Maurras en América Latina

Fleur de Lys

J’accuse tituló Pablo Neruda su último discurso como senador -antes de partir al exilio-,  denunciado la traición del presidente de Chile, Gabriel González Videla, que después de ser elegido con los votos del partido comunista, dictó la “Ley de defensa  permanente de la democracia” (1948), que ponía fuera de la ley al partido y decretaba la persecución de sus militantes. El título no fue elegido al azar. Lo tomó del  novelista Émile Zola que en enero de 1898, publicó una exaltada carta en el periódico parisino L’Aurore con el mismo título J’accuse (“Yo acuso”). Zola denunciaba a las autoridades civiles y militares por la escandalosa y mendaz condena  contra un capitán de origen judío, a quien se le acusaba de traidor, Alfred Dreyfus.  El caso Dreyfus reveló el antisemitismo en el Ejército y en Francia y generó una impresionante controversia política y social, que no tardó en convertirse en la cuestión pública más importante del  Hexágono: los sectores liberales enfrentados con la Iglesia, el integrismo católico y los conservadores. Cuando se declaró a Dreyfus culpable (1893) las fuerzas antisemitas desencadenaron una feroz propaganda contra los judíos. Es entonces cuando Charles Maurras (1868-1952), se dió  a conocer, Fue uno de los más tenaces acusadores Dreyfus.  A la ocasión fundó la Action Française (1899),  de ideología autoritaria y defensora del nacional catolicismo y del antisemitismo, inspiradora de la Acción Española y que transfiere su sentido a una idea de Hispanidad conservadora. En 1906 se probó la inocencia de Dreyfus, fue indultado, readmitido en el Ejército como comandante y condecorado con la Legión de Honor.

La  presencia de Charles Maurras en América latina es enorme; sin embargo es mal conocida: sólo de cuando en cuando se menciona a fulano o a sutano que en la época se declararon sus discípulos, o se apunta con el dedo a uno u otro cuyos escritos evidencian su lectura. Así, únicamente, a retazos, se puede reconstruir el extenso campo de su influencia  que cubre desde México al Cono Sur[1].

Su ascendiente es tal,  que, aunque   la fórmula más adecuada para describir los regímenes militares que se instalan en América Latina ‑Brasil, Chile, la Argentina y el Uruguay‑, entre 1964 y fines de la década del ochenta es el  “dictaduras del occidentalismo integrista”, también podrían tipificarse estos  regímenes llamándolos del “occidentalismo maurrasiano”. Más… ¿por qué  maurrasiano?

Por el proyecto ideológico, porque  estas dictaduras tuvieron en común la mistificación del occidentalismo y la ficción de su defensa; porque  compartían una concepción orgánica y jerárquica del Estado, fundada en la familia, opuesta a la democracia y al sistema de partidos; porque se caracterizaban por su elitismo, y por que compartían la voluntad de reactualizar una teoría del poder fundado en la voluntad divina y en el derecho natural, negando valor a la concepción contractual del Estado y el derecho a toda forma de oposición.  Ergo, por una confusión de la sociedad religiosa con la civil; por una defensa de la propiedad privada y un rechazo violento contra todo “estatismo”; por una exaltación de la dictadura y la contrarrevolución; por el descubrimiento en el interior de la sociedad civil de un “enemigo interno”, que es su opositor ideológico…

Y, todo esto, ¿viene de Maurras? En gran parte, si.  El francés ha sido el más grande sistematizador de las ideas del nacional‑catolicismo y,  La Action Française, el el primero movimiento en hacer de éstas su doctrina. Si en los discursos de los grupos en el poder no figura con la frecuencia que debiera como el gran mentor de las dictaduras, es porque no obstante haber tenido una decisiva influencia  sobre los políticos de extrema derecha en Iberoamérica, su pensamiento aparece endentado en otras ideologías o coincide con fuentes de distinto origen que lo ocultan bajo su sombra. Desde luego en el integrismo del cual La Action Française constituye la traducción política. Diferente es el caso del Brasil, donde el pensamiento de la derecha se inspira directamente del integrismo francés.

En un artículo sobre el “Iusnaturalismo”, a propósito del argumento de legitimacióin del golpe de Estado en Chile y de la teoría del tiranicidio,  me referí al “paulismo”, “el agustinismo y el “tomismo”, y a una tradición de pensamiento manipulada, que está implícita en Maurras  y que éste relanza a través de su idea de “política natural”, pero que los autócratas de la Hispanidad recuperan directamente de los iusnaturalistas españoles del siglo XVI.

