La Ideología del Monte Peregrino (Mont Pèlerin), o el proyecto de sociedad del neoliberalismo

En abril de 1947, treinta y nueve intelectuales se reunieron en el Mont Pelèrin. El lugar era ideal. Aislado, cerca de Vevey en Suiza, el hotel miraba sobre el lago Ginebra y proporcionaba el paisaje de fondo perfecto para una reflexión tan fundamental como la que allí había de sostenerse. Los treinta y nueve intelectuales se repartían entre economistas, filósofos, juristas, historiadores, cientistas políticos, críticos literarios y publicistas. Venían desde distintas partes del planeta y ocupaban sitiales destacados e influyentes en el mundo universitario y en el aparato de formación de la opinión que opera en la sociedad capitalista.

Al cabo de diez días de reflexión, los convidados decidieron formar una sociedad con el nombre del lugar que los había acogido y dieron a luz una declaración de principios en la cual se leía lo siguiente:

Los valores fundamentales de la civilización se encuentran en peligro. Como consecuencia del desarrollo de las actuales tendencias políticas, las condiciones esenciales para la subsistencia de la dignidad humana y de la libertad han desaparecido ya de grandes sector de la tierra y en otros se encuentran constantemente amenazados…

Nuestro grupo sostiene que estos fenómenos han sido provocados por el desarrollo de una visión de la historia que niega todas las normas absolutas de moral y por la propagación de teorías que cuestionan la deseabilidad del imperio de la ley. Afirma, además, que han sido estimulados por un debilitamiento de la fe en la propiedad privada y en el mercado competitivo, pues sin el poder difuso y la iniciativa asociada a estas instituciones es difícil imaginar una sociedad en la cual la libertad pueda ser efectivamente resguardada.

La Sociedad del Monte Peregrino se proponía en definitiva, como ya lo habla hecho explícito su fundador en un libro del año anterior: The Road of Serfdom, desarrollar una utopía liberal y recomponer el proyecto de sociedad establecido en el Mundo Occidental para reforzar ideológicamente el sistema capitalista. Que sus propósitos eran la implantación de un nuevo modelo de Estado capitalista a escala planetaria quedaba claro en la parte de la Declaración de Principios en que el grupo aconsejaba a sus miembros dedicarse al estudio de los siguientes temas (inter alia):

2) La redefinición de las funciones del Estado para establecer una distinción más clara entre el totalitarismo y el orden liberal.

3) El problema de la creación de un orden internacional, conducente a salvaguardar la paz y la libertad y a permitir el establecimiento armonioso de relaciones económicas.

Quien había convocado a esta reunión de los amigos de la ”Free society”, como ellos la llamaban, era Friedrich von Hayek y entre los comensales se encontraba Milton Friedman. Ambos mentores ilustres de las actuales dictaduras del Cono Sur.

Friedrich August von Hayek (1899-1992), economista autríaco, premio Nobel de economía, bajo cuyo nombre se fundó en Chile la Corporación de Estudios Políticos creado por el gobierno de Pinochet, convocó a la reunión del Monte Peregrino porque estaba profundamente convencido de que era necesario desarrollar una nueva ideología para reafirmar los “ideales valederos” que fundamentaban la “Free society”. Así lo dice claramente en sus Studies in Philosophy, Politics and Economics[1].

Debe haber pocas tareas menos gratificadoras en el presente que aquella esencial de desarrollar los fundamentos filosóficos en los cuales debe basarse el posterior desarrollo de la “Free society”.

Esta ofensiva ideológica debía abarcar los diferentes campos del pensamiento y la cultura y ser el fruto de la acción coordinada de los intelectuales, cuyas teorías, difundidas por los medios de comunicación de masas, habrían de transformar la opinión pública.

