Los Cuatro Compromisos

Al cerrarse el año 2009, reflejé en una conferencia en La Plata, sobre Humanismo y Universidad, mis preocupaciones latinoamericanas respecto a los acuerdos de la Declaración  de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior de la UNESCO  en Paris 2009.  En grandes líneas me preocupaba la falta de correlato histórico de la Declaración.  No insistía en la diversidad que separa a las universidades en sus diferentes ámbitos históricos, sociales  y culturales. Diversidad que da su pleno sentido a dos palabras que circularon escurridizas en la Declaración del 2009 y que fueron claves en la Conferencia Mundial de la UNESCO  de 1998, que analizó los efectos de la mundialización sobre la educación superior. Dos palabras en cuyo sentido nos forman  esencialmente los estudios humanistas, por eso insistí en hablar en esa conferencia de humanismo y universidad. Dos palabras: pertinencia y relevancia. Ellas son  capitales cuando se trata de establecer el “Plan de Acción: América Latina” –tarea pendiente y que nos corresponde a nosotros- y que implica anclar la declaración en la variada realidad de  nuestras universidades. La Declaración nos da los grandes principios. Un desiderata de la universidad. Nos cabe a nosotros poner el  mundo que está detrás precisando sus especificidades. Parafraseando a Ortega, faltaba la “circunstancia”. La Universidad es también “La Universidad y su circunstancia”. Aunque son igualmente respetables, no es lo mismo la  Universidad de Bio Bio que la –Sorbona o Harvad. Hay que anclar la universidad ideal en su marco histórico y sociocultural, en la diversidad..  Reflexionar sobre la circunstancia es esencial  asimismo para dar sentido a otras palabras a las que parece prestárseles cada vez menos atención, pero que fueron capitales en las reivindicaciones de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918. Palabras como equidad, calidad y autonomía. Palabras que sólo pueden precisarse desde el contexto histórico, desde la singularidad del mundo en que vivimos. Siguen siendo válidas para pensar nuestra universidad. Es preciso asimismo recordar las afirmaciones capitales de Córdoba, porque definen todavía la universidad humanista frente a la Universidad mercantil y tecnocrática. Las señalo:  Que  es necesario descolonizar las universidades para contribuir a la descolonización del poder, que la excelencia académica tiene que ver con la democratización de la universidad y con la forma de producción y difusión de saberes socialmente significativos y con la posibilidad sostenida de acceso y permanencia de los más pobres en las instituciones de educación superior; que se trata de no vivir ignorando componentes y aspectos de nuestras  propias sociedades para poder desarrollar nuestra sociedad de acuerdo a nuestras peculiaridades  y no como deslucidos reflejos de las sociedades europeas. Y, last but not least, que la universidad debe construirse como un valor imprescindible  en la lucha contra la opresión y la injusticia.

Hoy la universidad debemos, eso sí, pensarla con un horizonte de futuro. Estamos en un momento de la historia que nos plantea la necesidad de una profunda reflexión. Los grandes cambios en el escenario geopolítico,  acompañados de la revolución tecnológica  y epistemológica nos obligan a repensar muchas de las certezas políticas, culturales y gnoseológicas que compartíamos durante el siglo XX y que orientaban nuestra comprensión de la universidad ¿Cómo pensar la universidad latinoamericana a la luz de estos cambios en un horizonte de futuro? Si el futuro  es compromiso, es preciso abordarlos en el marco de cuatro compromisos a los que deben responder en el siglo XXI. Compromisos que no son cerrados sino que se solapan entre si: el compromiso nacional, el regional, el continental y el planetario: El nacional es la democracia y la equidad, el regional el desarrollo y la interculturalidad, el continental es la integración y el planetario es la globalización.

No se puede pensar la universidad sin tener un horizonte de futuro. De los años que hemos trabajado tratando de formular un proyecto para defender la universidad pública, me queda la impresión, que hemos pensado más hacia el pasado que hacia el futuro. Ahora bien, como dice un refrán boricua “La luz de adelante es la que alumbra”. Es posible que hayamos perdido el tiempo poniendo apósitos para tapar lesiones  y enredados en un baile de  términos: “que si bien público o servicio público”. Términos, que finalmente no significan nada mientras no tengan un respaldo institucional o no sean reivindicativos; es decir, no tengan detrás grupos de presión.

Ahora bien, justamente una de las características  más deslumbrantes de la modernidad es la aceleración del futuro. Vivimos el presente con un futuro perceptible y tenemos que pensar en un futuro presumible. El futuro se acelera y  renueva con cada generación. Quienes somos hombres del siglo XX, y estamos de allegados  en el siglo XXI nos cuesta ponernos al paso de esta aceleración. La  generación que vivirá el futuro previsible, no es ni siquiera la de mis hijos es la de mis nietos:  “la generación del milenio”,  la que nació en la década de los 90 y alcanza la mayoría de edad con el milenio. Por encima de todo se caracteriza por su uso desde la más tierna infancia de las nuevas tecnologías. Son multifacéticos y no son capaces de entender una explicación oral sin consultar su móvil  o el ordenador. Captan el conocimiento de manera muy distinta a  las generaciones anteriores. Se informan a pantallazos,   en un zapping  rapidísimo.  Han pasado del hábito de una lectura lineal al de  una lectura en mosaico : de información simultánea y dispersa como cuando se leen las portada de los periódicos, o se busca en Google.

Vivimos el presente con un futuro perceptible y tenemos que pensar en un futuro presumible.

El compromiso nacional: se expresa al menos 3 instancias vinculadas: democracia, equidad y proyecto nacional. De paso,  plantea el perfil del Estado: Es el Estado de Bienestar el que ha permitido que la universidad sea un servicio público, equilibrando su presencia con la autonomía.

No podemos pensar la democracia, especialmente en el Cono Sur de Nuestra América,  sin tener en cuenta que vivimos en sociedades con las más grandes desigualdades del planeta,  ni lo que fueron las cruentas dictaduras de la segunda mitad del siglo pasado.  La universidad latinoamericana en ese sentido tiene un compromiso fundamental, debe constituirse en un laboratorio democrático, de ponderación y análisis y orientación de la opinión pública para desarrollar políticas de equidad y para que no vuelva a surgir la tentación autoritaria.