A la sordina circula además el pensamiento de Maurras en el neotomismo; mas de éste desconfían los dictadores por su olor democratacristiano. Finalmente, ciertas tendencias o instituciones que han construido el discurso dictatorial, a semejanza del hispanismo y  del Opus dei, toman en gran medida de la Acción Francesa su concepción del hombre y la sociedad.

Si volvamos a la caracterización de las dictaduras del “occidentalismo integrista” y las confrontamos con el pensamiento de Maurras podemos constatar las concordancias, los matices e incluso, las divergencias:

La Defensa de Occidente es un punto de encuentro. Todas las dictaduras se declaran defensoras de la civilización occidental y cristiana. Mariátegui, refiriéndose al mas conocido biógrafo del fundador de la Action Française,  Henri Massis, autor asimismo de una obra sobre La Defense de L’Occident, señalaba  que “la precipitada definición del orientalismo como sucedáneo o equivalente del bolchevismo, arranca del erróneo habito mental de solidarizar absolutamente la civilización occidental con el orden burgués”(14). En Maurras, además, la defensa de Occidente se vincula al antisemitismo. Afirmaba que todas grandes crisis de la modernidad habían tenido un carácter oriental, y que los agitadores de esas crisis habían sido en su mayoría judíos, como Marx y Trotsky: “Agitateurs ou idéologues, ou les uns et les autres, atesten la même pression violente de l’0rient sémite sur un Occident qu’elle dénationalise avant de le démoraliser”[2].

Concepción orgánica y jerárquica del Estado 

El otro punto común es la concepción orgánica y jerárquica del Estado. Partiendo del platonismo, Maurras afirma que la sociedad es por esencia jerarquizada. En ella el bien común reside en que cada uno sepa permanecer en su sitio (¿Imaginaría Ud. que en el organismo humano los pies reivindicaran el derecho a pensar?). El bien común, pues, no es el bien de la mayoría… “Bajo la influencia de la Reforma, los movimientos revolucionarios que se produjeron en casi todas partes, y de los cuales la revolución francesa marca el tipo, cometieron todos el error de equivocarse en donde radicaba la soberanía, El bonum commune fue dejado de lado. El asentimiento, la aceptación, la aclamación, que reconocen y ratifican un poder digno, fueron juzgados insuficientes. Se les quiso sustituir por un acto expreso de voluntad y de entrega popular  “Sous l’influence de la Réforme, les mouvements révolutionnaires qui se produisirent en peu partout, et dont la Révolution française est le type, s’accordèrent â se tromper sur le siège de la souveraineté. Le bonum commune  fut mis de cote. L’assentiment, l’acceptation, l’acclamation, qui reconnaissaient et ratifiaient un digne pouvoir, furent juges insuffisants. On voulut y substituer un acte express de volonté et de choix populaire, répété a tous propos et renouvelé sans, propos”[3]. En definitiva el bien común es una noción ajena a la voluntad social. No es la mayoría la que decide sobre su bien. Cómo se verá Maurras empalma en este punto con el tomismo, para el cual el bien común es salud espiritual y con el agustinismo político que piensa que es también función de los gobernantes velar sobre ella (concepción ministerial del poder), aún contra la voluntad de la mayoría.

¡Pues sí!, la mayoría puede querer contra el bien común: Sodoma y Gomorra serían ejemplos bíblicos, el marxismo un caso en el siglo XX. Y la conclusión de la derecha es la siguiente: dado que el bien común una noción trascendente, él seria menoscabada  por la democracia  ¿Como así? De la misma manera que otras nociones trascendentes. Según Maurras, otras entidades superiores pueden ser relegadas si se consulta al pueblo: los valores Nación y Patria, concebidos, de ningún modo como la suma de oscuras voluntades, discutibles y revocables, de electores vivos  pero mortales, sino como una entidad superior que dura a través del transcurrir secular de las formas y de los cuerpos…”  conçue non point comme la somme d’oscures volontés, discutables et révocables, d’electuers vivants qui mourront, mais comme une entité supérieure qui dure dans l’écoulement séculaire des formes et des corps…”[4].

Para Maurras hay un  “ordre natural de la Humanidad”[5]. Este orden en lo social se funda en la familia. La Nación no es sino una proyección de la familia [6].  Francia no es una reunión de individuos sino un cuerpo de familias “La France n’est pas une réunion d’individus, mais un corp de familles”[7]. Y cada familia tiene su función dentro de este cuerpo: las hay de banqueros, de artesanos… y por cierto de gobernantes: de reyes o de aristócratas. Así, al igual que el patrimonio  familiar o el código genético, la Nación se trasmite por herencia, y con ella las jerarquías, pues son naturales (“Jerarquía —repite ecoico el fundador del Opus dei en la máxima 624 de Camino—, cada pieza en su lugar”).