La tarea comenzaba por la historia, pues para defender la “Free Society” era preciso rescribir la historia. En la Introducción de Capitalism and the Historians afirma Hayek que los historiadores han sido hostiles e injustos con el capitalismo, y que al colorear con sus ideas históricas nuestras ideas políticas han contribuido a formar en el gran público una opinión favorable al colectivismo. Los mitos históricos sobre el capitalismo han sido básicos para difundir las diatribas contra él y para desacreditar el sistema económico de la propiedad privada y de la economía de mercado. Pero, lo que es más grave es que los prejuicios históricos se han transformado en legislación socialista. Es preciso pues, destruir estos mitos para que el ataque contra el capitalismo se debilite y el avance del socialismo se detenga.

Simultáneamente resulta imperioso elaborar una nueva teoría del Estado que sirva para proteger y desarrollar la economía de mercado, oponiéndose radicalmente a toda forma de colectivismo.

(Como paréntesis señalo que la noción de colectivismo de Hayek es muy amplia pues comprende desde el marxismo hasta la economía keynesiana y las teorías macroeconómicas).

Partiendo de la premisa axiomática de que el socialismo es enemigo de la libertad, Hayek se da cuenta que la defensa de un modelo económico implica imponer un proyecto de sociedad. En este sentido su “Free society” es la imagen perfecta de la sociedad liberal. Pero no de cualquier liberalismo, sino del liberalismo económico (no político) más radical, de aquél que personificara Cecil Rohdes en el siglo XIX y que tan bien ha tipificado Walt Disney en uno de sus más conocidos personajes: el Tío Rico.

En su obra fundamental The Constitution of Freedom y la más reciente Law, Legislation and Freedom, así como en sus numerosos ensayos Hayek no hace sino renovar las ideas que ya planteara en The Road of Serfdom de que la intervención estatal y el socialismo han producido una enorme deterioración social, económica y política. Y, para cimentar su idea de que una sociedad libre está fundada sobre la existencia de una economía de mercado competitiva ha estudiado todos los elementos relacionados con lo social, lo político y lo filosófico que piensa que pueden dar validez y vitalidad a esta idea.

Lo que la libertad sea, Hayek confiesa que es difícil de precisarlo. Citando a Lincoln señala que el mundo nunca ha tenido una buena definición de la libertad. El tampoco la define, pero se obstina en decir que ella es la fuente de todos los otros valores. Tampoco precisa cuáles son estos otros valores, pero no cabe duda que la justicia social o distributiva no es uno de ellos ésta es un atavismo, la vuelta al hombre de las cavernas, impropia del civilizado y un atentado contra la libertad. Un atentado contra la libertad pues no existe control sobre la producción de riquezas que no sea a la vez control sobre las vidas humanas. La enorme burocracia que necesita desarrollar un estado intervencionista termina por usurpar los poderes constitucionales y la ley se transforma en letra  muerta. Este es el proceso mediante el cual la libertad del individuo ha sido reducida en nuestro tiempo, sin revoluciones violentas y sin dictaduras armadas. Todo tiene la apariencia de seguir igual. Las constituciones siguen siendo válidas y la democracia continúa funcionando, creando la ilusión de que todo está bien y que el pueblo sigue gobernando[2].

El colectivismo ha producido una enorme crisis moral porque ha destruido los valores fundamentales que mantienen a la sociedad cohesionada. Al intervenir en el mercado competitivo ha destruido la ética del individuo y su capacidad de gobernarse a sí mismo.

Implícito y aún explícito está en el pensamiento de Hayek que esta decadencia ha sido causada por una ampliación de la democracia. El piensa que el hombre debe ser libre para elegir y para actuar. Pero para que esta libertad subsista debe ser guiada por una conciencia moral de las consecuencias que sus acciones producirán en torno suyo. Así, para proteger la libertad la sociedad debe ser abierta, pero no tan abierta que los valores que sostienen al hombre y a la sociedad puedan decaer. En un artículo muy citado, Die Ursachen der ständigen Gefährdung der Freiheit, afirma que la libertad sólo puede existir si es defendida. Pero, si analizamos de cerca su afirmación, la defensa de la libertad resulta restrictiva de la democracia, pues para él, en este artículo, la libertad es un principio fundamental que nos permite obtener algo imprevisible y, ese algo imprevisible no se puede sacrificar a lo que los individuos puedan considerar sus ventajas inmediatas. Dentro de esta lógica la libertad estaría más allá de la voluntad popular, y para defenderla, el pueblo debería sacrificar beneficios concretos e inmediatos por otros imprevisibles y a largo plazo.

