INMEMORIAM

ENTREVISTA

MIGUEL ROJAS MIX: Respecto al problema de la dictadura en Argentina, hay una primera pregunta que salta al espíritu y que quisiera hacerte, Julio: ¿Cómo ves tú este problema: que las dictaduras en América Latina, en Argentina y en Chile comienzan por declararse defensoras de los valores del espíritu?

JULIO CORTÁZAR: Yo empezaría por decirte que no sólo en Argentina y en Chile. Se diría que es una especie de constante en todas las dictaduras, por lo menos las latinoamericanas. Es posible que las otras, las del resto del planeta, que yo conozco un poco menos o mucho menos, obedezcan también a esta misma cons­tante, pero se diría que en cuanto una dictadura se instala en el poder, una de sus primeras declaraciones consiste en proclamarse campeona de la defensa de los dere­chos humanos y de los derechos del espíritu. Es una especie de mecanismo que yo diría casi instintivo, para crear una fachada, detrás de la cual se pueden iniciar todas las operaciones que van exactamente en contra de esa defensa del espíritu de los de­rechos humanos. En el caso de Argentina y de Chile, nosotros somos particular­mente sensibles a eso porque las hemos escuchado y las estamos padeciendo, algu­nos como exiliados, y otros como habitantes en nuestros países respectivos. Yo te di­ría que ese tipo de declaraciones responde casi siempre a un profundo cinismo que, si me permitís inventar un poco, es un cinismo que corresponde perfectamente a la estructura mental del fascismo.

MRM: Tú crees que en América Latina es un fascismo lo que se está dando?

JC: Bueno, esto podemos después, si quieres, matizarlo un poco, pero en principio te contesto que sí. Entendiendo por fascismo no exactamente la definición que el diccionario puede dar del fascismo mussoliniano. No, sería una noción probablemente un poco más amplia, pero yo no lo puedo olvidar, porque cuando digo fascismo pienso también en el nazismo, es decir, pienso en dos fenómenos…

MRM: i Sabes?, una cosa al margen: que en el diccionario de la Real Academia la palabra nazismo no figura.

JC: No figura, ¿no? Pero no te olvides que en esa época la Academia era Real.

MRM: Sí, y la Academia Real sabe elegir a sus miembros. Por ejemplo, tú no figuras en la Real Academia, en cambio Borges sí. Eso al margen.

JC: No, pero yo me acuerdo, por ejemplo, y creo que te estoy contestando ya a la pregunta, que en los años de la Guerra Mundial escuchaba en onda corta las transmisiones que llegaban desde Londres, Moscú y Berlín, y me acuerdo que las transmisiones de programas de los nazis desde Berlín, que se escuchaban muy claramente y muy bien en Argentina, además eran en español, dirigidas para América Latina, comenzaban todas ellas con el eslogan siguiente: había unos compases de una marcha nazi, no sé cuál era, y luego salía una voz que decía “Alemania, defenso­ra de la cultura”. Creo que con esto te contesto.

MRM: Ésa es la idea del Volksgeist, el espíritu del pueblo.

JC: Entonces esa misma Alemania, que sabemos lo que estaba haciendo en esos momentos, se presentaba como defensora de la cultura. Entonces no es nada ilógico, y casi es inevitable, que la Junta de Videla o la Junta de Pinochet se presenten como defensoras de los derechos humanos, como defensoras del espíritu, pues­to que la cultura es una de las modalidades dentro de esa serie de valores.

MRM: Ahora, es evidente que si ellos se dicen defensores del espíritu, tienen un concepto de lo que es ese espíritu.

JC: Claro.

MRM: Porque a la vez está esa defensa del espíritu y, por otra, una repre­sión brutal contra los intelectuales opuestos al régimen.

MRM: En efecto; pero quisiera precisar algunos conceptos. La noción de civilización cristiana y occidental, por lo menos en Chile, se da en cuatro niveles:

1.- A nivel económico, es el capitalismo, pero no cualquier capitalismo. Fundamentalmente el modelo de Milton Friedman, y fundamentalmente un libe­ralismo que se parece al del tío del Pato Donald, “Rico Mac Pato”, como lo mostró un libro publicado en Chile poco antes del golpe y que ha hecho fortuna. Ese capi­talismo desalmado se da en Chile, donde se instala la llamada escuela de Chicago a partir del año 75, y se da en Argentina con Martínez de Hoz, quien ha impuesto un modelo económico de tipo friedmaniano, neoliberal, fundado en la paridad cam­biaría, en la libertad de precios, en la reducción del gasto público, en fin, en la su­presión de todo lo que implica una política de redistribución social. Esto lleva a re­ducir al pueblo a la “extrema pobreza”.

2.- Se da a nivel político en un violento ataque a la democra­cia. Benito Pérez Galdós decía que las derechas aman una democracia amordazada para que no muerda, y yo creo que eso es evidente en las dictaduras de América Latina. Ellos dicen que las democracias destruyen las élites.

3.- En materia teológica, en esta lucha maniquea de la que hablabas, y

4.- en materia cultural, en esta defensa del espíritu de la que acabamos de referirnos. Ahora, en Argentina yo creo que también se da esta asociación con el capi­talismo liberal de Milton Friedman.

JC: Sí, yo creo que es evidente, y la referencia que hiciste a Martínez de Hoz me parece concluyente porque su política está perfectamente dirigida y en­cauzada dentro de esas líneas. Yo no soy economista, y no entiendo demasiado de detalles, pero creo que eso puede comprenderlo aún alguien que no entienda nada de economía.

MRM: Insistiendo en la noción de espíritu que ellos manejan, creo que esa idea tiene una tradición larga en América Latina. Es una noción que pasa en América a través de la idea de la Hispanidad de Maeztu, de la glosa que se hace de Santo Tomás y del derecho natural; pero que también pasa a través de una concep­ción elitista de la cultura; la cual no sé si en Argentina también, pero en Chile es muy tributaria de las ideas de Ortega y Gasset y de la Revista de Occidente.

