La Semana de Arte Moderno o los orígenes de la cultura contemporánea en Brasil

La idea  de lo “Novo”, es decir, del Brasil contemporáneo, se incia con la Semana de Arte Moderno. Se inaugura con la conferencia de un filósofo en Sao Paulo en 1922 y culmina con el discurso de un presidente frente a la nueva capital, Brasilia, en 1960.

Unidos a los músicos y a los artistas plásticos, los escritores organizan en Sao Paulo,  entre el 13 y el 17 de febrero de 1922, una Semana de Arte Moderno. Quieren marcar con un nuevo espíritu el Brasil en la celebración del centenario de su Independencia. La “Semana” se abre con una exposición en el Teatro Municipal y con  un discurso: Graça Aranha explicó esa noche las “idéias novas”, A muchos de vosotros ‑dijo‑ lo que aquí se expone puede pareceros un conglomerado de horrores, pero esas pinturas extravagantes,  esa música alucinante y esa poesía desarticulada son una maravillosa aurora. Representan el nacimiento del arte en Brasil

¿Qué se proponía la Semana? En primer lugar romper con  el pasado colonial que era ajeno a las realidades brasileñas. El arte oficial era académico y representaba los valores y las ideas europeas del siglo pasado. Mientras la pintura y la escultura se estancaban en las concepciones naturalistas e idealistas y en los temas históricos, mitológicos y religiosos, la literatura se fatigaba en el discurso “parnasiano”. Si Oswaldo y Mario de Andrade, desde su regreso de Europa, van a luchar a brazo partido contra el “passadismo” literario y el arte “pompier”, es Anita Malfatti quien en pintura escandaliza las buenas conciencias estéticas. La ruptura con el pasado implicaba atrapar el retraso cultural del país, a la vez que una búsqueda de  la identidad nacional. Por una parte, se desenterraban las raíces no sólo brasileñas, sino americanas (Moya  y Przyrembel presentan un proyecto arquitectónico de inspiración azteca) y, por otra parte, se buscaba la actualización; digamos ya el nombre que conviene la ‘modernización”: del Brasil en relación con las vanguardias extranjeras. La síntesis de estos términos, que parecían antitéticos, debía realizarse a través de un acto de canibalismo. En Brasil debían fagocitarse las vanguardias extranjeras de acuerdo con las realidades nacionales. Este será el principio de un movimiento posterior: “ el movimiento antropofágico”.

Punto de partida de otra forma de concebir la creatividad, la “Semana” inicia el arte y la literatura actuales en Brasil.  En poesía, el modernismo va a dar al traste con una poesía métrica y estática, introduciendo versos libres, chistes y otras formas de humor. Y si reivindica lo autóctono, no vacila en apropiarse de todas las técnicas literarias nuevas. Las vanguardias europeas van a desempeñar un  papel decisivo en el descubrimiento del nuevo Brasil. No sólo como influencias. Oswaldo de Andrade lleva al Brasil el futurismo de Marinetti; sino, incluso, directamente, apoyando la mirada que podía encontrar lo propio: Mario de Andrade descubre l “primitivismo” en los talleres de Picasso y Brancussi y en la frecuentación de Tristan Tzara y Blaise Cendrars. Es Cendrars, quien en su viaje a Brasil, en 1924, fascinado por el pasado colonial de Minas Gerais y por el Aleijadinho, va a influir en Oswaldo de Andrade y otros  artistas e intelectuales, para que ellos encuentren su propia cultura en lo popular, lo folclórico, lo indígena, lo primitivo.

Los principios nuevos se reiteran a lo largo de la década: en el manifiesto “Pau Brasil” de O. de Andrade, en los escritos de Graça Aranha, en las pinturas ‘tubistas‑tropicales`´de Tarsila d’Amaral… En 1924 el Manifiesto “Pau Brasil”,  con la divisa `tupi or not tupi´, marca el inicio de una `poesía de exploración’ que escarba en las tradiciones populares e intenta la síntesis de la cultura tradicional con la sociedad moderna y técnica. Este espíritu se continúa en el “Movimiento antropofágico”, que publica sus manifiestos entre 1928 y 1929. La divisa es buscar las fuentes de la tradición brasileña anterior  a la colonización. Se hacen estudios sociológicos sobre el negro y el indio, expresiones del folclore y de las tradiciones populares.

En 1927‑1928 Warchavchik construye la primera casa de estilo moderno: la ‘Vila Mariana’ en Sao Paulo. La nueva corriente es estimulada por la llegada a Brasil de Le Corbusier en 1929 y Frank Lloyd Wright en 1931, que participó en reuniones con Warchavchik y su entonces asociado Lucio Costa. Dos años más tarde se inaugura en Rio de Janeiro “la Exposición de Arquitectura Tropical”, y en 1937 se encarga la construcción del Ministerio de Educación a un grupo de arquitectos de las nuevas tendencias. La obra es proyectada, entre otros, por Lucio Costa y Oscar Niemeyer bajo la orientación de Le Corbusier.

Las posiciones estéticas de la “Semana” correspondían a la realidad nacional en todos lo planos. Reflejaban la rápida industrialización del Brasil, que alteraba profundamente la vida provinciana, ofendiendo las costumbres pacatas, residuos de una moral colonial. La flamante estética era expresión de la explosión demográfica de Sao Paulo y Rio de Janeiro y de las levas de inmigrantes que cambiaban la dinámica social. El “arte novo” debía responder a la nueva sociedad, a la nueva ciudad… Pero no sólo debía responder, debía anticiparlas. Debía ser un arte integrador de las mesnadas migratorias que iban a construir el siglo XX brasileño, debía fundir en una identidad nacional las raíces históricas con la Europa moderna. Eso era el “Nuevo Brasil”.  Eso pretendió ser Brasilia.