Toda la política de la represión en América latina ha descansado sobre este argumento.

Para mantener la “Free Society” —dice Hayek— es preciso preservar el status, el orden y la tradición. No porque éstos sean fines en sí mismos, sino porque son medios para resguardar la libertad y la cooperación social. Uno de los descubrimientos más importantes de Hayek parece ser el de la existencia de un orden espontáneo (spontaneous order) Semejante al”orden natural” de que hablan los integristas y que sería el reflejo de la voluntad de Dios, que impone los valores de la sociedad jerarquizada, éste sería el que fundamentaría los valores sociales, políticos y filosóficos, y ¿por qué no? los estéticos. Una especie de giróscopo con el que está equipada toda sociedad produciría este orden espontáneo: el mercado.

El spontaneous order sería, asimismo, la base de la ley. Una ley que determina lo que la ley debe ser (las leyes no tendrían otro fin que proteger ]a esfera privada). Esta doctrina meta—legal que tiene como premisa el orden espontáneo que nace de la economía de mercado, no es en el fondo otra cosa que un intento de fundar el derecho natural sobre la propiedad privada.

Aparte de eso, la idea de orden espontáneo le sirve a Hayek para desacreditar las ideas de Rousseau y en consecuencia la noción misma de democracia. Según él, la sociedad humana sería el producto de la acción humana —del intercambio y la formación de mercados— y no de un contrato social. Justamente serían las ideas contractuales de la democracia, así como otras ideas seudo-científicas, las que conducirían inevitablemente al socialismo[3]. Así él distingue la isonomía, o imperio de la ley y el liberalismo, de la democracia, y no obstante que conviene en que el desarrollo democrático ha sido también un elemento importante para el desarrollo de la libertad, piensa que más aún es una amenaza para el imperio de la ley y la libertad[4]. La democracia a lo Rousseau conduciría, pues, al socialismo; sería el Camino de la Servidumbre. Y ya al escribir su primer panfleto político con este título, Hayek se alarmaba de lo rápido que se avanzaba por este camino, pues no sólo el mundo intelectual estaría dominado por los ideales socialistas “Lo más importante es que si observamos quienes influyen actualmente en el desarrollo de las sociedades democráticas, tenemos que reconocer que en alguna medida todos son socialistas”[5].

La ideología del Monte Peregrino se ha difundido en América Latina fundamentalmente a través de Milton Friedman (1912-2006). Cuando en 1976 fue agraciado con el Premio Nobel de Economía, la prensa oficial de las dictaduras no sólo lo saludó como el más grande economista, sino, y lo que es más importante, como el más grande filósofo del siglo XX [6]. El hecho es que Friedman hace años que había comenzado a extender su influencia. Desde su cátedra en la Universidad de Chicago propició un sistema de becas y de intercambio de profesores a través del cual, entre los años cincuenta y sesenta, se formó el grupo de que desde mediados de la década de los setenta organizaron la vida económica en los países del Cono Sur: los “Chicago-boys”.

Friedman, al igual que Hayek, comienza por declararse partidario del liberalismo; pero en el real sentido que éste término tenía en el siglo XIX, porque en el siglo presente: “los enemigos de la libre empresa se han apropiado de a etiqueta”[7]. El estado típico de la sociedad sería la tiranía. El siglo XIX y los comienzos del XX son una excepción notable a esta tendencia histórica, porque la libertad aparece de la mano con la libre concurrencia y el desarrollo del capitalismo[8].

