Imagen y cultura en los estudios de América Latina

Miguel Rojas Mix
Doctorado honoris causa Dresde, 27 mayo 2008

 

Uno de los primeros textos relativos al hombre americano, la Sphera Mundi de Sacrobusti lo describe así: Los hombres son de color azul y tienen la cabeza cuadrada

A partir de imágenes como esas se inicia un imaginario del Nuevo Mundo en el cual el hombre y la naturaleza no cesan de travestirse en formas insólitas y caprichosas.

Durante los años que pase en Alemania gracias a una beca de la Humboldt Stiftung inicié una investigación y una reflexión sobre este tema que ha marcado mis preocupaciones culturales y académicas, incluso políticas. Si por política se entiende la responsabilidad que los académicos tenemos con la sociedad.

El estudio de Las representaciones sociales y los estudios culturales en general son fundamentales tanto para entender la idea de alteridad como para definir la identidad. Entre ellas hay un contrapunto dialéctico que configura el marco cultural en el cual se define la idea del yo y la imagen del otro y la forma en que éstos interactúan. Es el campo donde se componen imaginarios. Síntesis, no de la comprensión real (tal vez inalcanzable) sino de la comprensión virtual de mi mismo y el otro, de la ipsidad y la alteridad. Por eso incluyen arquetipos, estereotipos, metáforas y metonimias. Es el campo retórico de la comunicación multicultural. Según como se configura este campo nos enfrentaremos al Clash of civilizations como anuncia Huntington o construiremos la Alianza de Civilizaciones como se plantea en la Unión Europea.

Por ello comencé en los sótanos de la Biblioteca de Colonia a recopilar las imágenes de América. En una biblioteca maravillosa, caída allí después de la guerra y que se encontraba casi sin clasificar: la de Maximilian von Wied-Neuwied, que viajó a Brasil en 1815; donde, durante tres años, estudió la naturaleza y frecuentó las tribus amerindias. Viajero tenaz, volvió a América, en 1830, a los Estados Unidos, acompañado de uno de los más grandes artistas del Far West: Karl Bodmer.

De ahí partí a recorrer Alemania buscando la representación alemana de América y en los años siguientes continué enriqueciendo mi catálogo en los museos y bibliotecas de Francia, Europa y América Latina. En Berlín tuve la suerte de ser autorizado a fotografiar en el Iberoamerikanisches Institut la colección de Rugendas que allí se conserva y en la Galería Nacional, las pinturas y dibujos de los artistas que Alexander von Humboldt había impulsado a pasar a América. Agradezco a todas estas instituciones el haber hecho posible mi investigación.

Metodológicamente diferencié diversas imágenes de América, al modificarse, en Europa, las representaciones sociales con los tiempos y los estilos de época.

Comencé -como en esta conferencia- por la imagen fantástica, que domina la representación de América en Europa durante los dos primeros siglos de colonización, sin que hasta ahora llegue a desaparecer totalmente.

Gran parte de los grabados que construyen esta visión salen de los talleres alemanes. Los más importantes son los de Theodoro de Bry, realizados en Frankfurt a fines del siglo XVI y comienzos del XVII. Es una historia en imágenes que enseñan una América, poblada de monstruos semihumanos:

aquellos seres que Dios creó cuando le temblaba un poco la mano, como apunta el dominico Antonio de la Huerta en 1547, y hablan de la barbarie indígena, que se muestra en dos característica denotativas: la desnudez y el canibalismo. El hilo conductor de la serie define una idea cultural y política: la leyenda negra. Muestra las crueldades y excesos cometidos por los españoles en las Indias Occidentales. Su propósito es doble: por una parte objeta los títulos de dominio de España: fundados en la misión de pacificar y evangelizar, por otra, es una critica del protestantismo al catolicismo. En una época en que la Reforma se enfrentaba en todos los campos con el Papado.

Probablemente las primeras visiones culturales de América las dieron un conquistador extremeño, un artista alemán y un religioso español: Cortés, Durero y el Padre Acosta. Y no olvido a Las Casas. Pero, en él, privilegio su papel como primer gran defensor de los derechos humanos.

En su Historia natural y moral de las Indias (1590), el padre Acosta realizó un monumental trabajo sobre historia natural y costumbres de los pueblos aborígenes. Es un notable estudio de antropología cultural.