JC: No estoy demasiado seguro de que los militares argentinos sepan quién era Ortega Gasset. El estuvo en Argentina en los años 30 y en realidad su influencia mayor la tuvo con las élites civiles y no militares, es decir, con el grupo de Sur, con Victoria Ocampo, con Borges, con esa gente, ¿comprendes? No creo que los grupos castrenses se preocuparan en absoluto por el pensamiento de un Ortega y Gasset; pero, claro, ésas son ideas que les llegan indirectamente, les llegan a través de ciertas vulgarizaciones de ciertas enseñanzas que entran por el lado de la Escuela Militar. No hay que olvidarse que la escuela militar en Argentina, yo no la conozco en detalle, no puedo entrar en ese terreno, pero hablando con amigos que tenían pa­rientes militares o amigos militares, de esto hace 25 años, siempre me llamó la aten­ción enterarme de que había profesores sumamente capaces, sumamente inteligen­tes, que incluso iniciaban un análisis marxista para los cadetes, pero para darles una serie de nociones más o menos precisas sobre la cosa, destinadas en último término a dar la vuelta a la tortilla, y mostrar que había que luchar contra todo eso; es decir, que había que colocarse en la situación completamente opuesta. Pero no creo que, para volver a Ortega y Gasset, el cual los intelectuales han conocido bastante bien, haya tenido una influencia directa.

MRM: Es verdad, pero frente a esto cabe plantearse la cuestión siguiente: ¿la ideología de la dictadura es del resorte exclusivo de los militares? Personalmente creo que esa ideología estaba formada, ya que los militares no son sino la caja de re­sonancia de una ideología de la derecha chilena y de una ideología de la derecha Argentina. Y, por salvar a Ortega, su influencia ha sido muy grande en algunos intelectuales argentinos: en Octavio Bunge, en el historiador Levillier y en otros ins­pirados en la idea de Hispanidad, y que en materia histórica van a desa­rrollar la leyenda rosa de la conquista, etc. Entiendo que esa ideología tiene validez en Argentina.

JC: Sí, pero habría que dar un paso atrás. Yo creo que en definitiva toda esa noción de hispanidad, esa moda de la hispanidad que se ha manifestado en oleadas mayores o menores en Argentina a lo largo del tiempo, que alcanzó en un momen­to dado una importancia bastante grande en la primera presidencia de Perón, pero que ya se manifestaba anteriormente a través del pensamiento de Maeztu y algunas visitas muy ilustres, entre comillas, como las de Millán de Astray, por ejemplo, quien fue a la Argentina y fue recibido como una especie de héroe, y…

MRM: Y Menéndez Pidal.

JC: Creo, también.

MRM: Un año estuvo…

JC: Es posible, sí. Bueno, lo que había en aquella época en Argentina y que puede sustituir, puede continuar todavía ahora, es esa exaltación de la hispanidad entendida sobre todo a la luz del franquismo, porque desde luego no es la hispanidad en el momento de la República, es decir, es la hispanidad franquista. Yo insisto que hay que dar un paso atrás. ¿Por qué hay esa hispanidad franquista? Porque hay Franco.;  y por qué hay Franco? Porque Franco es una vez más el hombre que lucha contra los rojos, es decir, que hay que traer la cosa al terreno político. Detrás, en el fondo, está ese fantasma que recorre Europa, primera frase del Manifiesto Comunista. Ése es el espantapájaros de los militares latinoamericanos. Esa primera frase del Manifiesto Comunista es una especie de símbolo, es decir, que Franco por sí mismo no significaría nada para el pensamiento militar argentino si él no hubiera sido el defensor de la cultura, como los alemanes, porque enseguida surgen los grandes valores abstractos. Luchar contra el comunismo es luchar por la cultura, lu­char por el espíritu y, tercera cosa, luchar por el cristianismo, y particularmente por el catolicismo y el Occidente.

MRM: Estoy perfectamente de acuerdo con lo que tú dices, pero te quería hacer por lo menos un matiz, y es que el catolicismo que defienden es un timo muy preciso, es el catolicismo tradicionalista, integrista; el catolicismo que en la época del franquismo se piensa como una doctrina útil para enseñar a los obreros la resignación, para enseñar a los trabajadores la tranquilidad, para mantenerlos inmóvi­les. Pero es, a la vez, un catolicismo que se opone violentamente a todo lo que en Latinoamérica pudiera llamarse Teología de la Liberación.

JC: Justamente. Para decirlo muy groseramente, es el catolicismo del capellán ése de tus Fuerzas Armadas, opuesto al catolicismo de Camilo Torres.

MRM: Tienes otros capellanes en Argentina semejantes, ¿no?

JC: No, no; si conoces el argentino lo puedes sustituir, me da exactamente lo mismo.

MRM: Hay una cosa interesante, en América Latina la civilización occidental se define desde el punto de vista teológico. Es todo lo opuesto a la Teología de la Liberación.  Por ejemplo, frente a la obra del Padre Gustavo Gutiérrez, el peruano, “Teología de la Liberación”… que plantea  que el prójimo del cristiano es por excelencia el pobre; frente a esa afirmación, el catolicismo tradicional, el de la civilización “cristiana y occidental, reacciona indignado. Su condenación va desde el juicio teológico hasta su desmentido usando viejas parábolas. He leído textos que repudian esta afirmación: “Fal­so –dicen-, Cristo-Dios llamó al pesebre a los Reyes porque Cristo es también Rey de Reyes, y si Cristo hubiera reconocido como un prójimo privilegiado al po­bre habría llamado solamente a los pastores”. Evidentemente la conclusión es que para que Cristo siga siendo Rey de Reyes tiene que seguir habiendo Reyes, metafóricos (ricos empresarios) al menos en Chile, y también en Argentina, Más aún, no sé si has oído hablar del padre Veckemans… Veckemans es un jesuita que llega a Chile en la época de Frei, y según acaba de ser publicado en Le Monde y en Informaciones Católicas Internacionales, llegó con una ayuda de la CÍA de 15 millones de dólares. Esta ayu­da estaba destinada, primero, a apoyar la campaña de Frei, y en segundo lugar, a apoyar a todos los sindicatos antimarxistas. Cuando se analiza la historia de Chile y se ve el papel que jugaron los sindicatos de camioneros, y los sindicatos de pequeños comerciantes, se advierte la importancia de …

JC: Papel siniestro.

