La política al servicio del conocimiento o el conocimiento al servicio de la polítca.

 Sobre la Enciclopedia de la Política  (F.C.E., México 1997) de Rodrigo Borja.

Decía Plinio el Viejo refiriéndose a lo que los griegos llamaban encyclios paideia, que era ardua empresa dar novedad a lo viejo, autoridad a lo nuevo, brillo a lo anticuado, luz a lo oscuro. Ni más ni menos ésa es la tarea a la que se aboca Borja en su búsqueda del lenguaje político.

Rodrigo Borja Ceballos nació en Quito en 1936, abogado y  catedrático de la Universidad Central de Ecuador, después de haber sido elegido tres veces diputado  (1970‑79‑84), llega a la Presidencia de la República en 1989. Cumpliendo su primer período en 1992.

Al dejar la presidencia comenzó afanosamente su investigación sobre el lenguaje político. que acaba de concluir con la edición de su Enciclopedia de la Política. Tal vez por aquello que decía Tito Livio en sus Historias  de sí mismo…que él ya había alcanzado bastante gloria y que habría podido descansar si la inquietud de su espíritu no se alimentara del trabajo …

El enclclopedismo ha sido una obsesión de los intelectuales latinoamericanos ¿Qué otra cosa es la Biblioteca de Babel, el Libro de los seres imaginarios o la clasificación de los monstruos del memorioso Borges, que fascinó a Michel Faucault hasta el punto de llevarlo a escrbir Las palabras y las cosas ? Sin  olvidar la imagen del intelectual enciclopédico que encarnaron, entre otros, el venezolano Andrés Bello, el mexicano  Alfonso Reyes, el cubano Alejo Capentier o el chileno Pablo Neruda. Cada uno en su género. Sin  embargo, Borja es uno de los pocos que en la América hispana se han aventurado, por sí y ante sí, a rastrear los múltiples senderos de un saber especializado y darle la ordenada forma de  enciclopedia.  Osada empresa, aunque no deja de tener tradición en Quito, donde ya en la Colonia Antonio de Alcedo escribió el Diccionario geográficlo‑histórico de las Indias Occidentales.

La tarea y la obra son fascinante. Yo, que no pretendo ser enciclopedista, sino un mero diccionarista, es decir manoseador de diccionarios, he quedado atrapado en ella. Y no sólo por la amplitud de la información, sino por la forma en que está presentada. Exactamente como lo señala Plinio. A  ello  hay que agregar un lenguaje claro y preciso, de gran valor pedagógico. Sin que falte el relato ameno, en que el origen de la expresion llega encabalgado en la historia y en la anécdota novelesca, como cuando a propósito de la expresión “arrojar el guante” recuerda al osado caballero que entró en la jaula de los leones  para recoger el guante que una ensoberbecida dama había dejado allí caer para probar su amor.

En más de mil páginas, a doble columna, el autor recoge y explica en forma casi exhaustiva la terminología política de la lengua castellana. Los términos los estudias sólo en su acepción política. Muchos de ellos lo llevan a análisis que sobrepasan el lenguaje. En particular los que se refieren a instituciones, procesos, situaciones o programas. Ejemplos son: “Alianza para el Progreso”, “América latina”, o las diversas “doctrinas”: “Doctrina Monroe”, “Betancourt”, “Calvo”. “destino manifiesto”, etc.  Especial hincapié hace en el lenguaje figurado, además  del ya citado “arrojar o recoger el guante”, se encuentran expresiones igualmente ricas en trasfondo histórico como “Poner una pica en Flandes”, “cabeza de turco”, etc. Sin olvidar la terminología popular americanista: “cholo”,  “gringo”;  ni los neologismos, anglicismos, galicismos u otros barbarismos:  “ghostwriter”, “teleprompter”,  “claque”, “bioética”,  “ecodesarrollo”, “fidelismo”, “narcolavado”, “sudaca”, “yuppie”, ni los gritos de lucha o de las manifestacions de masas: “no pasarán”, etc.. Borja reconoce que, aunque ha tratado de ser lo más objetivo posible, una obra de esta naturaleza no es posible redactarla sin tener en consideración las convicciones políticas del autor (Visión social‑demócrata. Profundamente crítico frente al neoliberalismo y la economía de mercado).

Por otra parte, cabe subrrayar que  si la Enciclopedia de Borja reseña el lenguaje universal,  no por eso es menos americana.  Introduce una rica terminología que es propia de Nuestra América y que a menudo resulta desdeñada por los autores obsesionados por el eurocentrismo.  Encontramos expresiones como “aprismo”, “cepalismo”, “contras”, ”descamisados”, “malinchismo”, “tropicalismo” . Asimismo, con acierto inscribe en los procesos generales las experiencias americanas: como cuando habla de la reforma universitaria de Córdoba (Argentina) en 1918, a propósito de “reforma universitaria”. Las ciencias sociales afirma Borja no son interporales: están ancladas en una determinada realidad. Pertenecen a un a situación espacio‑temporal concreta; y rubrica citando el discurso Nobel de García Márquez: “la interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres,  cada vez más solitarios” (p.826).

En su búsqueda del lenguaje político, y a través de él de la realidad ecuatoriana y americana, le han interesado particularmente los procesos: “norte‑sur”.   Como la obra fue escrita  después de los grandes cambios que operaron el mundo, muchos conceptos están en proceso de revisión.

Es imposible no encontrar en una obra de esta magnigtud que faltan algunos conceptos. Por ejemplo, no figuran como entradas ni Unión Europea ni MERCOSUR. Pero ello es secundario y como la lógicaa actual es que obras de esta dimesión sean reproducidas en ediciones electrónicas, de suerte que sean  modificables al paso de la historia, las ausencias de detalle carecen de importancia. Esperamos, eso si, que la próxima edición vaya acompañada de un CDRom.

La obra refleja una enorme erudición y sin duda debe considerarse un instrumento indispensable no sólo para todo aquél que se interesa por el lenguaje y su sentido político, sino para todo hombre culto.

Dice Borja no sólo haber vertido en la investigación sus convicciones, sino  mucho de su experiencia personal en el poder. Contexto esencial para entender el propósito que lo ha llevado a componer la Enciclopedia Política. Sus convicciones reencuentran el  espíritu que los griegos atribuían a la encyclios paideia, el encadenamiento de nociones que debían entrar en la educación de un hombre libre.

Miguel Rojas Mix

Madrid, 29 de septiembre de 1997.