Mucho antes, Cortés había publicado sus memorables cartas a Carlos V de Alemania y I de España, maravillado por la civilización mexica. Nadie ha dejado páginas más vivaces de la cultura y cotidianidad de los aztecas, en particular en su descripción del mercado. Durero leyó a Cortés, como lo prueba -algo que descubrí por azar- que el plano de Tenochtitlán que aparece ilustrando la edición de sus cartas, es obra del alemán, que acredita su autoría incluyendo el grabado en sus Directivas para la fortificación de ciudades, castillos y espacio abiertos, impresas en Nurenberg a partir de 1527. Pero más que eso, Durero tuvo ocasión de ver en Ámsterdam la primera exposición de piezas esculpidas y talladas, joyas y objetos de los aztecas. Como gran artista que era, supo reconocer en esas piezas el arte. Así escribió en Tagebuch der Reise in die Niederlande: ” Auch habe ich gesehen die Ding, die man aus dem neuen gulden Land hat gebracht:.. .Dann ich habe darin gesehen, wunderliche künstliche Ding und ich habe mich verwundert der subtilen Ingenia der Menschen in fremden Landen” (Albrecht Dürer: Tagebuch der Reise in die Niederlnde (1520), Leipzig, 1914, p.25.)

Fue necesario que pasaran cuatro siglos, hasta llegar a Picasso y los expresionistas germanos para que estas formas fuesen reivindicadas como arte frente al concepto clásico de una estética eurocéntrica que teorizó Johann Joachim Winckelmann en el siglo XVIII. Aún así el nacionalismo extremo, fundado en el mito ario, llevó obras inspiradas en la estética exrtraeuropea la hoguera, declarándolas “Entarte Kunst”.

En el siglo XVIII Cornelius de Pauw fecha en Berlín, 1768, las Recherches philosophiques sur les Américains, una diatriba cultural que a la vez que difunde una imagen de degradación telúrica del Nuevo Continente, sostiene la tesis de que el americano es un degenerado física e intelectualmente y que en él ha desaparecido incluso el afán y la fuerza para perpetuar la especie. Y, refiriéndose a la cultura, tiene frases que de puro atrevidas terminan por ser ingeniosas. Dice que en el Cuzco había una especie de universidad “donde ciertos ignorantes titulados, que no sabían leer ni escribir, enseñaban filosofía a otros ignorantes que no sabían hablar”. Los jesuitas que llegaban entonces en exilio a Europa al disolverse la orden en 1773, se sintieron en la necesidad de responder, desmintiendo las patrañas sobre la fauna y la geografía y afirmando la identidad cultural del continente. Posteriormente, Hegel distinguiendo entre América del Norte y del Sur, orientó esta imagen negativa a la percepción de las colonias españolas y portuguesas.

Los jesuitas para responder a de Pauw, necesitaron repensar la civilización. Esta vez no como un acto de la Providencia, sino como fenómeno histórico, producto de una evolución. El momento era oportuno porque la Ilustración había cambiado la idea de la historia. De la historia providencial, cuyo arranque era la voluntad de Dios, había pasado a la historia civilizatoria, cuyo pujanza era el progreso. Los jesuítas, apoyados en este pensamiento novador, echaron mano de las concepciones históricas de Vico y sobre todo de las especulaciones de Herder, con quien los unía la idea de que el universo entero podía ser entendido desde el punto de vista del desarrollo histórico evolutivo. Uno de ellos, el abate Molina publicó el Saggio sulla storia civile del Chili, describiendo la evolución de la especie humana, que se ha desarrollado, partiendo de las necesidades impuestas por el género de vida y pasando por varias etapas que representan distintos grados de cultura y cambios de forma, hasta llegar a una sociedad basada en la razón y en la justicia. El abate situaba a los chilenos en “ese estadio medio entre lo salvaje y lo civil que llamamos barbarie”. Pero en este estado -señala- los pueblos poseen grandes virtudes y cualidades extraordinarias; entre las que figuran su fervor por la libertad y la “fidelidad en los tratos”. Molina -junto a otros jesuítas- se convirtió en referencia para entender la cultura americana. En Alemania, Molina fue citado por Kant, poco después de aparecer la traducción alemana del Saggie sulla storia naturale(Akad. Ausgabe. Vol. XIV, p. 634; citado por Antonello Gerbi; La Disputa del Nuevo Mundo,
F.C.E., 1960, p. 193.) y Humboldt, al pasar por Bolonia, intentó visitarlo(Storia Naturale, 2a ed., p. 225.)

