El abate molina y su teoría de la cultura

(CON UN  APÉNDICE SOBRE EL ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO )

TESIS PRESENTADA A LA FACULTAD
DE FILOSOFÍA Y EDUCACIÓNPARA
OPTAR AL TÍTULO DEPROFESOR DE
ESTADO CON MENCIÓNEN HISTORIA
Y GEOGRAFÍA Y EDUCACIÓN CÍVICA
MIGUEL ROJAS MIX
SANTIAGO DE CHILE
1961

 

 

INTRODUCCIÓN

El trabajo que presentamos en esta oportunidad, se limita a tratar, tan sólo, una de las ideas del Abate Molina: su teoría sobre el origen y desarrollo de la cultura. Ella es, a nuestro juicio la más interesante, y además, la idea centra en el pensamiento histórico del abate.

Nuestra intención es continuar este trabajo hasta agotar el ideario de Molina Desde luego ya tenemos varios otros párrafos estructurados; empero, requieren  una mayor elaboración y, sobre todo, mucho de aquélla madurez que alcanzan por sí mismas las obras con el reposo. Algunas de estas ideas trabajadas son: sus planteamientos biológicos y geográficos, su idea de la historia, la apreciación que hace de la dominación española en América, cómo se formó la idea de América en Europa, y perspectivas y futuro de Chile.

Agregamos, eso sí, dentro de este mismo trabajo, un apéndice sobre el origen del hombre americano, que interesa particularmente, por su carácter moderno .

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ALGUNOS RASGOS DE LA VIDA DE MOLINA

Al sur de Talca y pasando el Maule, hay una zona rica

En ejemplares de la fauna y flora chilena.  En ella se encuentra la hacienda de Huaraculán donde en el año cuarenta del “siglo de las luces”, nació don Juan Ignacio Molina González. Tanto su padre ,don Agustín Antonio Molina, como su madre, doña Francisca González, dueña de la hacienda, descendían de honrada estirpe criolla.

El futuro abate comenzó sus estudios en Concepción, de donde a poco estar pasó a Talca, a un colegio jesuita recién fundado. Finalmente volvió a la capital penquista en la que al cabo de ocho meses, a los quince años, rindió los exámenes del curso de noviciado para entrar en la Compañía de Jesús (12 de noviembre de 1755). Dos años después fue enviado a Bucalemu, residencia  de los jesuitas, lugar en que perfeccionó sus estudios de Humanidades y de Literatura, comenzando los de latín y griego. En esta hacienda tuvo Molina la oportunidad de continuar sus estudios de historia natural, iniciados desde muy joven bajo la dirección de su padre. En 1760, año y medio más tarde, vino al Colegio Máximo de Santiago a terminar un curso de filosofía y comenzar otro de teología. Cuenta Santágata que ya en esta época había aprendido el francés y el italiano, que de tanta utilidad le serían posteriormente.

El 26 de Agosto de 1767 llegó la orden de expulsión de la compañía y con ella partió exilado a Italia el hermano estudiante Juan Ignacio Molina González. Ya en suelo italiano, se estableció en Ímola, pequeña ciudad que se asienta en la falda de los Apeninos Septentrionales, cerca de Bolonia. Allí recibió las sagradas órdenes un día antes de la supresión de la Compañía ( 15  de Agosto de 1773).  Quedó entonces libre de sus compromisos regulares, mas sin poder salir de los Estados Pontificios. Por esta razón, se dirigió a Bolonia,  ciudad cuya fama académica lo atraía. Desde este momento comienza también a ser llamado “abate”, pues había dejado de ser religioso regular.

La vida de Molina en Bolonia es bien conocida de todos. En esta ciudad tuvo contacto con alguno de los hombres más eminentes de Europa, destacándose él mismo entre ellos, tanto por sus clases como por sus escritos.  En 1776 publicó el Compendio della Storia geográfica del regno del Cile, obra, publicada anónima, que fue en un principio atribuida a Gómez de Vidaurre, hasta que Barros Arana se encargó de hacer justicia, pues como bien dice :“No se necesita más que hacer un simple cotejo del Compendio Anónimo con las  Historias, “natural y civil de Chile” por don Juan Ignacio Molina, para convencerse de que todos ellos han salido de le misma pluma. El estilo fácil y corriente, pintoresco y natural, el colorido de las descripciones, la semejanza de muchos pasajes y hasta las citaciones iguales, dejan ver que el Compendio fue el primer bosquejo de un libro que el autor amplió en seguida, modificando, sin embargo, algunos detalles y llenando dos tomos con la materia que en el primer ensayo formaba un solo” (1).

Posteriormente, en 1782 publicó Saggio sulla storia naturale del Cile, obra que lo consagró. Este  ensayo había nacido, por la indignación que produjo en Molina la obra de Cornelio Pauw : Investigaciones filosóficas sobre las Américas y del deseo de refutarlo. La pasión con que tomó la defensa de su continente materno se ve clara en un párrafo en que se refiere al autor citado: ”En suma ha escrito de las Américas y de sus habitantes con la misma libertad que pudiera haber escrito de la luna y de los selenitas” (2).  Cinco años después publicó el segundo tomo: Saggio sulla storia civile del Cile que fue recibido con el mismo interés. Ya consagrado  como maestro y autor, publicó una segunda edición aumentada y corregida de la Historia Natural. Y, sus discípulos editaron en 1820, en dos tomos, catorce memorias leídas por el abate Molina en diversos centros científicos. Entre ellas las Analogie meno osservate dei tre Regni de la Natura, leída en 1815. En este ensayo manifiesta claras ideas evolucionistas, o mejor dicho “transformistas, seguramente inspirado por la obra de Lamarck, aparecida en Paris seis años antes(3); obra que nuestro autor seguramente conocía cuando escribió la memoria de que hablamos  bien que no la mencione.