La cultura autoritaria se desarrolló aún más allá de los regímenes autoritarios y se encuentra maquillada bajo diversas formas: el integrismo, el racismo, el sexismo. Como he hablado mucho en un libro reciente, El Dios de Pinochet, sobre integrismos y racismo, voy a ejemplificar con la cultura sexista. Las ideas sexistas sobre las funciones de género, tanto en el trabajo doméstico como en la vida profesional (discriminación en las remuneraciones) corresponde a una concepción autoritaria de la familia tradicional. En Iberoamérica desde Franco a Pinochet, los gobiernos dictatoriales han arremetido contra cualquier conato de liberación de la mujer, en gran medida porque se las asocia a su función reproductora, definiéndolas y fijándolas en el papel de ser depositarias de valores y virtudes (que por cierto no se le exigen al varón). Experiencias con niños del Norte Argentino para que dibujen a la madre, muestran que de inmediato reproducen la iconografía básica de la Virgen. De ahí su rechazo a las medidas de la contracepción que llegan con la democracia. Es idea sustancial de la familia patriarcal asociar la función reproductora a la sexualidad. Esta rémora culturalista aparece todavía hoy en el discurso del Papa Benedicto XVI y en el rechazo,  en defensa de una idea patriarcal de la familia,  de la asignatura de educación para la ciudadanía portadora de valores liberales y con una concepción modera de la pareja, decretada por el gobierno español.

La Universidad debe formar en la democracia. En  particular en sociedades donde existen “democracias imperfectas”:  Sociedades que vienen saliendo de dictaduras, auténticamente duras, o se encuentran enclaustradas en revoluciones inmóviles, sociedades que viven en el filo de la línea entre democracia y autoritarismo, democracias en que se ha instalado la corrupción… La historia se teje entre anécdotas y realidades. Recientemente en Guatemala la víctima de un asesinato Rodrigo Rosenberg,  acusa de su muerte desde la tumba al presidente Colom, lo que a poco se desmiente,  afirmándose  que fue el mismo Rosenber quien escenificó su muerte. Los militares de Honduras levantan al presidente en pijamas y lo meten en un avión para sacarlo del país. Si a estos dos casos agregamos los enfrentamientos de las comunidades nativas con las grandes empresas (caso de Bagua en el Perú) , tenemos que  en cuestionar la definición misma de la democracia; gobierno del pueblo.

La democracia nació con la Revolución francesa bajo la inspiración de los principios de  libertad, igualdad y fraternidad. El conflicto entre igualdad y libertad ha marcado toda la política de América Latina en el siglo XX y sigue dividiendo la región entre los proyectos de Chávez y Morales y el proyecto neoliberal, que entiende por libertades, fundamentalmente garantizar la propiedad privada y la sociedad de libre mercado, mismo a costa de la igualdad social.  La democracia no es sólo elecciones (legalidad), condición necesaria pero insuficiente. Implica asimismo la vigencia del Estado de derecho (legitimidad: implica las libertades y garantías de los ciudadanos). En el umbral del Bicentenario el ideal es todavía lejano. Sin embargo hay avances: Todos los gobiernos, salvo Cuba, han llegado al poder por elecciones.

La universidad del Bicentenario. Y la llamo así puesto que estamos conmmorando el nacimiento de las repúblicas latinomeircanas, que es también el de la universidad moderna, distinta de la Universidad colonial, arropada todavía en el trivium y el quadrivim medieval. La universidad del Bicentenario tiene que comprometerse con la democracia. Debe cancelar el espíritu dictatorial y ejemplificar la memoria. Es su función histórica y ética guardar la memoria. Sobre el olvido no se puede construir una auténtica democracia. Pero, no basta sólo con recordar. Es preciso saber. El recuerdo, a menudo, y sobre todo el recuerdo del recuerdo está demasiado contaminado por los mitos y por los imaginarios simplificadores de la historia. Cuando la memoria rompe su fidelidad con la historia la remplaza la imaginación. Y hace del pasado un permanente presente. Hay que saber medir la distancia entre el presente y el pasado. Y en este sentido la memoria debe estar permanentemente encauzada por la historia. Es función de la Educación mantener una memoria fiel acordando las luces y las sombrasdel acontecer. Evitar los desacuerdos de la historia que dividen el cuerpo social: la España en dos y enfrentaron dos Chiles, es tarea del pensamiento crítico.

Uno de los condicionamientos más fuertes de la memoria es el modo de tratar las dictaduras. O de no tratarlas. Para no hablar del pasado se dejan intactos los vestigios: La memoria de Bronce. Monumentos, santuarios, nombres de calles (En Chile, 11 de Septiembre) Cuando quienes detentan el poder ignoran intencionadamente aquéllos aspectos del pasado cuyo recuerdo pudiera hacer peligrar la convivencia, no hacen más que debilitar la convivencia. Toda sociedad debe saber vivir con su pasado..

Es necesario mantener no una memoria vindicativa, pero si una memoria paradigmática. Asentada sobre la justicia y que sepa medir bien las distancias entre el presente y el pasado.. Sólo sobre esas bases podemos construir una cultura de Paz. Porque la cultura de paz es una tarea privilegiada de la Universidad, Kant decía que la paz no forma parte de la naturaleza humana, que hay que instituirla.

El compromiso democrático no es sólo con la democracia  liberal, un individuo un voto, sino también con la democracia social y ética.  De la misma manera que hablamos de un desarrollo sustentable tenemos que pensar en una democracia sostenible. Hay materialidades  que no son compatible con la democracia. Por ejemplo no es compatible con ella el desequilibrio social ni  la pobreza. La democracia  aparece concretada en la Constitución,  cuando garantiza la igualdad de oportunidades y precisa su ecuanimidad ideológica, fundamentalmente asociada al Estado laico.  El mandato constitucional que garantiza la igualdad de oportunidades lo cumple el Estado a través de la educación pública.. Es la concepción de la educación superior como palanca del desarrollo, como recuperadora del capital humano cualquiera sea su condición social, lo que da el carácter de servicio público a la universidad.

