EL INDIO: civilización y barbarie en la historieta

 

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La imagen del indio ha evolucionado notablemente desde su aparición en los cómics, un poco antes de la Primera Guerra Mundial, hasta la fecha. En las tiras de los años ’30 –de Las cuales son resabios la historias de Walt Disney o, en Francia, los “Pieds Nickelès” Y “Bibi et Fricotin”-, encontramos una imagen indiferenciada del no-europeo, del no-ocidental. Sobre todo, en lo que se refiere al tipo físico; a veces se distinguen por el vestuario. Los indios de los Pieds Nickelés, réducteurs de têtes, son representados con el exotismo genérico de los “Katzenjammer’s Kids”, idénticos a los africanos, no obstante llamarse “javiros”,

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En los Pieds Nickelés au pays des incas, el Indio es negroide y, cuando es de piel blanca, puede ocurrir como en “Bibi et Fricotin”: carece de personalidad étnica e individual, es un “hombre genérico”, reconocible únicamente por su indumentaria: pelo negro lacio, poncho de colores, etc.. Las tintas se cargan sólo sobre los rasgos morales. Es ahí donde lo reconocemos: ladino, flojo, traicionero, un ser en el cual no se puede confiar. Es un tema obsesivo de la literatura folletinesca, el del guía que roba a los expedicionarios y los deja abandonados a los peligros de la selva.

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Aparte de estos relictos de los años ’30, la imagen del indio se orienta en dos direcciones: la de la barbarie tradicional y la de la “antropología estructural”. El indio bárbaro es el enemigo del héroe en las historietas de la primera mitad del siglo, inspiradas en lo que quedaba de las filosofías positivistas y en el integrismo o conservadurismo católico. Lo que era Sarmiento primero y más tarde Hugo Wast en Argentina. En estas historietas la visión del mundo es dicotómica: el Occidente civilizado se opone al Oriente bárbaro, como el Occidente católico al Oriente pagano o judeo-bolche. Al indio se lo muestra sin ninguna preocupación por la fidelidad antropológica. Siempre es una idea general, una amalgama, un lugar común. En Rigot —El signo del pájaro de fuego— es una mezcla de azteca, jíbaro, tupinamba e inca y llama a su dios “El Gran Manitú”: sus costumbres aparecen ridiculizadas, así como sus ideales de belleza, la imagen parece inspirarse en los libros de viajeros europeos del siglo XIX.

Característico de estas historietas es mostrar al Tercer Mundo como un conjunto de bárbaros Hergé y Jacobs son los más destacados en el género. En el templo del sol, aun cuando Hergé deja entrever algunos logros de la civilización inca, no por ello la muestra menos bárbara: practica los sacrificios humanos, es ignorante e incrédula. En cuanto a Jacobs, en El enigma de la Atlántida, opone los bárbaros a los atlantes, que son el paradigma, el non plus ultra de la civilización occidental: buenos, justos, sabios,etc… La barbarie está encarnada por las civilizaciones precolombinas. Pareja imagen hallase en Spirou y los herederos de Franquin, donde la selva es una especie de Disneylandia: los peligrosos son los hombres.

De inspiración análoga podríamos considerar el fumetto de Attanasio, Bandoneón, el gaucho triste. Recurriendo al humor, el italiano hace una caricatura, no ya del indio sino de la imagen del indio. Los “panqueques”, indios de la Pampa, visten poncho y chullo como los del Altiplano, y son una amalgama de todos los indios del continente: trogloditas, toman tequila, hacen sacrificios humanos… y, no obstante expresarse en su propio idioma, hablan en infinitivos…, fuman marihuana, son fetichistas, ignorantes y tratan a la guitarra como si fuese una persona

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Attanasio define su estado diciendo que unen a los defectos del conquistador su crueldad natural, lo que los hace despiadados y feroces. Aquí la dicotomía civilización/barbarie corresponde a la imagen de una Argentina europeizada. En Attanasio, todos los blancos —también el gaucho— son blancos puros, representan el Occidente. Únicamente el indio es la barbarie; el gaucho es la latinidad campesina.

Esta noción de barbarie, característica de la visión maniquea del occidentalismo por cierto que no se asocia sólo al indio. A menudo se la concibe como un estado al cual toda la América Latina volvería… ¡Si Europa o los Estados Unidos —digámoslo con sus letras—, si el capitalismo no la ayudara! Nadie más claro que Bob Morane en Guerrilla a Tumbaga: “Sin nosotros, Tumbaga volvería a la barbarie”.

