La imagen fundamento de la cultura de paz

 La geopolítica de la paz dio un giro después del atentado contra las Torres gemelas. Se entró en una nueva Era. Se canceló la época de la guerra fría, que había durado casi medio siglo, hasta la caída del muro de Berlín (1989); se pasó por un período intermedio, donde la historia hizo una breve travesía del desierto y, con el tentado a las “Torres Gemelas” (2001) se entró en la fase de la “guerra de civilizaciones”,  según afirmaba Huntington; bien que, desde imágenes más recientes, y considerando el llamado a la paz, hoy día una idea planetaria que trasciende culturas y civilizaciones, podríamos designar con más justeza “guerra de los integrismos”. La Guerra Fría  fue un conflicto de fronteras físicas e ideológicas. Ésta es una estrategia del terror, tanto de los que lo esgrimen como arma, cuanto de los que dicen combatirlo y se escudan detrás del concepto de “guerra justa: “Vamos a luchar contra las fuerzas del mal”-concluía Bush-.  Guerra justa es un concepto teológico – político. Hoy un capítulo importante del derecho internacional, Ius ad bellum. Tomás de Aquino, escribe al referirse a la guerra justa: “Para que la guerra sea justa, se requieren tres condiciones. Al menos  dos de ellas se han demostrado que estaban ausente en la justificación de invadir Irak : se requiere causa justa  y la recta intención de los contendientes; es decir, el designio encaminada a promover el bien y a conseguir la paz.  La desaforada guerra contra Irak, sin olvidar el terrible dictador que ha sido Sadam Hussein, dejó de ser justa cuando se vio que las armas “de destrucción masiva” no existían sino en la imaginación de quienes tenían apetito de guerra para alimentarse en petróleo. El discurso infamemente de que se luchaba contra las fuerzas del mal, el mecanismo grotesco de perseguir a los culpables como si fueran cartas en un juego de naipes, el desenmascaramientos que trajeron las fotos de las torturas de Abu Ghraib,  quitaron toda credibilidad al discurso de “guerra limpia” que era un corolario de “guerra justa”. El terrible precio que con el 11-M pagó España por entrar –inconsulta la opinión pública- en la lógica de esta guerra, la extensión del terrorismo a todo el planeta,  los muros que se construyen para remplazar una paz inalcanzable, todo ello nos habla de un mundo en “guerra total y nos obliga, en primer lugar por razones éticas- a insistir en la necesidad de desarrollar una cultura de paz. En este terreno,  cultura y educación deben ir estrechamente unidas.

¿Qué comprendemos por cultura de paz? Un abanico de sentidos se abre cuando nos planteamos la pregunta, también surgen muchas dudas sobre determinados contextos históricos y zonas fronterizas. Por ejemplo, ¿el sometimiento es paz?,  ¿la evangelización es paz?: ¿lo fue en América?;  ¿la denuncia de la violencia, es una forma de paz? ¿Se puede hacer una guerra en nombre de la paz? Pregunta ésta última que no puede estar más de actualidad?

Necesario es constatar que la paz puede visualizarse como situación y como valor. Como situación, es esencialmente relativa. Es un concepto que se precisa en un momento histórico determinado, adquiriendo formas diversas, formas de época. Por el contrario, la paz como valor es trascendente.

La reciente guerra de Irak nos suministra claros ejemplos de lo que acabamos de decir, a la vez que nos  muestra cómo hoy gran parte del discurso geopolítico se juega sobre la base de la imagen y el imaginario. Piénsese solamente la imagen que los EEUU la impusieron a Irak, para legitimar la reciente guerra: Iban a luchar contra el eje del mal. Una imagen que sin duda Bush había tomado directamente de los cómics, como el grotesco juego de cartas con que reclamaba la captura de los principales líderes del gobierno de Sadam Husein, parecía calcado de los desafíos que el Joker le lanza a Batman. Por otra parte la respuesta a la guerra se centró igualmente sobre el imaginario. Recurrió  a íconos referenciales trascendentes y fuertes, Metáforas artísticas y de la cultura de masas, que trasladaban su sentido por comparación sobre  la guerra y sobre Bush y sus propósitos. Las manifestaciones por la paz, que fueron multitudinarias y espontáneas, usaron como referencias los símbolos acuñados de la paz y las manifestaciones fueron encabezadas con citas icónicas, como las de Guernica, cita esencial para denunciar la agresión. El discurso de denuncia que circuló por los medios, y en particular por la red, hizo referencias al poder imperial, recogiendo citas históricas que venían de las estatuas imperiales que difundía Roma. Utilizó toda suerte de imágenes que situaban la guerra como una agresión del imperialismo de los EEUU, mostrando a Ben Laden crucificado, Bush  con el bigotito de Hitler y un gorro de la SS, Bush bajo la forma de Rambo, Bush vendiendo petróleo, auténtica razón de la guerra de Irak. Denunció el discurso patriotero de Bush como una auténtica y peligrosa paranoia. Parafraseó con la imagen cinematográfica de la guerra de las estrelles la guerra de Irak (El Imperio contraataca). Presentó la bandera norteamericana transformada en un código de barras y las estrellas en aviones, tanques, misiles y ametralladoras, queriendo decir que la agresión militar sólo se mueve por razones de mercado. La guerra de imágenes es un vieja historia. Nace con la aparición del grabado y ya entonces se enfrentaron en ella la Reforma con la Contrarreforma. Los Estados Unidos comenzaron a utilizarla a fondo con la Guerra Hispano-cubana de 1898.