La democracia ideológica es la tolerancia. Los integrismos tampoco son compatibles con la democracia. La mentalidad laica, que no se ve condicionada por ideas previas,  es la que mejor se adapta a la función crítica de la formación universitaria. Para la sociedad laica dios es de la esfera de lo privado. En los EEUU que sin  ser un Estado confesional es una país religioso y puritano como lo caracterizaba la famosa sigla WASP, el triunfo de Kennedy, primer presidente católico ya fue una acontecimiento, el de Obama es aún mayor, porque incluso se susurra la sospecha de que es musulmán. El multiconfesionalismo es un gran factor de Democracia.

Le educación en valores es parigual instancia democrática. Un capítulo fundamental  en este espacio es el compromiso ético. Un compromiso que la universidad debe considerar en su formación y que en grandes líneas comprende el respeto a la dignidad de las personas y los derechos humanos, el Estado de derecho, el pluralismo, la justicia, la solidaridad, la igualdad y la libertad.

Tampoco podemos dejar de pensar la democracia en el marco de la crisis ideológica que parece haberse desencadenado con la caída del muro de Berlín. Entonces los antagonismos de la Guerra Fría se eclipsaron y los esquemas políticos se desdibujaron, dejando paso a otros conflictos que, después del 11-S newyorkino,  redefinieron la geopolítica del siglo XXI: el choque de civilizaciones: con un conflito interno: los inmigrantes y otro externo: los integrismos. Ambos vinculados en el cauce de los fanatismos religiosos

Ni soslayar la crisis económica que esta sufriendo el planeta. . el proceso de desarrollo se ve seriamente afectado por la crisis. Aunque no se ha  desvanecido la ilusión de que los países emergentes iban a soportar mejor la crisis que los EEUU, Europa o Japón. . Según y coforme, los efectos son relativos de acuerdo a la estructura económic de cada país.  La caída del precio de las materias primas, añadida a la caída de las remesas, segunda fuente de ingresos en el caso de México y Ecuador, afecta seriamente a éstos y otros países de emigración masiva

Gran parte de la protección de cualquier país o zona económica frente a una crisis económica depende de su estructura fiscal y éste es un flanco particularmente débil en la región, Los ingresos fiscales apenas suponen el 23% del PIB, mientras que en los países de la OCDE llegan al 42% y la recaudación total por impuesto directo alcanza como media al 4% en la OCDE sobrepasa el 23%. l desacoplamiento de América Latina de los mercados del ciclo económico desarrollado, que se pensaba que podía protegerlos de la crisis,  se ha mostrado que no es posible. Factor derivado de la regulación fiscal es que  afecta directamente el financiamiento de la universidad pública

En América Latina la crisis deja en evidencia la ambigüedad política que se está viviendo. La crisis ha devuelto el protagonismo al Estado, que ha salido a apagar los incendios pero no ha tenido respuesta política precisamente porque vivimos una gran incertidumbre ideológica, pero hay una gran incertidumbre ideológica:  La derecha financiera está descalabrada, la izquierda tradicional, cada vez más ambigua,  parece haber entrado en un proceso de  deconstrucción como diría Derrida. Seguimos hablamos de gobiernos socialistas, cuando estamos seguros de que no hacen políticas socialistas. El significado de socialismo se hace cada vez más volátil. Por otra parte se presentan corrientes renovadoras como el neobolivarismo y el indigenismo andino, pero que van seguidas de un gran punto de interrogación.

Parafraseando a Kant que reflexionaba  sobre la paz, diría que la democracia  no forma parte de la naturaleza humana, que hay que instituirla,  y ese es un trabajo de nuestras universidades. Forma parte de esa osatura de la educación (tan olvidada hoy en las concepciones docentes neoconservadoras) que se llama formación y que es el esqueleto que sostiene la información y la hace pertinente.

La educación es lo único que puede consolidar la democracia en un mundo en que la mundialización desafía al Estado nación.

El compromiso  regional:   Lo componen el desarrollo y la interculturalidad.

Actualmente en América Latina  hay que distinguir 3 procesos políticos. A) Renovación de los sistemas próximos a los europeos, tanto de derecha como de izquierda, de Colombia y Perú, o Las socialdemocracias de Brasil y Chile, al menos hasta el término del período de Michèle Bachelet b) Procesos innovadores, Venezuela y el neobolivarismo o el socialismo bolivariano ¿A dónde conduce? C) El indigenismo andino, Bolivia. Un proceso, éste, que revisa la historia para recuperar el pasado cultural indígen:  en política, justicia, cultura, ciencia…. El discurso de Morales en la IV Cumbre Continental de Pueblos Indígenas el 29 de mayo 2009, es significativo: “Nos dijeron que hubo un descubrimiento cuando hubo una invasión, que hubo una conquista cuando hubo un genocidio y ahora nos dicen que quieren integración e insertarnos en la economía mundial cuando lo que quieren es saquear nuestras riquezas. Eso no quiere decir que no va a haber diálogo (No hay futuro en la soledad, y puede durar cien años) Más que una revolución, Morales sienta las bases para un verdadero diálogo de civilizaciones, para hallar puntos de asociación para el futuro,

El concepto de región es polivalente, puede abarcar varios países, un continente, una zona geográfica o una división administrativa. Puede comprender un mosaico de países que comparten una realidad étnica, tienen un vínculo cultural o una interdependencia económica.

En el marco del compromiso regional están dos cuestiones asociadas: la cuestión transfronteriza y la intercultural hay pueblos que son uno más allá de las fronteras. La zona aymara entre Chile, Perú y Bolivia ,  el Norte Argentino con Bolivia y Paraguay; México y Guatemala  hasta donde alcanza la zona maya.

Un capítulo relevante de la interculturalidad es el patrimonio intangible .  Patrimonio indígena,  implica un rescate y una reivindicación de las culturas sometidas por la conquista. El intento de desarraigo de las cosmovisiones indígenas comenzó con la conquista y la evangelización. Se continúa en la época republicana con  la idea de crear un estado nacional en cuyo interior se desarrolla una cultura nacional que es la cultura dominante a la que las otras tenían que someterse. Rescatar la cultura implica ir a sus fuentes primigenias y articularlas al pensamiento moderno, donde se escuchan voces hasta hace poco inaudibles. Voces que enriquecen nuestra sabiduría. Formas de conocimiento que han estado estigmatizadas con los nombre de superstición, magia o hechicería

El patrimonio intangible engloba lo más profundo de la identidad, de la cultura viva de un pueblo, de sus tradiciones orales, de sus manifestaciones culturales, su sabiduría. Una frase del escritor mali, Amadou Hampâté Bâ se ha hecho famosa: “En África cuando un anciano muere es como si una biblioteca se quemara”.