Esta memoria produjo serios dolores de cabeza a Molina, pues fue denunciado a la Curia Romana por uno de sus antiguos discípulos que él mismo había contribuido a elevar a la categoría de profesor. La Curia lo citó ante el Tribunal de la Inquisición, pero felizmente, éste no encontró en ella nada contra la fe; juicio por lo demás bastante erróneo,   ya que las ideas retenidas por el abate, evidentemente evolucionistas, estarían adecuadas en cualquier libro de Darwin y de sus continuadores

Finalmente, después de haber visto más de un cuarto de centuria del nuevo siglo, murió Molina en Septiembre de 1829.El gran deseo de sus últimos años fue el volver a Chile, para morir y ser enterrado en su patria.

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Es preciso por último señalar, antes de concluir esta introducción, que, entre otras cosas, cunado hablo de la singularidad de Molina estoy lejos de afirmar  que el abate haya sido un pensador aislado. Fue un continuador de la corriente filosófica europea y la influencia que recibió de los pensadores de la Ilustración, en particular de aquellos de tendencias más avanzadas, es sustancial. Numerosas observaciones y notas a pie de página nos permiten constatar este punto este punto. El pensamiento de Molina se inscribe en una tradición histórico antropológica que viene de Vico, pasa por Herder y llega hasta Cassirer y Max Scheller, a quien se la atribuye ser el fundador de la Antropología filosófica con su obra El puesto del hombre en el cosmos, pero que fue por siglos anticipados por los filósofos de la Ilustración, que asociaron sus concepciones antropológicas a una concepción morfológica de la historia. Es en esa tesitura que hay que entender el pensamiento filosófico del abate Molina

Es previo, antes de iniciar el estudio del pensamiento histórico y filosófico del abate Molina afirmar una idea suya: que todos los hombres y todos los pueblos, aunque se encuentren totalmente aislados, desarrollan una cultura análoga; semejante no sólo en sus productos e instituciones, sino también en la forma de su desarrollo. Así lo explica en una de sus más importantes memorias científicas la Analogía y uniformidad en el desarrollo cultural de todos los representantes de la especie(4). Era la tónica del siglo. “Otras épocas se interesarían por el individuo en lo que tiene de incomunicable; ésta se interesa en lo que tiene de común con sus hermanos. Cree que las semejanzas entre los hombres vienen de la naturaleza, que las diferencias vienen de las costumbres, y que la superioridad de la naturaleza sobre las costumbres se patentiza por ese solo derecho de prioridad. Se dedica, pues, a estudiar lo que une, no lo que distingue” (5).     No con menos claridad expresa Molina el sentir de la  época al escribir en Saggio sulla storia civile del Cili: ”Seamos imparciales y confesemos que todas las naciones sean americanas, europeas o asiáticas, han sido semejantísimas en el estado salvaje… Apenas se hallará una costumbre entre los americanos que no se encuentre la misma o la análoga en las demás partes de la tierra(6). Asimismo afirma, tanto en otros párrafos (7) de esta obra como en una Memoria leída en Bolonia y publicada en 1821(8). que todos los hombres tienen algo en común que los identifica en los orígenes de su desarrollo, y que determina la aparición de tendencias análogas en todos los miembros de la especie. Esta tendencia conduce a todos los hombres por el mismo camino, igualando las manifestaciones de sus culturas, o haciéndolas muy semejantes. Así fue al menos en las primeras etapas de la evolución cultural, donde todavía no aparecían los factores diferenciadores específicos de cada cultura o pueblo. Este fondo común de la especie, esta singularidad que la uniformaba era, sin duda, para el abate-aunque no lo dice expresamente la naturaleza racional del hombre. Ella era igual para todos, y constituirá la mismidad racional en que se reconoce el género humano(9).

La naturaleza se encontraba, eso sí, mucho más pura en los pueblos primitivos, donde todavía no había sido modificada  por el progreso Entre ellos imperaba sin restricciones y su impronta se podía advertir en todas las actividades y formas de sus culturas…Luego, poco a poco sobre este cañamazo común iba bordando la historia los rasgos individuales de cada pueblo. El clima, el medio geográfico circundante, las costumbres que se adquirían y que originaban nuevas costumbres, el contacto con vecinos más adelantados; todos ellos y mucho más, eran los factores diferenciadores que configuraban el espíritu individual de las diversas sociedades humanas…

No obstante, cualquiera que sea el grado de progreso que se alcance, siempre estará presente el fondo común, más o menos perceptible según se esté más o menos cerca de la primitiva naturaleza. Por de pronto, en él se basan las leyes o las normas ( si es que todavía no han alcanzado este carácter) que regulan nuestras relaciones con los demás hombres, los principios de la organización social y los fundamentos de nuestros derechos… Molina conocía a Locke,  Rousseau y otros “ilustrados”, había leído y había asimilado ideas. De la misma manera que ellos, sostenía que el hombre había nacido libre, en un estado de libertad natural(10). que se iba perdiendo a medida que se acostumbraba a la servidumbre(11). Junto con la libertad se perdían también algunas virtudes propias de la vida primitiva, tales como el heroísmo, el espíritu de sacrificio, el don poético…; en suma, todas aquéllas que son características de la llamada “época heroica”. Además de estas virtudes con las que graciosamente adorna al hombre, la naturaleza se constituye en el motor de la historia. La necesidad de satisfacer sus apetitos, tanto fisiológicos como anímicos, plantea los primeros problemas. De las tentativas que hace el ser humano para solucionarlos brotan las ciencias y las artes. (12).