La tesis axial del economista de Chicago es que la libertad económica es una condición esencial de la libertad política. La combinación de poderes económicos y políticos entre las mismas manos es una receta segura de la tiranía[9].

A la objeción, ¿es posible hablar de libertad en un mundo de desigualdades tan enormes? Friedman responde que entre la libertad y la justicia hay que elegir, y que él elige la libertad. Si la igualdad ante Dios y la igualdad de oportunidades le parecen aceptables; en cambio, la igualdad de resultados, la idea de que todos deben tener el mismo nivel de vida es para él tan absurda, como el resultado de la carrera aquélla que organizaba Dodó, el pájaro leso de Alicia en el País de las Maravillas “Cada uno ha ganado y todos deben tener premio”. El ideal de distribución equitativa significa un aumento constante de los poderes del gobierno y es el origen de las restricciones de nuestra libertad personal. Existe una contradicción radical entre el ideal de la libertad y el ideal de dar a cada uno según sus necesidades, pues éste termina invariablemente en un estado totalitario y de terror[10]. Uno de los grandes mitos históricos de estos últimos años es que el capitalismo aumenta las desigualdades, porque sería un sistema en que los ricos explotan a los pobres. Nada más falso. No existen mayores diferencias entre ricos y pobres que en los países donde no se permite funcionar el mercado libre. “Las diferencias de ingreso en China —señala a guisa de ejemplo— son probablemente más importantes que en un gran número de países comúnmente asociados a la idea de elite fascista y de masas explotadas”[11].Muchas de las injusticias actuales en realidad vienen de las imperfecciones del mercado, las cuales son, en la mayoría de los casos, consecuencias de la intervención del Estado. El mejor medio para reparar las desigualdades y, en especial, de aliviar la pobreza es la caridad privada.

Lo esencial para la existencia de la libertad es la cooperación social que engendra el intercambio y esta tarea no es el Estado el que la realiza, sino el sistema de precios[12]. Y que las tesis económicas de Friedman implican un proyecto de sociedad, incluso una ontología, queda de manifiesto cuando él amplía esta concepción señalando que todos los valores de la sociedad: su cultura, sus convenciones sociales, la lengua, los tipos de música, etcétera, evolucionan gracias al egoísmo humano (factor positivo) y al intercambio voluntario desarrollado por el mercado económico[13].

Si en Capitalism and Freedom había llegado a afirmar que la economía de mercado provocaba automáticamente la libertad individual, en una obra posterior, escrita con su esposa Rose, Free to Choose, tal vez observando la experiencia de América Latina, matiza esta observación diciendo que el intercambio voluntario no es una condición suficiente pero sí necesaria para asegurar la prosperidad y la libertad[14].

El papel del Estado es subsidiario de la actividad privada y sus funciones son fijar las reglas del juego de la actividad económica para apoyo de la seguridad y estabilidad del mercado: determinar el volumen monetario, definir las normas de la propiedad privada, servir de árbitro entre las empresas, promover la competencia y, en ciertos casos, suplir la caridad privada para proteger a los irresponsables: locos y niños. Todo lo demás, seguridad social y en general funciones sociales debe ser suprimido. También ese tipo de problemas debe reglarse en el mercado privado y mediante la iniciativa libre. Friedman considera que la idea de responsabilidad social colectiva es “una doctrina fundamentalmente subversiva”, porque debilita la familia, destruye los incentivos para trabajar, economizar e innovar, reduce la acumulación de capital y limita nuestra libertad [15].

La única concentración de poder que Friedman acepta es en el dominio policíaco—militar; pero éste, según él, es un peligro inevitable, porque “la conservación y la expansión de la libertad, se ven amenazadas en el día de hoy desde dos direcciones. Una amenaza es obvia y clara. Es la amenaza externa que viene del hombre malo que está en el Kremlin que ha prometido enterrarnos[16]. La otra amenaza es mucho más sutil, es la amenaza interna, que viene de los hombres de buenas intenciones y de buena voluntad que quieren reformarnos[17].