Sin duda que la cuestión fundamental del compromiso regional es el desarrollo. Decir que el desarrollo debe ser sostenible, sustentable y pertinente es ya un lugar común. Se repite que el desarrollo económico tiene que concebirse como un medio para alcanzar el fin, no como un fin en sí mismo y debe ser compatible con el uso sostenible de los recursos mundiales. Pero… La cuestión es cómo avanzamos en los hechos. El FMI constata que desde el 2006 la subida del precio de los alimentos ha disminuido notablemente el poder de compra en los hogares más pobres. El desarrollo sustentable reposa  igualmente en la diversidad cultural.  Ella es el  cuarto pilar de la política de la sustentabilidad.

Las políticas culturales son factores esenciales del desarrollo sostenible. La salvaguarda, conservación y protección del patrimonio cultural, se asocia con el desarrollo económico regional a través del turismo sostenible y la difusión de las artesanías.  La cultura es la que constituye la fuente y la finalidad del desarrollo, la que le da su impulso, calidad, sentido y duración. La que da un semblante a las promesas de futuro. Todo esfuerzo cultural que no se apoye en el potencial creador que ofrece la cultura, aparte de perjudicar el  intercambio, el dinamismo y el  diálogo de que se alimenta la diversidad cultural, está condenado al fracaso. En el marco del compromiso regional la cuestión  transfronteriza y la intercultural aparecen estrechamente asociadas. Desde el punto de vista cultural no podemos pensar en la realidad nacional limitándola a las fronteras.  Existen muchos nexos que hacen que un pueblo continúe en el país de al lado. En América Latina los casos son cantidad: Chile, Perú y Bolivia en la zona Aymara. El Norte Argentino con Bolivia y Paraguay. México y Guatemala  y hasta donde alcanza la zona maya;. Continuidad cultural encontramos en el sur de Brasil, en Uruguay y Entre Ríos, en Buenos Aires y Montevideo, Uruguay y  Río Grande do Sul, el Noroeste argentino con Chile y Bolivia; Cuyo con Chile… La cultura integra pueblos que sólo son cartográficamente fronterizos. zonas de intercambio cultura intenso; de particularidad cultural, unida por creaciones simbólicas, como es el Ángel del Arcabuz, el único Ángel parido y pintado en América. Arte artesanal practicado con rigor de icono en una geografía que recorre desde Ecuador, pasando por Perú y Bolivia, hasta los nortes de Chile y Argentina

La regionalización de los programas de acción, más concretamente en el ámbito del MERCOSUR, internacionaliza políticas y estrategias y permite afirmar a la vez identidad local y regional, superando los riesgos identitarios que supone la mundialización. La Conferencia Internacional de Educación en el año 2002, orientada a querer y saber vivir juntos (Cuadragésima Sexta Reunión de la Conferencia Internacional de Educación: “La educación para todos para aprender a vivir juntos[1]. Ginebra, septiembre de 2001) plantea resolver en el diálogo intercultural muchos de los problemas económicos y sociales generados por el dispar crecimiento entre los países de regiones como la nuestra.

Un pueblo consciente de la diversidad del origen de las distintas manifestaciones culturales que constituyen su herencia, debería encontrarse  en una mejor posición para mantener relaciones pacíficas con otros pueblos, para sostener un diálogo enriquecedor basado en el respeto mutuo. Sin embargo no ha sido así; el occidentalocentrismo y el racismo han desvalorizado el saber de otras culturas. Han llamado curanderos a sus terapeutas, barbarie a sus costumbres, primitivismo a su arte, lasitud a su inteligencia, supersticiones a sus creencias… En América Latina debemos apoyarnos en los valores de la identidad común, que recoge las diversas herencias culturales, para promover el desarrollo humano en paz, justicia y democracia.

Obama es un símbolo. Representa la línea de futuro del planeta, el triunfo del mestizaje y la  interculturalidad, como expresión del gigantesco movimiento de pueblos que estamos volviendo a través de la emigración, que recomponen nacionalidades y redefinen identidades. A fines del siglo XIX W.E.B. Du Bois, el primer graduado negro en la Universidad de Harvard, señaló que el gran problema del siglo XX sería “The color line”. En el siglo XXI acaba de traspasar esa línea y, con él, además de los afroamericanos, los hispanos, los chicanos, los asiáticos, los gay, jóvenes y viejos, la mujer y los indios. Afirmó que eran todos partes, en el marco de diferentes identidades, de un solo pueblo. Obama enseña asimismo la diferencia esencial que hay entre multiculturalidad e interculturalidad. La consigna de la multiculturalidad era “Iguales pero separados”, la de la interculturalidad es “somos más que la suma de las partes”. La interculturalidad nos lleva a dos temas fundamentales para América Latina, desde el punto de vista de la cultura y que tienen que asumir nuestras universidades: el ya visto de los pueblos que se continúan más allá de las fronteras y el del patrimonio intangible.

Pero el desarrollo debe ser también pertinente. “Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”]. Así se lee en el Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Comisión Brundtland: Nuestro Futuro Común). Mas brillantemente lo expresó en una época un sabio mapuche: “Vivimos en una tierra prestada por nuestros hijos y debemos devolvérsela como nos la entregaron”.

Al dar la vuelta al siglo XXI, particularmente iniciado en Bolivia con Evo Morales,  hay un creciente protagonismo político de los pueblos indígenas. Se habla incluso de una “nación indígena” en América del Sur y se actualiza una voluntad de reescribir la historia. La efervescencia correspondía asimismo a un rechazo del Consenso de Washington, que organizaba la integración de América Latina en el marco del proceso de globalización, basada en la liberalización de los mercados y en la privatización. El Consenso –desprestigiado igualmente hasta el hueso con la crisis- impuso el modelo económico hoy fracasado, que en vez de reducir las diferencias terminó  ampliándolas.

La universidad latinoamericana –en particular la universidad andina- debe hacerse cargo de estos cambios políticos, sociales y económicos y de la emergencia de los valores soterrados.