Jerarquía repite también una seudo aristocracia chilena, que piensa que el poder le pertenece por cuna.

Se ha dicho y se ha repetido que Maurras  ha extrapolado a la política su concepción de la estética clásica. Cierto… Decir que ha estetizado la política, parece un exceso. En el fondo de sus teorías la idea de “lo Bello”, entendido como estética estática, armonía, sofrosyne, equilibrio, lo domina todo. Piensa que del mismo modo que hay objetos bellos hay ideas bellas, y que así como estos tienen sus enemigos en los bárbaros, las ideas no son menos atacadas por otras ideas bárbaras y contrarias a la belleza; es decir contrarias a la naturaleza misma de las cosas, ya que la belleza es una idea absoluta y universal.

De su idea de naturaleza, que es claramente platónica (doctrina de la inmutabilidad del ser), extrae su concepción del anti– (de aquello que es contrario a la naturaleza, contrario a la esencia, a la belleza a la verdad…), que luego se le aplicará a tantas cosas: al socialismo, por ejemplo, cuando se define como  anti‑cristiano o  cuando se lo  llama  antipatria . En fin, no cabe insistir. Retengamos sólo que en él hay una clara asociación entre “clasicismo”, que implicaba el principio de orden, y “tomismo”, que agregaba al orden la noción de católico.

Este orden católico, “essence de doctrines de l’haute Humanité, … c’est un esprit d’autorité et de tradition”[8]., Refiriéndose al cardenal Billot, un tomista de la época, Maurras hace expresa profesión de “tomismo”, afirmando haber llegado a las mismas conclusiones sobre el Estado antidemocrático que éste, bien que él partía de “les vues experimentales de Auguste Comte”[9].Y he aquí uno de los postulados que une estrechamente la Acción Francesa con el integrismo, pues según Maurras, era el catolicismo tradicional el que “porte avec soi l’ordre naturel de l’Humanité”[10]. Análoga concepción del Estado, patria, nación y sociedad fue institucionalizada por Pinochet en las Actas Constitucionales de 1976, declarando que el nuevo ordenamiento jurídico descansaba en: “La concepción humanista cristiana del hombre y de la sociedad…” y agregando que dentro de esta concepción: “la familia es el núcleo fundamental”[11]. Orden natural, asociado a Dios, orden divino, establishment. Quien se opone a él se opone a Dios, a la naturaleza, a la patria. Se transforma en anti- : anti‑chileno, anti‑argentino¼ Y dado que el modelo del orden es la familia “ce spectacle d’autorité  pur, ce paysage de hiérarchie absolument net”[12], de su naturaleza es la desigualdad. “La societé, la civilisation est née de l’inégalité”[13].  La sociedad es pues por naturaleza contraria a la democracia. ¡Nada que se parezca a un contrato! Maurras es enemigo jurado de Rousseau ¡Y para que decir de Marx!

La democracia, los partidos y el liberalismo.

Para Maurras la democracia es una enfermedad, el “morbus democraticus”[14]: una enfermedad de la razón.

“Il n’est pas rationnel que les hommes réunis élisent leurs chefs… I1 n’est pas rationnel, il est contradictoire que l’ Etat fondé pour établir l’unité entre les hommes, unité dans le temps (la continuité), unité dans l’espace (l’accord), soit légalement constitué par les compétitions et les divisions des partis, qui sont essentiellement diviseuses. Toutes ces conceptions libérales et démocratiques, principe de l’esprit révolutionnaire, reviennent au carré circulaire et au cercle carré”[15].

En esto resulta análoga su concepción a la de la Falange española, que oponía la noción de cuerpo social a los partidos políticos y a la lucha de clases (“Cette loi est imaginaire, elle est fausse”[16], y a la doctrina del Opus dei que se declaraba expresamente antiliberal: “liberalismos desacreditados del siglo XIX”, escribía Escrivá en la Máxima 849.