MRM: Se da cuenta uno de que la ayuda no fue, digamos, superflua, sino que fue fundamental, y es entonces ahí donde uno advierte que hay en América Latina una lucha teológica en la cual las dictaduras también han tomado parte y en la cual, en Argentina por lo menos, la influencia de Maurras, el gran teórico del integrismo francés y el movimiento que creó, y la Acción Francesa aparecen como ex­tremadamente importantes.

JC: Yo estaría de acuerdo, aunque desde luego no soy nada versado no diré ya en materia teológica, porque eso es obvio, sino ya en los problemas de religión práctica, si me permites el vocabulario, en nuestros países, pero hay un hecho evidente y es que estos ejércitos, por lo menos el argentino, son ejércitos que se cons­truyen, que se edifican desde el punto de vista del estudio de los cadetes, de la pre­paración de los oficiales y de los soldados; se edifican dentro de una estructura perfecta y totalmente católica. Es decir, hay una estructura de respeto a los valores cató­licos considerados como un elemento capital de la noción de patria, de la noción de defensa de ideales, es decir, que la defensa de la patria coexiste y coincide con la de­fensa de valores de tipo religiosos. Tú conoces la presencia permanente de capella­nes. Hay una especie de aura religiosa que envuelve el ejército y se diría incluso que en el hecho de asumir la condición de militar hay algo como la vela de armas de los caballeros de la Edad Media, o del Quijote. Es una cosa que está profundamente co­nectada con las nociones cristianas que en sí mismas son admirables, pero que aquí, dada la utilización que se les da, desgraciadamente se convierten en una especie de complicidad o de instrumento de sumisión de la mentalidad de los militares a la de­fensa de esos valores. No sé si me explico.

MRM: Sí, pero la pregunta que salta al ruedo es: ¿Cómo concebían ellos esa visión cristiana del mundo con la violación constante de los derechos humanos?

JC: Es una señora pregunta ésa. No he tenido nunca ninguna conexión con la vida castrense, no conozco directamente la mentalidad militar, no he tenido la menor oportunidad porque siempre he sentido una especie de antagonismo instintivo desde niño hacia todo lo que fuera militar, entonces no tuve ningún contac­to con ellos. Pero, por ejemplo, me acuerdo muy bien que en la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando yo era un joven profesor universitario en la Universidad de Cuyo, en Mendoza, la mayoría de los profesores, que eran mis colegas, civiles desde luego, eran profundamente nazis, es decir, apoyaban al hitlerismo o confia­ban en la victoria del hitlerismo. Yo me acuerdo perfectamente que en el mismo mo­mento en que Hitler se lanzó contra los católicos y hubo aquella persecución, tú sa­bes muy bien que por razones que a mí se me escapan… En ese mismo momento, esos colegas míos que asistían casi diariamente a misa, que eran católicos practican­tes, defendían profundamente el hitlerismo, y yo recuerdo que un día hablando a uno de ellos con quien yo tenía una relación de trabajo, le dije: ¿Cómo podes ser al mismo tiempo un defensor de Hitler y un católico practicante cuando Hitler está persiguiendo los católicos? Y recuerdo muy bien que me dio una explicación tan “tarabiscoté”, como dirían los franceses, que era una serie de sofismas, una serie de mecanismos de escape, tratando de demostrar que en definitiva esa persecución no era tan seria como se decía, etc., etc. Eso, para tratar de contestar a tu pregunta.

MRM: ¿No te parece que esto lleva de todas maneras a una reflexión importante? Y es que, en definitiva, todos esos católicos que apoyan la dictadura defi­nen su fe a partir de la posición de clase, en primer lugar; es decir, que es muy difícil el hablar de la fe en un sentido absoluto, en el sentido de verdad trascendente y uni­versal. Porque lo que tú estás diciendo demuestra que el antecedente es una posi­ción de clase, a partir de ella voy a dar una fisonomía a mi fe; o sea, no hay una fe a priori que sea la verdad, porque tú no podrías decir que ese tipo no era un católico, era un católico fascista y estaba definiendo su fe a partir de su fascismo y tenía prioridades en esta fe. No sé si ésta te parece una reflexión legítima.

JC: Me parece perfectamente legítima y lo que me parece, además, es que eso se nota en la alta burguesía católica de cualquiera de nuestros países. Es decir, que en el fondo son profundamente fariseos. Es decir, que son individuos que practican su religión, que practican las formas de la religión con una devoción muy pro­funda, pero el contenido de esas formas yo no sé se lo ignoran o no, creo que no lo ignoran, pero en todo caso en el momento de tener que tomar en cuenta el verda­dero sentido de la religión le superponen los intereses de clase y dejan caer comple­tamente ese contenido, y no les falta la absolución correspondiente de los religiosos que están exactamente en la misma línea de ellos.

MRM: Con lo cual, en definitiva, se pondría en duda que la religión tenga un contenido verdadero.

JC: Yo creo que yo creo, y puedo decirlo con algún derecho porque si al­guien no tiene un sentido religioso soy yo. Yo estoy absolutamente desprovisto de fe y de sentido religioso. Sin embargo, he tenido siempre y sigo teniendo un profundo respeto por el religioso honesto, por el hombre a quien yo creo verdadera­mente un hombre de religión, un profundísimo respeto en la medida en que sus ac­tos son consecuentes con sus principios; pero no es el caso de los burgueses católi­cos cuyos actos son el desmentido permanente de sus principios católicos y los mili­tares.

MRM: No creo que no haya una consecuencia entre sus actos y sus principios. No creo que la religión pueda ser entendida como una verdad trascendente. Creo que hay sólo traducciones de la fe y estas traducciones son histórico-sociales y políticas. No puedo pensar que la fe de Pinochet, o la fe de Videla, sea la misma que la de Camilo Torres.

JC: Claro que no; ahí estoy completamente de acuerdo contigo. Me parece que si tú has corregido, has tratado de modificar mi pensamiento es que no nos hemos entendido bien porque al final de lo que tú acabas de decir yo estoy completa­mente de acuerdo contigo. La fe de Ernesto Cardenal, ¿qué tiene que ver con la fe de Videla? Absolutamente nada. Y me complace citar a Ernesto Cardenal que es un amigo muy querido.

MRM. ¿Estarías entonces de acuerdo con volver al principio de nuestra conversación? Por definir esta idea, esta defensa del espíritu de las dictaduras fundamentalmente como la defensa de una élite, de una sociedad de clases y a la vez co­mo una defensa de esta élite contra lo que vendría a ser una cultura de masas, que te­men pueda desarrollar la conciencia de clase.