El compromiso continental:

Una asignatura pendiente de nuestros países es la integración.  La Idea de América Latina fue expuesta en el siglo XIX, más precisamente en 1856, por un filósofo latinoamericano nacido en Chile, Francisco Bilbao. Después se apropiaron de ella los franceses para legitimar,  en nombre de la “latinidad”,  su incursión en México. Nació la idea del espíritu progresista de la época, como bandera de la integración y para oponerse al imperialismo de los EEUU que acaban de despojar a México de la mitad de su territorio. No hizo cuestión de razas ni de regímenes; el concepto abarcaba a todos los abuelos de Nicolás Guillén: el abuelo blanco, el abuelo negro y el abuelo indio, a las repúblicas americanas y al imperial Brasil. En el siglo XX la idea fue llevada adelante por los intelectuales llamados “comprometidos”: Neruda, que escribía “América no invoco tu nombre en vano”, García Márquez que encontró la América profunda en las soledades de Macondo, y Cortázar, que unía América con Europa tirando un tablón entre las dos ventanas del océano para dialogar con la Maga. Y podemos seguir enumerando intelectuales, artistas y escritores que, desde el Río Grande al  Cabo de Hornos,  se comprometieron con la idea. Intelectuales como Roa Bastos,  quien con Yo el Supremo puso a Paraguay en el mapa literario de América Latina. Podemos hablar del “cinema nòvo” y,  en fin,  de tantos artistas que quisieron darle imagen  a Nuestra América. Ellos nos enseñaron a ser latinoamericanos. A ver la realidad desde nuestro horizonte y no desde la atalaya ajena. Al afamado pintor chileno Roberto Matta le preguntó un crítico: “Ud, Matta, ¿se reconoce como surrealista?”. “No, -respondió Matta- Yo soy un realista del sur”. Y aquí pasamos a la otra ruta. Al destino que damos al saber para servirnos de él adecuadamente, al proyecto. El proyecto de nación, el proyecto democrático, el proyecto de integración. Ese destino es un norte y nuestro norte es el sur. Debemos ser realistas del sur. La cultura latinoamericana sólo tiene sentido en la medida que implica un espacio de solidaridad y progreso en el que millones de individuos se reconocen en un ámbito común en el cual se construye una sociedad más justa y un futuro prometedor.

América Latina es un continente “cósmico” en que se citan diversas identidades de extensión continental, junto a Hispano América, Latino América e Iberoamérica, existe una Afroamérica y una Indoamérica. Desdeñadas por la historia han sido mayorías étnicas y minorías cívicas. Pero, constatamos que con el nuevo milenio comienzan  levantar cabeza y,  el indigenismo andino, que es un rico pero confinado  patrimonio cultual, empieza a ser reconocido y protegido y ocupa un gran espacio en el concepto de “patrimonio intangible” que acuñó la unesco. Al mismo tiempo, es combatido. El conflicto de civilizaciones que profetizó Huntington, con el fin de preservar el nativismo blanco en los EEUU, parece haber encontrado un mini escenario en Bolivia.

Sin embargo,  hay algo que mantiene la cohesión de este taraceado. Y no es otro que la cultura, una cultura que reposa sobre la lengua. Miguel de Unamuno declaraba “La Lengua es una patria” Y en esa línea se tendió la idea continental. Todos los grandes escritores latinoamericanos desde Bello a Neruda, García Márquez y Cortázar… afirmaron la idea.

¿Y el Brasil? Consecuencia del proyecto colonizador portugués, el encuentro de Brasil con la cultura fue más tardío que en la América española. Un solo dato es significativo. La Primera Universidad en América, la Primada de Santo Domingo, fue fundada en 1538, la primera Universidad brasileña  se discute si fue la UFPR que vió la luz en 1912, a través de un conjunto de escuelas profesionales o  la USPI  de Sao Paulo, fue fundada en 1934.  En todo caso haya 400 años de diferencia entre el modelo hispanoamericano y el brasileño. Significativo es que el Acta de fundación del Brasil contemporáneo, la firma un gran evento cultural. “La Semana de Arte Moderno” de San Pablo en 1922. Brasil nace mirando el modelo francés, se codea con Le Corbusier, Lévy Strauss, Blas Cendrars y otros, pero con un sentimiento caníbal, como propone  el Movimiento Antropofágico: “devorando la modernidad y devolviéndola brasileña”. Todavía en esa época, por su pasado colonial,  mira más hacia África que hacia el resto de América. Son reveladores hechos político-culturales.  compartidos por toda Iberoamérica los que lo hacen volver la mirada hacia sus vecinos e integrarse en la identidad continental: el cinema novo, la teoría de la dependencia y la teología de la liberación. Un connotado sociólogo que nomadizó el continente, Darcy Ribeiro acuñó el término de acercamiento en un lenguaje comunicante: el portuñol

Acercanza es una palabra de la  que nadie ha documentado su uso desde 1494, y que, en una reciente reunión de los Académicos de la lengua (creo que todavía en el 2009),  estuvieron a punto, de sacarla del diccionario porque no se usaba desde que Colón desembarcó en América. La  palabra,  que además tiene un toque afectivo quiere decir: “De acercar. Proximidad. Relación”. Felizmente se opusieron  algunos ilustres académicos  y la palabra quedó ahí para recordarnos una asignatura pendiente en la agenda política latinoamericana  y en la de sus universidades. El compromiso continental es la acercanza, tanto en política como en educación superior. Construir un espacio académico de Educación Superior latinoamericano, no es solo fundamental para las universidad, es relevante para hacer avanzar la integración política. He criticado mucho la Declaración de Bolonia por su carácter deshumanizador de la universidad y por el peligro colonialista que implica para América Latina copiar ese proceso, pero, de otro lado, debo reconocer que es un gran proyecto para Europa, uno de los más importantes aportes de este siglo a lo que es la construcción europea.

América Latina tiene esa ventaja sobre Europa, puede que la única, una identidad cultural común evidente, basada en la lengua,  como palabra y lenguaje, como imaginario cultural que nos une, y  que hace que todos nos emocionemos escuchando un bolero “usted me desespera, me mata me enloquece y hasta la vida diera… o nos desconsuele un tango: “Partió un noche …” En América Latina la identidad nacional está doblada por la identidad continental. Por la cultura, tal como la  precisó en su punto primero la Declaración Final de la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre políticas culturales, que se celebró en México en 1982: “Cada cultura representa un conjunto de valores únicos e irremplazables, ya que  las  expresiones y formas de expresión de cada pueblo constituyen su manera más lograda de estar en el mundo”.