Desgraciadamente el Abate exagera su afán por la analogía. Todas sus obras, y especialmente s Saggio sulla storia civile…,están saturadas de comparaciones y referencias a otros pueblos, a otras culturas y a otras formas de vida. Con ellas pretende demostrar su idea fundamental, la cual se coge al pasar sobre las páginas de sus obras y que Molina resume así al cerrar un párrafo de su Historia Civil: “La mente humana puesta en las mismas circunstancias se forma las mismas ideas (13).  

Pero, no se piensa que cuando dije que el abate exagera me refería únicamente a lo copioso de sus comparaciones. Hay algo más: llega incluso a comparar los defectos físicos de los grandes hombres que desempeñaron papeles análogos en la historia; por ejemplo dice de Caupolicán que estaba desfigurado por el defecto de un ojo, lo que tuvo en común con otros generales(14).

Sentadas estas ideas, pasaremos a desarrollar su teoría de la cultura. Si hemos comenzado nuestro estudio con ellas es porque con el antecedente necesario para comprender que, no obstante referirse los textos principales de Molina  sólo a Chile y sus aborígenes, su pensamiento es válido par todo el género humano, pues los aborígenes chilenos han seguido la misma curva de progreso que el resto de la humanidad.

ETAPAS EN EL DESARROLLO DE LAS CULTURAS.

“Los hombres en los progresos que hacían para adelantarse hacia la perfección de la vida civil pasan sucesivamente por cuatro grandes estados o períodos. De cazadores se hacen pastores, después agricultores, y, finalmente comerciantes, época que forma al hombre verdaderamente civil”(15). En este párrafo están sintetizadas las ideas fundamentales del abate en lo que se refiere a la evolución cultural. Dentro de él hemos de ubicar todas sus ideas sobre el desarrollo de la sociedad humana, y, de acuerdo con él, debemos clasificarlas en alguna de las categorías o grupos  en que divide a los hombres según su grado de cultura.

Se desprende del esquema que al avanzar el género humano en su cultura o civilización –el abate no distingue entre estos conceptos- pasa por grandes periodos o etapas. Cada una de estas etapas está definida por una forma de actividad, la que origina, a su vez, un tipo de vida característico. Es pues, el tipo de actividad mediante la cual el hombre procura su sustento, lo “típico” de cada grupo. La actividad característica le sirve a Molina como factor diferenciador, pues las demás formas de cultura dependen directamente de ella. Reduciendo  estas ideas a un expresión matemática podríamos decir que el grado de cultura de un grupo social es directamente proporcional a la actividad que lo caracteriza.

Estos cuatro modos de vida: el cazador, el nómade, el agricultor y el comerciante(16). son  los únicos “status” posibles en que se puede encontrar una sociedad. Son las cuatro grandes plataformas en que descansa la evolución histórica de toda la humanidad (17). Cada pueblo que se encuentra en un determinado estado cultural-salvo los que se hayan en la etapa del comercio donde se alcanza la consumación de las posibilidades históricas- es un “ser actual” respecto a su contemporaneidad y una “potencialidad” respecto a su futuro. Es acto y potencia. Acto, como forma de vida actual históricamente observable y determinable; y potencia, como posibilidad de llegar a ser el grado de vida superior.

El hombre tiende a alcanzar la perfección de la vida civil. Los esfuerzos que realiza impulsado por esta tendencia consustancial al “ ser hombre “constituyen los eventos del decurso histórico. De la fuerza con que se sientan los grupos sociales esta tendencia; de la imperiosidad de su exigencia, dependerá la vitalidad creadora de cada pueblo. El ser humano necesita pues, para satisfacer sus impulsos, superar progresivamente todos los estados o periodos inferiores, porque sólo así alcanzará el grado máximo de su desarrollo posible aquí en la tierra, en la cuarta y última etapa; la etapa del comercio. Sólo en ella “se forma el hombre verdaderamente civil”(18).