JC: Sí. Quizá no escuché bien el final. Después me repetirás bien la cosa, pero ahora se me ocurre en el momento algo que tal vez sea útil decir. En el fondo, la gran paradoja está en que esa defensa empecinada, implacable y monstruosa que hacen las élites de sus posiciones, eso refleja la máxima dosis concebible de materialismo, es decir, exactamente el valor que ellos consideran demoníaco, un desvalor, y contra el cual teóricamente luchan. Ese continuo ataque contra el materialismo lo están haciendo grupos militares o civiles, los militares y las oligarquías, que se sitúan en una posición total y enteramente materialista, no tienen absolutamente nada de espiritual porque están exclusivamente defendiendo sus bienes terrenales que pueden ser cabezas de ganado, viñedos o acciones en las industrias.

MRM: La propiedad privada. El argumento de defensa de la propiedad privada está en el centro del discurso de legitimación del golpe de si defienden la propiedad privada, no es porque ellos tengan interés en la propiedad, sino porque ella es un derecho natural.

JC: Sí, pero explícame tú qué es el derecho natural.

MRM: El derecho natural viene del derecho divino, es lo querido por Dios. Si el derecho positivo atenta contra el derecho natural, atenta contra Dios, y al atentar contra Dios el derecho positivo se convierte en tiranía. Es el argumento que se da en Chile para dar el golpe de estado. Los militares dicen que Allende hizo

una política de socialización, lo que además coincide con las tesis económicas de Milton Friedman a las que hicimos referencia, hizo una política de socialización, atentó contra la propiedad privada, atentó contra el derecho natural, el derecho na­tural es el derecho divino, atentó contra Dios.

JC: Sí, pero todo eso en el siglo XVI o XVII se llamaba casuística, es una palabra que lo resume todo; < quién va a aceptar una cosa así ?

MRM: Lo interesante, a mi juicio, de este discurso es lo siguiente: los mili­tares se dan cuenta de que ellos tienen que detener un avance político del proletariado que en Chile se desarrolla con la Unidad Popular, y en Argentina, en el seno del peronismo, aunque éste tiene múltiples facetas, pero, como quiera que sea desarrolla la movilización. Para detener ese movimiento recu­rren a argumentos mistificadores: es el recurso al mito. Evidentemente en América Latina la religión está muy enraizada y está enraizada a nivel folclórico, a nivel po­pular. Por lo que el  recurso, hablar del antipatriota satánico, enemigo de Dios, ¿está destinado a qué? A detener el avance de las reivindicaciones populares recurriendo al mito de la religión. Cuando los golpistas dicen que se levantan para dete­ner o para oponerse al peligro “de la utopía igualitaria”, como se decía en Chile, la pregunta que uno se hace es: ¿qué es lo que tiene que perder el obrero argentino, qué es lo que tiene que perder el minero chileno o el peón que trabaja en el salitre, de una utopía igualitaria? No tiene nada que perder. Entonces el discurso… ¿quién se lo cree? Hay una búsqueda del mito para legitimar la ofensiva represiva que se ha­ce a través de la fuerza bruta, pero que a la vez debe encontrar un sustento en la ideo­logía para intentar legitimarse.

JC: Paralelamente a eso tienen la utilización de eslóganes. No sé en Chile, pero en Argentina, desde hace 30 años, todas las dictaduras utilizan, agregando siempre a la palabra comunismo, la palabra ateo. Es decir, tratar de crear, en la mentalidad popular, impresionable, accesible por razones de incultura, de falta de acce­so a la información, de crear una especie de doble fantasma: la noción de la nega­ción de la divinidad, por lo tanto la caída de la estructura religiosa, sumada a esa no­ción de comunismo, cuya definición es mucho más vaga, menos fácil de hacer pero que de todas maneras concentra para ellos valores profundamente negativos; es siempre el materialismo ateo o el comunismo ateo, siempre se señalan juntos.

MRM: Presentan al marxismo como el enemigo, y el enemigo es sinóni­mo de Satán: éste es el juego. Hay un juego de palabras, en ese sentido, a mi juicio muy importante.

JC: Ya que hablas de las palabras, sabes que en el fondo, en ese sentido, yo no tengo miedo de caer en algunas paradojas, pero, una vez más, una gran parte del juego político está basado en las palabras, en una cuestión de vocabulario; es decir, llegar a controlar cierto vocabulario, cargarlo de un explosivo mental suficiente y descargarlo sobre las masas sobre las cuales quieren actuar. Tienen un efecto enor­me. Cada uno de los dictadores latinoamericanos, dentro de la monotonía y la mediocridad que los caracterizan, han encontrado un cierto vocabulario de ese tipo con el cual han actuado: son sus obuses, sus bazucas.

MRM: Lo notable es que este vocabulario recurre en forma pródiga al vo­cabulario religioso.

JC: No soy un técnico ni un entendido en la historia de los problemas reli­giosos a lo largo de la evolución de Occidente, o sea, que no sé nada del Concilio de Trento, y casi nada sobre Savonarola, salvo informaciones generales, pero tengo la impresión de que allí también el vocabulario fue fundamental; es decir, que las luchas se hicieron con base en cierto tipo de definiciones o de conceptos que se carga­ban de valores positivos o negativos según la necesidad del momento.

MRM: Otro ejemplo de carga del vocabulario es la noción misma de dic­tadura. Cuando el Partido Comunista Francés renuncia a la noción de dictadura del proletariado es porque el término que se refería a una magistratura romana transitoria se cargó negativamente con la idea de represión. Los comunistas franceses se dieron cuenta de que era mejor renunciar a esa noción para la imagen pública del Partido.

JC: Claro, eso es obvio, porque ahí también tienes el juego de las palabras. Es evidente que para cualquier persona en sus cabales la palabra dictadura se ha con vertido en una palabra profundamente negativa, entonces es inútil que le agregues el proletariado porque no haces sino pasar al proletariado la noción de negatividad que tiene la palabra dictadura; así que había que liquidar eso. Era lógico y así lo liquidaron, sin contar, hablando más en serio, que la noción de proletariado ha cambiado porque ahora no se trata de que el proletariado conquiste el poder por una re­volución, sino que si hay una revolución, supongamos que se hiciera la revolución en cualquier país de América Latina, no es solamente el proletariado quien tiene que ocupar el poder y manejarlo.