La integración académica. Implica la defensa de un patrimonio del que nadie habla: el patrimonio profesional, que no es lo mismo que el patrimonio gnoseológico. El saber y el conocimiento debe estar al alcance de todos. Es la aplicación del conocimiento lo que puede transformarse en un bien de mercado. Podemos aceptar que en un país tan pobre como Haití, tan maltratado por los elementos los elementos y la historia,  tan necesitado de profesionales de la salud como lo ha demostrado el reciente terremoto, el 80 por ciento de médicos y personal paramédico formado con los fondos de los contribuyentes haitianos partan a trabajar a los EEUU. No tengo cifras de América Latina, pero si las tengo de África y son aterradoras. :Cada año 20.000 profesionales de la salud emigran de África. Hay más médicos del Benín trabajando en Francia que en el Benin. Al traer médicos de África los países ricos economizan el coste de su formación. Se calcula que Gahna ha pedido €1999 millones en gasto de formación de personal de la salud, que emigro terminado sus estudios. Y piénsese que el coste formación de un médico en los  países ricos es diez veces superior. Al mismo tiempo la tasa de mortalidad infantil de niños de menos de un año es 1 de cada 10 en África, mientras que en Francia es 1 de cada 200.

La voluntad de integración recorre alegremente todo el continente. Las realidades son, sin embargo, menos risueñas. Nuestra América navega todavía en incertidumbres agobiantes y los procesos de integración viven momentos de crisis en las  fronteras de múltiples organizaciones continentales: SICA, CAN,MERCOSUR, UNASUR…

¿Cómo se sitúa la universidad latinoamericana frente al compromiso continental? Es una urgencia. Y tenemos premura porque cada vez quedará más de manifiesto que la estrategia unilateral resulta extremadamente costosa mientras que la cooperación ofrece soluciones más eficaces y duraderas. Se trata de configurar estrategias comunes que organicen los agentes sociales en beneficio de nuestro propio interés. En ese sentido debemos crear  un espacio de educación común: el espacio latinoamericano del conocimiento, que reconozca la diversidad y pluriculturalidad de etnias de todas las regiones de América Latina. Un espacio en el cual, a semejanza de lo que establece la Convención para la protección de la diversidad cultural de la UNESCO, del 2005,  la educación, como la cultura, no sean tratadas  exclusivamente desde la perspectiva de su valor comercial. Un espacio que sea asimismo capaz de integrarse a nivel global, porque ese es el ámbito en que las culturas han de convivir. De lo contrario, si queremos actuar en solitario, nos arriesgamos a quedarnos al margen en un mundo que es cada vez más interdependiente.

Creo que en pocas cosas hay que seguir modelos ajenos; pero, en el terreno de lo práctico es conveniente que el sistema sea compatible con los que existen en Europa y en los países anglosajones. Al crear ENLACES (El Espacio Latinoamericano de Educación Superior) en la reunión de Cartagena de Indias (2008), se pensó, no en encuentros ocasionales, sino en una auténtica política de integración que consiguiera  homologar los estudios para facilitar la libre circulación y el intercambio de estudiantes. Si queremos avanzar en la integración hay  que instaurar el Sistema Latinoamericano de Transferencia de Créditos    (SLATC)  y estructurar las titulaciones en un triple ciclo, de grado, posgrado y doctorado, equiparables en todos los países y también fuera de América Latina. Esto permitirá aumentar la tasa de movilidad de nuestros estudiantes que en América Latina es limitadísima. Por otra parte, la idea de tronco común con asignaturas en mosaico -eventualmente un año- se impone cada vez más para dar el marco de valores a la formación profesional y ofrecer a los alumnos la posibilidad de rectificar sus opciones.

En realidad tenemos que avanzar en el Bicentenario con una propuesta para  relanzar la idea de América Latina en todos los campos. Una propuesta que implique a la universidad, que tenga en consideración el mundo y el momento que estamos viviendo para pensar nuestras prioridades éticas, intelectuales y científicas, que prevea a las transformaciones del conocimiento y las integre en las curricula y en los métodos docentes. La propuesta universitaria del Bicentenario debe apuntar a formalizar  una universidad que comprende que así como tenemos que abrir los saberes a la transdiciplinaridad, tenemos que extender la docencia superior a la transuniversidad para aprovechar al máximo nuestros recursos académicos, compartir las excelencias del saber de nuestras casas de investigación y estudio,  y  hacer de la universidad un auténtica palanca del desarrollo continental y de la integración social multicultural. Partiendo para esto último de dos conceptos que la ideología de libertad de mercado ha dejado de lado: el de justicia y el de solidaridad.

Si estamos convencidos de que nuestro futuro planetario está en la integración, la universidad debe comprometerse con ese destino en una política de cooperación académica. Como escribí en Siete preguntas a la educación superior del siglo XXI “Incluir en los curricula del futuro la creación de redes temáticas, multidisciplinarias y asociativas de universidades, destinadas a responder y anticipar los desafíos sociales, a desarrollar la pertinencia de la investigación científica, formando a las nuevas generaciones en concepciones mucho más amplias, que abarquen e integren el conocimiento de la historia, la literatura, la cultura alfabética y visual, las ciencias y las artes en estructuras comprensivas de todo el continente latinoamericano; ordenaciones que les hagan sentir que tienen una identidad común. A diferencia de la destreza profesional que se adquiere en el claustro de una especialidad, el conocimiento creativo es una obra abierta, de ingeniería. Consiste en saber tender puentes entre la vida, las artes y la ciencia