En los comics más antiguos o en los tradicionalistas, esta visión del indio bárbaro tiene como soporte una imagen gráfica en la que reina la más grande confusión: los indios no pertenecen a ninguna región precisa, el lector los reconoce por conjuntos heterogéneos de signos que denotan una identidad generalizada y conceptual. No hay preocupación documental ni fidelidad antropológica. Incluso en series más recientes, en las que es corriente encontrar una imagen documental de los indios, ésta puede hallarse asociada a los estereotipos más vulgares. Así, en Bernard Prince, guerrilla contra un fantasma, vemos indios que se inspiran con gran fidelidad gráfica en los jíbaros, pero que reproducen numerosos clisés, entre otros el de la ferocidad y del salvajismo: forman parte de los peligros de la selva al mismo nivel que los caimanes o las pirañas… Es la barbarie vista como una naturaleza enemiga del hombre. ¿Es el indio también de naturaleza humana? Eso es lo que no queda resuelto en la historia.

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Precisamente, otro tema asociado a la barbarie y al indio, es el de la degradación. Tema, que se encuentra en algunas historietas, más que desarrollado, insinuado. En Natacha, azafata del aire, de Walthéry y Gos, los indios no son capaces de entender a los europeos, porque “se encuentran demasiado embrutecidos por sus libaciones”.

Dos representaciones diferentes del indio se observan en los comics. Ambas tienen fuentes, incluso iconográficas, disímiles. La primera parece venir directamente de una antropología de principios de siglo, marcada por Lévy-Bruhl, y los grabados más antiguos que mostraban al indio como un caníbal feroz, al estilo de los de Hans Stadens y de Teodoro de Bry. La otra, más reciente, se inspira en la obra de Levi-Strauss. Por cierto que ambos modelos a menudo se mezclan y se solapan.

La primera es la imagen del caníbal desnudo, más cerca del animal que del hombre. Esta visión encuentra confirmación a principios de siglo, es decir en el momento mismo que nacen los comics, en la traducción antropológica de Lévy-Bruhl. El caracteriza la mentalidad primitiva como pre-lógica y radicalmente opuesta a la mentalidad del hombre moderno. La consecuencia de este antagonismo radical es una visión de oposición entre sociedades inferiores y sociedades superiores. El salvaje ingenuo, no conceptual, cruel, infantil, mítico y supersticioso, es el retrato clavado de esta visión y pocos mass-media la reproducen mejor que los comics. Todavía el indio que aparece en Bernard Prince no es más que un relicto de esta imagen.

La otra representación se Inspira en Levi-Strauss. Su libro más divulgado, Los tristes trópicos, parece influir en este cambio, no sólo por su texto, sino que incluso por las fotos que lo ilustran. Sus otras obras no le van en zaga. En algunas historietas recientes se tiene la Impresión de encontrarse con dibujos de aldeas que parecen salir directamente de la descripción de la aldea de los bororo, que el autor hace en la Antropología estructural: véase, por ejemplo, H. P. y Giussepe Bergman de Manara. Incluso historietas de espíritu totalmente diferente, que no intentan ser desmitificadoras, reflejan esta visión. Es el caso de Ford T, fortissimo de Francis, en que la aldea de los bororo se mezcla con las que se veían en Teodoro de Bry. Sin embargo, al aporte fundamental de Levi-Strauss en este cambio de imagen, viene del pensamiento salvaje, cuyo tema fundamental es que no hay diferencias cualitativas entre la lógica del “salvaje” y la lógica del hombre moderno: “El tema fundamental -dice Leach en un estudio sobre el autor, Levi Strauss-, es que nos equivocamos si pensamos con Levy-Bruhl (y por ende con Sartre), que hay una diferencia histórica entre la mentalidad pre-lógica de los primitivos y la mentalidad lógica del hombre moderno”. Efectivamente, en el capitulo IX del pensamiento salvaje, Levi-Strauss se enfrenta a la opinión de Sartre en Critica de la razón dialéctica, de que los miembros de sociedades primitivas serían incapaces de análisis intelectual.