Democracia, sin embargo, no es para el creador de la Acción Francesa un concepto unívoco: hay diversas formas. La única que Maurras acepta es la autoritaria, la que preserva las jerarquías, la llamada democracia cristiana por León XIII en la encíclica Graves de Comuni (1901), que no tenía nada que ver con el “igualitarismo”, la “democracia totalitaria” como habría dicho Pinochet, bien que los servicios diplomáticos se hayan apresurado a corregir, diciendo que sólo habría dicho “democracia autoritaria”… ¡No es olivo, es aceituno! Contra las otras formas de democracia, la liberal o la democracia social que “prêche un égalitarisme contre nature”[17], su ataque es radical “la démocratie est le mal, la démocratie est la mort”[18]. Y, ¿por qué es el mal? Particularmente por una razón, porque “excite et agite son prolétariat”[19], porque ella es “la creadora, la que excita y estimula ese movimiento colectivo denominado la lucha de clases”[20]. Hay un solo medio de mejorar la democracia, concluye, “la détruire”[21].

Para el fundador de la Acción Francesa la democracia era una aberración pues desarrollaba el mito de que todos podían gobernar; en cambio “la politique est un métier ou plutôt un art… suppose instruction, éducation, apprentisage, compétence”[22].

Elitismo.

Consecuente con su esteticismo ordenante que él transforma en ordo orbis, al igual que con su concepción biológica de la sociedad, Maurras es sostenedor de un elitismo zoológico y mecanicista; ya que sólo algunos miembros de la especie  pueden ser creadores y esta virtud aparece inscrita en el código genético. Hay una ley natural de la sociedad que es la siguiente: “La volonté, la décision, l’entreprise sortent du petit nombre, l’assentiment, l’acceptation,  de la majorité. C’est aux minorités qu’appartiennent la vertu, l’audace, la puissance et la conception”[23]. Sólo las élites detienen la virtud y la verdad; únicamente ellas pueden saber lo que es auténticamente nacional;  porque  finalmente, lo “auténticamente nacional” son ellas mismas. Lo único que une a estas élites con espíritus tan diferentes como pueden ser las masas es el culto a 1a patria. Pero, ya lo vimos, la patria son las élites. Y éste es el único bien común; o mejor patrimonio común para no confundirlo con 1a noción ya avanzada de bien común espiritual. Los otros bienes deben ser repartidos de manera desigual, porque la desigualdad es propia a la naturaleza de la sociedad[24].

El poder de origen divino y el derecho natural

¿Omnis potestas a Deo! Todos los totalitarismos católicos reactualizan la teoría del poder de San Pablo. El Opus dei la inscribe en su manifiesto: “¿Qué lástima que quien hace de cabeza no te dé ejemplo!…—Pero, ¿acaso le obedeces por sus condiciones personales?… ¿O el “obedite praepositis vestris” —obedece a vuestros superiores de San Pablo, lo traduces, para tu comodidad, con una interpelación tuya que venga a decir…, siempre que el superior tenga virtudes a mi gusto?[25]. Y en un libro colectivo: Fuerzas armadas y seguridad Nacional[26]. Justamente refiriéndose a la Epístola a los romanos, se afirmaba:… “El derecho natural exige que la Junta sea obedecida”. La teoría pauliana del poder es muy del gusto de Maurras, pues, si el poder viene de Dios, “est un don du ciel,…ne se fabrique pas de main d’homme, ni par voie d’election, que l’autorité  est née[27]. “Il arrive que l’OMNIS POTESTAS A DEO découvre un arrangement supérieur divinement établie… c’est  une suprême raison, la raison créatrice d’un plan fixe,… d’un ordre stable et défini”[28]; ¡es el inmovilismo jerárquico, pues, lo que para Maurras constituye la política natural! ¿Y la historia? Era un plan providencial. También estaba determinada por Dios, quien cuando necesitaba corregir su curso, el curso que contra-natura podían darle las luchas sociales, recurría al “choix des hommes providentiales”[29]. Pinochet habría dado el golpe de Estado: “para llevar la patria…, hacia el alto destino que desde siempre la Providencia ha tenido reservado para nuestro querido Chile”[30].

El capitalismo y la propiedad privada.

Mucho se ha dicho que Maurras hace una crítica severa del capitalismo. Es cierto. Pero su crítica se dirige fundamentalmente al capitalismo que él llama judío; y que por judío e internacional, no porque monopolice los medios de producción, atenta contra la integridad de lo nacional[31]. En L’Avenir de l’intelligence se levanta contra la supremacía del oro sobre la sangre. Su crítica, sin embargo, no va más allá, pues él es un ferviente defensor de la propiedad  privada y enemigo de la socialización de los medios de producción, porque, como lo dice expresamente: “Décourageant l’effort privé, confisquant les richeses productives pour les stériliser, endossant les productions onéreuses, le socialisme d’Etat cristallisait et refroidissait un peuple qui avait été si vivant!”[32].