El sentido de la paz tiene que ver con nuestra idea del hombre y la estimación que tengamos por él. El concepto de paz tiene que plantearse la cuestión del “otro”, la noción de prójimo ¿quién es nuestro prójimo y cuáles son sus derechos? Para el integrista, el gentil no tiene derecho a la paz; para Sarmiento el bárbaro tampoco lo tenía y Bolívar en el Discurso de Jamaica veía una sociedad en paz aquélla en que mandaran los criollos: “por su dulzura ilimitada y sus cualidades intelectuales, el indio por temperamento no pretende la autoridad y el negro se considera como “miembro de la familia de su amo..”

La paz pues, si toma forma con la historia,  es expresión profunda de la humanización del hombre. Como tal va quedando anclada en símbolos. El hombre es un animal simbólico, decía Cassirer. De ahí la importancia del arte en la fundación de la cultura de paz.

Tres textos fundamentales nos sitúan, a lo largo de la historia, tanto en la comprensión de la paz como en su problemática: Las Filípicas de Cicerón (43 a C.), El Leviathan (1651) de Hobbes y La paz perpetua  (1796) de Kant: La primera y más famosa definición de paz, es dada por Cicerón: “Pax est tranquilla libertas”. Como punto de partida el orador romano asocia tranquilidad y libertad en la idea de paz. 1800 años más tarde,  Hobbes la precisa como la cesación del estado de guerra. En el Leviathan asevera que esforzarse por al paz es la ley fundamental de la naturaleza. Kant en Zum ewigen Frieden, por su parte,  afirma que el estado de paz entre los hombres no es un estado de naturaleza; por lo tanto debe ser “instituido”.

Entre estos tres conceptos y en el marco de la comprensión de lo que en cada época es históricamente pensable, se sitúa nuestra problemática de la paz: Si Cicerón define la paz como la libertad tranquila, en un mundo esclavista como era el romano, es pensando en la paz social. La paz que trajo el Imperio, la pax romana, que alcanzaba a todos los personas del imperio, pero los esclavos, según el derecho romano, no era personas sino cosas. He aquí la circunstancia del concepto. Hoy, que entendemos por humanidad todos los hombres, la libertad tranquila nos plantea esencialmente la convivencia y el respeto erga omnnes, hacia todos. Siglos más tarde, seguramente inspirado en Cicerón, Santo Tomás definió la paz como “la convivencia de la tranquilidad en el orden” Cambiando el concepto de libertad por el de orden, lo que tendrá serias consecuencias a lo largo de la historia.

Si Hobbes define la paz como el antónimo de la guerra, es por la dificultad de imaginar la paz sin concebir la guerra; en particular en una sociedad como él la piensa en que el “hombre es el lobo del hombre”.   De paso conecta el autor del Leviathan la paz con el pacifismo y, a partir de éste la cultura de paz se proyecta hacia el antimilitarismo y el rechazo a los exterminismos: desde las guerras étnicas, religiosas o sucias, hasta la amenza nuclear.

Finalmente, Kant advierte que no es de la naturaleza humana de donde debemos esperar la paz, sino de la cultura. Eso significa “instituir”, establecer, crear, instaurar una cultura de paz.

Comencemos por el concepto de Hobbes: la paz es la cesación de la guerra, que nos permite hacer un recorrido histórico por el imaginario de paz. La cultura de paz es la que se opone a toda violencia. Podemos pues definir la paz como el fin de la violencia, o la lucha contra la violencia, pero en la idea de lucha contra la violencia ¿no estaríamos ya rompiendo la paz? El sistema de seguridad internacional inicialmente previsto por la Carta de la O.N.U. preveía que el Consejo de Seguridad tenía la posibilidad de “tomar las acciones militares que juzgara necesarias para el restablecimiento o el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional”. La paz tiene que ser la paz de todos, tiene que estar sustentada por el irrestricto respeto a los derechos humanos, porque si no la paz de unos puede ser la destrucción del otro. La paz de la Humanidad, concepto que viene del latín y que en una de sus acepciones, quiere decir que abarca a todos los hombres

Curiosamente la paz no aparece en el arte de todas las culturas. Es fundamentalmente un concepto occidental. La paz existe en otras culturas, pero la paz como valor, como ideal de convivencia, como rechazo de la guerra es un concepto occidental, que requiere pasar de la idea tribal del hombre al concepto de  hombre universal. ¿Cuál es la base de esta noción en que se basa todo el pensamiento de paz? La idea de que el otro es mi prójimo. Para la tribu, la tribu vecina es su enemiga, para le hombre universal la nación vecina es su hermana.  La idea de paz está unida a la idea de identidad, a la noción de si mismo y el otro, al que se le hace la guerra es al otro, por eso que es muy importante definir quién es el otro; por eso es que un principio básico para la paz es el diálogo cultural.

