Iconografía del adelantado Hernando de Soto

La gesta de Hernando de Soto en Florida fue contada por el portugués Fidalgo de Elvas, uno de los expedicionarios, en una Relación verdadera… No fue, sin embargo, traducida ni publicada en español hasta 1949. Las demás fuentes son menos directas. Principalmente los historiadores han utilizado a Fernández de Oviedo y al Inca Garcilaso de la Vega. Oviedo conoció la Relación de la Florida escrita por Rodrigo Rangel, acompañante de la expedición de Soto. En ella se inspiran los captítulos del XXI al XXX del Lib. XVII de su Historia General y Natural de las Indias. Por su parte, el Inca Garcilaso de la Vega , antes de dar a luz los Comentarios Reales (1609), publicó La Florida del Inca o Historia del Adelantado Hernando de Soto (1605).

De igual modo la iconografía de Hernado de Soto es indirecta. Es bastante posterior y no est  centrada en él. Ha de buscarse en los repertorios iconográficos de las conquistas en las cuales participó, o en el imaginario que acuñaron los artistas europeos describiendo las regiones por él exploradas.

Consecuentes con estas circunstancias presentaremos, en una primera parte, la iconografía de los hechos históricos y del entorno humano y natural(como se decía en la época refiriéndose a la fauna y la flora) en que Hernando de Soto participó o se movió.

Trataremos la iconografía de la conquista del Perú en un doble aspecto: la visón europea y la visión americana: cerrando esta primera parte con la iconografía de la Florida.

Una segunda parte se referir  al imaginario de la conquista: Mitos y quimeras que guían a los conquistadores, leyendas geogr ficas que se ambientan en el Nuevo Mundo. Modos de representación y retórica del discurso icónico sobre América y el hombre americano…

La conclusión es una reflexión sobre la significación del imaginario de la conquista. La iconografía como iconología de la impugnación y de legitimación.

Abrimos nuestra iconografía (fig.1) con un retrato de Hernado de Soto que figura en medallón en las en las Décadas de Herrera. No es nuestra intención tratar al personaje, sino su aventura y el contexto en que la vivió, por ello nos limitamos, a guisa de presentación, a uno solo de sus retratos.

Tampoco nos extenderemos sobre la iconografía de la época, del Darién o Tierra Firme, porque carece de una coherencia de corpus, como el que poseen las series del Perúy la Florida.

El mapa de la Florida de De Bry (fig.2) es uno de los primeros en dar a conocer el perfil geogr fico de la península. Cubre aproximadamente las regiones en que incursionó Hernado de Soto en su primer y tercer viaje. Figura en la obra de Theodoro de Bry: Los grandes viajes. En el T.II, relativo al viaje a la Florida, publicado en Frankfurt en 1591 con 42 grabados. La obra de De Bry constituye la base de lo que denominamos la visión europea de la conquista. Nos suministra la mayoría del material necesario para una reconstrucción gr fica de la andadura de Hernando de Soto.

Benzoni es otros de los grandes cronistas no-españoles de América. Su Historia del Mondo Novo, fue editada en Venecia en 1565. Los vol£menes IV, V y VI de De Bry contienen la crónica de Benzoni ( Figs. 3,4 y 5). El tomo IV la historia de Atahulpa y la conquista del Per£.

Benzoni, llamado también Barzoni y de nombre Hieronymus o Girolamo, fue un aventurero italiano que recorrió durante 14 años las Indias hisp nicas, visitando Cartagena, América Central y México. Al volver a Italia publicó su Historia del Mondo Novo (Fig.6, uno de los grabados en madera que ilustran la edición de 1565), para cuya redacción completó sus experiencias con otras fuentes. A fines del siglo XVI el libro de Benzoni fue muy popular. El italiano adopta en su narración una actitud violentamente antihisp nica, criticando a los españoles por sus crueldades y sus abusos con los indios. Dos grabados de Benzoni pueden ser considerados el origen de la “leyenda negra”.

Los grabados siguientes (figs. 7 a 17) relatan la historia de la conquista y los hechos en los cuales participó Hernando de Soto. Van desde la llegada de las tropas de Pizarro y Almagro, hasta el comienzo de las “guerras civiles”.

El primer grabado (fig.7) alude a un hecho que parece que causó honda impresión entre los incas: el caballo. Al encuentro entre el Inca y el caballo se refieren varios cronistas. En la Verdadera Relación de la conquista del Perúy provinica del Cuzco, llamada Nueva Castilla, Francisco de Xerez alude a la impresión que ellos produjeron en el Inca en el encuentro de Cajamarca. Seg£n Xerez habría sido Soto el que habría maravillado a Atahualpa con un “caballejo ponedor, animoso y que echaba mucha espuma por la boca y se revolvía con presteza…” (Cit. por Rocío S nchez Rubio en “Hernado de Soto: Desde Perúa la Florida” Extremadura y América, vol.II).

