Marta Colvin

Marta Colvin acaba de integrar el grupo de los pocos artistas chilenos que han sido consagraos por la critica mundial. El premio internacional de escultura que viene de obtener es la VIII Bienal de Sao Paulo la hace ingresar en este reducido Parnaso intelectual. En efecto, este premio significa consagrar con valores definitivos la obra y el talento creador de una gran escultora. La Bienal es uno de los certámenes artísticos más importantes y acreditados del mundo, en el que concurren,  se miden y comparan las tendencias y realizaciones de todos los países.  La trascendencia  de este premio se advierte de inmediato cuando se recuerda quienes han sido agraciados con este galardón. Sólo en escultura recordamos los siguientes nombres: Bill Moore, Mirko, Oteiza, Somaini, Penalba y Pomodoro.

Este año en el monumental aplació de Ibirapuera, Marta Colvin tuvo que competir con la muestra de 53 países que llenaban los cinco grandes pisos. Fue, tal vez, el año en que concursó el mayor número de representaciones. La calidad de nuestra escultora se impuso ante competidores no menos fuertes ya que es posible afirmar que nunca hubo una Bienal con tantos envíos notables de escultura. Entre ellos figuraban los del triunfante suizo de parís, Tinguily, los del italiano Alberto Viani, los de la boliviana Marina Núnez del Prao, los del inglés Víctor Pasmore, los del colombiano Negret, del sueco Grate y, en especial, los del japonés Toyofuko, que expresaba en sus maderas una desbordante vitalidad e imaginación.

El mérito de Marta Colvin es aún mayor si se piensa que además de obtener un galardón para Chile, impuso las formas americanas. Ella forma parte del grupo de intelectuales y artistas que han hecho cuestión del significado de América y u UCAN expresar o descubrir la singularidad de nuestro continente. En sus obras, la escultora ha demostrado cómo existe una vitalidad plástica en América capaz de volcarse dominante enriqueciendo las formas del Viejo Continente; pues es co los artistas de nuestro continente que “lo Americano” comienza  adquirir u sentido universa, cuyas proyecciones todavía no podemos preveer. Hace ya tiempo o obstante que los artistas europeos intuían un cierto agotamiento formal de su plástica. Ello ls había llevado a buscar una revitalización de la escultura en las formas africanas y americanas, como se advierte en Picasso o en Henry Moore. No obstante, la tradición europea tamizaba esta influencia y era incapaz de presentar sus obra con la ingenuidad creadora y la crudeza con que lo ha hecho nuestra escultora, pues no son solo las formas, sino el material mismo los que le sirven al artista para expresar nuestro continente. La Bienal, así, ha contribuido con este premio a reconocer en las formas expresivas de lo americano un lenguaje universal.