Mexico se escribe con “X”

No, Méjico no, con “j” no, con “x”: México. Y para que nadie se equivoque los mexicanos la ponen doble como enseña de su pabellón. Porque en náhuatl, la lengua que hablaban los aztecas antes del desembarco de los españoles y en la que una gran parte de la población se sigue expresando, no existe la “J”, pero si la “X”. Y México en el Quinto Centenario insiste sobre ella. La repite incluso en los documentos precolombinos que presenta, en el Codex Codz Pop Yucatan, la estera arrollada, de entre 600 y 1000 d. C,  que divide el mundo en cuatro regiones repartidas en los  ángulos de una X cósmica.

México en la Exposición Universal de Sevilla  quiere revelar su perfil profundo. Y en cuanto a los componentes que forman su pueblo, a la vez que afirma el mestizaje, insiste en revelar la identidad mesoamericana, mostrar el rostro de un país que nació “milenios antes de 1492”, enseñar la raíz indígena. Salas sucesivas nos llevan por muros de imágenes que  relatan la historia del país: de las culturas que precedieron a los europeos, de 1518 a 1810; la revolución de 1910, con la entrada de Maximiliano Zapata y Pancho Villa en la ciudad que antes se había llamado Tenochtitlán, llevando el estandarte de la Virgen de Guadalupe.

La Virgen había sido también la bandera del cura Hidalgo, que proclamó en 1810, la independencia del país y que no encontró otro estandarte mejor para emblematizar los deseos de independencia y los sentimientos nacionales de los mexicanos.

La sala final nos recuerda lo que ha sido el mundo y la cultura mexicanos. Cómo el país vivió los grandes acontecimientos mundiales, su actitud frente a la política europea, la creación de una literatura y un  arte, a menudo comprometidos con las alternativas de la política internacional. Concluye subrayando las buenas relaciones que el Presidente Salinas ha tenido con España, sus encuentros con el Rey, con Felipe González. Para terminar en una explosión de imágenes, en que la “X” se funde con la bandera y el signo histórico de la nación: el  águila sobre el nopal con la serpiente en el pico. Todo esto es precedido por los símbolos de la mexicanidad en el cine, en el teatro, en el deporte: Cantinflas, Jorge Negrete, Pedro Infante, Agustín Lara, María Félix, al son de la música de corridos huastecas.

El espectáculo multimedia, llamado “México: Trama y Destino” cumple con sus objetivos: hace descubrir los orígenes, el presente y el destino de un país multiétnico y multicultural, reúne miles de imágenes para revelar el perfil profundo del México actual, su pasado y su avance apresurado hacia el futuro, sin olvidar por cierto los flashes sobre su competencia económica y la calidad de sus productos ­Si no se vende en la feria!, ¿dónde?

Terminado el espectáculo audiovisual, subimos a la terraza. Es el “jardín de Mesoamérica”.  Allí se reconstruyen las principales ciudades precolombinas en magníficas maquetas a escala. Es la última reiteración de una reivindicación. La historia no comienza cuando se entra en contacto con Europa. A la llegada de los españoles había ya siglos de civilización. Fueron los muralistas, quienes, inmediatamente después de la Revolución, comenzaron a reescribir la historia. Diego Ribera, Clemente Orozco y Alfaro Siqueiros cambiaron al protagonista de la historia de México y pusieron al indio en el centro. Fue su escuela la que valorizó las antiguas civilizaciones y explicó el presente a partir de ellas; después siguieron escritores y filósofos. Pero fue el arte el primero en la época contemporánea en escribir México con “X”.