El imaginario civilización y cultura del siglo XXI

Alcalá de Henares, 11/12/2010

Podría parecer abusivo para la lengua castellana usar el término imaginario en el sentido que lo practico en el contexto de esta reflexión. Para el Diccionario de la Real Academia Española, “sistemático libro espeso de lomo de buey pesado” como lo llamaba Neruda, el vocablo alude “a lo que sólo existe en la imaginación”; reservando para imaginería la expresión de estas figuras. En el contexto de la sociedad actual, alude el término a un mundo y a una cultura y a una inteligencia visual, que se presentan como un conjunto de íconos físicos o virtuales y se difunden a través de una diversidad de medios que interactúan con las representaciones mentales.

En las últimas décadas del siglo XX, se ha verificado en forma radical la transición epistemológica que representa la aceleración del paso de una forma de conocimiento a otra, del conocimiento verbal al conocimiento visual.

La historia testimonia un enfrentamiento duradero entre el discurso escrito y el discurso figurado. Logos e ícono  representan antagonismos que atraviesan la historia y van más allá de la pura esfera de la comunicación, alcanzando el dogma y el mito, pues se alzan desde las profundidades de culturas religiosas. Santo Tomás afirmaba que los ángeles no podían mentir porque,  careciendo de cuerpo, comunicaban directamente con las cosas sin pasar por la mediación de las palabras. Jonathan Swift cuenta que cuando Gulliver visitó Balnibarbi conoció unos hombres sabios que,  por economisar pulmones, decidieron expresarse mostrando las cosas (expressing themselves by things) “dado que las palabras no son sino nombres de las cosas –decían- , más valiera que cada hombre transportara consigo todas las cosas de las que tiene intención de hablar…. El único inconveniente se encontraba en  que cuando los negocios eran grandes y variados estaban obligados a cargar un enorme bulto con las cosas de las que iban a debatir, salvo que tuvieran los medios para pagarse un par de fornidos valets” Harpo Marx dió cuerpo en el cine a esta imagen. Y la revolución informática resolvió el problema de los fornidos valets con la televisión, el ordenador portátil y el power point.

La verdad es que un objeto se hace imagen y lenguaje cuando adquiere significación. Una anécdota brillante la encontramos en los orígenes de nuestra historia: Se cuenta que los incas enviaron al Virrey Abascal tres paquetes como presentes, el uno contenía sal, el otro habas y el tercero cal; fonéticamente se leía “Sal Abascal”

Las religiones del libro, en sus orígenes rechazaron  el ícono. Condenaron la representación de Dios, incluso del ser humano.  Sin embargo la Biblia recurre frecuentemente a las imágens.  Podríamos decir que incluso el primer spot publicitario es bíblico:  El de la serpiente que ofrece la manzana. Publicidad genial,  pues no sólo hace nacer en Eva el deseo, sino que  además posee un factor multiplicador:  Convence a Eva que debe recomendársela a otros, en este caso a Adán. El Demonio se manifiesta un publicista formidable y de vanguardia, porque utiliza todas la técnicas de la publicidad moderna: la estrategia de lo deseable, la repetición del slogan: “muerde la manzana”, “muerde la manzana”. Incluso la transformación del cliente en leader de opinión.

Ha sido el modelo cultural “esencialmente verbal”, el que desde sus orígenes hebreo-griegos hasta más o menos el presente ha prestado soporte a la civilización occidental.  Lo que no quiere decir que esta cultura verbal no haya pasado por suscesivas revoluciones. San Agustín se escandalizaba de que San Ambrosio leyera con los ojos sin hablar, sentía que era el fin la civilización antigua donde la lectura era declamación en voz alta. La historia de la civilización occidental esta marcada por sucesivas revoluciones asociadas a la lectura: de la lectura en voz alta, pasamos a la lectura silenciosa del manuscrito, de ésta a la lectura del libro impreso; y del libro a la lectura de la imagen. Sin conocer a San Agustín una conocida periodista francesa se asombraba en una entrevista a Umberto Eco de que un hombre tan culto se intesara por los cómics. No se  percataba que estaba justamente pisando la raya de otra etapa de la civilización. La idea misma de saber y de cultura ha cambiado radicalmente.  Todavía cuando yo estudiaba en la universidad se pensaba que sólo el griego y el alemán eran aptos para filosofar.  Sin desconocer su importancia se ha ido abandonado el fundamentalismo de la idea. En  particular en el pensamiento contemporáneo, que arraiga más en lo cotidiano y lo fragmentario que en lo metafísico y sistemático. Lo importante es ser capaces de avanzar hacia nuevas categorías: en el lenguaje, en la figuración, en la inteligencia simbólica…La cultura del ordenador está produciendo una revolución mucho más radical que la de Gutenberg. Un gran vaivén en el conocimiento es que hoy el número de cosas que sabemos sin haberlas leído es mucho mayor que hace cincuenta años. Sabemos muchas cosas simplemente porque las hemos visto.