LOS CAZADORES  Y LOS NÓMADES

Molina se refiere apenas a estas primeras formas de vida. Tanto en el Saggio sulla storia civile... como en el Compendio Anónimo se ocupa casi exclusivamente de los araucanos, quienes habrían alcanzado la tercera etapa de desarrollo y disfrutan de los adelantos de la vida agrícola y sedentaria. Se limita a estudiar los araucanos porque los considera el  grupo  más representativo  de  los  chilenos(19) :”Los custodios fieles de todos los conocimientos y usos de los antiguos chilenos”(20).   No obstante, breves referencia recogidas a través de sus obras, nos permiten formarnos algu­nas ideas de lo que él  pensaba que era la vida y el modo de ser de los pueblos salvajes; común denominación en la que englobaba a cazadores y a nómadas. Dos formas de vida que se distinguían funda­mentalmente en la actividad desarrollada para obtener el sustento. “Los primeros viven exclusivamente de la caza y la re­colección de frutos; los otros, en cambio, han aprendido ya a domesticar los animales, por lo demás son muy semejantes”.  Lo más característico en ellos, así como tam­bién en los pueblos agricultores, es el estado de absoluta libertad en que se encuentran(21). En estas sociedades, don­de la libertad natural -consustancial al ser humano- no se ha perdido ni desvirtuado, los hombres viven sin estar suje­tos a ninguna de las obligaciones que impone la vida civil: “No están…., sujetos a la leva, ni a algún genero de ser­vicio personal, sino es en tiempo de guerra. Tampoco son obligados a pagar tributos a sus señores, los cuales deben sustentarse de sus propios bienes. Bien que los respetan co­mo a sus superiores, o más bien, como a los primeros entre sus iguales (22).   No se rigen por leyes, sino que se gobier­nan por medio de los “usos introducidos, o por la necesidad, o por la conveniencia” (23).   La autoridad de los jefes es muy limitada, simplemente directiva y sin coercitividad(24).   Los despotismo no prospera, aunque a él tienden los señores engolosinados naturalmente con el dominio, porque el pueblo no se encuentra en estado de sobrellevarlo y obliga a los señores a contenerse dentro de los límites prescritos por la costumbre(25). Así, “no se ven trastornadas las ideas de ab­soluta libertad que son innatas entre los salvajes” (26).  La población es poco numerosa, “Pues es cosa cierta que el estado de vida selvática es tanto menos propicia a la población cuanto es más rústica”(27).  Se caracterizan también por ser sociedades egocéntricas. En ellas predomina la creencia que sus miembros son los únicos que merecen el nombre de hombres, los demás no cuentan. “De esta necia arrogancia proviene el desprecio con que miran a todas las demás naciones” (28).  Sin embargo, y pese a su primitivismo, la vida salvaje  no está desprovista de atractivos. Desde luego, recordemos que ellos disfrutan sin límites de la libertad natural, Además, refiriéndose a los nómadas, Molina agrega: ”Esta vida errante no es privada de placeres. Con este medio se adquieren nuevos vecinos, nuevas comodidades y nuevas perspectivas”(29). Es decir , se sientan las bases para dar un paso mas en la escala del progreso y alcanzar la fase agrícola.

LOS AGRICULTORES O BÁRBAROS.

Así como a los cazadores y a los nómades Molina llamó salvajes, a los pueblos agricultores los denomina ”bárbaros”. Este concepto, que no está claro todavía en sus primeras obras, lo va afinando hasta alcanzar pleno significado en Saggio sulla storia civile… y escritos posteriores. En el Compendio Anónimo designa con el apelativo de “bárbaros” a todos los aborígenes no sometidos a la dominación española. Usa este término para distinguirlos de los que viven asimilados a los peninsulares(30).  En la Historia Civil da en cambio, un significado muy diferente a este concepto. Dice, por ejemplo, en unos párrafos refiriéndose a la situación de los aborígenes antes de la llegada de los conquistadores, que: ”Los chilenos cuando fueron conocidos la primera vez de los españoles, se encontraban, en el tercer  periodo: ellos no eran ya cazadores sino agricultores” (31).  Se encontraban en un estado de vida” semi-salvaje”(32). ”Aquel estado medio entre lo salvaje y lo civil que llamamos barbarie” (33).

En el estado de barbarie los pueblos poseen grandes virtudes y cualidades extraordinarias, las que, desgraciadamente se ven opacadas por vicios vergonzosos, propios de su condición. Así, al escribir sobre los araucanos, Molina alaba sus virtudes diciendo: “Son intrépidos, atrevidos, constantes en las fatigas de la guerra, pródigos de sus vidas cuando se trata del bien de la patria, amantes excesivamente de la libertad, que estiman como un constitutivo esencial de la existencia de ellos, celosos del propio honor, cuerdos, hospitalarios,  fieles en los tratos, reconocidos en los beneficios, generosos y humanos con los vencidos”(34).Sin embargo, inmediatamente después de haber enunciado sus cualidades reconoce sus vicios, los cuales atribuye a la etapa que viven: ”Pero, tantas bellas cualidades quedan ofuscadas con los vicios inseparables del estado de vida semi-salvaje que tienen hasta ahora, sin cultura y sin letras. Esos vicios son la embriaguez, la pereza, la presunción y la altanería con que desprecian todas las otras naciones” (35).

Entre los miembros de una nación bárbara, el deseo de obtener honores es también cosa viva. La mayoría de sus actividades están encaminadas a ello. Empero ,su idea del honor no corresponde a la que nosotros tenemos actualmente de él. Entre ellos existe únicamente el honor a nivel social, como el de los antiguos aqueos(36). Es decir, hay el deseo de descollar  de perfeccionarse como una aspiración individual, pero no existe conciencia individual-al menos de tipo moral- como la que aportó el cristianismo. El hombre, al realizar un acto heroico, no lo hace para encontrar satisfacción en sí mismo, sino para que sea conocido y admirado por el grupo a que pertenece, y para que éste le reconozca su merito, pues en la medida que sea reconocido alcanzará mayor o menor honra. Es por esto que los pueblos bárbaros tienen gran estimación por aquéllas ciencias o artes que los destacan dentro de su comunidad, como la guerra y la retórica: ”Porque-como dice el abate-esta ciencia…conduce a los honores y al manejo de los negocios” (37).