El Bicentenario –más allá de la retórica conmemorativa- debe comprometerse en  echar las raíces de la identidad latinoamericana. Y, si se cree -.como yo creo-que estas raíces están en el futuro. Debe formular un proyecto continental, de integración democrático basado en nuestra multiculturalidad y sellada por la cultura de paz y en la lucha por la igualdad de oportunidades que es lo único que puede garantizar la paz social. Una lucha que tiene que asumir la universidad, en particular en países como los nuestros donde hay tantas diferencias sociales y étnicas que salvar: Un proyecto que sólo puede garantizar una universidad que no esté ni bajo la torre de marfil ni bajo la torre del shopping, sino que esté en la plaza pública, que, desde los griegos,  ha sido el espacio ciudadano por excelencia. Un proyecto de integración democrática que comprenda a todos los abuelos de nuestra América, .al abuelo indio, al español, al negro y al emigrante

El compromiso planetario: La globalización: Una nueva visión del mundo, un nuevo imaginario político y cultural surge cuando la historia cancela  la geopolítica bilateral marcada por la guerra fría. La irrupción del mercado, presentado como árbitro de la política y generador de valores, modelos sociales y culturales, hace que conceptos políticos como los de izquierda y derecha sean hoy preciso redefinirlos. Y si pensamos concretamente en el campo universitario nos encontramos con que el concepto mismo de universidad parece cambiar. La idea de universidad física se diluye en la  de universidad virtual; el concepto de docencia pierde sus competencias para transmitir conocimiento. El conocimiento está a la mano, en cualquier espacio y en el click de una tecla. Y si el docente no se califica por la transmisión del conocimiento tiene que definirse por una nueva función. En el marco de la economía del conocimiento le basta con transformarse en “coach” en prácticas fundamentalmente económicas. En el campo de la sociedad del conocimiento -y distingo claramente entre los dos proyectos-: debe volver al maestro. Formar para configurar masa crítica. Investigar para renovar el conocimiento y desarrollar criterios de pertinencia y ética para proyectarlo en el contexto nacional y social. Por encima de la trama de los saberes  debe enseñar a pensar y a relacionar el conocimiento, sólo así es posible formar intelectuales, profesionales y  científicos creadores que son los necesita la sociedad, la empresa, la nación y América Latina para enfrentar el siglo XXI.

El conocimiento mismo toma nuevas formas. Por una parte cuestiona la sabiduría encapsulada en el concepto de especialidad y se abre a la mutildisciplinariedad en una concepción de los saberes comunicantes, multi- o transdisiciplinaria, donde los conocimientos se comunican  sin “reducirse”. Se desmitifica la certeza ontológica de la ciencia, que llevó a la reflexión humanista por los senderos de la imitación para travestirse en ciencia positivista, cerrándole el camino  a la interpretación. Un cientifismo mal entendido llevó a los humanistas a forzar el lenguaje científico y a caer en un absurdo y desorbitado mar de citas, una enfermedad que en otro lugar he llamado citorrea, donde los árboles no dejan ver el bosque, donde las referencias al pensamiento ajeno no dejaban ver el propio. Se cambió el citar por el pensar.

Es preciso reconocer la existencia de un  nuevo humanismo que aune, en la reflexión,  las ciencias y las letras. Un pensamiento que se ejerce en el cruce disciplinario entre todas las ciencias, una forma de mestizaje intelectual – Personalmente adoro los mestizajes- que reivindica la filosofía, en la medida que ella tiene como función trazar mapas de la realidad. Platón definía al filósofo como el synoptikós: el que tiene la visión de conjunto, el que señala lo pertinente y lo relevante y esboza nuevos imaginaros, cosmovisiones provisorias, pero  coherentes. El desarrollo del conocimiento humano es multidimensional y dependiente del contexto. Hay que acostumbrarse a una forma nueva de pensar que comprenda  las especializaciones también por sus relaciones. El conocimiento y la cultura se renuevan desde la interfecundación de distintas disciplinas. ¿Cómo se compone en este marco el conocimiento? En una combinación de formación humanista y habilidades profesionales. En una integración del saber en equipos multidisciplinarios La multidisciplinaridad será cada vez más necesaria en la lógica de la transmisión digital de la información- La permeabilidad entre la ciencia, el arte y las letras  es una exigencia del aggiornamento académico. Se equivocan quienes contraponen las ciencias a las humanidades y al arte. Todo forma parte del mismo forcejeo: La persecución de lo real

Es a nivel global  que las culturas han de convivir. Así, buscar soluciones para la convivencia es una tarea común que muestra la importancia de la interdependencia.  Cuestión: ¿Qué hacer cuando entran en conflicto distintas cosmovisiones?: la condición de la mujer, el velo, la ablación del clítoris, la justicia, etc. Si es sólo un símbolo (¿el velo?) no parece legítimo prohibirlo en sociedades pluralistas.

La uniformización que generan las sociedades mediáticas de masas y la globalización constituye una amenaza para la identidad política de los países y  de fragilidad para la autonomía de la creación cultural.  Frente a esta amenaza se ha reaccionado reivindicando el derecho a la diferencia. Proceso que va desde la excepción cultural hasta la condición multicultural de sociedades como son las de nuestros países mestizos y que toma en consideración los aspectos pluriculturales que representa la generalización del fenómeno migratorio.

Hay diversas formas de entender el pluriculturalismo, pero hay un fondo claro, debe basarse en el diálogo intercultural que respete todas las culturas. Toda cultura tiene riquezas. El diálogo comienza en la educación.

Multiculturalidad e Interculturalidad no son conceptos sinónimos. El Multiculturalismo es una afirmación múltiple y diferenciada de las culturas, que tiende a enquistarse en colectivos cerrados que componen una sociedad fragmentada y terminan por enfrentarse entre sí. Apuesta por la coexistencia (un modus vivendi)  de los diversos grupos, reconociendo que tiene  derecho a mantener sus diferencias y a participar en la vida común. Es una fórmula que aplica el Canadá desde 1970 fomentando la polietnicidad y no la asimilación de los inmigrantes. Esa es la diferencia con la interculturalidad.  La única forma de evitar la fragmentación y las rivalidades de los diversos grupos es englobarlos en un proyecto colectivo y solidario  que cree conciencia común de pertenencia ciudadana. En ese sentido la interculturalidad es una forma de poner las raíces de la identidad en el futuro. La Esperanza de futuro apacigua los resentimientos del pasado.

Dado que la cultura transmite la condición humana, siente la obligación de avizorar el futuro. Tenemos que diseñar una política cultural que contenga la integración nacional, regional y continental, y que se enmarque en el cuadro planetario desarrollando el concepto de paz y solidaridad latinoamericana y la internacionalización de las peculiaridades y excelencias de los diversos grupos y naciones que nos hagan más ricos y más sabios.