MRM: Cuando te digo que el vocabulario de la dictadura es rico en términos religiosos es porque hacen a menudo alusión a él. Pinochet sostiene que la dictadu­ra tuvo que dar el golpe para defender el destino que la divina providencia tenía reservada pa­ra Chile, o sea, la palabra destino está vinculada a una noción teológica de la histo­ria. Hay un discurso que te puedo leer, el que hizo en el primer aniversario del golpe de estado. El texto dice lo siguiente: “Oh, Dios todopoderoso, que en tu sabiduría infinita me has impulsado a desen­vainar la espada,…”

JC: ¡Qué hijo de puta!

MRM:”.. .tú me la has hecho empuñar a fin de que sea recuperada la liber­tad de esta patria que tanto amamos. En presencia de mis conciudadanos te pido aquello que tantas veces en el silencio de la noche te he rogado, me acuerdes: socorre este pueblo que busca en la fe un destino mejor”. La referencia al vocabulario re­ligioso es impresionante.

JC: Es que en Argentina yo no estoy al tanto, no soy un lector fanático de los discursos del General Videla, pero creo que a ese grado no ha llegado nunca. Tengo la impresión de que sus referencias de tipo religioso son más matizadas.

MRM: De todas maneras esta versión maniquea de la historia está implíci­ta en ellos, de que ellos son los hijos de la luz que se enfrentan a los hijos de las tinie­blas y, como dice Videla en un discurso que publicó Le Monde, “no hay ningún compromiso posible entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas”. Esto tiene con­secuencias desde el momento en que las dictaduras consideran satánico al que se les opone; no es posible conceder derechos humanos a Satán, no es posible pensar que van a respetarse los derechos de quién se considera satánicos. El prójimo de los dic­tadores no son todos los hombres, sino que son los que piensan como ellos, y al fi­jar esa noción de prójimo fijan las fronteras al otro lado de las cuales pueden desencadenar el odio, y un odio legítimo dentro de esta teología. Creo que eso es válido en Argentina.

JC: A la luz de lo que sucede, es perfectamente posible.

MRM: Es tan válido como que todos los dictadores se presentan como los salvadores con espadas. Todos ellos aman las espadas. Y, a propósito de esto, ocurre que justamente el intelectual que representa el modelo de cultura de la dictadura, Borges, tiene el mismo amor por las espadas que los militares. Tú sabes que la obra de Borges, magnífica por lo demás, está llena de espadas, y que cuando no es el facón son las espadas germánicas las que se desenvainan. Borges fue nombrado doctor Honoris Causa en Chile, condecorado con la mayor orden de Pinochet, y pronunció un discurso, ante el cual me gustaría conocer tu reacción, en él dice lo siguiente: “Pero además hay otro hecho, un he­cho que sería cobarde silenciar, y el hecho es que nuestra época, como todas las épo­cas, es una época de anarquía; como todas las épocas, es una época de transición. El tiempo es transición, el tiempo es siempre el turbulento río de Heráclito, y quienes lo viven no pueden pensar que viven una época plácida. La serenidad pertenece al pasado, pertenece a la memoria, o pertenece a la esperanza, pero la serenidad nunca es presente: el presente es siempre tembloroso, el presente puede ser destruido en cualquier momento. El presente es frágil y, sin embargo, hay un hecho que debe confortarnos a todos, que debe confortar a todo el continente, y acaso a todo el mundo. En esta época de anarquía, sé que hay aquí, entre la cordillera y el mar, una patria fuerte. Lugones predicó la patria fuerte cuando habló de la hora de la espada. Yo declaro preferir la espada, la clara espada, a la furtiva dinamita. Y lo digo sabien­do muy claramente, muy precisamente, lo que digo. Pues bien, mi país está emer­giendo de la ciénaga en que estuvimos. Ya estamos saliendo por obra de las espa­das. Precisamente, y aquí, ya han emergido de esta ciénaga. Y aquí tenemos Chile, esa región, esa patria que es a la vez una larga patria y una espada honrosa”.

JC: El fragmento que me lees merece por lo menos un comentario, y es que Borges cita a Leopoldo Lugones. La cita no es gratuita, porque Leopoldo Lugones, gran poeta argentino, como Borges es un gran escritor argentino, termi­nó siendo un defensor convicto y confeso del fascismo, del franquismo y de todos los movimientos totalitarios que se producían, que se cumplían ya hasta la época en que él se suicidó, ya he olvidado el año. O sea, que la referencia a Lugones es una referencia que nos coloca directamente en una corriente obvia, es decir, es la corriente más claramente fascista como concepción que se pueda imaginar. A Borges no se le ocurre citar a otra autoridad, se le ocurre Lugones, a quien él en otros ensayos ha criticado mucho. No creo que tenga particular amor por Leopoldo Lugones por­que son temperamentos profundamente distintos, pero ahí se encuentran, en el elo­gio de la fuerza, de la disciplina, de la espada, como dice él que es la síntesis de todo eso; ahí están juntos. También se hubiera encontrado con Drieu de la Rochelle, o con Ferdinand Céline: se hubiera encontrado con todos los escritores de la ultraderecha del planeta.

MRM: Borges representa para los dictadores la cultura cristiana y occidental. Es el mayor ejemplo. Y no sólo para los dictadores: veo que cuando Borges vie­ne a Francia, algunos críticos, que no están de acuerdo con sus ideas, muestran una complacencia respecto a él en la cual parecieran decir que sus opiniones son opinio­nes gratuitas, que están hechas a partir de una arbitrariedad literaria, lo que lo hace irresponsable. No creo en esta irresponsabilidad literaria, ni de Borges ni de nadie.