No obstante, estos bárbaros son capaces de sacrificar todas sus aspiraciones individuales frente a la necesidad de mantener la integridad y cohesión del grupo. El bien común está por encima de cualquier otro bien: ”Los hombres sacrifican por el bien común su natural ambición” (38).

Pese a que la barbarie es el estado que precede al de civilización, constituye a pesar de todo y desde muchos puntos de vista, un tipo de vida muy primitivo. Por ejemplo, todavía no se conoce la moneda, lo que dificulta el comercio tanto interno como externo.  Y, si se recuerda la trascendencia que atribuye el abate al tráfico mercantil, . se verá cuán importante es esta deficiencia. Menciona además, refiriéndose a este periodo, que en él todas las artes se encuentran en la infancia,  y, numerosos otros aspectos que acusan su primitivismo. En resumen, es un estado donde los hombres viven aún “sin cultura y sin letras” (39). Todo esto, empero,  tiene su compensación. La naturaleza humana no ha sido debilitada por el lujo y las comodidades(40). Los hombres son de complexión fuerte, y las mujeres se encuentran libres de loa achaques y melindres que afectan a las pálidas señoras de las sociedades civilizadas cuando han de cumplir funciones propias de su sexo. El parto es para ellas, por ejemplo, algo tan natural que difícilmente les acarrea complicaciones, y lo más corriente es que al día siguiente vuelvan a sus labores  cotidianas. En cambio, son muchas las mujeres europeas,  especialmente las de la clase alta, incapaces de sobrellevar esta empresa. Y esto, porque según el abate: ”La naturaleza humana no es delicada por sí misma, sino porque se acostumbra a serlo” (41). Se distinguen, también, los pueblos bárbaros por su buena fe en los contratos.

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No bien da la azada del agricultor el primer golpe sobre la tierra virgen,  cuando, junto con la semilla que le procurará el sustento echa la simiente que le va a alcanzar los frutos del último estado de desarrollo, esto es, la civilización.

Para poder pasar de los tipos de vida cazador y nómade al de agricultor, los hombres deberán obtener, previamente” el estado de vida sedentario indispensable a una nación agrícola” (42). Al nacer la agricultura la Humanidad empieza a marchar a pasos agigantados por el camino del progreso. Esto es así porque siguiendo las ideas de su época, el abate le atribuía a la agricultura un carácter muy” sui generis”, la consideraba como: ”El manantial principal de la sociedad y de las artes”(43). Bastaba tan sólo introducir las costumbres y los inocentes conocimientos europeos para formar, bien presto, un pueblo merecedor de la estimación universal(44).

Apenas se superan las primitivas formas de vida salvaje, comienzan, de inmediato, a multiplicarse las actividades. Las ocupaciones se diversifican y crece considerablemente el número de objetos a los que el hombre presta atención. Entonces, como consecuencia crece de grado en grado la esfera de sus ideas(45). Aparecen los números necesarios para expresar cualquier cantidad, o al menos las que ellos puedan utilizar. El lenguaje se enriquece, pues: ”la perfección de las lenguas sigue constantemente la de la civilización”(46). En las etapas anteriores el lenguaje era muy limitado, ya que “la copia de las palabras de un lenguaje presupone un número correspondiente de ideas claras en el complejo de los individuos que lo hablan, las cuales en un pueblo rústico son, y deben ser necesariamente muy limitadas(47).

A medida que crece el campo de las ideas van apareciendo nuevas técnicas y desarrollándose las ciencias y las artes. Como dijimos, el sólo hecho de que un pueblo se encuentre en el estado agrícola, ya es significativo para Molina. A pesar de ello, no todos los pueblos agricultores están a un mismo nivel cultural, ni tienen el mismo adelanto. Dentro de cada etapa -es decir, no sólo dentro de la etapa agrícola, sino también dentro de las otras tres que distingue nuestro autor-, hay un sinnúmero de grados .Estos corresponden a un perfeccionamiento creciente que conduce finalmente a superar una forma de vida alcanzando la siguiente.

Los  chilenos, sin ir más lejos, tenían a la llegada de los españoles, un desarrollo agrícola considerable. Lo que sólo podía provenir de una larga y variada cultura. La descripción que  de ellos nos hace el abate permite formarse una idea aproximada de los adelantos materiales que es posible conseguir en este periodo. Leamos algunos párrafos pertinentes: ”Parece que la  agricultura hubiese hecho ya algún progreso en esta acción, porque encontramos las susodichas especies de plantas alimentarias en muchas variedades, todas señaladas con nombres peculiares, lo que no puede provenir sino de una larga y variada cultura. Se ven también en varias partes del reino canales conducidos con inteligencia, de los cuales  aquéllos naturales se servían para regar sus campos… Conocían también el uso de estercolar las tierras, que ellos llaman “vulnaltu” , aunque se  prevaliesen poco de él en  atención a la gran fertilidad natural del terreno. Faltos de animales robustos para labrar la tierra, la movían con una azada de leño duro, empujándola con el pecho dentro del terreno; pero siendo esta operación demasiado larga  y fatigosa, es de admirar como no buscasen otra manera más expedita y menos trabajosa. Se encuentra al presente entre ellos una especie simplísima de arado, dicho “chetague,”el cual consiste en un madero curvo hacia una de sus extremidades, donde tiene introducida la reja de la misma madera ,con su esteva para gobernarlo. No se sabe si este rústico arado que parece el modelo de los primeros arados del mundo, sea una invención antigua de su industria o lo hayan aprendido de los españoles .Su misma simplicidad nos hace dudarlo” (48). Para arrastrar el arado y otras faenas utilizaban unos animales denominados “chilihueques”(probablemente la llama) que los aborígenes habían domesticado en tiempo inmemorial. También se servían de ellos como bestias de carga(49). Al igual que otros pueblos agrícolas conocían los araucanos el calendario, el que dividían en doce meses, cada uno de treinta días “como era el de los egipcios y el de los persianos” (50).