Cuando abordamos el tema de la paz en el arte, nos encontramos con un primer problema ¿Cómo representar la paz sin caer en la imagen de una sociedad idílica, con todos los peligros que entraña el Mundo Feliz y que en su época vieron Wells y Huxley? La imagen tradicional ha sido la de una alegoría que celebra el fin de la guerra, una doncella alada con una rama de olivo y que está acompañada de una paloma: atributo que viene del Génesis: La paloma que vuelve al Arca trayendo una rama de olivo en el pico. A menudo se ve la paz abrazando a la justicia que se representa con una espada en la mano.

Fig. 1. Ripa
Fig.2. Barbier: Alegoría de América
Fig.3. Bolívar
Fig.4. Bandera USA hippi de paz.
Fig. 5 Victoria: Arco honorífico de los Severos. Mus, Tripoli

Pero también la Utopía es una idea de paz: Desde Platón en adelante la Eutopía (puesto que también existe la anti-utopía como puede calificarse la ideología del nazismo) es un estado de paz: Esta paz fue vista de diversa manera por el arte, desde la paz espiritual hasta la paz del sexo y del vientre, como se advierte en 2 pinturas famosas: una de Rubens ( Fig. 6 la fiesta campestre) y otro de Brueghel Fig. 7: El país de Jauja). Por su parte el nazismo ha sido en la época actual uno de los temas más vivamente denunciados por el arte de paz: El América Latina los artistas fueron los primeros en denunciar el nazismo: (Fig. 8. D. Rivera: Mussolini y la Complacencia del Papa), (Fig.9. Rivera, El extermino de los judíos por el Führer), (Fig. 10, Zalce: La Colaboración francesa: Una calavera para Petain y Laval), (Fig. 11, Lasar Segall: Progorm 1936-1937), (Fig. 12: Albin Amelin: Higiene Racial, 1937).

¿Cómo representar la paz? En particular teniendo en cuenta que es un concepto polisémico y en permanente modulación. Un concepto que esencialmente se manifiesta por la negación de la violencia atrabiliaria. Los mayas construyeron un escritura de ideogramas, en particular para expresar ideas abstractas. Es fácil trazar la lluvia, pero es difícil dibujar la sequía. Así representaban la sequía negando la lluvia. El pictograma de la lluvia era una serpiente fluvial, el ideograma de la sequía, la serpiente atravesada por una flecha, era la lluvia negada. A fortiori podemos decir que el ideograma de la paz es la guerra negada, la violencia aborrecida, la discriminación repudiada, la injusticia impugnada. Por eso el arte de paz tiene como motivo principal la guerra o la violencia,  para denunciarla o negarla

Fig.13. Heartfield: “La Paloma en la bayoneta”: El Pecado de Genf: donde vive eñl capital, la paz no puede vivir
Fig. 14 Guernika,

Asimismo el arte de paz puede tener como asunto la injusticia y los prejuicios,  o puede contraponer el buen al mal gobierno, como los frescos de Ambrogio Lorenzetti en Siena (Fig. 15-16-17). No cabe duda que uno de los factores que contribuyó a terminar con la guerra de Vietnam fue la foto de  un G-Man levantando orgulloso la cabeza de dos vietkongs que acababa de degollar (Fig. 18.. Camnitzer), tampoco podemos olvidar en Nuestra América democrática que lo que le quitó todo apoyo de los EEUU a Somoza fue el asesinato, delante de las cámaras de televisión, de un periodista yanqui. Es el poder de la imagen: Hace un par de años el cantante Peter Gabriel defendía en una asociación llamada Witness que se distribuyeran cámaras vídeos en el mundo para ilustrar la violación de los derechos humanos (Más de mil decía haber enviado a sus militantes en 50 países del mundo)

El paz es difícil e imprecisa de representar. Pero para ganar la paz  y sobre todo para conservarla se necesita componer un imaginario. Porque  él es el depositario  de la  memoria y la imagen hecha emblema es una referencia inmediata del discurso de paz.

Fig. 19: Guernika, det.
Fig. 20, Cartel cubano
Fig. 21. El País, Guernika: sobre la violencia de ETA

 

Cuando hablamos de paz estamos evocando la historia de la humanidad. A partir del siglo I de nuestra era, Roma segura de sus fuerzas, abandona la política hostil de la época republicana, e impone la paz en todos sus territorios. Considera la paz un factor capital para la cohesión del imperio: es la “pax romana”. Ella se ve reforzada por la concesión de la ciudadanía a todos los habitantes del imperio (Edito de Caracalla 212) y por el derecho romano, que significa un paso considerable para garantizar el reSpeto de la persona humana. Es la primera globalización occidental de la historia.

Fig.22. Escenas de la vida en la campaña, mosaico Roma

En el año mil, para limitar los agravios de las guerras feudales, se propagó el movimiento de la “paz de Dios”, que dividía a los hombres en dos grupos: los pobres, es decir los desarmados, los que había que proteger, y los caballeros, guerreros, obligados a abstenerse por juramento colectivo de violencia contra los pobres y a ejercer su agresividad sólo contra los miembros de su estamento (Fig. 23.)