JC: Yo, desgraciadamente, e insisto en el adverbio, yo tampoco creo en la irresponsabilidad. En una época me atreví a pensarlo, porque no puedes olvidar tú, como no lo olvido yo, que todos nosotros hemos crecido a la sombra del enorme talento de Borges, que nos ha enseñado tanto en el plano de la literatura y del pensamiento en América Latina y nos ha limpiado tanta hojarasca de origen peninsular que nos agobiaba en nuestra juventud. Hablo de la mía sobre todo, ya que tú eres mucho más joven. Actualmente yo estoy plenamente convencido de que Borges es responsable de lo que dice y éste es el momento en que si yo creyera que el diablo existe, pensaría que él es la representación de lo satánico en la tierra, porque es par­ticularmente abominable, las obras satánicas son siempre abominables, que un hombre capaz de una obra tan cristalina, tan lúcida, tan extraordinaria en el plano de la ficción pura, del pensamiento puro, pueda simultáneamente o paralelamente aceptar la infinita aberración de una mentalidad totalitaria, de una mentalidad ra­cista, de una mentalidad fascista como es actualmente la de Jorge Luis Borges. En una declaración que él hizo en los Estados Unidos de América dijo que, a pesar de su enorme admiración por los Estados Unidos, le encontraba un defecto, un solo defecto, que era el de haberle dado educación a los negros. Cuando uno escucha una cosa así realmente siente la presencia del demonio actuando a través de uno de los individuos humanos más altos. Si yo fuera el diablo no iría a buscar a un pobre infeliz como agente: iría a buscar al más alto, iría a buscar a Fausto y Fausto es Borges en este momento. El diablo, suponiendo que existiera, encuentra en Borges su agente más eficaz. Como ves, estoy haciendo un poco de ficción: es una alego­ría. Los hechos desgraciadamente le dan una fuerza tremenda.

MRM: Una fuerza tremenda, porque Borges no se ha pronunciado sólo en Argentina y en Chile por la dictadura: se ha pronunciado por el franquismo. Y aquí tal vez quepa tocar a otro personaje que ha sido recuperado por las dictaduras, que es Solzhenitsyn.

JC: En el caso de Solzhenitsyn, tengo una antipatía personal por él. Desde el comienzo, la desmesura del ataque de Solzhenitsyn, su lado falsamente mesiánico, si puedo utilizar la palabra, me molestaron y nunca lo creí un testigo realmente válido, a pesar de todo lo que pueda haber de válido en su testimonio frente a las aberraciones que se cometen en la Unión Soviética, eso desde luego.

MRM: Para los militares chilenos al menos, Solzhenitsyn aparece como el profeta de Occidente, y aquí quiero introducir algo que es para mi capilla, que es que cuando Solzhenitsyn habló de Chile en la televisión francesa y dijo: “Chile, Chile, si Chile no existiera habría que inventarlo para los comunistas”, lo interesan­te era leer los comentarios que se hicieron en ese momento. Decían así: “ante millones de espectadores, Solzhenitsyn señaló recientemente Chile como ejemplo del camino que hoy conduce a la liberación”.

JC: Es evidente que yo no puedo en este caso echarle la culpa a la Junta Chilena, y creo que es la primera vez. Porque si yo fuera Pinochet y me hubiera ente­rado de esa declaración de Solzhenitsyn naturalmente hubiera tratado de sacarle el jugo al máximo. Es perfectamente lógico.

MRM: Hay otra frase de Solzhenitsyn que tiene que ver un poco con las posiciones de Bertrand Russell, de la cual creo que hablamos en otra ocasión. Justamente al ser interrogado por la BBC de Londres, se le preguntó qué opinaba de una frase de Bertrand Russell que dice “más vale rojo que muerto”. Solzhenitsyn respondió: “no comprendo en absoluto por qué Bertrand Russell decía mejor rojo que muerto, por qué no decía que sería mejor pardo que muerto. No hay diferencia. Durante toda mi vida y la vida de mi generación, la vida de todos los que com­parten mi modo de ver las cosas, todos hemos tenido un punto de vista: mejor estar muerto que ser un bribón”. No sé cómo reaccionas tú ante el comentario de Solzhenitsyn, porque esa frase en un cierto contexto tenía un sentido. Bertrand Russell la dijo en el momento del maccarthysmo, cuando había una enorme persecución contra los militantes de izquierda en Estados Unidos, en medio de la guerra fría. Es evidente que para los que sufrieron la represión en Rusia, esa frase pudo parecer una burla; pero el problema es que, con su crítica, Solzhenitsyn intenta dar carácter de universalidad a un tipo de represión y, dentro de este tipo de represión, niega otro tipo de represiones que pueden venir de otro lado. Estoy seguro de que hoy en día, si bien es cierto que la frase “mejor muerto que ser un bribón” justifica una lucha en la que uno expone su propia vida, dicha por los militares chilenos justifica la represión y podrían escribir el texto en las tumbas de todos los que han asesinado. Dicha así, la frase tendría un sentido muy distinto.

JC: Exactamente, además de extrapolar el concepto de rojo en la frase de Bertrand Russell. No extrapolarlo, sino concentrarlo exclusivamente en la noción negativa que él se hace del comunismo contra el que él lucha, de la forma de comu­nismo contra la cual lucha. Pero eso no lo autoriza en absoluto a decir lo que él dice.

MRM: Esto, porque hay un público muy sensible al discurso de Solzhenitsyn.

JC: Yo diría que era muy sensible. En la forma que se ha desprestigiado ha dejado de interesar incluso a los que lo defendían mucho. Lo que fue un fracaso to­tal fue la gira por Estados Unidos. Ahí perdió de tal manera la cabeza y se lanzó a de­cir tales cosas que incluso los norteamericanos que estaban dispuestos a escucharlo con el máximo de simpatía terminaron creyéndolo un psicópata.

MRM: Por tocar, si quieres, otro punto que tenemos, otro de los grandes mitos de las dictaduras, es que se declaran apolíticas. No sé si en Argentina es exactamente el mismo fenómeno.

JC: Bueno, sí, desde el momento que liquidan los partidos políticos se declaran apolíticas, en ese sentido.

MRM: A ti, ¿por qué te persiguen en Argentina, por qué persiguen tus obras?