Alexander von Humboldt cambió radicalmente la visión de América Hispana. Hasta entonces el Nuevo Continente se veía a través de un prisma puramente eurocéntrico que consideraba como el más alto grado de la perfección no sólo sus formas culturales, sino incluso su naturaleza. Humboldt rechaza lo europeo como medida única de valores. Afirma que cada sociedad o nación tiene su carácter específico, rechaza la distinción tajante entre naciones bárbaras y naciones civilizadas e impone una imagen científico-artística de América que une ciencia y sentimiento, valorizando su naturaleza y su cultura. Sin duda Humboldt refleja el espíritu de su época, las transformaciones ideológicas que se experimentan del paso del neoclasicismo al romanticismo. El tránsito de una visión taxonómica de la realidad a una visión pictórico-ecológica, global -como diríamos ahora-. Nadie comprendió como él las realidades americanas

La concepción romántica de la naturaleza hermana la ciencia y el arte. Humboldt partía de una impresión total, Totaleindruck, para describir el carácter natural de una región, el Lokalen Natrucharacters. Ello lo llevaba a captar la singularidad dentro de la multiplicidad: Einheit in der Vielheit, A percibir lo propio de América y a entender las bases de su identidad. Por ello, con justeza, podemos llamar a Humboldt el Segundo Descubridor de América. Su espíritu no irradia sólo en su obra, sino que se proyecta en América y en Europa, entre artistas, escritores y científicos. Los artistas que motivó para que pasaran a América – Rugendas en todo América, Nebel en México, Bellerman en Venezuela y Hildebrandt en Brasil…- son los más importantes componedores de una nueva imagen: la imagen republicana, que exploran y descubren integrándose en la vida cotidiana. Tengo desde hace mucho la deuda de escribir un ensayo sobre la influencia de Humboldt en la literatura romántica hispanoamericana y su importancia en la formación del sentimiento nacional

A partir del siglo XIX la cultura alemana va a tener una enorme incidencia en la formación de los académicos e intelectuales latinoamericanos. Ya hemos citados los antecesores: Kant, Herder y Hegel: en el siglo XIX los románticos. En el siglo XX el pensamiento en lengua alemana fecunda el pensamiento americano, a lo largo y a lo ancho de diversas disciplinas: el positivismo histórico con Ranke, La historia del arte con Burckhardt, la sociología histórica con Simmel. La influencia filosófica se prolonga con Nietzsche (aunque no cruza la frontera del siglo XX), Husserl, Scheller, Cassirer, y Heidegger, que son dados conocer en la Revista de Occidente, una de las publicaciones más influyente que ha circulado por el mundo hispanohablante, por la pasión con que Ortega y Gasset sigue el pensamiento alemán. Y por supuesto no podemos olvidar a Marx y a Engels, ni en las ciencias sociales ni en la política. Ni más recientemente a la Escuela de Frankfurt. Particularmente importante ha sido también la morfología histórica de Oswald Spengler. Sus nociones de civilización y decadencia dieron lugar a múltiples interpretaciones que tuvieron una fuerte influencia en la política y en la geopolítica del siglo XX latinoamericano.

Las relaciones entre Europa y América siempre han pasado por un juego de imágenes. Representaciones que armoniza la cultural haciendo avanzar la comprensión y el respeto mutuos o, por el contrario, bloqueándolos. Culturalmente hablando, tanto Alemania como América tienen que responder a una representación. Esencial para el diálogo civilizatorio es saber en qué terrenos y cómo ha participado el pensamiento alemán en la cultura americana y cómo se ha plasmado en Alemania la visión de América. Hay imágenes que bloquean el reconocimiento. Imágenes que la cultura debe desbaratar. Sólo así se abren puertas para reconocer la creatividad del otro. El conocimiento del otro no sólo es indispensable para descubrir culturas ajenas, sino incluso para percibir la propia. Personalmente yo descubrí América Latina en Alemania. Hasta mi llegada a Colonia solo me interesaba por el arte europeo y las historias homéricas. Fue aquí donde me di cuenta de la importancia de conocer mi realidad y del compromiso intelectual y moral que ello implicaba. Por eso creo que el intercambio académico, el viaje son indispensables no sólo para descubrir al otro y apreciar sus culturas, sino para descubrirnos nosotros mismos, entender como nos situamos en el mundo y armonizar nuestros valores en una ética humanista y planetaria. Para destruir prejuicios sobre realidades ajenas y propias, Aquí mismo, en Dresde, hace algunos años se hizo una exposición en el Deutsche Hygiene-Museum bajo el lema “Historia de los prejuicios”. Exposición que habría querido ver. El estereotipo, la imagen caricaturesca y en particular la peyorativa sólo pueden corregirla los estudios culturales. Cuestión relevante, ésta, en la búsqueda de una alianza de civilizaciones.