Desde estos compromisos es preciso pensar el futuro: Ortega y Gasset  comentaba que “lo malo de la vida humana  es haber nacido ya”. En realidad siempre llegamos tarde al futuro, por eso tenemos la responsabilidad de pensarlo y construirlo para las generaciones que nos siguen y que están en condiciones de alcanzarlo a tiempo.

Pero, ¿Podemos hacerlo? ¿Está en el marco de nuestras responsabilidades construir una universidad que pueda responder a estos cuatro desafíos: que amplié la democracia, desarrolle la pertinencia del conocimiento para avanzar en el desarrollo regional y que privilegie los estudios culturales para acompañar el proceso de mestizaje en marcha. Una universidad que sirva de basamento al proceso de integración latinoamericana y que trabaje en construir nuestra sociedad del conocimiento?

Hoy más que nunca es necesario pensar la universidad desde una filosofía. Eso le da su singularidad en tanto expresión latinoamericana. Pero la filosofía en su sentido más original, según la definía Sócrates en el Eutidemo de Platón: como “el uso del saber para ventaja del hombre”. Lo que quiere decir que de nada sirve la ciencia si no sabemos servirnos de ella.  Es pues desde una  filosofía que se plantean las preguntas sobre el  saber de la Universidad y desde una praxis desde donde se interroga sobre su función formadora y profesional. Pero “saber servirse” alude también a la pertinencia. En realidad es desde una filosofía desde donde nos planteamos la pertinencia del uso del saber.

Wittgenstein en el Tractatus Logico-Philosophicus define la filosofía como una actividad de reflexión critica que pretende aclarar el intelecto y eliminar el sinsentido. No hay mejor definición de la pertinencia.

Hay que enseñar a pensar en latinoamericano. Sólo el pensar por nosotros mismos puede generar pertinencia. El conocimiento se teje sobre una doble urdimbre: la erudición y la familiaridad. He criticado repetidamente lo que llamo la exterioridad interpretativa, los modelos que nos impone desde fuera sugiriendo conocer nuestra realidad mejor que nosotros. Nosotros mismos en nuestra aulas a menudo reproducimos un “colonialismo académico” en la medida que enseñamos más a citar que a pensar. Es preciso formar en el pensamiento critico. Los años que he enseñado en universidades europeas y visitado universidades estadounidense me han hecho comprender la importancia que para el conocimiento tiene la familiaridad. He visto como la erudición sin familiaridad conduce a las más peregrinas interpretaciones de la realidad ajena y a la más superficial comprensión. Visiones alienadas, sin sensibilidad, que luego,  desgraciadamente, son reproducidas por nosotros mismos como consecuencia del colonialismo académico     Señalando las tres grandes facultades del espíritu humano: la sensibilidad, el entendimiento y la razón, Kant rehabilita la sensibilidad, desterrada de la República desde Platón, acusada de ser la fuente de todos los errores. Sensibilidad es el factor de percepción que subyace debajo del concepto de familiaridad que yo destaco en la validez del conocimiento, Es la materia prima del saber. Son las intuiciones y las percepciones particulares nacidas de la experiencia. Es un marco que da sentido al conocimiento en relación como este se sitúa en el tiempo y en el espacio. Sin estas formas a priori de la sensibilidad no es posible percibir nada ni conocer nada. Son las bases de la pertinencia que en definitiva no es otra cosa que el pensamiento crítico. El pensamiento crítico no significa demoler la razón sino por el contrario, reforzarla determinando con precisión su campo de aplicación legítima.

Es importante asimismo  no confundir la sociedad del conocimiento con la economía del conocimiento, que es la orientación que ha dominado hasta hoy en las universidades europeas, después de la Declaración de Bolonia y  de acuerdo a las expectativas del Tratado de Lisboa, y que subordina la universidad al mercado. La universidad debe comprender que este modelo de Educación Superior  también debe repensarse luego de la caída del sistema financiero.

Por otra parte nunca hemos tenido mejores condiciones de hacer realidad la posibilidad de crear una universidad latinoamericana. Esto está ahora perfectamente a nuestro alcance si la pensamos como una universidad virtual, que además podría establecerse on-line sobre grandes redes multidisciplinarias de profesores y estudiantes de distintas universidades. La formación on-line está  consolidándose como una alternativa a la enseñanza presencial. Por otra parte puede ser también un buen medio  de financiamiento universitario. Aunque los precios de los máster varían mucho un MBA en Global Executive cuesta €89.500 y como anécdota otro en Derechos humanos y democracia €4.200.

Por razones académicas, incluso financieras nuestras universidades no pueden permitirse formar nuestros alumnos en grado y perderlos en el posgrado. Una idea nebulosa del prestigio hace que los estudiantes prefieren los posgrados españoles, incluso en Universidades cuya calidad  reconocida está a menudo por debajo de las nuestras. Para retener y atraer a los estudiantes, no basta con desarrollar la calidad, es también necesario  destacar el  prestigio de las universidades. Retener a sus estudiantes y su secuela, retener  a sus profesionales,  va a ser una importante tarea del siglo XXI,  de las universidades de la periferia para avanzar en su desarrollo y responder a las necesidades sociales y creativas de nuestros países. Se dice que el capital humano será la gran riqueza del siglo XXI.  No podemos permitir la diáspora de profesionales formadas con el dinero de los contribuyentes. No es posible, que  como en Haití, el país más azotado por la miseria y las calamidades y más necesitado de atención m médica, más del 80% de los profesionales en salud, emigre hacia países ricos. Nuestros países no pueden permitir que como en África (ni África tampoco) se pueda calcular en miles de millones de dólares o de euros lo que pierden los países en formación de profesionales que,  apenas titulados,  parten a ejercer en los países ricios. Cuando reflexionamos sobre el posgrado, hay que tener claro que el posgrado puede ser, y es, un primer paso hacia la evasión. Reforzar el prestigio de los posgrados en nuestras universidades, es pues, una tarea imperiosa.

 


[1] (Cuadragésima Sexta Reunión de la Conferencia Internacional de Educación: “La educación para todos para aprender a vivir juntos” Ginebra, septiembre de 2001)