Conviene insistir eso sí, para darle a esta cita su verdadero alcance,  en que no todas las naciones que trabajan la tierra están, necesariamente al mismo nivel de los araucanos. Empero, las líneas anotadas ponen de manifiesto las posibilidades de desarrollo que existen dentro de la etapa agrícola y la utilización o adaptación de los adelantos alcanzados en los periodos anteriores -como la domesticación de animales- a nuevos fines propios de esta fase.

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El cultivo del suelo trae, además de las señaladas, otras importantes consecuencias. Para empezar, una que el autor considera fundamental, pues de ella derivan las primeras artes: la propiedad privada: ”El derecho de absoluta propiedad -observa Molina- era plenamente establecido entre los chilenos. Cada uno era dueño absoluto del campo que cultivaba y de los productos de su industria, los cuales podían transmitir a sus hijos por sucesión hereditaria. De este principio fundamental comenzaron a brotar las primeras artes, que pedían las necesidades de la natural conformidad, no menos que aquéllas de la constitución política” (51).Nótese que el autor se refiere a una propiedad plenamente constituida; con todos sus atributos y, dentro dela facultad de disponer de ella, la de trasmitirla a sus herederos. El abate piensa, como veremos a continuación, que la acumulación de riquezas es, en las sociedades agrícolas, la base o el origen del poder político.

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La aparición de las ciencias y las artes sigue a la constitución de la propiedad privada. Los pueblos bárbaros desarrollan, sin embargo, exclusivamente las ciencias empíricas; en lo que mira a las especulativas no tienen ninguna luz(52).  Cultivan con éxito la retórica, la poesía. y la medicina en general, todas aquéllas técnicas y artes que se pueden adquirir con la práctica y con la observación.(53).  Los indios –apunta el abate-  son excelentes empíricos y conocen las virtudes medicinales de una multitud de yerbas, las suministran con buen éxito y aún hacen con ellas operaciones sorprendentes. Ellos también dan a sus telas casi todos los colores que conocemos, con diversas raíces y plantas que la experiencia o bien la necesidad les ha enseñado(54).  En cambio: “Sus nociones geométricas o sus ideas sobre la propiedad de la extensión

son groseras y limitadas cuales se pueden esperar de una nación inculta” (55).

El espíritu primitivo es sobretodo propicio al desenvolvimiento de ciertas manifestaciones artísticas, capaces de ser rápidamente  comprendidas y aplaudidas por toda la comunidad. Así se cultiva entre ellos la retórica cuyo uso han aprendido de la misma naturaleza(56).  y que tienen en gran estimación, pues es fuente de honores y privilegios” (57). De igual modo la poética, rica en alegorías, en la que se suceden e intercalan las imágenes de violencia, con las emotivas y con lo pintoresco… Son estos los tonos de la épica, que sólo se dan en el fragor de las pasiones primitivas no debilitadas por el refinamiento de la vida civil(58). Con ellos pretenden conmover el corazón y excitar la natural sensibilidad humana(59) , ganando de esta forma, admiración de su sociedad.

Junto a estas artes, ennoblecedoras del espíritu, abundan las técnicas sutiles para satisfacer las necesidades del diario vivir. Ya hemos hablado, entre otras, de la agricultura y del grado de perfección que había alcanzado esta técnica entre los araucanos. Conviene ahora insistir en que también los productos agrícolas son elaborados, y con una técnica que demuestra un grado de perfección bastante notable: … A la época que tratamos ya no comían los chilenos los granos crudos; los cocían en ollas aparentes, o los tostaban en la arena caldeada, operación que los pone menos viscosos y más ligeros. Pero no contentos con aderezarlos de este modo, que fue siempre el uso más común entre las naciones acabadas de salir de la vida selvática, llegaron a hacer dos suertes de harina(60). Otra técnica importante, aunque se encontraba en pañales, era la metalurgia: “Extraían el oro, la plata, el cobre, el estaño  y el plomo de la tierra, y después de haberlos purificado se servían de estos metales para varias labores útiles y curiosas; pero en particular del cobre campanil o sea  mineralizado, con el cual por ser muy duro, hacían hachuelas, hachas y otros instrumentos cortantes, aunque en poca cantidad, porque se encuentran raramente en los sepulcros” (61).     Al lado del nobel fundidor seguía trabajando, sin embargo, el tradicional artesano en piedra, quien cumplía una función mucho más importante en estas comunidades, donde la casi totalidad de los instrumentos eran líticos(62). Tenían además una avanzada industria textil(63), cerámica(64) y de cestería(65). Utilizaban la sal: la que sabían extraer tanto de los yacimientos marinos como fósiles(66). Conocían la fermentación; habían obtenido varias suertes de licores embriagantes de la simiente de los árboles, las que hacían fermentar conservándola luego en vasos de greda(67). Y seguían practicando las antiguas técnicas de la caza y la pesca(68).