Es la naturaleza misma del conocimiento la que ha cambiado. Se pasa de la exigencia de verdad del conocimiento alfabético a la búsqueda de lo verosímil del conocimiento visual. A diferencia de la inteligencia verbal, que tiene como exigencia la verdad, la inteligencia visual opera en términos de eficacia (le interesa convencer no razonar) La inteligencia visual es retórica, mientras que la alfabética es dialéctica, busca hacerse verosímil, no desentrañar la verdad. Aristóteles definía lo verosímil como el conjunto de lo que es creíble para la opinión del común.

Dice el DRAE en su primera acepción de imagen: Figura, representación, pero también “semejanza” o “apariencia” de una cosa. En ese sentido la imagen es doxa (opinión), Husserl aplicaba el adjetivo doxisch a todos los caracteres inherentes a la creencia. El saber visual es doxisch; porque la imagen no es real. Únicamente lo es  en cuanto imagen; en tanto representación sólo es verosímil. En la cultura visual imagen, palabra, símbolo y realidad se solapan y se complementan. Nada más ejemplificador en este campo que la obra de Magritte: “Ceci n’est pas une pipe!” .

 

La verdad no es forzosamente verosímil. En cambio la ficción puede serlo. García Márquez respondiendo a un periodista  si era verdad lo de los dos mil muertos de la bananera que relata en Cien años de soledad. Dijo,  ¡No! La matanza fue de veinte mil, pero si hubiera dicho esa cifra nadie me habría creido. Gombrich (Art and Ilusion, 1960) menciona la imagen del rinoceronte de Durero cubierto de escamas como placas de hierro, que influyó en los dibujantes incluso mucho después de que hubieran visto verdaderos rinocerontes. La imagen resultaba más fuerte que la realidad y las placas de la coraza  de la bestia se convirtieron en signos convencionales que denotaban el rinoceronte para el espectador habitual.

En la civilización de la imagen en la cual nos adentramos vertiginosamente, el estudio y análisis del imaginario constituyen una opción esencial para entender el mundo en que vivimos. Simultáneamente constatamos que su examen ha sido durablemente ignorado por lo historiadores tradicionales,  a lo más se han servido de él para ilustrar sus textos. El sustrato positivista y racionalista de la historia los hacía pensar, desde una verdad axiomática, que sólo hay sentido en el tiempo y que no hay sentido en el espacio. La superación de esta incongruencia a la vez que abre anchas puertas a un replanteamiento y enriquecimiento de la historia, en particular de aquellos aspectos relacionados con la sensibilidad popular o a la manipulación de masas, resalta su importancia en la formación de opiniones y creencias. Asimismo en la plasmación de los grandes mitos sociales, del sentimiento nacional,  la evolución del gusto, la interpretación de la historia y otros aspectos básicos de la crónica cultural.  Papel trascendental tuvo la imagen en la forma de interpretar el grado de civilización de las sociedades. La morfología de la historia que trasladaba las edades del hombre a las civilizaciones, encontró sus mejores paradigmas en el arte: La juventud, momento de creación; la decadencia momento de agotamiento de las formas. Sin ir más lejos, la conwsrucción da la Argentina moderna estuvo marcada por dos imágenes esenciales: la de civilización y barbarie ¿Se han superado,  o continúan siendo rios profundos de la políticia argentina? Estas imágenes mentales tomaron letras en la literatura con La Cautiva de Echeverría y se hicieron forma en la iconografía con el tema del malón y el rapto de la mujer blanca. Los artistas no dejaron de advertirlo, Rugendas hizo varias versiones. La cautiva era la civilización, el indio fiero y el gaucho. la barbarie.

En este sentido la explicación del imaginario,  no es un divertimento ilustrado, ni una receta estétioa, sino otra forma y otros método para acceder al  conocimiento, en particular de los grandes mitos sociales.