Cuándo hablamos de la paz y sus símbolos, refiriéndonos a la religión  y su expresión en el arte, lo que nos interesa en primer lugar es la imagen de dios ¿Es un dios de paz o de guerra? En la teología judeocristiana la divinidad es unívoca, tiene una coherencia casi maniquea; Dios no puede hacer mal, puede eso sí castigar a los hombres, y ahí se introduce la noción de “pecado” que en otras religiones no existe, y que sirve para responsabilizar al hombre del mal que pueda recibir de Dios. En el mundo precolombino, en cambio, las divinidades eran duales: eran a la vez lo uno y lo otro, Chac era dios de la lluvia y de la sequía (fig. 24 )

En la mayoría de las religiones los dioses son imágenes de guerra. Pero incluso en la religión judeo-cristina la figuración de Dios no es unívoca: una es la del Antiguo Testamento, otra la del Nuevo, e incluso dentro de uno y otro, hay imágenes disímiles: la de los integristas y la de los pacifistas, la del opus dei (Una cruz sin Cristo)  y la de la teología de la liberación (Fig.25, Mantenga, Fig.26 : El Cristo-Ché: Imagen de la Iglesia Anglicana).

La historia de las Américas comienza con dos imágenes de Dios, aquella con que los protestantes colonizaron América y esa otra con que los españoles conquistaron las Indias. Una la de la Reforma, otra la de la Contrarreforma. A partir de ellas se desarrolló la nueva sociedad, surgió un arte, saturado de imágenes de Dios y de santos en el mundo hispánico y portugués, carente de ellas en la sociedad anglosajona; se diseñaron dos modelos de ciudad: uno para proteger a una comunidad de elegidos, lo que excluía al indio, de acuerdo a la teología de la Reforma, otro para integrarlo en el tejido urbano y en la sociedad colonial evangelizándolo, según la teología de la Contrarreforma. El primero generó una sociedad de gueto, en la que anidaba el racismo,  el racismo WASP; el segundo una sociedad de  mestizaje, como Nuestra América.

Pero  el concepto judeo-cristiano de paz supera con mucho lo que puede significar la simple ausencia de guerra o de conflicto. La palabra hebrea shalom es quizá la más rica al respecto y expresa la plenitud que debe ser alcanzada por cada persona.

Históricamente es sobre todo el Nuevo Testamento el que nos presenta un Dios de amor. El Dios del Antiguo Testamento, Jahvé, destruye los muros de Jericó, y diezma a los filisteos. Con él la misericordia sólo alcanza a su pueblo elegido.  Su imagen es tonante. Pero incluso en los Evangelios encontramos diversas imágenes de Dios, la del Buen Pastor (Fig. 27) difiere esencialmente de la del Pantocrator (Fig.28), Cristo barbado que gobierna el mundo y mira tonante hacia el universo creado desde los ábsides de las iglesias romanas y desde el centro de las cúpulas bizantinas y de la del Cristo que vuelve al fin de los tiempos, en gloria y majestad, a juzgar a los hombres y a separar a los malos de los buenos, Él es alfa y omega, principio y fin de todas las cosas. Cristo de castigo, que  llega precedido por los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: el hambre, la peste, la guerra,…  (Fig.29. Durero: los jinetes del Apocalipsis) caballeros antagónicos de la paz. Viene a someter al Anticristo y a punir sus huestes, instaurando un nuevo reino de paz escatológica sobre las cenizas de la historia

Según el más afamado milenarista colonial, el jesuita Lacunza , muchas veces condenado por la ortodoxia, lo que caracterizaría ese nuevo reino de paz, es que de él desparecería la propiedad privada.

La diferencia esencial que hay entre el mensaje del Dios Padre y el Dios hijo es que con uno se vive en el temor de Dios y con el otro en el amor de Dios. El Evangelio se dirige a todos los hombres, es una idea universal,  su misión es salvar a la humanidad y su fin es la paz, por eso la imagen más persistente de Dios entre los primeros cristianos es la del Buen Pastor. “Jesús proclamó bienaventurados a los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5,9).

Cuando uno se pregunta por qué el cristianismo triunfó frente a tantos otros cultos que llegaron a Roma en los inicios del Imperio. Por qué triunfó frente al mitraísmo, por ejemplo, devoción que se le asemejaba en muchos aspectos, y que rivalizaba con él, ganando a los legionarios  que volvían del Este, la respuesta es clara: porque el cristianismo, a diferencia de sus rivales se dirigía a todos: al romano y al bárbaro, a la mujer y al hombre, al libre y al esclavo… Su mensaje universal, junto a una férrea y piramidal estructura de  poder, es probablemente lo que lo ha hecho sobrevivir 2000 años.

Desde esta perspectiva es obligación del cristiano trabajar por el logro de la paz, que no se establecerá entre los hombres mientras sigan sin cumplirse las condiciones de justicia previas. Para edificar y afirmar la paz, se requiere, ante todo, que las causas de discordia entre los hombres queden desarraigadas, pues son estas las que alimentan las contiendas. El primer sinónimo de paz es armonía.