Es cierto por lo demás que en los medios integristas, sean españoles o franceses, se escucha desde las primeras décadas del siglo XX, una crítica acerba contra el materialismo, que tampoco ahorra al materialismo de la sociedad de consumo yanqui. Al avanzar el siglo, sin embargo, los sectores económicamente más dinámicos se percatan que sólo en el capitalismo pueden consolidarse como clase dominante. Es entonces cuando empieza la aproximación entre el “espiritualismo” integrista y el materialismo capitalista, que es finalmente la reconciliación entre la ética protestante y la ética católica. Y nada más sintomático de este esfuerzo, que la obra de un jesuita belga: Vekemans, inspirador de Frei durante el gobierno de la Democracia Cristiana en Chile y presunto agente de la CIA, quten afirmaba en un escrito que la única manera de detener el avance del proletariado era amistando la ética protestante con la católica[33].

 Enemigo interno, dictadura y contrarrevolución.

Preocupación fundamental de Maurras es, por otra parte, la defensa nacional. Bien que él es partidario de la monarquía, identifica ésta con el gobierno militar[34]. En su obra se manifiesta un verdadero culto por el ejército, cuya existencia el autor ve directamente vinculada al orden público; es decir a la seguridad interior (“Plus d’armé, plus d’ordre public”)[35]. Sus escritos son de los primeros en troquelar la idea de un “enemigo interno”, tesis fundamental de las actuales dictaduras. Defendámonos de los bárbaros —aconseja—, pero estos bárbaros no son hordas extranjeras, sino los “bárbaros de abajo”, los enemigos interiores, los partidarios de la “barbarie igualitaria” que mañana harán la revolución anarquista o socialista…, si el ejército no les corta el camino[36]. Es por ello que él pone toda su fe en la contrarrevolución:

“Devant cet horizon sinistre, l’intelligence nationale doit se lier à ceux qui essayent de faire quelque chose de beau avant de sombrer. Au nom de la raison et de la nature, conformément aux vielles lois de l’univers, pour le salut de l’ordre, pour la durée et le progrès d’une civilisation menacée, toutes les espérances flottent sur le navire d’une Contre-Révolution »[37].

*          *          *

            Pero, ¿cómo llega la influencia de Maurras a América latina? —Por diversos senderos… Por añadidura, sus ideas encuentran el camino pavimentado por el positivismo, que ya había servido de ideología a algunas dictaduras y a otras dictablandas. Maurras es un gran admirador de Comte, incluso se siente su continuador[38]. Así, hacia los años veinte en todos los países de América latina aparecen entenados del autor. En Argentina, Leopoldo Lugones sintió seguramente su influencia durante sus largas estadías en Francia. (Hay un autor que incluso lo trata de “Maurras créole”[39]). Pero, en forma más precisa las ideas del francés  se difunden en la región  de La Plata a través  de La Voz Nacional, que desde 1925  publica  un joven admirador de la Acción Francesa: Juan  E. Carulla ¡Entre los abonados a esta “hoja  confidencial” figuraba  José Uriburu!

La fecha fundamental, sin embargo, es la fundación en 1927 de La Nueva República, periódico desde el que un grupo de intelectuales encabezados por Carulla y Ernesto Palacio propician un nacionalismo aristocrático de puro sabor maurrasiano. Son los ideólogos de este grupo, que un obispo habría llamado la Acción Francesa Argentina[40], los que toman contacto con Uriburu cuando la victoria de  Yrygoyen era eminente.

En México la influencia de Maurras no es menos importante. Guiza y Acevedo, a quien sus contemporáneos llaman “el pequeño Maurras”, va a encargarse de permear los movimientos reaccionarios con los rasgos fundamentales de su ideología.

Pero es en Brasil, donde el terreno, que se encontraba además abonado por una historia imperial apenas sobrepasada y la influencia de un positivismo que había llegado a incluir su lema de “orden y progreso” en los blasones nacionales, que las ideas de Maurras van a echar las raíces más profundas; en particular en los sectores que asociaban, a la defensa de la tradición imprial, las tesis de la contra-revolución. Así, Correa de Oliveira, fundador del movimiento “Tradición, familia y propiedad”, escribe: “Nosotros calificamos de revolucionaria la hostilidad de principios contra la monarquía y la aristocracia”[41]. Por otra parte, la influencia de Maurras se detecta en los principales mentores de los movimientos integristas existentes hoy día en Brasil y que constituyen el apoyo ideológico del gobierno militar: en Gustavo Corçao capitán del grupo “Permanencia” y en José Pedro Galvao de Souza, profesor de Teoría del Estado en  la Universidad Cat6lica de Sâo Paulo e ideólogo de la revista Hora Presente.