JC: Eso sí que no tiene nada que ver con la política, eso tiene que ver con el comienzo de la conversación, eso tiene que ver con la especial idea que ellos tienen de los valores espirituales y de los valores culturales. Ese tipo de dictaduras como la que hay en tu país, como la que hay en el mío, parten del principio de que todo intelectual es sospechoso. Salvo los que se inscriben plenamente en su bando. Pero, co­mo tú sabes muy bien, y afortunadamente, son siempre una minoría. Puede haber una figura extraordinaria como es el caso de Borges. En Chile no creo que haya, puede haber algunas, pero no demasiadas. El caso de Borges es un caso sumamente excepcional y por eso es que le sacan partido de la forma en que lo hacen. Pero la enorme mayoría de los intelectuales se ubica en la oposición, lo que no necesita nin­guna explicación. Es bastante obvio, y en este tipo de conversaciones, cuando se ha­bla de los intelectuales, tanto los que estamos hablando como los lectores, tenemos la mala costumbre de pensar sobre todo en los escritores, en los literatos, en los poe­tas y en los artistas. Pero en el caso de Argentina, por ejemplo, la persecución de los intelectuales se ejerce en un frente pavorosamente amplio, no solamente hay la per­secución a intelectuales de mi tipo, creadores de ficción, que además tenemos una ideología política y la manifestamos haciéndola valer en el plano privado, en la con­ducta personal; no solamente se ejerce contra ese tipo de intelectuales, contra dra­maturgos, contra pintores, sino que además en Argentina, en estos momentos, la represión acaso más violenta se hace contra los científicos. Se hace contra los psi­quiatras, contra los psicoanalistas.

MRM: Pero no contra todos los científicos.

JC: Desde luego hay cierto tipo de científicos que acepta el sistema. Hay psicólogos y psicoanalistas que son cómplices del sistema. Hay que entender el término persecución a los intelectuales en un sentido que abarca la profesión médica, los arquitectos, los ingenieros, cosa que por lo demás queda probada apenas cono­ces al tipo de exiliado que llega a los países europeos.

MRM: Psicoanalistas argentinos hay por cantidades en el exilio.

JC: Por supuesto: en Italia, en España, Francia…

MRM: Te hago esta observación porque en Chile esta persecución tiene una característica particular: es una persecución que no está sólo dedicada a los individuos, sino que se hace con profesiones. Hay profesiones que son especialmente perseguidas. Los sociólogos, por ejemplo, un grupo de historiadores. Un militar no puede aceptar un historiador marxista.

JC: En Argentina es igual. En el plano universitario, en Argentina sucedió lo mismo que en Chile, sólo que en Chile fue mucho más espectacular porque se hizo en bloque.

MRM: Masivo. 8000 estudiantes lanzados a la calle, 3000 profesores expulsados. Aparte de los muchos que fueron asesinados.

JC: En Argentina se ha hecho así, por “paliers”, por etapas, pero de la misma manera. Justamente la razón por la cual fui a Bruxelles a la reunión de Amnesty International fue porque ahí se planteó el problema de informar al público euro­peo, belga y europeo por extensión, sobre lo que había sucedido en la Universidad del Sur, en Bahía Blanca, en donde el general de turno liquidó al Rector y a un mon­tón de profesores. El Rector en condiciones monstruosas, torturado, probable­mente muerto ahora, no sé cómo, y profesores igualmente encarcelados y perse­guidos. Es decir, que la actividad universitaria es vista allí de la misma manera que se vio en Chile al comienzo del golpe de estado. Son actividades profundamente sospechosas en cuanto que se trata de disciplinas que tienen que ver con la sociolo­gía, con la investigación filosófica, digamos con el pensamiento crítico en cual­quiera de sus formas.

MRM: Hay una cosa curiosa. Los dictadores, tal vez sin saberlo, aceptan una noción intelectual que es una noción marxista y que es la noción de Gramsci: la noción de intelectual orgánico. Ellos persiguen a todo aquel que pueda producir una ideología que se les oponga. En ese sentido son “assez futes”, como dicen los franceses. En este contexto quisiera volver a eso que tú decías sobre el valor de la pa­labra. La verdad de ello no deja dudas en Chile, pero el problema es que no sólo las palabras están cargadas de significado, sino hasta las cosas. Los instrumentos musicales han sido considerados cargados de significación. Cuando en Chile se desenca­dena la represión y se persigue a todos los cantantes de izquierda, se prohíben determinados instrumentos, el charango, por ejemplo. Se les atribuye  una significación a esos instrumentos anti-militar; lo que no deja de ser sorprendente.

JC: No lo sabía eso. Es sorprendente, porque llega a tales límites que es difí­cil de aceptar.

MRM: Aunque parezca una solidaridad de gremio, creo que deberías ha­blar de los intelectuales o creadores, creadores de ficción.

JC: Ahí tocas un punto muy delicado con el que yo me enfrento cada vez que tengo que ir a una mesa redonda o a una reunión del tribunal Russell, de Helsinki, de Amnesty o de lo que sea. Es decir, como siempre, nosotros, que estamos en contra de las élites por razones de convicción personal, nos encontramos frente al penoso problema de tener que aludir a la persecución de representantes de las élites. No queda otra solución, porque es evidente que nosotros mismos nos movemos, lo que nos lleva a conocer intelectuales puesto que nosotros lo somos; y eso hace que cuando un escritor es perseguido o torturado o desaparece, esa figura que tenía una cierta importancia, mayor o menor en el país, se convierte en un símbolo de la represión, él concentra todo el horror y la abominación de la represión. Es evi­dente que en el mismo momento que la policía argentina o grupos paralelos, no sé quiénes fueron, y no importa porque son todos los mismos, secuestraron, hicieron desaparecer a un escritor como Haroldo Conti, del cual ha hablado todo el continente, protestando por lo que sucedió, es evidente que en el mismo momento, a la misma hora o intervalo de dos días, en pequeñas localidades de provincia o en los suburbios de Buenos Aires, en circunstancias parecidas desaparecían obreros, sindicalistas, campesinos, militantes humildes, anónimos. Todos los Juan Pérez de nuestros pueblos, de los cuales no hemos tenido noticias por razones obvias. En ese sentido, yo no creo que haya que crearse una mala conciencia, te lo digo porque la tengo, la mala conciencia, pero lucho contra ella; cuando tengo que hablar de las formas evidentes de la represión en Argentina, es lógico que yo, como escritor, me subleve contra lo que ha sucedido con Rodolfo Walsh, con Di Benedetto, con Haroldo Conti o con Miguel Ángel Bustos, y con tantos otros, naturalmente no puedo saber que 1500, 2000 o 7000 humildes personas pertenecientes al pueblo, militantes, obreros y campesinos han sufrido el mismo destino. Para mí, esos nombres que yo cito están citando también todos los otros. Yo los cito a todos cuando ci to a Rodolfo Walsh. No lo cito sólo a él, quiero que eso quede bien claro, porque con alguna frecuencia hay un elitismo en la protesta. De la misma manera que por la Unión Soviética todos nos quejamos por la persecución del físico X: lo que pasa es que habrá también persecuciones contra montones de gente cuyos nombres no conocemos. Ahora, por razones prácticas no los puedo conocer, ni los puedo nom­brar.

