello se agregaba la prepotencia generada por el discutido “éxito” del modelo económico…

Prepotencia que en política había hecho olvidar a la derecha sus orígenes espurios, hasta el punto que le exigían a la izquierda garantías de que serían capaces de respetar el régimen democrático: El ladrón detrás del juez. La izquierda democrática, a su vez, sacudida por las crisis del mundo socialista,  convencida del éxito del modelo,  y de la necesidad de mantener un pacto de gobernabilidad para asegurar la transición, gobernaba sin mencionar su pasado allendista y, por cierto Allende no fue una referencia recomendable en la batalla electoral.

En la sociedad parecía haberse superado la crisis del Estado y  reconciliado el cuerpo social. Pura apariencia. En realidad se ocultaba con una delgada placa  una profunda fractura social.

La placa que voló en mil pedazos con la detención de Pinochet en Londres. y de la fosa salieron todos los fantasmas que se creían exorcizados

El odio volvió a las calles y el enfrentamiento entre los dos cuerpos ideológicos en que se divide la sociedad chilena mostró, a lo menos el fracaso de la supuesta reconciliación. Si  los unos reclaman a sus desaparecidos y festejan un principio de justicia que nunca habían soñado; los otros exigen la vuelta del dictador, al que llaman el “Tata”, el abuelo; atacan las embajadas de Inglaterra y España, acusando a los españoles de colonialistas -cuando durante siglos habían extraído su prestigio social del mito de la Hispanidad y de decir que ellos no eran indios sino descendientes de una seudo aristocracia castellano-vasca. En las calles de Santiago el reloj parecía haber echado marcha atrás hasta los días anteriores al golpe de 1973, cuando la oposición llamaba a la sedición al grito  de ¡Junten odio!

En este clima se inaguró el Monumento a Allende en la Municipalidad de Palmilla. El primero que se le levantó en Chile y en el mundo, y que en este año del milnio se vuelve a erigir en La Habana, Cuba

Palmilla es una municipalidad enclavada en el mas fértil valle de Chile,  próxima a la capital. La región produce los mejores vinos  y es una zona de grandes propietarios y de un campesinado de trabajadores de la viña de larga tradición histórica.

Frente al monumento se plantaron corridas de álamos, para recordar su último discurso de Allende: “Mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.El acto fue masivo, concurrieron cerca de cuatro mil personas y diputados y senadores del partido socialista y de la democracia cristiana. La estatua fue descubierta por la viuda  de Allende y la escultora Mónica Bunster.

Fue un día emocionante, porque el futuro estaba en el recuerdo y la estatua de Allende se levantaba allí como un acto emblemático, para devolverle la memoria a los chilenos…

El día terminó entre amenazas. Por la radio se lanzaron todo tipo de intimidaciones: que lo pagarían caro los presentes en el acto, en particular la artista, se y daban cita para ir a destruir la estatua. Esa noche dormimos bajo protección policial.

Posteriormente otros originales de la estatua (de acuerdo a las leyes que rigen la producción artística por original se entiende en escultura los 7 primeros vaciados y 3 “copias de artista”, se inauguraron en Extremadura y en Asturias.

La obra de Mónica Bunster, artista de un a larga trayectoria escultórica. Que trabaja en Francia desde 1973, año a fines del cual salió al exilio, llegó a Cuba como una doble donación: por un parte del artista que donó su creación y su trabajo, por otra, de la Diputación de Badajoz en Extremadura, que financió la fundición de la pieza. Frente al monumento oficial a Allende que se ha inaugurado recientemente frente al Palacio de la Moneda, el Monumento a Allende de Mónica no sólo es el primero sino que es una producción solidaria y hasta autobiográfica.  Como la mayoría de nosotros, que nos reclamamos del pensamiento y la cultura de Allende, es testimonio de nuestra historia y del compromiso que entonces asumimos y que no hemos llevado a cuestas estos años de exilio, viviendo con él y dentro de él como el caracol en su caparazón, Un compromiso al que muchos seguimos ligados, y que que con plena coherencia y lucidez,  viviéndolo sin nostalgias del pasado y convencidos de que es preciso repensar el futuro del socialismo, nos hace reivindicar el mensaje humanista de Salvador Allende. Por eso estoy seguro que jamás diría Mónica Bunster lo que aseguró el escultor del monumento oficial que se inauguró frene a la Moneda: que estaba dispuesto y que le daba igual hacer un monumento a Pinochet.  No creemos que sea necesario para representar a todos los chilenos homenajear a un tirano sanguinario, como tampoco creemos que para rendir un homenaje a la totalidad del pueblo alemán sea necesario levantarle un monumento a Hitler.

Digo todo esto en primer lugar para aclarar un error: No, fue el que se puso frente a la Moneda eL primero monumento a Allende, fue éste que ahora se inaugura en Cuba. En segundo lugar para denunciar la política desinformación con que los medios informativos dominantes en Chile hasta ahora  han querido ocultar los actos que reivindican la memoria de Allende. En tercer lugar, porque es preciso que quede claro que quiénes salimos de Chile por habar participado de los ideales de Allende, no esperamos a que la historia oficial le rindiera homenaje. Nos hemos preocupado nosotros mismos, junto con todos los países, gobernantes y pueblos que compartieron y comparten sus ideales, y hemos procurado por todos los medios que han estado a nuestro alcance, guardar su memoria.

Miguel Rojas Mix