MAFALDA y el optimismo de la decada de los sesenta

Una de las más famosas tiras de Mafalda la mostraba en una agencia de turismo. Buscaba un pas tranquilo donde pasar sus vacaciones. Después de dar la vuelta al globo terráqueo, que le había facilitado la vendedora, lo tira y le pregunta: ¿No tiene otro?

La exposición de El mundo de Mafalda se centra en estáa interrogación permanente de la chica sobre el mundo en que vive: la sociedad argentina, y el planeta… Son diez años de historia vistos por su mirada “contestáataria”, a la vez que tierna y poética. El propio Quino nos lo explica: un autómata con su físico y con la voz de Alterio (el conocido actor argentino de la Historia oficial, que tantos años pasó en España que ya llega a pronunciar las zetas).

Mafalda ve el mundo desde la perspectiva de la clase media. En la década de los sesenta, la “década prodigiosa”, pasan muchas cosas. En Argentina, la “noche de los bastones largos”, “el Cordobazo”, la lucha contra la censura… En el mundo, cantan los Beatles, se discute sobre China, y está  Vietnam; se produce la crisis de los misiles y la descolonización del Congo. Mueren quienes lograron encender las mayores ilusiones: el Ché, Martin Luther King, Kennedy. Mafalda contempla con curiosidad impertinente el espectáculo de la humanidad y abraza todas las causas nobles.

La década de los sesenta son años en que está  de moda el intelectual comprometido, cuya palabra clave parece haber sido “formar conciencia”. Se llegó hasta acuñar el neologismo “concientizar”, que felizmente el Diccionario no retuvo, y con razón, por feo; pero que no por ello deja de ser expresión de un espíritu optimista, que creía en la solidaridad y y ponía la lucidez moral como condición previa para cambiar el mundo.Hoy, treinta años después, parece ser lo que menos preocupa a los jovenes. El foso que separa a los que fueron jóvenes con Mafalda de los  de hoy es considerable. Los primeros no estáaban conformes con el mundo en que vivían; en cambio, el conformismo, es la tónica de la generación actual, guiada por el puro interés en el éxito material, y que mientras menos conciencia tiene, mejor se integran en una sociedad que quiere olvidar las ideas de solidaridad y el optimismo de quienes en los sixties creían que se podía crear un mundo mejor, del cual beneficiarían también los olvidadados de la tierra.

Dos publicaciones acompañan la exposición que ocupa en Madrid la carpa del Quinto Centenario. Una, El Mundo de Mafalda, que hace las veces de cat logo; otra, Todo Mafalda, recopilación de todas las historias hechas por Quino, publicadas y no publicadas hasta la fecha. Ambas  editadas por la Editorial Lumen.

Todo Mafalda va de la primera a la última tira. Va precedido de un prólogo de Gabriel García Márquez, prólogo con más compromiso que amor, pero que subraya lo que acabamos de señalar: cómo los adultos han perdido la sabiduría, porque finalmente son ellos, los jóvenes de ayer, quienes, aterrados frente a las crisis, han impuestáo el cambio de valores en las generaciones de hoy.

El Mundo de Mafalda no son los diez años de vida de la chica. No va desde 1964 a 1973. De Mafalda nos pasamos a Quino, y la cronología abarca desde 1932 a 1990. Trae textos de numerosos autores que opinan del personaje: Umberto Eco, Estáher Tusquets, Ramón Gubern. Pero el que define mejor lo que ella representó para los boys de los sixties es sin duda el más corto: el de Cort zar. Cuando le preguntan ¿Qué opinas?: “No tiene importancia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mi”.

Y tal vez podríamos preguntarnos, para concluir, qué pensaría Mafalda de esta exposición, o su amiguita Libertad. Una muestra que a la vez que es completísima y muy didáctica, está  concebida como un lugar lúdico…, pero con zonas prohibidas. ¿Estáarían de acuerdo con que en los espacios que se construyeron recreando los mundos donde vivieron sus aventuras: la sala de clases, el parque…, con sus retratos en volúmenes tamaño nautural, se prohibiera el ingreso de los visitantes. Sobre todo el de los niños, como me explicó la cuidadora, “para que no le hagan daño a los muñecos?”

¿O también esto refleja el paso de la década de los sesenta a la de los noventa?