EUROPALIA 93 MEXICO

¨Bienal o festival? La particularidad de Europalia, Bienal belga de Arte y Cultura consiste en ser a la vez las dos cosas. Cada una de sus presentaciones est  destinada a exponer todas las facetas del arte y la cultura de un país: la pintura, la escultura, la música, la literatura, el teatro, la danza, el cine, etc. Es un festival sobre un país que se realiza cada dos años.

Europalia fue inagurada en 1969 y desde entonces ha acogido a 11 países: Italia, Holanda, Alemania (entonces República Federal), Bélgica, Grecia, España en 1985, Austria, Japón y Portugal. La XII Bienal ha sido dedicada por primera vez a un país americano, a México. Japón fue el primero no-europeo.

El 22 de septiembre México inauguró en Bruselas la muestra más importante que haya realizado hasta ahora fuera de sus fronteras. Durante cien día, entre el 23 de septiembre y el 19 de diciembre de 1993, en Europalaia 93 México se presentaron quince exposiciones, cerca de cincuenta conciertos, tres grandes espectáculos de teatro, más otros actos destinados a dar a conocer las tradiciones populares mexicanas, decena de conferencias y encuentros literarios, y un festival de cine donde se han programada una centana de películas; en defintiva la casi completa historia de la cinematografía azteca.

En literatura la actividad giró en torno a Octavio Paz, leyó poemas y participó en diversos encuentros con intelectuales belgas y franceses y Carlos Fuentes que fue homenajeado por la Universidad Libre de Bruselas. A ellos siguieron otros actos con la presencia de generaciones másrecientes de escritores de todo género, ensayistas, filósofos, autores de ficción…

El ciclo de cine mexicano reesultó casi exhaustivo: iba desde las películas de los años 30 como Allá  en el Rancho Grande de Fernado de Fuentes y con el inolvidable Jorge Negrete (en mi época se recordaban las películas por los actores), comprendía algún clásico del Indio Fernández, y llegaba hasta ayer, con La Carrera Prohibida de Humberto Hermosilla (1992).

Enhebrados entre exposición y exposición se pudo asistir a soirées de teatro mexicano actual, contemplar representaciones de mariachis, desfiles de charros, ver a la obra a los “voladores” Paplanta; sin olvidar la lírica, que presentó en Bruselas a Plácido Domingo, quien para la ocasión vestió los colores aztecas.

Si el epicentro de estas manifestaciones fue Bruselas, algunas exhibiciones se montaron en otras ciudades. Una que traza la vida de Oaxaca, desde la época precolombina hasta su producción artística actual, sin olvidar el período colonial, se inauguró en Rotterdam; otra con el sugerente título (como si fuese un bolero de Agustín Lara) de Miradas de Mujer, un conjunto de obras de pintoras y fotógrafas mexicanas: María Izquierdo, Remedios Varo, Leonora Carrington se abrió en Lieja; mientras que en Gante se podían visitar los Muralistas mexicanos y la Plata de México. Finalmente, muchas de estas exposiciones tiene previsto un itinerario por Francia, Alemania, Países Bajos, Luxemburgo y España.

Una de las exposiciones más interesante de esta XII Bienal es El mundo de Frida Khalo. El título es acertado: mundo mejor que obra, porque la obra se alterna en la muestra con signos de su universo personal; mundo igualmente porque es difícil encontrar una pintura donde el universo personal esté más presente. Frida es el tema de la Khalo. Frida en todas las facetas de su vida: Frida en su silla de ruedas, Frida con Diego en la mente, Frida cierva herida, Frida de china poblana, Frida retrato con micos, las dos Fridas, el  árbol genealógico de Frida… En Bruselas; como antes en Francfort o en La Haya, se dibuja la retrospectiva de esta artista, que existió durante muchos años al lado de Diego Rivera, cuando todo el mundo hablaba del gran muralista y casi nadie prestaba atención a su pintura, consideradas por muchos sin más interés que la obra de un pintor de domingo. La subida de la Khalo ha sido espectacular. No sólo porque se ha revalorizado la calidad de su imagen, que sigue siendo ingenua, sino sobre todo porque su obra ha adquirido un nuevo sentido. Tal vez su existencia apasionada y difícil, su coraje para vivir una vida de mujer pese a su invalidez, han hecho de ella un símbolo de los movimientos feministas. Su subida ha sido sobre todo espectacular en el mercado del arte (uno de sus más conocidos coleccionistas es Madonna). Su precio supera hoy el de todos los artistas latinoamericanos y figura entre las más altas cotizaciones internacionales.

Pero la manifestación dorsal de esta Europalia es sin duda El  Águila y el sol. Tres mil años de arte mexicano, inaugurada el 22 de septiembre en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, a pocos pasos de la Gran Plaza. Esta exposición similar a la que se presentó en el Metropolitan Museum de Nueva York: Mexico: Splendors of Thirty Centuries en 1991, presenta la historia de México a través de magníficas obras de arte de 30 siglos, aunque el arte no es el único documento expuesto.

