Guayasamín o la Casa Grande del Saber

Dice el propio Guayasamín que su nombre quiere decir “Ave blanca que vuela”, pero los antropológoso y los lingüistas le replican apuntándole que en quitu, la lengua de los indios cara que habitaban la región, las cuatro sílabas de su nombre: gua cha sa mine, significan “casa grande el saber”. Dejemos a los artistas y eruditas con sus dudas. La verdad es que la Fundación Guayasamín inaugura hoy en Cáceres un auténtica “Casa Grande del Saber”, y del arte habría que agregar, que eso será  la Casa de los Pedrilla, una Casa grande para el saber y la culturas iberoamericanos.

Guayasamín es uno de los artistas emblemáticos de este siglo americano.

América hispana vio nacer en este siglo una serie de pintores de excepcional magnitud; únicos porque, a la vez que crearon un estilo propio, su forma de ver el mundo caracterizó el espíritu nacional y el continental. Es el caso de Diego Rivera, Orozco, o Siqueiros en cuyos murales todos los mexicanos ven sus rasgos propios; mientras que las mujeres se identifican con las vivencias de Frida Kahlo…

Sin duda que en al arte de Guayasamín se sienten representados todos los ecuatorianos. Y esto es particularmente evidente cuando uno llega a Quito. Guaysamín está  en todas partes: sus imágenes nos abordan desde que llegamos al aeropuerto y adornan muchos muros ilustres de la ciudad. La Fundación Guayasamín es uno de los principales lugares de visita de la capital y su casa, un verdadero museo.

No falta quien critica este lujo que llaman inca y virreinal, pero el pueblo no. Sabe que Guaysamín ha salvado muchas cosas del despojo de los traficantes y que ha construido un patrimonio artístico no para él, sino para el Ecuador.

En la pintura de este siglo Guayasamín encarna lo que se ha dado en llamar, en particular en literatura, la corriente telúrica. Su mirada se tiende para captar la ciudad, zigzaguea entre los valles y se eleva para alcanzar las cumbres. Es la tierra lo que busca, la tierra de sus antepasados, y la propia, pues si en su obra hay una mirada histórica, siempre ella es en función de un presente. En su gran serie “La Edad de la Cólera”, donde las manos expresan todos los sentimientos y cada situación en que el hombre pueda encontrarse, vemos que el dolor no tiene historia, pasa sin cambios del pasado al presente. Es por ello que desde siempre el “indigenismo” de Guayasamín tiene como protagonista al hombre actual… Su  obra no está  destinada a recuperar con nostalgia a un inexistente “buen salvaje”, sino a hablarnos de un indio, que es el hombre, un hombre a menudo, y más a menudo aún sociedades como las andinas, atrapado en el dolor y la miseria, que se retuerce en el sufrimiento y lucha por salir de él… Pero también en su obra está  el resto de la sociedad. Y sus series de Magníficos retratos nos lo prueban. Guayasamín, que es una artista de una habilidad extrema, nos deja el testimonio de los hombres que configuran el mundo del cual a él le ha tocado ser testigo. Capta a cada uno con la dignidad que merece: los valora, presentándolos como responsables estadistas, señeros intelectuales o mágicos poetas…, o los reduce a grotescas caricaturas, cuando considera que han sido verdugos de su pueblo. El mundo entorno y el amor están por igual presentes en la obra del quiteño, que pinta a Quito sin cesar: en verde, azul, rojo, ocre o amarillo…

De ese magnífico fondo artístico, de ese patrimonio del pueblo ecuatoriano de que hablamos, tendrán ocasión de disfrutar los extremeños, ahora que la Fundación Guayasamín se instala en Cáceres y que el artista ha aceptado que piezas relevantes de su colección precolombina, tablas seleccionadas de su conjunto de arte colonial y telas y dibujos suyos sean expuestos permanentemente en el Palacio de la Pedrilla.

La Fundación Guayasamín Cáceres será  así un museo ofrecido por un indiano a Extremadura en homenaje a su vocación americana, pero además ser  un espacio permanente de diálogo e intercambio cultural entre Extremadura y Ecuador e Hispanoamérica. Quiere ser  lo que su nombre indica: “Una casa grande del saber”.