Según las perspectivas así las imágenes. Las representaciones de dios se alternan a lo largo de la historia: Si el Buen Pastor domina en el arte de los primitivos cristianos, será la imagen del Pantocrátor con quien se harán las Cruzadas y la del Cristo de Velázquez (fig.30 y réplica colonial Fig. 31), dios vencido, con la que se organizará la Conquista de América. El Cristo en la Cruz quería enseñarles a los indios la paz, pero la paz del vencido, la resignación frente al dolor, pues nada eran los sufrimientos de ellos si se les comparaba a los de Cristo.

La teología de la Liberación justamente ha denunciado esta imagen de Cristo. Señala que es necesario recuperar la imagen del Cristo triunfante, que es la del resucitado, el del que ha vencido la muerte (fig.32 ). Es el Cristo que se compromete con la construcción de una nueva sociedad.  Las formas cómo esta sociedad se construye serán los diversos aspectos que tomará la teología de la liberación: desde la lucha armada hasta la opción por el pobre y las actitudes más pastorales de defensa de los derechos humanos. Estas diversas interpretaciones no se armarán sin un amplio sincretismo de símbolos.

Símbolos que deben extender el mensaje de Cristo a nuevos campos, campos donde se percibe la injusticia y se instala el conflicto entre los hombres. Como señala en diversos pasajes el documento Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, entre las causas de injusticia que deben desaparecer figuran las “excesivas desigualdades económicas”, el “deseo de dominio”, el “desprecio de las personas”, la “envidia, la desconfianza, la soberbia y las demás pasiones egoístas”. Símbolos que apuntan a construir una nueva sociedad de paz, pero para ello no desdeñan, en algunos casos, llegar incluso a lucha armada. No hay que olvidar que el “tiranicidio” es una vieja tradición en la Iglesia, que en el mundo hispánico se remonta al padre Mariana.

El desarme general y completo es la aspiración de los movimientos pacifistas. De manera más limitada la prohibición de determinadas armas caracteriza una especie de forma “honorable de guerra”, una política que tiende a limitar los conflictos y a precisar los objetivos. En la práctica diplomática hemos conocido ambos criterios. Desde el Congreso de Viena (1815), la SDN (1919)  y los primeros años de la ONU representan la aspiración a un desarme total y completo. A partir de los años 60 se limita a la política de disuasión, se orienta únicamente a impedir la utilización del arma nuclear.

 

Definir la paz es pues de acuerdo a la concepción de Hobbes, cancelar la violencia, la cual aparece bajo diversas formas. Señalemos sólo algunas:

  1. El fin de la guerra: Implica la denuncia de la violencia. Precursor en denunciar la violencia de la guerra fue Goya, con sus serie: “Los desastres de la guerra” y  (Fig.33)Fusilamientos del 3 de mayo de 1808)La violencia de la guerra civil en España: Picasso: Guernika ;  Miro Aidé l’Espagne (fig.34),  contra el fascismo y el nazismo: foto de Herschfield: La Paloma ensartada en la bayoneta. El Movimiento de la Paz que se desarrolla después de la II Guerra Mundial y que se expresa en varios congresos tiene por fundamento el miedo generalizado que provoca la “guerra fría” y el recurso al arma atómica. Las luchas contra la dictadura y los tiranos: Balmes: No a la represión (fig. 35),  el Museo de la Solidaridad en Chile, la lucha contra el colonialismo, el apartheid, la denuncia de la xenofobia, del racismo, del imperialismo: Mal venido Rockfeller (Fig.36),  los murales de la UP  en Chile: Los niños nacen para ser felices (Fig.37 ), Los derechos humanos (Fig.38)

De acuerdo a la temprana frase de Cicerón la paz es la tranquilla libertas. Es decir avanzar en la paz social. En este punto quiero aludir sólo a tres temas. Dos son relativamente históricos, porque todavía no están saldados y el otro es actual. Históricos son la lucha por la paz del africano en América en la sociedad esclavista y el encuentro de la paz por el indio en la sociedad de la conquista. Actual es la búsqueda de la paz social, con todo lo que ella implica. Los dos primeros no están saldados, porque subsisten el racismo y la discriminación, y como tales son problemas sociales que se incorporan al conjunto de temas sobre los que debe pronunciarse la paz social.

1. La lucha contra la esclavitud. Tiene varios momentos: El primero es reconocer la dignidad del hombre negro. La esclavitud es vieja como la historia, estaba reglada en el derecho romano y era práctica corriente en España durante las guerras de la Reconquista del al Andalus. Hasta la aparición de la “trata”, ella no representaba la desvalorización de un pueblo ni de una raza. Esto se produjo con la trata, que asoció esclavo a negro a africano y que significó la mayor desvalorización de un grupo humano que haya conocido la historia. La trata le negó la paz a una gran parte de la humanidad por el solo hecho del color de su piel. Sin embargo, dentro de lo difícil que podía ser encontrar la paz para el esclavo había condiciones malas y peores. Probablemente ninguna buena, salvo la revuelta,  el cimarronaje (fig.39-40-41 W.Blake), que podía ser lo mejor de lo posible, cuando se veía como una forma de lucha por la paz. En menor grado, dentro de la esclavitud, el que se le reconociera como hombre, el ser merecedor de la gracia de Dios, representaba para el esclavo dimensiones de paz y ventajas concretas: se les reconocía el matrimonio, no se les separaba de los hijos, tenían derecho al descanso dominical… Esa fue la diferencia entre la esclavitud en el mundo católico y en el mundo protestante (Imagen del bautismo de un negroFig. 42).