Desde el punto de vista cultural, el diálogo de América Latina con el pensamiento alemán no es sólo formativo sino esencial en las imágenes que nos formamos y en la confianza que éstas nos inspiran. Es desde el conocimiento del otro que construimos su representación, del entendimiento de su cultura que depositamos en él, más o menos confianza. La cultura es más que la lengua. Compartimos los hispanoamericanos la lengua con España. Sin embargo un estudio de la CEP AL constata que el importante avance de las inversiones españolas en América, se mira con desconfianza y se ve como un nuevo colonialismo, en la medida que no va acompañado de una política cultural(Inversión extranjera en América Latina y el Caribe, Informe de la CEP AL y el Banco Mundial, enero, 2000).

La imagen del otro se construye en la cultura y es una palanca básica de las relaciones interculturales. La cultura es indispensable para avanzar en un mundo globalizado. Incluso para las políticas comerciales: Una anécdota personal puede ser significativa. Hace algunos años fui enviado por la UNESCO A Washington para participar en un diálogo entre académicos y empresarios, donde se insistió en la importancia de conocer la cultura de un país para desarrollar el comercio. Como ejemplo se dio la campaña francesa para vender coñac en Japón: Se le presentó como un licor viejo que se guardaba en los sótanos. Dos conceptos negativos para la cultura japonesa y la campaña fue fiasco.

Particularmente importante para la universidad pública latinoamericana fue la fundación de la universidad de Berlín por Wilhelm von Humboldt. Su filosofía inspira hasta ahora en muchos países la idea de la universidad nacional pública. La suya era una idea humanista de la universidad que armonizaba el aprendizaje de destrezas con la formación filosófica y cultural. Para Wilhelm von Humboldt lo peor que le podía ocurrir a la universidad era transformarse en una escuela profesional.

No podemos dejar de mirar con aprensión la concepción de la universidad que se impone a través de la llamada economía del conocimiento, en que los estudios se miden por su rentabilidad y que plantea la supresión de las asignaturas menos rentables o su inclusión en otras. En España se propone eliminar todas aquellas que tengan menos de 70 alumnos nuevos inscritos por año. Así la espada del mercado se cierne para decapitar las humanidades y todo aquello que no conduzca a la empleabilidad. Es el concepto de “rentabilidad” el que está en juego y es lo que diferencia la universidad de la economía del conocimiento conocimiento, de la universidad de la sociedad del conocimiento. Sin Humanidades es muy difícil que se produzca una universidad humana. Las Humanidades como disciplina y como acervo cultural constituyen la base esencial para reproducir la propia sociedad y construir el puente indispensable para comunicarnos con otras culturas En ese sentido la Universidad de Dresde da un ejemplo de amplitud cultural, de incomparable valor. Es la única de todas, en Alemania, con tres “pilares”: literatura, lengua y cultura, cada pilar con una cátedra. Esperemos que la sinrazón del mercado no le haga perder su singularidad ¿Y cómo excluir de las aulas universitarias las Nuevas humanidades, que son el conjunto de Medios de Comunicación que intervienen tan decisoriamente en la sociedad actual? Modernas humanidades hijas de las nuevas tecnologías y matrices de la globalización.

Sin humanidades no hay humanismo y difícilmente podremos construir una cultura de paz que es hoy una responsabilidad ética de la universidad. Kant decía que la paz no es propia de la naturaleza humana, que hay que instituirla. Es decir hay que educar en la cultura de paz. Es posible que la visión economicista de la universidad pueda considerar que una cátedra de cultura de paz no es rentable para el mercado, pero sí lo es para la preservación de la humanidad.

4 Inversión extranjera en América Latina y el Caribe, Informe de la CEP AL y el Banco Mundial, enero, 2000