Por otra parte, es falso que sólo ahora nos encontremos en la llamada “cultura de la imagen”. En realidad ella es anterior al saber del texto escrito. En el alba de la humanidad la imagen desempeñaba una cometido esencial en la inteligencia ágrafa. Su función era ejercer poder:  poder sobre la naturaleza, poder sobre el enemigo… sobre la realidad..  Desde sus primeras expresiones culturales, en las cuevas de Altamira o Lescaux, el hombre trata de domesticar el mundo apropiándoselo por la imagen. Era un instrumento mágico. Y todavía hoy proyecta  ese recelo.  En pleno vigor del logos filosófico, los platónicos consideraron al ojo el órgano más importante del conocimiento intelectual. Por eso Eliano propuso el ojo como imagen de dios, u ojo del mundo.  El que todo lo ve.

La gran revolución cultural, que comienza a fines del siglo XIX es la del triunfo de la cultura de la imagen y del imaginario. Y,  pese a las dimensiones gigantescas que hoy ha alcanzado, todavía somos incapaces (salvo aventurándose en la ciencia ficción), de vislumbrar las dimensiones que puede adquirir,.

Sin embargo, es falso afirmar que el desarrollo de la imagen se haga en detrimento de la escritura. La imagen tienen necesidad de un texto para ser definida. La imagen da todo, salvo el nombre y, en algunos casos como en la fotografía,  es el nombre lo que importa.

Al tratar de precisarlo,  el concepto de imaginario se abre como un retablo. Desde la visión central, anclada en la cotidianidad, entendemos por él el mundo de imágenes  que caracteriza la circunstancia actual y donde se forma la cultura popular del hombre contemporáneo, convertido ya, según Sartori, esencialmente en homo videns. En una segunda tabla de este retablo conceptual,  entendemos por imaginario el encadenamiento de imágenes, con vínculo temático o problemático, que el estudioso reconoce como conjunto, o el individuo interioriza como referente. Lo que a su vez se desdobla en dos acepciones. Ambas nos sirven. La una se refiere a lo que sólo tiene existencia en la imaginación y la otra a  un corpus con unidad semántica.  El Imaginario americano es un corpus para el investigador,  mientras que el imaginario nacional es un referente para el ciudadano.

Actualmente circula por la red  un  fondo documental abundantísimo, es lo que llamamos la sociedad de la información, pero su accesibilidad es relativa. Entraña además serios peligros  adicionales.   Internet arrincona la memoria y amenza la identidad de las culturas perifericas.  La marea informática puede además ahogar la conciencia crítica. Los datos saltan a golpes de clic, pero no los criterios de relevancia ni de pertinencia que permitirían que cada sociedad y cada cultura pudieran transformar la globalidad de la sociedad de la información en la especificidad de la sociedad del conocimiento.  Las imágenes ocupan  cada vez más sitio en la gran memoria virtual que es Internet. La visión en su globalidad arrastra al sujeto en forma mucho más intensa que la verbalización. Las imágenes adquiere más y más peso en el aprendizaje y en la comprensión del mundo, y apenas si hemos desarrollado métodos para procesar ese conocimiento. No existe ningún aparato crítico de la imagen comparable a la enorme metodología desarrollada desde hace siglo sobre la lengua. De esta suerte la manipualción cotidiana de la imagen se hace sin ningún control.

El peligro de la imagen es que es seductora.  El razonamiento verbal se dirige a la razón y opera preferentemente mediante la persuasión, mientras que la imagen, aún cuando parta del intelecto, opera mediante la seducción, pues se dirige al sentimiento, rastrea las emociones y busca despertarlas. El imaginario es una argumentación, como tal busca un “acuerdo previo” con el espectador, pero el lugar que reserva a gustar, seducir o emocionar es mucho mayor que el que le reserva la argumentación oral.

Todo psicólogo sabe que cualquier intento de persuasión provoca resistencia intelectual, en cambio la seducción suspende el razonamiento“si tu me prends par les sentiments” dice una expresión francesa para indicar que acepta el argumento sin discutir más. Famosa es la afirmación de Pascal, “le coeur a des raisons, que la raison ne connait pas” (El corazón tiene razones que la razón desconoce). Ante determinadas imágenes  los mecanismos internos del ser humano se ponen en marcha con estímulos físicos que destacan el sentimiento de aprecio o rechazo, independiente de los teoremas de lo falso o de lo verdadero. Es una especie de Reflejo de Pavlov.  Huxley decía en El Mundo Feliz que con el desarrollo de la alta tecnología el riesgo mayor para la cultura y las ideas vendría de un hombre de rostro sonriente más que de un enemigo feroz que inspire odio y horror.