El arte de paz para el negro fue el que combatió la esclavitud y en ese punto es notable cómo la imagen se anticipa al texto en denunciar la brutalidad de la trata.  William Blake y Rugendas. Un discurso antiesclavista por la imagen que antecede  a los textos literarios, en particular a La Cabaña del Tío Tom de Becher Stow….

Sin duda que en el siglo XVIII la aceptación del negro en determinadas iglesias protestantes les permitió además expresar su creatividad y transformar el  dolor en creación,  en particular a través de la música como fueron en los Estados Unidos los negro espirituals, los gospels, que iniciaron un proceso de liberación de los negros en los Estados Unidos , llegando en los años sesenta hasta la afirmación del Black Power y la constatación  de que Black is beautiful en la música soul. Era el tema en que culminaba la afirmación de la dignidad del hombre negro: “Said’t loud” decía  James Brown en una famos canción de los años 60: “I’m black I’m proud”.

2. La defensa del indio: Imputación de la conquista en el  arte: Huamán Poma  (fig. 43) y de Bry (Fig. 44-45 La leyenda negra).

De la evangelización a la teología de la liberación: Todos los hombres son seres humanos declara Las Casas. Ya hicimos referencia a la diferencia entre la  teología de la Reforma y la Contrarreforma. Para ésta última, el arte fue vehículo de la evangelización y de la colonización, enseñaron el sometimiento a Dios y al Rey. Imágenes de conquista son el Ángel del Arcabuz  (Fig46) y Santiago Mataindios (fig. 47). Señalamos que El Cristo de Velázquez fue la imagen canónica con que se hizo la Conquista espiritual. En años recientes, los estudios de cristología, en particular los emprendidos por Leonardo Boff, han denunciado la iconografía religiosa de la evangelización. Frente al Cristo sacrificado surgió  la Virgen de Guadalupe. Imagen triunfante, mujer vestida de Sol, Virgen sin niño, que rápidamente asumió un compromiso simbólico con México, por varias razones, en primer lugar porque se le apareció a un indio,  y porque fue vista con rostro indio o mestizo, e identificada como una diosa azteca: Tonantzín. A continuación porque se la recuperó como imagen de liberación. Ella fue el estandarte con que Hidalgo convocó a los criollos para que se unieran a las luchas de independencia, y con ella como bandera, entraron los zapatistas en México durante la Revolución. Y hoy es la imagen que reivindica la lucha de liberación de los chicanos y en particular la mujer chicana, en un extraordinario proceso de sincretismo (Figs. 48-49-50-51)

La imagen puede evolucionar y cambiar incluso de sentido. Es el caso de la Guadalupe. En general podemos decir que toda la iconografía religiosa es un arte de conquista, desde la perspectiva del proceso de aculturación que desencadena. Es una conquista; pero dentro de ella las imágenes pueden cargarse de sentidos diversos, incluso divergentes: La mayoría apunta al sometimiento, unas pocas hablan de liberación. Estas pueden ser peligrosas para el grupo dominante. Es por ello que el Cristo Resucitado aparece muy poco en la iconografía colonial.

Una experiencia particular de paz, donde el arte desempeñó un papel fundamental, más en la convivencia que en el imaginario, fue la experiencia jesuita en las misiones. Pero allí la paz surgía por sí sola como  componente del imaginario de la utopía.

3. La denuncia de las injusticias sociales. Es imposible mantener de manera permanente la paz generalizada en la sociedad. Por la tanto su mantenimiento sólo puede consistir en acciones que tiendan a reducir los factores de conflicto,  a atenuar sus efectos. La disposición más eficiente para mantener la paz es en primer lugar eliminar las causas mismas de los conflictos. Por lo tanto toda organización o toda disposición que acerque a los pueblos desde un punto de visto social, económico o cultural tiende a aplacar un número importante de motivos de antagonismo. Por lo tanto la primera acción para le mantenimiento de la paz consiste a reducir las desigualdades y a armonizar las condiciones de vida (La lucha contra la pobreza: Fig. .52 Juanito Laguna de Berni..)

Nuestras sociedades se ven hoy magnetizadas por un modelo, el del neoliberalismo. Una filosofía pecuniaria agresiva que mueve nuestras acciones como base ideológica única. En ella se inscriben como valores el deseo de sobresalir sobre los otros, de tener éxito mediante el dinero, el afán de poder sin solidaridad y sin respecto a la dignidad de los demás, en particular de los más desfavorecidos. Un poder sin otra ética que el éxito individual, que funciona manipulando la información, intentando convertir al ciudadano en cliente, mintiendo constantemente para defender sus intereses. Vuelve a ser verdad el método de gobierno que describía Montaigne, que para que se sostenga “Es necesario que el pueblo ignore muchas cosas verdaderas y crea muchas que son falsas” Se quiere dominar la sociedad por la sugestión social. Una filosofía que parte de que la violencia es algo programado en nuestra naturaleza. Muchos importantes  investigadores en psicobiología han acopiado razones para demostrar lo contrario (Coloquio Internacional de  Psicobiología, Universidad de Sevilla 1968) Pero aún, si así fuera, como seres racionales y sensibles, con la inteligencia sentiente que según Zubiri caracteriza al ser humano, que une el inteligir al sentir, podemos ser educados en la paz.