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La imagen inspirada en Levi-Strauss se caracteriza, precisamente, porque se niega a presentar al indio como un bárbaro, o como la barbarie, y a contraponerlo a la civilización. Desde comienzos del siglo XVIII, desde la aparición de la Ciencia Nueva de Juan Bautista Vico, entre 1725 Y 1744, la barbarie ha sido comprendida no sólo como un estado primitivo sino también feroz del género humano, que se dulcificaba únicamente a partir del temor a lo divino que a su vez, traía paulatinamente el orden al mundo. Este esquema ideológico, característico del siglo XIX -un ejemplo sería el pensamiento de Sarmiento-, lo encontramos todavía en el siglo XX en numerosas historietas. Tintín es un ejemplo… Tintín, el héroe que se enfrenta a la barbarie feroz y cuya calidad moral de héroe viene del hecho de que es portador de ese temor de lo divino y de un orden inmanente. No es otra la visión del héroe cristiano occidental, del que ya hablamos a propósito de Hergé en otra oportunidad. A diferencia de los antropólogos anteriores -y no sólo en Levy-Bruhl, sino incluso en Frazer, autor de la rama dorada-, Levi-Strauss no identifica lo prehistórico con lo inferior. Para él, la idea de que el pensamiento primitivo se caracteriza por la ingenuidad, el infantilismo y la superstición hay que descartarla completamente. La prueba es la complejidad del pensamiento salvaje que él muestra a lo largo de su obra más voluminosa: las mitológicas. Una tal visión del indio va a reflejarse rápidamente en una nueva historieta, que aparece después de la década del ’60. En particular en las más progresistas y las más marcadas por lo que fue el espíritu de “Mayo del 68”. En Paulette en la Amazonía, el nuevo discurso y el cambio de referencia antropológica es evidente, hay incluso una crítica a los métodos tradicionales de inserción de los antropólogos en las sociedades primitivas. Una crítica hecha por los propios salvajes, que se ríen de la ingenuidad de los blancos y de la imagen que éstos tienen de ellos. A su vez, el genocidio de los indios hace reflexionar a la heroína sobre el valor de la civilización: “Es esto lo que usted llama la civilización; masacrar a toda esa pobre gente”.

La imagen inspirada en Levi-Strauss se manifiesta en muchas historias como una vuelta a la filosofía del “buen salvaje”. Si así es expedida por Manara en forma de cuento filosófico. Hugo Pratt, se muestra reticente a cualquier reducción maniquea: incluso la del buen salvaje. Guiado por una auténtica preocupación etnológica y documental, sus indios no son copias idealizadas sino retratos de seres humanos. Y por retrato hay que entender lo que el género significa. Retratar implica reconocer la individualidad del hombre y no presentarlo genéricamente como imagen colectiva. Así en Hugo Pratt hay indios buenos y malos, al igual que hay europeos buenos y malos. Lo que le interesa afirmar es sobre todo la dignidad del hombre, que se descubre por igual en el indio, en el negro o en el blanco. Trabajando como un antropólogo cuando hace intervenir al indio trata de situarse en su lógica, en su manera de pensar y ver el mundo. No lo presenta ni ingenuo ni infantil ni supersticioso, sino consciente de su destino y con un pensamiento que tiene una lógica propia, tan válida como cualquier otra. Lo describe mirando al europeo desde sus valores, viéndolo sin ingenuidades ni idealizaciones. El indio es, en Pratt, el par del europeo. La única gran diferencia es que no poseen la misma visión del mundo. ¿Y qué? Muchas veces la del indio resulta más comprensiva, más filosófica y más humana que la del héroe.

Tal vez sea Pierre Clastres, quien mejor ha destacado el aporte de Levi-Strauss. Revisando la historia, constata que ya desde los descubrimientos se ve en los escritores una diferencia muy clara para apreciar la forma en que se operaba el encuentro y el contacto de Europa con los “primitivos”, y en la función que éstos le atribuían en su pensamiento. Sin embargo, ésta era una búsqueda confusa de diálogo que, cuando no estaba marcada por la noción de salvajismo o barbarie, no era otra cosa que un tema filosófico que permitía reflejar la crítica política o moral que se le hacia a Europa.

Según Clastres sólo la etnología permite levantar un puente entre las civilizaciones occidentales y primitivas. Por cierto que no la etnología clásica, marcada por la oposición entre racionalidad/irracionalidad, sino una etnología que supere esta oposición central. Y ésta no es otra que la que concibe Levi-Straus planteada como un diálogo con el pensamiento primitivo. Su reflejo se encuentra en el cambio de imagen y de relación salvaje/europeo que hemos visto en las historietas citadas. Todas, en el fondo, están basadas en esta noción de diálogo: quieren superar el colonialismo con la imagen reemplazarlo por un diálogo intercultural…

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En los últimos años la imagen de indo se ha modificado, además de una nueva concepción antropológica se han reivindicado los valores artísticos y culturales de las grandes civilizaciones y se han introducido, aunque sea de paso, los problemas sociales….Pero esto ya es un capítulo especial en nuestro ensayo central sobre La imagen de América Latina en los cómics