El imaginario opera de manera axiomática, en el mismo sentido que funcionaba la ideología según Marx. Los valores de una clase que se imponía a las otras como tal y  servían a su hegemonía y a la defensa de sus intereses. Al operar así funciona como la ignava ratio, la razón perezosa (así denominó Platón el argumento sofístico), el argumento que lleva a la inercia. Esta es la base de las técnicas publicitarias.

Toda imagen se revela como un sistema de representaciones y como un objeto exterior que el espectador interpreta desde su banco de imágenes y con referencia a su cultura semiótica. La mirada está también estructurada por la cultura, forma parte de la identidad y la interpretación de la imagen se hace con claves diferentes según cada cultura. También la mirada se encuentra seriamente amenzada por la globalización.  La paradoja de la cebra es un ejemplo. Los antropólogos han comprobado que si se le pregunta a un negro cómo es una cebra dice: negras con rayas blancas; por el contrario los blancos afirman que es blanca con rayas negras.

Lo que sabemos o lo que creemos afecta el modo de ver las cosas. De ahí otro problema de la imagen, que es preciso analizar: ¿Qué visión hay detrás de ella? Es el problema del colonialismo de la mirada ajena o de la visión anacrónica. Responder a esta preguntas es necesario para desentrañar la circunstancia del imaginario. Sí, el imaginario tiene “su circunstancia” como diría Ortega y Gasset, que puede ser un entorno comercial, una manipulación política o geopolítica, una valoración aculturadora, una dimensión histórica, o una creencia. Delaumeaux: La Peur en Occiden (XIV-XVIII siécle , comenta que el fuego se veía seguramente de manera muy distinta cuando el hombre creía en el infierno, que en las sociedades que han  perdido la fe.

Las imágenes hacen cosas. Y las cosas que hacen depende de la fuerza mental que puedan proyectar en el público.  Hoy, en primer lugar,  el imaginario se proponen formar opinión. A diferencia de las certezas o de la fe, la opinión es manipulable, porque es discutible y está en constante transformación. Ahí yace el peligro de manipualción de los espíritus. Por otra parte, más que los discursos especulativos o  las grandes teorías políticas, lo que más ha contribuido a hacer avanzar los grandes temas del siglo XX ha sido la fuerza de la imagen. Es claro en cuanto lo que se refiere a la defensa de los derechos humanos, a los derechos de la mujer , así como  que las luchas por la igualdad racial hayan ganado más por su efecto movilizador con la difusión de la imagen del “black is beautiful” y la música soul -incluyendo el discurso de Luther King: “I had a dream”, que con todas las teorías sobre la negritud

Las comunicaciones monologales impuestas unilateralmente por los medios, a medida que se repiten, se vuelven parte del conocimiento prácticoy terminan por convertirse en el llamado “sentido común”. Es en el sentido común donde se instala la ignava ratio. El sentido común está empedrado de imágenes dogmáticas, que son las que afirman como verdad un hecho establecido histórica, política, litúrgica o culturalmente , pero que es discutible.  Son para lo que llamamos la opinión pública la base de la credibilidad. Espiritualmente se siente como una trasgresión desacralizar estas imágenes. Una referencia  literaria es elocuente.  Arthur C. Clark, ineludible escritor de ciencia ficción,  cuenta en El Fin de la Infancia, que llega a la Tierra una nave extra terrestre, desde la cual un ser superior, oculto, pacifica a los hombres. Finalmente cuando éste se descubre, tiene cuernos, rabo y pesuñas.  Si se hubiese mostrado antes, nadie habría creído que podía hacer el bien

 

Para concluir: la seducción simbólica del imaginario desempeña un importantísimo papel en la geopolítica Norte/Sur. haciendo desable el  “american way of life” y sus valores de consumo. La sociedad de la información se construye sobre un discurso retórico, es “la cultura del convencer”. Es este justamente el peligro de la globalización que vehicula los valores de los programadores, que pueden ser totalmente ajenos a los de los usuarios. De ahí la importancia de desarrollar los criterios de pertienecia y de afirmar las formas cuturales que nos representan. Disney es un ejemplo sobresaliente,  maneja en maestro la iconografía de la inocencia. interpela al niño,  y al niño que todos los adultos llevamos dentro, propagando ideas  valores y sueños conservadores, que refuerzan la colonización por la imagen de la ideología consumista. Por ello es necesario desarrollar la conciencia crítica frente a la iconografía dominante, crear nuestros propios íconos que corespondan a nuestra identidad y signifiquen nuestros valores: por eso he dicho en alguna ocasión que si el Pato Donald es la globalización, Mafalda es nuestra pertinencia.