La ideología del Monte Peregrino, con el neoliberalismo (neocons) y la globalización, se ha impuesto en el planeta (Son pocos los que resisten. En América Latina: Cuba, Venezuela y el indigenismo andino). Los comensales de 1947 se han  multiplicado por cientos y se encuentran repartidos en la mayoría de los países. Todos son destacados académicos y muchos consejeros directos de sus gobiernos. Gran parte de los responsables de la política de Reagan de ambos Bush, que vienen de la John Hopkins University de Baltimore o del Center for Strategics and International Studies de Georgetown pertenecen a la sociedad. El “Viento cambia” se intitula el último capítulo de Free to Choose, y en él, los Friedman se refieren sólo a la toma del poder de Margaret Thatcher en 1979 y a la derrota del partido socialista en Suecia en 1976. Todavía Reagan no había triunfado (Todavía no había caído el muro de Berlín, ni se había derrumbado el socialismo soviético. El Fin de siglo iría más allá de sus esperanzas). Friedman cojeturaba que a la ola en favor del socialismo y el Estado—Providencia debía suceder un movimiento hacia una sociedad más libre y un gobierno más limitado y no totalitario: la Sociedad de Libertad y de Prosperidad. Esta sociedad sin embargo, él mismo lo señala así, se encuentra sólo en el mundo industrializado. Para dar con gente que no beneficie de ella habría que ir al mundo no capitalista, a Rusia, China, India o Bangla Desh; o bien a los países capitalistas más atrasados, a África, al Cercano Oriente, a América Latina; o incluso, hasta época reciente, a España o a Italia (16). Y no bien se termina de leer el párrafo uno se pregunta: ¿Cuál es pues, la parte de la población mundial que no puede disfrutar de esta sociedad de libertad y prosperidad?: ¿Las cuatro quintas partes de la humanidad?

Cuando Friedman habla de que el viento cambia, no menciona a América Latina y es allí justamente donde el viento más ha cambiado. Fue por su magisterio que los países del Cono Sur se convirtieron a la ideología del Monte Peregrino. En Chile, a partir de abril de 1975 los “Chicago—boys” dominan el sector económico, en Argentina Martínez de Hoz intenta, con un fracaso estrepitoso por lo demás, desde 1976 una aplicación matizada de los cánones friedmanianos y las Fuerzas Armadas del Uruguay los reconocen como su proyecto económico en el Plan General de la República de 8 de septiembre de de 1976. En todos estos países se ha repetido su ataque violento contra el estatismo y elogiado y glorificado la economía privada. Sus argumentos han llegado incluso a servir para justificar el golpe de Estado: El colectivismo constituye un atentado contra la existencia misma de la nación y serían las tentativas de colectivización las que habrían llevado a los militares a dar el golpe[18].

La gran paradoja es que la imposición de la ”Free Society” en América latina ha producido uno de los más grandes atentados contra la libertad de que tenga recuerdos la historia.

Traducida en teoría económica la ideología del Monte Peregrino propone recetas muy simples: reducción del sector público, libertad de precios, restricción de la oferta monetaria, paridad cambiaria y renuncia a la justicia social. Estas recetas implican lo que sus partidarios llaman un “tratamiento de shock”; pero shock sólo para las clases más desposeídas que pagan exclusivamente su costo social. En Chile, como lo mostró (para la época) el libro de Fernando Dahse: Mapa de la Extrema Riqueza, la imposición rigurosa de la economía de mercado produjo las mayores desigualdades de ingresos jamás conocidas. Nunca se ha producido una mayor acumulación de capital. Nunca los ricos fueron más ricos ni los pobres más pobres. Hasta el punto que los propios organismos oficiales calificaron su situación de “extrema pobreza”.

