Eurodisney en París

La inauguración en los aledaños de París de Euro Disneyland

ha constituído una los acontecimientos del año en Eruopa y ha orginado las mayores polémicas ¿Qué es lo que se discute? Fudamentalmente cómo el imaginario de Disney introduce, de matute, el american way of life.

Walt Disney (1901-1966) fue un artista y también un gran empresario. En 1923 creó un estudio de animación en Hollywood, pero el éxtino no llegó hasta que en 1928, con la colaboración de Ub Iwerks, el verdaro genio artístico de los WaltDisney Studios, creó el primer dibujo animado de Mickey Mouse. El ratón Miguelito que se ha convertido en el emblema del mundo de Disney, representa los valores de la sociedad  usamericana, es el good american, el buen americano. Asegurado el éxito con Mickey siguieron una pléyade de creaciones y personajes: Las Sinfonías Tontas, Los Tres Cerditos, El Pato Donald, en 1934, y los largometrajes de Blanca Nieves, Pinocho, Dumbo y los otros…

Eurodisney dice ofrecer sueño y fantasía, pero la verdad es que lo que ofreece son colas y, en la mayoría de los casos, al final de ellas, decepción. Las grandes  áeas del parque recogen los temas del imaginario infantil considerados más pegadores: La Tierra de fantasía, donde en principio deberíamos encontrar a todos los personajes de las películas de Disney: Mickey, Minnie, Donald, Pinochio… Todos con fabulosos trajes en los que entran como en escafandras, pero que sin duda no tienen aire acondicionado, porque los días de mís de trainta grados (si, también los hay en Par1s en los meses de Julio y Agosto, no se ve a uno delos; personajes ni por favor; y cuando alguno osa a atreverse a esa salida, que debe ser un importante baño turco, a los cinco minutos ya está  de vuelta en el cuartel general, privado, a cambiarse y probablmente a darse una ducha fría. De ahi una gran decepción para los niños que buscan a sus héreos por todas partes…, y nada.

Las otras  reas son la Frontera, donde se reunen los vaqueros y los indios (a ciertas horas se enfrentan, muy r pido cuando hace el calor señalado) con los barcos a vapor que surcaban el Mississipi, barcos de tahúres (que no figuran en el programa), con la cabaña del Tío Tom, apacible y aparentemente feliz de ser esclavo según se le ve en calidad de autómata al borde del río, y con los relieves del cañón del Colorado, que se pueden recorrer en un desbocado tren: ­la única emoción fuerte del parque! Otra podría see La Casa de los Fantasmas, también en la Frontera, pero ésta sólo para corazones muy sensibles, del tipo Mamy Bush.

El paísde la aventura, es una reconstrucción de Peter Pan y Discvery Land un asomo al futuro, entre Julio Verne y la Guerra de las Estrellas.

Para accedera todas estas  áreas hay que pasar por la llamada “Calle Principal U.S.A, que son los Estados Unidos vistos por Mary Poppins y Milton Freedman, porque la economía de mercado ahí bate a rebato. Hay más del doble de boutiques que de entretenciones; y en todas se vende lo mismo; el imaginario Disney: hecho muñecos, llaveros, tasas, poleras, ch ndals. Lo que ustedquiera. Probablmente lo que ha tenido más éxito son las orejas de Mickey o de Minnie: un peinetón en forma do orejas, que efectivamente da rasgos Disney a toso el que se lo pone.

En general los intelectuales han sido muy duros con Disneyland: lo han llamado Chernóbil cultural y argumentado que es una nueva prueba de la colonización norteamericana basada en el consumo de masa. Temen sobre todo que el imaginario Disney destierre los antiguos paradigmas intelectuales europeos. Otros, como en España Eduardo Mendoza, consideran una “frivolidad llevar el nacionalismo al Pato Donald” Frívolo y todo en Francia parecer ser efectivamente así, ¿signo de los tiempos?, pues la lucha es entre Mickey y Asterix.

La verdad es que la llamada “invasión cultural” al menos en Francia ya había comenzado mucho tiempo antes de que se instalara Disney. Basta pasearse por Saint Michel, en le barrio latino, para ver cómo los viejos cafés, que constituían el encanto y la personalidad de ese barrio, han ido cayendo uno a uno para dejar el paso a más y más hamburguerías. La cuestión es qué es ya la cultura dominante, y cuál será  la de mañana ¿Los jóvenes del Tercer Milenio sabrán más de Sartre o del ratón Miguelito?