Una vez que los hombres se hacían sedentarios y se organizan en comunidades dejan de ser autosuficientes y comienzan a especializarse en determinadas tareas. En  las etapas anteriores el hombre atendía por sí mismo a todas sus necesidades; él era su propio proveedor de alimentos, su sastre (si así lo podemos llamar), su fabricante de armas, etc. Ahora, en cambio, las actividades se diversifican y diferencian, atendiendo cada uno a una función especial. Nace así la división del trabajo. No sólo en la simplísima forma de repartir funciones entre el hombre y la mujer- lo que significa un recargo de trabajo para esta última que ha de ocuparse

de una serie de faenas propias de los varones en los países cultos, pues es máxima entre los bárbaros que “el sexo débil ha nacido para la labor y el fuerte para la guerra” (69).    sino también en forma mucho más compleja, dentro de las actividades que desarrollan los varones, como ser la existencia de médicos, poetas, herreros, plateros, carpinteros, alfareros, etc. (70). E incluso algunas de estas profesiones se subdividían  a su vez en varias especialidades, cual es el caso entre los araucanos que tienen tres tipos de médicos(71).

No obstante, todas estas ciencias, artes y técnicas se encuentran en la infancia.  El comercio, tanto interno como externo es en los pueblos agricultores muy limitado…Aún no se ha introducido el uso de la moneda y todo suele hacerse por la vía del cambio(72).    Si recordamos la importancia que el abate atribuye al comercio como factor generador e incrementador  de la  civilización, se verá cómo es ésta, justamente, la circunstancia que impide un mayor adelanto en las naciones bárbaras. Del comercio depende, según las ideas de Molina, el número de la población y el grado de cultura de un país.

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La organización social es propia de la fase agrícola. Es necesario que el nómade se convierta en sedentario para que cobre contacto con sus semejantes y logre formar un grupo organizado: ”Apenas una familia vagante, o por genio o por necesidad comienza a cultivar un terreno, cuando se fija en el por natural inclinación; y no haciendo más caso de la vida errante y solitaria, busca la compañía de sus semejantes, cuyos recíprocos socorros al momento comienza a creerlos necesarios para su bienestar” (73). El grupo necesita organizarse, para subsistir, darse alguna forma de gobierno: ”Ninguna unión civil puede subsistir sin alguna forma de gobierno” (74). El gobierno es ,pues, el principio cohesionador de la sociedad. El régimen es aristocrático(75).   El poder puede provenir primeramente de la fuerza, de la destreza en la caza o del valor con las armas. Así es en la mayoría de las naciones bárbaras. Pero también puede provenir de la riqueza como parece que ha sido el caso entre los araucanos(76).   Una vez establecida la autoridad, ésta se trasmite por línea hereditaria(77), bien que, cuando termina la descendencia masculina del primitivamente elegido, los vasallos pueden elegir un nuevo señor de la familia que más les agrade(78).   Entre los bárbaros, como en general entre todos los salvajes, se mantiene vivo y manifiesto el principio de la libertad natural(79).   Los jefes son considerados como los primeros entre sus iguales(80).   Y no pueden someter su pueblo a agravio alguno(81).  Los vasallos tienen por derecho natural la facultad de elegir su propio señor(82).

En estas sociedades, donde todavía priman las tendencias consustanciales al ser humano, como la de absoluta libertad, es natural que la autoridad de los  jefes sea muy limitada. En efecto, su autoridad -”como ha sido la de todos los comandantes de las naciones bárbaras”- es solamente directiva y no coactiva(83). “Los vasallos no están sujetos a leva ni a algún género de servicio personal, sino en tiempos de guerra. Tampoco son obligados a pagar tributo a sus señores, los cuales deben sustentarse de sus propios bienes. Bien que los respeten como a sus superiores(84).  Hay casos, como el de los araucanos, en que los jefes no tienen más que la sombra de la soberanía.” La triple potencia que la constituye reside en el cuerpo entero de los varones” (85).   quienes deciden los asuntos públicos en una “dieta general” o consejo. No obstante, el grupo sólo mantiene una vinculación relajada mientras no peligre su integridad. Ante la necesidad de defender el bien común, los vínculos se estrechan, la autoridad se afirma y adquiere imperio, y, todos están dispuestos a sacrificar sus aspiraciones individuales frente a las eventuales contingencias. Al referirse a la organización de los araucanos, apunta el abate sobre este particular:” Los mismos – los otros toquis- sacrificando por el bien común su natural ambición, le prestan- al toqui supremo- juramento de obediencia y de fidelidad(86).

En estas sociedades no prospera ni el absolutismo ni el despotismo – al que tienden los señores naturalmente “engolosinados con el dominio“(87). – Son regímenes que el pueblo no está aún en estado de sobrellevar, debido a que se mantienen entre ellos, todavía vivas y vigorosas, las ideas de absoluta libertad, innatas a la naturaleza del salvaje(88).   Las leyes civiles de estas comunidades, cuyas costumbres son simples y sus intereses limitados, son asimismo poco numerosas(89).  En realidad se gobiernan, más que por leyes propiamente tales, por medio de los usos introducidos por las necesidades y las conveniencias(90), o mediante tácitas convenciones que se han establecido entre ellos(91). Estas normas que se conservan y trasmiten a través de la tradición, tienen los vicios propios de sus características; pues, no siendo escritas no pueden ser ni bastantes públicas ni bien comprendidas(92).