La ideología del Monte Peregrino implica una nueva concepción del Estado, Friedman es consciente de ello cuando en el último capítulo de Free to Choose da recetas para modificar las constituciones. En América Latina esta redefinición del Estado capita lista se ha transformado en teoría del Estado dictatorial.

Si observamos los textos constitucionales más recientes, la Constitución chilena, el aborto de Constitución uruguaya, o las Actas constitucionales argentinas, veremos que en todos se afirma como principios, y en forma más o menos clara, “que el hombre es superior al Estado” o que “el hombre es un ser sustancial” y que “la sociedad y el Estado son sólo seres accidentales”. Estas frases son los fundamentos filosóficos, los axiomas sobre los cuales los dictadores buscan legitimar la imposición del proyecto de sociedad del Monte Peregrino.

Ya en la Declaración de Principios del Gobierno de Chile (l974), la junta militar fijaba el papel del Estado en términos atravesados de tomismo y friedmanismo: “El principio de la subsidiariedad representa la clave de una sociedad auténticamente libertaria. Casi podría decirse que es el barómetro principal para medir el grado de libertad de una estructura social. Por oposición a él, cuanto mayor sea el estatismo que afecte a una sociedad, menor será su efectiva libertad, por extendido que sea el ejercicio ciudadano de los derechos políticos”.

La noción de”subsidiariedad” viene efectivamente del pensamiento tomista y escolástico. Su utilización representa el intento de armonizar el integrismo católico con la “Free Society” y legitimar por la teología la economía ultraliberal. En este contexto implica que el Estado no debe ejercer funciones que puedan ser objeto de lucro para los particulares. La concepción del Estado fundada sobre el principio de la subsidiariedad es análoga a la que Gramsci evocaba en la imagen del Estado “vigilante de noche”, para ilustrar el favorito de la economía liberal, en el cual toda la iniciativa histórica se entregaba a la sociedad civil y las fuerzas que en ella surgieran, quedando el Estado como mero guardián del sistema.

Por otra parte, dentro de esta idea del “Estado vigilante de noche”, la idea de Friedman de que él debe “defendernos” de los hombres de buenas intenciones y de buena voluntad que quieren reformarnos, justifica ampliamente la Doctrina de la Seguridad Nacional, que los dictadores han puesto en boga. Hayek, declaraba  en Chile al diario El Mercurio “Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un Gobierno democrático donde todo liberalismo está  ausente[19].

Así se manifiestan las profundas contradicciones de la ideología de la “Free society”, la cual aplicada al Tercer Mundo, lejos de reducir el papel del Estado, al aumentar el poder policiaco-militar, confunde a éste con él e implica la mayor invasión de la sociedad civil por el aparato del Estado, ya que en un Estado—militar la acción anti-subversiva (la protección contra los hombres que quieren reformarnos) borra los límites entre lo militar y lo político. El hecho mismo de que el enemigo, “los hombres que quieren reformarnos se encuentren “perdidos en la turbamulta” y no sean fácilmente reconocibles, elimina la posibilidad de decisiones civiles, ensanchando sin límites el área estatal y funda el Estado totalitario y de terror.

La paradoja de la ideología del Monte Peregrino y de su  mito de la “Free society” asociado a la libertad económica, queda de manifiesto en el siguiente texto editorial publicado por el periódico más importante de la dictadura chilena:

El estatismo es caro e ineficiente, pero además de ello es injusto por cuanto lesiona los derechos esenciales de la persona y muy especialmente su verdadera libertad que reside más que en la opción a votar por sus preferencias en el derecho a disponer sin intromisiones ajenas a un margen seguro e inviolable para llevar a cabo su vida su trabajo, y en general sus propias iniciativas… Detrás de estas nociones equívocas prosperan con frecuencia los totalitarismos. Estos no son sinónimos de los regímenes autoritarios, así como el verdadero carácter libre de un régimen no depende de la existencia formal de elecciones… El peligro del totalitarismo puede estar más próximo de lo que imaginamos, pero sus representantes se encuentran entre los que tachan de fascista al gobierno militar y entre los que, invocando los derechos humanos o mostrando un sentido populista, buscan debilitar la autoridad del régimen[20].