La misma historia ser  contada por don Felipe Huam n Poma de Ayala, quien en su Nueva Corónica del Buen Gobierno, no menciona a Soto y dice que los que infundieron temor al Inca con sus caballos fueron Hernando Pizarro y Sebasti n de Belalc zar (fig.8) (Texto. P.383 del MS. e ilustración 382).

En todas estas im genes hay una fuerte mezcla de motivos iconogr ficos exógenos; es decir que no corresponden a “lo visto” en la región, sino que son tomados de crónicas o de motivos gr ficos correspondientes a otras comarcas. Este es el caso con los dos indios haciendo malabares, con un tronco que tiran al aire y recogen con los pies, que se ven a la izquierda, en primer plano, del mapa del Cuzco (fig. 9). Ellos vienen de la serie de acuarelas de Christopher Weiditz. Esta serie parece haber sido muy conocida en Alemania, pues fue reproducida por varios artistas; sobre todo, por los que estaban en el círculo de Durero. Weiditz retrató a los indios que Cortés presentó ante la Corte en Toledo, en 1529 (fig.33). Los dibujó, además de los malabare referidos, jugando a las canicas, a la pelota. Este £limo, un juego-ceremonial que sólo practicaban las culturas mexicanas y mayas (fig.32).

Muchos artistas copiaron estos dibujos. Es el caso de un pintor desconocido cuyas aguadas se conservan, bajo el nombre de Held, en la Lipperheideschenkostumbibliothek de Berlín. Se ven los mismos mexicas haciendo volar un tronco de  rbol (figs. 30 y 31).

La iconografía de De Bry fue intensamente copiada hasta le siglo XIX. Sirivió desde fines del XVI como modelo para una serie de libros de trajes que se publicaron entonces y que introdujeron las vestimentas de América. El de César Vecellio, primo lejano de Tiziano, a veces confundido con éste, es de los más famosos. En su segunda edición de Habiti antichi, et moderni di tutto il Mondo, modifica la presentación de los habitantes de Virginia de acuerdo con los grabados del Tomo. I de Los Grandes Viajes, que habían aparecido en 1590. Pero no es el caso de el soldado peruano, que pertenece a la primera edición de Vecellio, de Venecia de 1590, y que más bien parece ser él quien ha inspirado la representación de Atahualpa en De Bry (fig.18).

Fuentes iconogr ficas menores del siglo XVI, muestran otras representaciones de los peruanos, pero ellas no van a constituirse en tipos, como es el caso para las figuras del holandés. Un ejemplo son dos nobles incas que figuran en la edición de Agustín Combé e Histoire des Yncas, Roys du Peru (fig.19) de Garcilaso de la Vega, publicado en París, en 1633

El otro repertorio importante est  formado por los dibujos del manuscrito de don Felipe Huam n Poma de Ayala: la Nueva Corónica del Buen Gobierno.(fig.20). Terminado entre 1613 y 1615, el codex de don Felipe no fue publicado hasta que Paul Rivet se encontró con el manuscrito en Copenhague en 1926 (Paris, Instituto de Etnología, 1936). El manuscrito había sido descubierto por Pietschman en 1908, y éste, a quien se debía ya la publicación de la obra de Sarmiento de Gamboa, preparaba su edición.

¨Cómo fue aparar el manuscrito a una biblioteca tan distante? Mucho se ha especulado sobre los avatares que pudieron depositarlo allí, sin encontrar respuesta satisfactoria. Tal vez porque no se la ha asociado con la colección de objetos brasileños que posee el Museo Etnogr fico. Lo más probable es que llegara con ella, que formara parte de la donación que el conde Moritz von Nassau hizo al rey de Dinamarca en 1654.

Durante el período que fue gobernador del Brasil, Nassau envió una expedición a Chile y Per£, al mando de Brouwer. Dado el interés científico del Príncipe, es probable que la expedición hubiese vuelto con materiales científicos y , entre ellos, algunos manuscritos. En el inventario de la donación figuran algunos libros con im genes.

La Corónica es un verdadero tebeo. Los dibujos de don Felipe son primitivos de factura, pero muy precisos y claros en su intención: critican la violencia de la conquista. Pero a diferencia de los de De Bry no tuvieron repercusión en el discurso anti-hisp nico, precisamente porque sólo fueron conocidos poco antes de la Segunda Guerra Mundial.

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Respecto a la iconografía de La Florida poseemos los grabados de De Bry que ilustran la historia del hugonote francés René de Landounniere, que se encontraba en la península en 1564.

El manuscrito de Laudonniere llegó a las manos del famoso publicista de navegaciones Richard Hakluyt, que lo editó y publicó en francés en París en 1586. Más tarde, en inglés, en Londres, en 1587, y finalmente en la edición en folio de sus viajes en 1587. De Bry, que era también un hugonote, leyó probablmente la edición de París, quedando fuertemente impresionado y decidió hacer una edición utilizando como modelo de sus grabados los mapas y dibujos que habia hecho Jacques Le Moyne, artista de la expedición de Laudonniere. Le Moyne había escapado de Florida y vivía en Londres bajo la protección de Sir Walter Raleigh

El holandés siguió muy de cerca los modelos de Le Moyne, como lo demuestra un aislado dibujo original que se conserva del francés (fig.22, comparar con fig.23). En todo caso, esta es la £nica iconografía de época que tenemos de La Florida y en ella no sólo se advierte la impresión que las noticias de su exploración causaron en los europeos, sino que algunos pasajes incluso parecen ilustrar la versión del viaje de Soto que nos da Oviedo en la Historia general y natural de las Indias (dos ediciones, Sevilla 1535 y Valladolid 1557) muy anteriores, pues, a la obra del francés y del holandés.