Si el visitante es recibido por impresionantes esculturas de barro zapotecas. Una vez que deja atrás al murciélago antorpomorfo y al dios Xipe Totec, el que se viste con la piel de los sacrificados, se enfrenta al misterio pétreo de las grandes cabeza olmecas. Y el misterio no reside sólo -según lo señala el comisario mexicano, Mario Vásquez-, en el cómo transportaron esos enormes bloques de piedra los olmecas que no conocía la rueda, ni en que nada sabemos ni de su costumbres ni de su religión ni de su lengua, de ésta que es considerada la madre de las culturas mexicanas. Hay un misterio adicional y quizá  más fascinante. Los ragos de esos rostros son claramente negroides. Un antropologo, comparándolos con los retratos de guerreros nubas, llegó a la conclusión que ellos eran la prueba de que los africanos habían llegado a América antes de Colón (Ivan van Sertiam: Estaban allí antes de Cristóbal Colón, Random House 1976).

La exposición va de los olmecas hasta la pintura contemporánea, aunque la parte actual es más reducida, pues se encuentra bien representado en una serie de exposiciones ancilares que completan la muestra. Hay quienes sostienen que un hilo de sangre une esos treinta siglos. Desde la sangre hecha pluma y rama que brota de la cabeza del sacrificado en manos del sacerdote maya, pasando po los borbotones de sangre (hecha de rojo cochinilla y humo de pez), que exhudaban las tallas barrocas de los santos coloniales y los Cristos del Dolor, para que duelan las llagas, hasta la sutil vena que une los corazones gemelos de Las dos Fridas, y esto sin olvidar a los ex-votos de los muertitos populares, que si no sangran es porque están muertos.

Pero la muerte, muy presente en la vida (y en la identidad) mexicana, merece un capítulo aparte, y tiene una exposición también aparte.

La Muerte en fiesta, en el Centro Le Botanique (Centro cultural de la Comunidad francesa), recuerda sobre todo el 2 de noviembre, día en que los mexicanos se comen la muerte: la mastican en forma de calaveras de azúcar, la soborean en pastelillos. Los niños (y los grandes) juegan con ella: hacen danzar esqueletos de cuerda o los hacen saltar de descocados ataúdes de cartón como si fuesen polichinelas de resorte. Toda la ciudad se mueve al ritmo de una gigantesca danza macabra ese día 2 de noviembre: los escaparates, los ciclistas, los charros, los mariachis, hasta las parejas de novios, todo se viste de calavera. El día 2 de noviembre la muerte se da a los placeres de la vida, y da vida a una artesanía única en el mundo, vida a las calaveras de azúcar con el nombre del familiar escrito en la frente, vida a las calaveras bateristas de Guanajuato, vida a las carrozas esqueletadas de Metepec, a los incensarios de Michoacán…

En la muerte se encuentran dos tradiciones que fundan la identidad mexicana: la precortesiana y la hisp nica. La primera ha dejado obras tan maravillosas como los cráneos tallados en cristal de roca. La española el recuerdo de un esqueleto llevando de la mano al rey y el obispo y el labriego, que por igual cuestionaba el poder y las riquezas de este mundo. Como lo decía en sus coplas Jorge Manrique: Que Papas y emperadores/ Y prelados/ Allí los trata la muerte/ como a los pobres pastores/ de ganado.

Con los grabados de José Guadalupe Posada la muerte se convierte en una imagen del pueblo mexicano. La “pelona” se pone parrandera, y se va a la Revolución con Zapata y Villa. Las calaveras terminan por ser corrosivas porque se inscriben en una tradición de crítica social y política. En México la muerte, la calavera (como se le llama a la totalidad del esqueleto en el español de México) es capaz de expresar todo; incluso hay una devoción a la Santa Muerte.

Una con otra se complementan las diversas exposiciones para trascribirnos la historia del pueblo mexicano. Por eso la importancia de la de Gante sobre los Muralistas mexicanos.

El título puede inducir a error, porque corrientemente entendemos por muralistas a los pintores de la Revolución mexicana. Pero aquí se muestran también las pinturas de los muros de los templos precolombinos ¨No fueron acaso esos artistas de hace dos o tres mil años igualmente muralistas?

Pero el muralismo fue sobretodo el arte de la Revolución. Fueron Diego Rivera, Clemente Orozco y Luis Alfaro Siqueiros los primeros en lanzarse a la tarea de redefinir la identidad mexicana. Acordes con la revolución van a cambiar el sentido del arte. Sin olvidar la vanguardia europea, van a apoyarse en la gramática formal precolombina; van a hacer un arte público (por eso mural) dirigido al pueblo, un arte indigenista; para lo cual, en primer lugar, van a cambiar la imagen de los protagonistas. Hasta entonces (con la excepción de Posada que es su precursor) el hombre mexicano (aindiado) no había sido juzgado digno de servir de modelo a los artistas. Cuando se representaba un indio, se le daba el cuerpo de un atleta griego y sus rasgos eran “dulcificados” (europeizados) para adecuarse a los cánones de belleza clásicos. Los muralistas parten de la afirmación de la Revolución de que en México todos son indios: o lo son directamente o lo son por mestizaje, y ponen al indio como protagonista de la gesta que describen en sus obra. Cambian así el sentido de la historia. Lejos de comenzar con la llegada de los españoles, como lo afirmaba la historiografía eurocéntrica, comienza con la primeras sociedades precortesianas… México y América tienen su propia historia. Y ella se incia mucho antes del llamado “Descubrimiento”. Tal vez ésta, junto al mensaje de modernidad, sea la afirmación fundamental de Europalia 93 México, en cuyo pórtico: El  Äguila y el sol, incia el recorrido del espectador por la historia de México, poniéndolo frente al misterio de los olmecas.