Y, así podemos continuar, país tras país… Lo interesante es que en los años veinte el creador de la Acción Francesa aparece ya para los intelectuales más avisados de América latina como él dómine del pensamiento reaccionario, frente a cuyas ideas resulta indispensable tomar partido. Desde la izquierda la advertencia y la crítica contra Maurras vienen de un peruano ilustre: José Carlos Mariátegui. Nadie mejor que él  comprendió en esa época (y pocos lo comprenden todavía) la importancia de enfrentarse mediante un análisis profundo y riguroso a las ideologías reaccionarias.

 


[1] Cf. Enrique Zuleta Álvarez: Introducción a Maurras, Editorial Nuevo Orden, Buenos Aires, 1965. En la bibliografía reseña, principalmente los autores argentinos que han escrito sobre Maurras.

[2] Maurras, Charles Oeuvres Capitales (4 tomos). Flamarion 1954 II p.224. A continuación se indicará sólo el tomo y el número de página, salvo que la cita corresponda a ediciones anteriores o diferentes.

[3] II  495/496

[4] II  497/498

[5] II  65

[6] II  507

[7] II  271

[8] II 87

[9] II  259

[10] II  65

[11] Acta 2 art.4 letra a

[12] II 182

[13] II 165

[14] II  223

[15] II 51

[16] II 216

[17] II 220

[18] II  223

[19] II 214

[20] De 1a colère à la justice, Genève  1942  p.155

[21] Le Nouveau Kiel et Tanger,  París  1921 p.226

[22] II  508. Lo que hoy repiten sus descendientes ideológicos. Borges: “La democracia ese abuso estadístico…”

[23] Enquête sur la Monarchie  París 1914  p. 406

[24] En realidad yo he cometido un abuso utilizando el término de élite que Maurras usa raramente. En todo caso cuando lo emplea, habla de élite salvadora —Enquête sur la Monarchie— y la concibe como el producto de la alianza entre el cuerpo de oficiales y los intelectuales nacionales. El habla abiertamente de una “aristocracia hereditaria”.

[25] Máxima 621. las citas de Camino de José María Escrivá Balaguer se hacen  referidas a la máxima correspondiente, lo que permite encontrarla en las  numerosas ediciones en castellano y otros idiomas que ha conocido esta obra

[26] Ed. Portada Santiago de Chile 1974

[27] II  271

[28] II  244

[29] II  243

[30] Discurso de Pinochet celebrando el tercer aniversario del putsch. El Mercurio, Santiago de Chile,  11.9.1976

[31] Todavía hoy se escucha una crítica de tenor semejante contra el capitalismo en Argentina. En agosto de 1976, un “Frente argentino nacional-socialista”  reivindicaba los atentados contra la comunidad judía de Buenos Aires, declarando: “Ainsi commence la guerre, qui ne cessera que lorsque la ploutocratie judeo-bolchévique aura été exterminée.” cf. Argentine: dossier d’un génocide (Commission  des droits de l’homme en Argentine) Textes-Flammarion París 1978

[32] II  427

[33] Cabe recordar además el conocido documento sobre las  líneas directrices del plan de lucha del ejército contra la iglesia en Bolivia, uno de cuyos párrafos  hablaba directamente de la colaboración de la C.I.A, que  habría “decidido ocuparse directamente del problema” de la iglesia en América latina. Publicado por  DIAL N.226  15 de mayo de 1975.

[34] cf. Dictateur et Roi y Enquête sur 1a Monarchie

[35] Décernez-moi  le prix Nobel de la paix, París 1931

[36] cit. por Nolte, Ernst L’Action Française. Tomo I de Le Fascisme dans son époque  (3 tomos). Julliard 1970. Uno de los mejores análisis del pensamiento político de Maurras.

[37] II  155

[38] cf. III  pp. 459 ss.Auguste Comte

[39] Rouquié Pouvoir militaire, p.169

[40] El obispo en cuestión es Mgr. Copello, según afirmara en una entrevista del 20.8.1969 Atilio del l’0ro cit. por Rouquié Integristes et militaires  nota 11

[41] Revolucâo e Contrarevolucâo  Ed. Catolicismo Sâo Paulo 1959  p.35.