La paz es un concepto  histórico que evoluciona y abarca nuevos campos, campos que surgen las reivindicaciones sociales. Si analizamos hoy el discurso artístico sobre la paz nos percatamos que en él está inscrito tanto la idea humanística trascendente que trae desde sus orígenes la idea de paz, como una nueva visión del mundo desde una perspectiva de futuro y de progreso. Una rápida presentación del imaginario actual de paz ilustrará lo que estoy diciendo. En primer lugar el tema general del rechazo a la guerra, asociado estrechamente al discurso anti-militarista (Figs. 53-54-55) (Hiroshima 56) Este discurso tomó un cariz particular con la “Revolución de la Flor” en los Estados Unidos, con el lema “Make Love not War” (Figs. 57-58-59), a lo que siguió la denuncia del imperialismo en Viet Nam,. El horros del NAPALM, el horro de una guerra, particularmente en la era de Johnson (Fig.60), que comprometía el ideal de la política de los Estados Unidos: “Men of good will” y su consecuencia el desmoronamiento del “American dream”, (Fig. 61). En Francia y en Europa el movimiento se expresó en Mayo del 68 en París, más tarde en Berlín y tuvo brotes en América Latina, con el resultado de la Matanza de Tlatelolco en México (Figs. 62-63-64-65). Pero Mayo del 68 reaccionó sobre todo contra la violencia institucional y por un cambio de sociedad, aupando la idea de revolución. La violencia institucional que se expresa en la desviación de los valores democráticos de la República y en diversas discriminaciones sociales Las marchas callejeras llevaban como emblema el retrato del Ché, hecho por Korda. Una  idea fundamental del 68 era la necesidad de desmitificar la institucionalidad: “La imaginación al poder” era el lema de Cohen Benditt. Le Parc expresó en sus juegos-políticos esta idea (Fig. 66: Voltee los mitos).

En América Latina este discurso se expresó en la “Denuncia” de la represión y la tiranía, en el llamado “Arte Comprometido”. En las luchas de resistencia contra los regímenes autoritarios que iban desde las dictablandas hasta las dicta más duras que hasta entonces había conocido América Latina. ( Fig.67-68-69-70). En Europa los artistas apoyaron esta lucha en todos los campos: teatro, música, pintura, cómic, etc. (71-72-73).

En todo caso, este arte de resistencia tenía ya precedentes importantes en el arte español de la República, en la denuncia del franquismo (Fig. 74-75, Picasso: “ y Fig. 76,  “La Monserrat” de Julio González). El tema de justicia y paz va a ser particularmente importante en el Cono Sur, en particular para restablecer la sociedad democrática después de las dictaduras. La denuncia se extiende a diversos capos: denuncia de la tortura (Fig. 77) de los campos de concentración (fig. 78), del rapto de niños (fig. 79), del dolor de las madres (Fig. 80).

A ello, y a los anteriormente mencionados, como el racismo que toma formas e guerra en el Oriente Medio o de políticas segregacionistas de la emigración en la UE., se agregan nuevos temas productos de reivindicaciones que hacen que la paz social exija cada vez espacios mayores y mejores de convivencia para que se establezca. Desde luego no hay que olvidar que la idea democrática es esencialmente una idea de paz: El contrato social se hace para mantener la paz social, Es por eso que Rousseau debe buscar al hombre natural, el que no está maleado por al civilización (Fig. 81). Sobre el cañamazo democrático la paz exige hoy numerosos temas: El rechazo a toda censura (Fig.82-83), los derechos del débil (Fig. 84),  la igualdad de derechos de la mujer y el hombre (Fig. 85), la defensa del planeta (Fig.86-87), la lucha contra la contaminación (Fig.88), etc.

¿Cómo se asocian paz y diálogo cultural? Para imponer la idea del otro es preciso valorarlo, si despreciamos su cultura no sólo no lo podemos considerar nuestro prójimo, sino que incluso ejercemos violencia contra él en sus formas culturales. El eurocentrismo, como todo etnocentrismo es agresión para el otro. Por eso la paz en el arte no sólo se da en el mensaje, se da en el estilo, en la gramática de formas. Por ello que la introducción del arte negro, o de las gramáticas formales africanas, polinésicas o americana, significó un enorme paso en la cultura de paz, pues abría el espacio para valorar al otro y permitía avanzar hacia la idea de hombre universal. No podemos olvidar que el nazismo construyó su ideología sobre el arte clásico. Por ello hizo una gran exposición de obras de los expresionistas alemanes y de las vanguardias europeas, con el título de Entartete Kunst, “Arte degenerado” (Fig. 89) porque eran formas estéticas hechas con una gramática formal no-aria. Porque el arte del fascismo reinvidicaba una idea del hombre superior ario, que se había plasmado en la cultura greco-romana, es porque su arte responde al estilo neoclásico, es una vuelta a los estereotipos culturales de un hombre considerado superior, por su físico y por su inteligencia. En general todos los totalitarismos son academicistas en materia de arte.

