Mi primer superhéroe

Cuando yo era pequeño, en Chile, no existían los cómics. La única revista par niños aparecía semanalmente, y en color sólo traía la portada. Pero eran portadas fascinantes, con dragones, y enanos malos que se escondía bajo los hongos, y enanos buenos (aunque también un poco sinvergüenzas) que se sentaban sobre ellos ; tapas con princesas de cabellos rubios que brillaban como el oro, y de mujeres perversas de melenas negras como el azabache; y príncipes. Barba Azul y sus mujeres aparecieron en varios números, los que duró la publicación de su historia en capítulos semanales, Alicia en el país de las Maravillas siguió a Los Viajes de Gulliver con sus liliputienses que se hacían la guerra por saber si el huevo se cascaba por la parte puntiaguda o por la redonda, y tras ellos vino el náufrago Robinson Crusoe y su siriviente Viernes…

Un Viernes, porque Viernes era también el día en que salía El Peneca, la revista de que hablo, lo vi por primera vez. Nada más verlo y me fascinó. Iba a galope tendido soplando un  cuerno. Me pareció escucharlo: Truuuuuuuuuuuuuuuuuuu………..!. Dos enormes mastines lo seguían.

Nunca había visto un personaje semejante. Llevaba traje de cuero ajustado, casco de hierro coronado de cuernos de ciervo, y un dogal al cuello como si viniera bajándose del  árbol del ahorcado. Como todo auténtico superhéroe escondía su personalidad bajo un antifaz.

Sólo que éste era un superhéroe de la Edad Media. De casi mil quinientos años antes de que aparecieran Superman o Batman.

Semana a semana me fui enterando que el jinete enmascarado era un justiciero, que se enfrentaba al rey y al poder y que defendía a los pobres. Al terminar la serie, que seguí con la pasión con que ustedes pueden ver La guerra de las Estrellas, vi triunfar la justicia sobre el poder, y Herne el Cazador fue ennoblecido por el Rey, recuperó sus tierras, se casó con la princesa y los campesinos dejaron de ser maltratados por los funcionaros felones.

Se piensa que Herne si exisitió, Shakespeare recuerda que vivía en una encina en el bosque de Windsor.  Habría sido uno de los monteros reales que ofendió al rey Enrique VIII, quien lo mandó colgar. No se sabe cómo bajó del patíbulo. Pero si hacía temblar a sus enemigos, era por que era un muerto-vivo. Un héroe como El Espíritu, que inventaron los tebeos muchos siglos más tarde. Como muerto-vivo, Herne no ha muerto, su silencioso galope por el bosque sigue siendo contemplado algunas noches,Y !Guay para el que vea los cuernos de su casco  recortándose contra la luna llena! porque la desgracia no ronda lejos.

Así lo pintó Coré, el artista que hacía las portadas de El Peneca. Sus dibujos llenos de acción, el realismo que daba a sus personajes, lo bien hecho que estaban los caballos, su capacidad para recrear los misterios y la penumbra de los palacios, me hicieron tomar el partido de nuestro héroe, tanto como el texto. Es por eso que en esta edición los reproducimos, porque son igual de entretenidos que la leyenda.

Miguel Rojas Mix