Veamos una seleción de esta serie iconogr fica, teniendo en consideración el viaje de Soto.

Soto inicia su marcha el 18 de mayo de 1539. En junio de 1541 llega a las orillas del Missisipi. El 25  de junio de 1542 muere de tifus. La expedición contin£a al mando de otro extremeño: Luis de Moscoso, natural de Zafra. Habían atravesado los estados de Florida, Georgia, Alabama, Missisipi, Arkansas y Luisiana, durante cuatro años.

Las im genes que nos interesa traer a colación, comienzan con el mapa de La Florida, que hemos de datar de la fecha de la edición, es decir de 1590 (fig.21). En la época el término incluía lo que se ve en la carta: las tierras situadas al norte de la Península.

Fue Ponce de León quien comprobó que se trataba de una península. Dice Antonio Remesal en Historia General de las Indias Occidentales: “Juan Ponce de León, que viéndose sin cargo y rico, armó dos carabelas y fue a buscar la isla Boinca, a donde decían los indios que estaba aquella famosa fuente que tornaba a los viejos mozos. Anduvo perdido y hambriento seis meses, por entre muchas islas sin hallar rastros de tal fuente. Entró en Bimini, y descubrió una punta de tierra que de allí a algunos años, a£n no se pudo saber si era isla o tierra firme, y porque cuando la halló, que fue el año mil quinientos y doce, era la semana de Pascua de Flores, la llamaron la Florida”

Algunas im genes de De Bry ofrecen una concordancia notable con los textos que relatan el viaje de Soto. La cacica en andas, es un ejemplo notable. Gonzalo Fern ndez de Oviedo en Historia General de las Indias, escribe, refiriéndose a la que llama “La cacica de Talimeco”: “E vino la cacica señora de aquella tierra, la cual trujeron principales con mucha autoridad en andas cubiertas de blanco (de lienzo delgado) y en hombros” (fig.27).

Otros pasajes que parecen haber sido ilustrados por De Bry, se refieren al uso de las canoas (fig.25) y al canibalismo; bien que en esta caso el holandés haya preferido ilustrar este acto “contra natura” cuando trata el Brasil: “Hallaron unos cuerpos -escribe Oviedo- de hombres asados en barbacoa, los bustos e huecos e pescuezos, e brazos e piernas llenos de perlas” (fig.26)

Lo mismo en lo relativo al esparcimiento que pudieron tener entre indios y españoles: “Estovieron los indios quince días con los cristianos en mucha paz; jugaban con ellos, y también entre sí: nadaban en compañía de los cristianos, y servíanlos en todo muy bien”

Refiriéndose a los “tamemes”, se lee: las mujeres y a£n muchachos de cuatro años reñían con los cristianos, y muchachos indios se ahorcaban por no venir a sus manos, e otros se metían en el fuego de su grado” (fig.28).

Esto nos lleva a uno de los discursos sobre la conquista que nace principalmente de la iconografía: el de la Leyenda negra. Fue de la estampa que acabamos de citar, en el mismo Libro IV, de De Bry, que transcribe la crónica de Benzoni; y de otra que la antecede (fig.27), que muestra a los indios vertiendo oro derretido en la boca de los españoles para apagar su sed de riquezas, que se originó la dicha interpretación de la historia. Estos grabados se sumaron a los que ilustraron los textos de Las Casas.

La obra del dominico, en particular, fue utilizada por quienes se oponían al imperio de Carlos V y de Felipe II, para objetar los títulos de España en Indias. En efecto, desde la  Bula Inter Cetera (4-5-1493), por la cual el Papa otorga las tierras descubiertas a los Reyes Católicos, lo hace con el fin, como dicen sus palabras iniciales: “que la fe católica se amplíe y dilate… para reducir a sus moradores al culto de Nuestro Señor; es decir, se le encarga a España la misión de convertir a los naturales. Eso es lo que legitima su dominio. Si en vez de llevarlos a la verdadera religión, los utilizaban como esclavos y los tiranizaba, se negaba la legitimidad de la conquista. Por ello es que ya en el título con que las sucesivas ediciones europeas van a traducir la Brevísima Relación, se advierte la intención de objetar ese dominio. La primera traducción francesa se titula: Le Miroir de la Tyrannie Espagnole (fig.29).

A esta asociación entre iconografía y discurso político me he referido ya, y mas detenidamente en América Imaginaria (Lumen, Barcelona 1992),por ello no cabe aquí extenderse más largamente.

Miguel Rojas Mix