Guayasamín: Pintor germinativo y esencial

Pablo Neruda, poeta entre poetas, lo llamó pintor germinativo y esencial y dijo de él: “Pocos pintores tan poderosos como este ecuatoriano intransferible: tiene el toque de la fuerza; es un anfitrión de raíces: da cita a la tempestad, a la violencia, a la inexactitud. Y todo ello, a vista y paciencia de nuestros ojos se transforma en luz”.

Y Leopoldo Zea, maestro de filósofos iberoamericanos, precisó los sentidos de su arte: su dimensión y su mensaje. Dijo: “La pintura de Guayasamín se enraíza en el arte universal. No niega sus antecedentes e influencias: Goya, Picasso, Orozco. Los desastres de la guerra y las “pinturas negras”, Guernica y los apocalípticos murales (de José Clemente Orozco) de Guadalajara en México”. De este bagaje se sirvió el artista ecuatoriano para construir su lenguaje, su gram tica formal, un lenguaje que nutrió con formas que nacieron de su experiencia, la experiencia de una vida empobrecida hasta el hambre, que transcurrió en los aledaños de la ciudad de Quito: su ciudad. De esas vivencias y esos dolores de su infancia y de su adolesencia, que son también los de su pueblos y los de todos los pueblos que se encuentran en condición semejante, nació su mensaje. “Guayasamín, siendo niño -nos informa Zea-, vió caer víctima de la violencia a otro niño. De ahí nacer  toda la protesta que expresa su pintura. Protesta por el niño, por el amigo muerto en la represión. Protesta, después, contra la violencia que sufren todo los de su raza. Raza en su más amplio sentido, acaso el de raza cósmica de Vasconcelos. Raza negra, amarilla, cobriza aceitunada, acrisolada en la humillación. Pero también raza blanca, la que ha sufrido la vioencia totalitaria, la qwue pintó Picasso en us Guernica.”.

Pero si lo que tenía que decir Guayasamín fue y es escuchado, si se reconoce su voz entre las muchas que se han alzado para protestar, para defender a los Condenados de la Tierra -como llama recordando a Fanon a un ciclo de sus pinturas-, ha sido por la calidad de su pintura. La magnitud de su arte hizo de él un vocero de su pueblo y de todos los pueblos.

Si cito a Leopoldo Zea y a Pablo Neruda no es por af n de erudición, es simplemente para mostrar la magnitud de este hombre, y para ques esas palabras, que vienen del arte y de la inteligencia, muestren la importancia de la Fundación Guayasamín, que inauguramos en Cáceres.

En ella estar  representado el artista, no sólo como tal, no sólo con su obra píctórica y escultórica, sino también en su afán de conservar y proteger una patrimonio de formas que viene desde el fondo del pasado precolombino, para luego  unirse con la herencia española y transformarse en arte colonial o barroco americano. Ese proceso de fraternidad estética iberoamericana, que une, en la obra de Guayasamín, a Picasso con los muralistas mexicanos, que emparenta en sus colecciones el arte precolombino con el barroco español; y ese proceso ético que denuncia a la vez el dolor de Guernica y el sufrimiento quechua en los faldeos del Pichincha, es lo que sueremos poner de relieve en esta Fundación.

Inauguramos ahora nuestra primera actividad: una exposición que muestra la amplia gama estética del maestro. No me referiré a ella porque ya lo hacen otros en este mismo cat logo, pero quisiera terminar estas líneas agradeciendo a la Fundación Guayasamín de Quito que haya aceptado crear entre nosotros una institución paralela y depositar generosamente en la Pedrilla, parte de sus colecciones y de su propia obra, para enriquecer el patrimonio artístico de los extremeños y estrechar aún más esos vínculos esenciales que nos unen con Iberoamerica.