Las Meninas y los códices precolombinos

¿Sabía usted que cuado contempla Las Meninas  en el Prado estía parado al lado de los reyes?

En efecto, justamente la originalidad de Velázquez consiste en haber concebido un retrato de La Familia Real en que los posantes no figuran. « Familia Real » se llamó orginalmente la obra; Sólo después comenzó a llamarse “Las Meninas”, aludiendo a las jovenes camaristas que rodeaban a la rubia infanta Margarita. Los reyes stán del otro lado del cuadro: junto al espectador. Si se sabe quiénes son es porque se reflejan en el espejo del fondo. Velázquez logró en esta obra lo que los artistas pretendían desde el Renacimiento, cuando se precisó una construción geométrica que permitía dar la sensación de que había profundidad, planos y distancias en una superficies de dos dimensiones como es la tela del pintor, cuando la pintura por un efecto de trampantojo, se transformó en una ventana en el muro…¿Qué pretendían, pues, los pintores? Completar el efecto mágico de la pintura, unir la ilusión con la realidad: la apariencia de una tercera dimensión, con la real profundidad del mundo exterior, que el espacio del cuadro se continuara en la vida. En las Meninas uno se pregunta: ¿dónde termina el cuadro, donde comienza la realidad? ¿El espectador mismo no hace acaso parte de él, puesto que est  codo a codo con la pareja real que pinta Velázquez.

Nada    demuestra mejor lo que culturalmente fue el encuentro o el choque de dos mundos, que comparar Las Meninas, donde culmina la estética del barroco (Recuadro: barroco), con las pinturas precolombinas

Conocemos las pinturas precolombinas por los murales que se han encontrado en algunas antiguas ciudades mayas y aztecas y por los llamados códices, especialmente por estos últimos. Se conservan menos de 20 códices prehispánicos, los otros que se guardan en museos y bibliotecas son postcolombinos. Fueron hechos gracias a la solicitud de los monjes y la memoria de los indios, que trataron de conservar las historia de los pueblos vencidos.

Uno de los más famosos es el Codex Nuttal. Llamado así porque fue descuberto por Zalia Nuttall. El manuscrito mixteca formó probablmente parte del presente que Hernán Cortés envió en 1519 a Carlos V. En el inventario dice: “dos libros de los que tienen los indios”  (Recuadro Mixteca: Este manuscrito viene de la región hoy llamada Oaxaca, región en que se hablaba la lengua mixteca). Se trata de una larga tira de papel con pinturas en ambos lados que se pliega como una acordeón. Cada página esta dividida en bandas verticales u horizontales con una serie de figuras que se leen como un cómic. Se trata de una teogonía, puesto que las historias de los ancestros divinos prologan la historia terreste. Historias de reyes, de las cuales las primeras datan de aproximadamente el siglo VII de nuestra Era.

Si comparamos la hoja del sacrifdicio del códex con Las Meninas, las diferencias de lenguaje saltan a la vista.

Velázquez trata de recrear lo real, trata de dar la ilusión del mundo en que vivimos. Para ello pinta un espacio con “profunidad”, utliza la perspectiva matematica que crearon los renacentistas y en la que todos las líneas (llamadas líneas de fuga) del cuadro convergen en un punto (llamado igualmente “punto de fuga”): como las dos líneas de  arboladas de una alamede que convergen en un punto en el horizonte. Para crear este espacio se tiene que suprimir el tiempo. Es la visión de una milésima de segundo. Lo primero que le dice el fotógrafo a su modelo: es “No te muevas”, porque si no la foto sale “movida”.Porque la cámara fotográfica est hecha con los mismos principios del espacio matemático.

En cambio, en la imagen mixteca se incluye el tiempo. Es como un címic, sólo que no hay una rejilla que nos permita pasar de un instanta a otro. Son muchos los que se equivocan interpretando las imágenes de los códices o de los murales precolombinos como un único espacio unido en el tiempo, como una escena,  un acontecimiento en el que parricipan disintos personajes. Pueden distinguise dos o más actores, pero eso no signfica que compongan una escena, que se interpelen. Y no se interpelan porque pueden estar en distintos momentos, separados no por el espacio sino por el tiempo. Puede incluso ser un único personaje que se desplaza, dejando su imagen en la historia del códice como una cronofotografía. Si supieramos cómo ponerles una rejilla, lo leeríamos sin dificultad como en los cómics.

Velázquez queriendo recrear la realidad da a sus objetos y seres, los que le parecen ser sus “verdaderos colores”, reales, lo que llamamos “el color local”: es decir un  árbol tiene tronco marrón y hojas verdes, la nieve es blanca y el césped verde…; sus personajes son facsímiles, y hay en ellos una idea de belleza o de fealdad.

En el códice Nuttall, en cambio, no hay nada de esto. Los colores son simbólicos, y cada personaje tiene el que corresponde a su condición. Nadie es retrato de nadie, porque todos son iguales, el personaje es una función: sacerdote o víctima. Y, finalmente, la idea de belleza en cuanto arquetípo físico no existe en la pintura precolombina. No es un pintura para ser contemplada por su belleza, ni siquiera se puede decir que es arte, es un libro sagrado. La imagen participa en los ritos cósmicos: en ella puede leerse el pasado, pero también el futuro, porque para los mexicanos: la historia era una enorme rueda que daba vueltas y el futuro avanzaba hacia el pasado.

Cuán difícil puede haber sido el encuentro entre dos pueblos, lo demuestra esta simple comparacion de lenguajes plásticos ¿Cómo dialogar cuando todas las premisas son diferentes? ¿Cómo hacer comprender el valor de un arte que contradecía en todo al del conquistador? Porque éste finalmente impuso su estética al vencido. Lo necesitaba para que fabricara para él iglesias y pintara sus santos. Eso que llamamos “arte colonial”.

Ha sido necesario esperar algo más de cuatro siglos, hasta cuando las vanguardias incorporaron el lenguaje de las artes llamadas “primitivas”, para que se produjera el verdadero diálogo de civilizaciones -porque lo que digo vale igualmente  otras gramáticas formales diferentes de las de Occidente, para que el diálogo estético estableciera una pimera alianza entre el Occidente y las otras civilizaciones.