El tema del otro es fundamental para la cultura de paz, de él nace el derecho de gentes que evoluciona en derecho natural, generando la escuela de los ius naturalistas españoles con Vitoria, Suárez y Molina (Del rey y la dignidad real), y en derecho internacional con la monumental obra sobre la libertad de los mares de Hugo Grocio. El derecho de gentes, porque para quienes hayan olvidado las etimologías, gentes viene de gentiles; es decir el otro, Contra el otro, el gentil, se han hecho varias guerras santas: la de la Reconquista española era de cristianos e infieles, La cruzada de los cristianos y la yihad de los árabes. El espíritu de cruzada es un tema que los dictadores de los tiempos modernos han manipulado para intentar legitimar la violación de los más elementales derechos humanos: Las cruzadas de Franco, las de Pinochet y de otras dictaduras que defendían el modo de vida occidental y cristiano, eso si,  no se inspiraban en la Biblia, sino en la DSN, y su violencia se ejercía contra las mujeres y hombres, contra todos los que no pensaban como ellos,  sin excluir los niños. Éstos no eran el prójimo del dictador y  por lo tanto no merecían la paz: eran antichilenos o antiargentinos o antiuruguayos. La guerra santa de los dictadores, que comulgaban abundantemente, demostró ser sólo guerra sucia. El arte fue de los primeros en abrir un frente para enfrentarse a ellos, buscó la solidaridad y ganar el apoyo de la comunidad internacional

En el mundo actual parece volverse al primitivismo de la tribu, a las guerras étnicas, como son las de la purificación étnica en la antigua Yugoslavia, y la no menos étnico de los rusos contra los tchechenios. El conflicto incesante entre israelitas y palestinos. Guerras que siguen siendo expresión del rechazo a la alteridad  y del deseo de destrucción del otro, que altera mi idea de paz.

Por ello es que para desarrollar la cultura de paz es fundamental visualizar al otro como mi prójimo y reconocerle sus derechos. De ahí la importancia de una estética integradora de las culturas, y de los diferente conceptos de belleza, que destruya los rechazos etnocéntricos: como han sido los del arte occidental por el arte extra europeo. Una cultura más que de tolerancia, de sincretismo, en que el uno se enriquezca del otro, en un plan de igualdad en cuanto forma de creación humana. El humanismo y la universalidad del hombre  sólo pueden hoy pensarse desde la paz de las culturas, del diálogo cultural. Ambas nociones sólo consiguen perfeccionarse en el sincretismo, en la apertura de una cultura a otra, en la creatividad. Las vanguardias del siglo XX se crearon precisamente cuando Europa abandona, por agotada la gramática formal del arte occidental, y explora e introduce las gramáticas del arte extra europeo. El inicio son las “Señoritas de Avignon” de Picasso (Fig.90). La valoración estética lleva a un cambio de imagen del negro, que se desarrolla en sus luchas reivindicativas durante todo el siglo XX.

Pese a los focos tribales, que siguen existiendo en el planeta, la idea de humanidad ha avanzado -con pasos de paloma, pero ha avanzado- es tarea nuestra impedir que retroceda y contribuir a ese avance. Hasta hace apenas veinte años nadie reconocía ni la inteligencia ni la belleza negra. La mujer negra era pintada como expresión de estupidez y fealdad (Fig. 91): Hoy son Premios Nobeles de Literatura y reinan en las pasarelas de la moda. Entra la imagen de la criada gorda de lo que el Viento se llevó  (Fig. 92)y la estilizada Noemí Campbell (Fig.93) hay apenas los años  que tienen en esta sala el que habla, pero hay años luz de distancia en el camino de la inteligencia y perfección  del sentimiento de lo humano. Como la que hay entre la Venus Hotentote (Fig.94), que fue presentada a comienzos del siglo XIX, como un fenómeno esteatopígico. Objeto de curiosidad y no de deseo y esta otra de la Campbell (Fig. 95), en más o menos la mismo posición, en que lo que único que  no se puede decir es que no sea objeto de deseo

  

Conclusión

Finalmente, la historia nos muestra que Kant tenía razón, que no es de la naturaleza humana de donde debemos esperar la paz, sino de la cultura, que es la que nos ha dado humanidad, en el sentido de sensibilidad, de compasión de las desgracias de nuestros semejantes, de humanitario. Shakespeare decía que son personas aquellos que “han saboreado la lecha de la humana ternura”. Y Graham Green anotaba que “ser humanos es un deber”. La paz es un deber de humanidad. Concepto éste de sentidos múltiples, que si implica flaqueza, implica igualmente benignidad y por extensión se refiere  a las bellas artes y a la letras, es decir a la cultura. Es por ello que la paz hay que  “instituirla”, crearla, instaurar una cultura de paz

Para participar con un grano de arena en esta creación hemos aceptado esta conferencia.

Arte y derechos humanos: en 1989 en la Plaza de Tiananmen de Pekín, construyeron su propio monumento para enfrentarse al arte oficial. Duró 4 días, evoca la estatua de la libertad.