Un grave  error axiomático del neoliberalismo es equiparar la libertad del mercado con la libertad en general. Como ha escrito L. Thurow en El futuro del Capitalismo, “el problema  es que el capitalismo es perfectamente compatible con la esclavitud… La democracia, no” De hecho quienes quedan fuera del campo mercantil no disfrutan de la libertad liberal y como esta libertad mercantil se constituye a partir de una repartición desigual de derechos y recursos, la libertad liberal no puede ser otra que la libertad desigual. Parafraseando a  Orwell en Animal Farm: frente a la libertad del mercado todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros.

Frente a esto Hobsbawm en una entrevista con la revista Spiegel [21], señala: .”La dificultad principal con la democracia y el mercado consiste en mi opinión es que los dos son incompatibles a largo plazo… La democracia se basa en el concepto de ciudadano; el mercado en el de cliente. Pero únicamente como ciudadano asume el hombre responsabilidades colectivas… [entre otras]  con ocasión de actos simbólicos. Verbigracia, una votación.

 


[1] Londres 1966 p.19l

[2] “Die Ursachen de ständigen Gefährdung der Freiheit”, in Franz Böhm, Friedrich A. Lutz, Fritz W. Meyer eds., Ordo XII (1961) pp.105, 107—109. Law, Legislation and Liberty, Vol 1, Rules and Order (Chicago 1973 pp. 57, 61 y 94“The Atavism of Scial Justice” New Studies in Philosophy, Politics, Econornics and the History of Ideas Londres 1978 (57-68)

[3] .”Scientism and the Study of Society” The Counter Revolution of Science, Glencoe I11. The Free Press 1952

[4] Esta idea la desarrolla Hayek repetidamente, por eso señalaremos sólo algunas de su obras en este punto, las más importantes: “Entstehung und Verfall des Rechtsstaatsideales” pp 33—65. The Political Idea of the Rule of Law, Cairo 1955; The Constitution of Liberty (London and Chicago 1960) pp.54—56,103-104,106 y 162— 219. Rules and order p.2

[5] Curiosamente en la edición de 1979 de The Road of Serfdom, p.3 que consulto Hayek dice: ”The important point is that, if we take the people whose views influence developments, they are now in this country in some measure all socialists. ”Un comentador posterior, Hartwell, en vez de in this country, trascribe in the democracies. ¿Es que Mr. Hartwell autor de un famoso artículo ”History and Ideology” y activo militante de la Ideología del Monte Peregrino, se ha simplemente equivocado, o queriendo darle un mayor alcance al pensamiento de Hayek, allá por los años 1977, había comenzado ya a rescribir la historia? Cf. Hartwell “Capitalism and the Historians” en Essays on Hayek London 1977

[6] El Mercurio Santiago de Chile 9.10.1976 y 30.10.1976.

[7] Dice Friedman citando a Schumpeter Capitalism and Freedom The University of Chicago Press 1975 p.5.

[8] Id p.9

[9] Free to Choose. Las citas son de la edición francesa traducida con el título LaLiberté de Choix, Belfond 1980 p. 15. De ahora en adelante. L. du Ch.

[10] L.du Ch 158/159

[11] Id. 172

[12] Ibid. 26

[13] Ibid. 40

[14] Ibid. 24

[15] Selden en “Introduction” Capitalism and Freedom. Problems and Prospects. Proceeding of a conference in honour of M. Friedman (Selden ed.) 1975 p.20 y L. du Ch. 149

[16] “the evil men in the Kremlin who promise to bury us”

[17] “men of good intentions and good will who wish to reform us”Capitalism and Freedom, 201

[18] L. du Ch 291 y 172,173.

[19] 12-4-81

[20] El Mercurio, 27.6.1976

[21] 27-12-99