MRM: i A ti no te parece que podemos terminar reproduciendo el texto de la carta de Walsh que le costó la vida?

JC: Sí, me parece una buena idea. En primer lugar porque esa carta es ad­mirable, resume exactamente párrafo por párrafo el proceso de degradación, el pro­ceso de pérdida total de valores humanos que se estaba produciendo en Argentina en esos momentos y que continúa sin ninguna variante y además es admirable por el hecho de que Rodolfo Walsh sabía que la distribución y la publicación de esa car­ta le iba a costar la vida. No tenemos una prueba definitiva de su muerte, pero hace mucho tiempo que yo no me hago ninguna ilusión respecto a él. De modo que creo que no sólo es un homenaje a un hombre, admirable escritor y un admirable lucha­dor, sino que además tiene un valor de síntesis de toda una situación que no ha cam­biado en absoluto en Argentina a pesar de las declaraciones de su llamado presiden­te y de sus embajadas.

CARIA. ABIERTA. DE RODOLFO WALSH A LA JUNTA MILITAR

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de ex­presión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodis­ta durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política repre­siva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transito­rio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pue­blo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese “ser nacional” que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e inte­reses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede impo­nerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.

Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abo­gado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimien­tos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las de­tenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin jui­cio.1

Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquie­ra se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se en­cuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo ha­cían fueron a su turno secuestrados.

De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dic­taduras.

La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las arti­culaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimo­nios junto con la picana y el “submarino”, el soplete de las actualizaciones contem­poráneas.2

Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que per­dió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.

En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas he­rederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea7, sin que se ente­ren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre “violen­cias de distintos signos” ni el arbitro justo entre “dos terrorismos”, sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.8

La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Boliva y Uruguay.9

La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CÍA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CÍA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comu­nidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.

Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuen­tas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de “Prensa Libre” Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la gue­rra pronunciada por uno de sus jefes: “La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal”.I0

5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política eco­nómica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria plani­ficada.

En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar”, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos co­loniales.

Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%n prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secues­trando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.13

Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, su­primiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesio­nales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la “ra­cionalización”. Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapi­dez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un so­lo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los so­cios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.

Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar “el país”, han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciem­bre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también mar­cas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.

Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mien­tras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y don­de la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.

6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internaciona­les encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miem­bros de su gabinete.

Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 defi­ne la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente

Celedonio Pereda: “Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”.14

El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que an­tes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobier­no que venía a acabar con el “festín de los corruptos”.

Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a em­presas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficia­les, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideolo­gía que amenaza al ser nacional.

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los seño­res Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que con­ducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último gue­rrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desapare­cidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atro­cidades cometidas.

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escu­chado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh. – C.1.2845022

Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

Notas:

1 Desde enero de 1977 la Junta empezó a publicar nóminas incompletas de nuevos detenidos y de “liberados” que en su mayoría no son tales sino procesados que dejan de estar a su disposición pero siguen presos. Los nombres de millares de prisioneros son aún secreto militar y las condiciones para su tortura y posterior fusilamiento permanecen intactas.

2 El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida, el ex diputado radical Mario Amaya muerto a palos, el ex diputado Muñiz Barreto desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente: “Picana en los brazos, las manos, los muslos, cerca de la boca cada vez que lloraba o rezaba… Cada veinte minutos abrían la puerta y me decían que me iban hacer fiambre con la máquina de sierra que se escuchaba”.

3 “Cadena Informativa”, mensaje Nro. 4, febrero de 1977.

4 Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en la Cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta: “El 17 de mayo son retirados con el engaño de ir a la enfermería seis compañeros que luego son fusilados. Se trata de Miguel Ángel Mosse, José Svagusa, Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Yung y Eduardo Hernández, de cuya muerte en un intento de fuga infor­mó el Tercer Cuerpo de Ejército. El 29 de mayo son retirados José Pucheta y Carlos Sgadurra. Este último había sido castigado al punto de que no se podía mantener en pie sufriendo varias fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en un intento de fuga”.

5 En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63 cadáveres, según los diarios. Una proyección anual da la cifra de 1500. La presunción de que puede ascender al doble se funda en que desde enero de 1976 la información periodística era incompleta y en el aumento global de la represión después del golpe. Una estimación global verosímil de las muertes producidas por la Junta es la si­guiente. Muertos en combate: 600. Fusilados: 1.300. Ejecutados en secreto: 2.000. Varios. 100. Total: 4.000.

6 Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de Noticias.

7  “Programa” dirigido entre julio y diciembre de 1976 por el brigadier Mariani, jefe de la Primera Brigada Aérea del Palomar. Se usaron transportes Fokker F-27.

8  El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por “La Opinión” el 3-10-76 admitió que “el terrorismo de derecha no es tal” sino “un anticuerpo”.

9  El general Prats, último ministro de Ejército del presidente Allende, muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los ex parlamentarios uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz aparecieron acribillados el 2-5-76. El cadáver del gene­ral Torres, ex presidente de Bolivia, apareció el 2-6-76, después que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel Martínez, general Harguindeguy, lo acusó de “simular” su secuestro.

10 Teniente Coronel Hugo Ildebrando Pascarelli según “La Razón” del 12-6-76. Jefe del Grupo I de Artillería de Ciudadela. Pascarelli es el presunto responsable de 33 fusilamientos entre el 5 de enero y el 3 de febrero de 1977.

11   Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después la situación se agravó aún más.

12 Diario “Clarín”.

13   Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre de ATE, Jorge Di Pasquale de Farmacia, Osear Smith de Luz y Fuerza. Los secuestros y asesinatos de delegados han sido particularmente graves en metalúrgicos y navales.

14 Prensa Libre, 16-12-76.