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Las ideas religiosas de todas las naciones bárbaras son, del mismo modo, muy semejantes. Sus sistemas son simples y de acuerdo con su manera libre de vivir y de pensar(93). Los hombres pertenecientes a esta etapa no son todavía capaces de investigar el origen del bien y del mal. No han recibido la revelación divina y sus ridículas teorías sobre el origen de las cosas revelan cuán insuficiente es la mente humana abandonada a sí misma (94).  Por ello es que estos seres, al no poder explicar la aparente contradicción entre el bien y el mal, recurren a inventar un sistema con dos principios opuestos, una especie de maniqueísmo, donde coexisten dos agentes contrarios que salvan esta aparente contradicción (95).   El ente dañoso es la razón suficiente de todas las desgracias que acaecen. Los araucanos piensan, por ejemplo, ”que si un caballo se cansa es porque el “guecubu”( así denominan al espíritu del mal) está montado en sus ancas; si la tierra se mueve es porque el “guecubu” le ha dado un empujón; ninguno se muere que no sea sofocado por el “guecubu”. Si su potencia fuese real- comenta el abate- él sería el agente más laborioso que existiese en este valle de lágrimas(96).

Además de creer en estos dioses del bien y del mal, los bárbaros creen en otras numerosas divinidades. Tienen un rico politeísmo en el que se encuentran divididos los dioses en una serie jerárquica. El gobierno de este mundo invisible es semejante al de los hombres y se rige por sus mismos principios(97).  ”El gobierno universal de Pillán- nos dice Molina- es modelado sobre la policía  araucana. Es el gran “toqui” del mundo invisible y, como tal, tiene sus “apoulmenes” y sus “ulmenes”, a los cuales entrega la administración de las cosas inferiores. Este modo de pensar es muy grosero; pero es menester confesar que no son sólo los araucanos los que quieren regular las cosas del cielo por las de la tierra.” (98).

Las creencias de estas sociedades de incipiente cultura están llenas de supersticiones y patrañas (99).  Se preocupan de interpretar los sueños y de observar el canto y el vuelo de las Aves(100). Empero, distinguen entre las dos sustancias esencialmente diversas que componen al ente : el alma y el cuerpo. Y, ”Todos están de acuerdo acerca de la inmortalidad del alma” (101).

El abate piensa que esta verdad es radicada e innata en el  espíritu del hombre(102). Las ideas de los hombres pueden variar en cuanto al destino que tendrá el alma después de la separación del cuerpo- así se ve al  menos cuando se observa a los demás americanos-pero todos convienen en la existencia de una sustancia eterna(103).

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       Sin perjuicio de que en este grado dela revolución cultural sea la agricultura la actividad predominante, subsisten, y se realizan diariamente, una serie de funciones que han sido las básicas en los anteriores estadios de la cultura.   Estas ocupaciones se conservan como complementarias de las actividades principales( la caza, por ejemplo, suministra la carne que procura cierta variedad a la dieta diaria),  o bien como formas de juego o deporte(104). También subsisten actitudes y características propias de pueblos más primitivos(105).

Todo ello demuestra que ninguna de las etapas distinguidas por el autor  que nos ocupa,, es un todo cerrado y definitivamente limitado. Cada una de ellas, por primitiva que sea, es un proceso en movimiento, en formación. Una célula viva que crece día a día.. En todos los grados están patentes tanto las formas de culturas más antiguas como las potencialidades de formas futuras.

Hemos de reconocer, frente a las características culturales recién expuestas, que los pueblos bárbaros o agricultores logran un tipo de civilización bastante elevado. No obstante, no es tan sencillo como podría pensarse, dar el último paso. Veremos que existen en el decurso del progreso una serie de “descansos”, o periodos donde no se realiza ningún progreso. En ellos el hombre permanece estacionario durante largo tiempo. Existe una especie de inercia propia de la condición humana que impide alcanzar la perfección de la vida civil, aún cuando las circunstancias parezcan favorables para su adelantamiento.(106).

Aparte de estas razones insiste el abate en señalar otras que  dificultan el paso de la barbarie a la vida civil: ”El pasaje de la barbarie a la vida civil no es tan fácil como a primera vista podría creerse, buen ejemplo de ello encontramos en la historia de las naciones hoy cultas. Múltiples son las dificultades capaces de impedir, o al menos retardar, la última conquista. Molina enumera las siguientes :”El aislamiento económico que priva a los pueblos de aquellas mercantiles correspondencias, que son las solas guías del repulimiento de los pueblos. ”La falta de vecinos más cultos, o bien, el hecho de que cuando los tengan éstos les provoquen tal aversión que les sea imposible aprender.”(107). Por último, es también factor de decisiva importancia el genio selvático menospreciador de todo lo que no es patrio(108). , y que  mira la aceptación de los nuevos usos como signos de servidumbre(109).

LA CIVILIZACIÓN:

Finalmente, pese a estas dificultades, se alcanza la perfección de la vida civil.

Cabe en primer lugar, preguntarse: ¿qué se entiende por civilización? Es decir, ¿en qué consiste este estado de perfección de la vida civil?…

El abate no nos da un concepto ni claro ni preciso. No obstante algo se puede desprender de una serie de afirmaciones dispersas a lo largo de su obra. Para él, lo que “lima” a una nación, son las sabias leyes el comercio y las artes(110).  Ya vimos que algún grado de ellas se alcanza en las etapas pre-civilizadas. Lo que ahora interesa es el grado de desarrollo y perfección que adquieren en este periodo.

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El comercio ha crecido y su mayor volumen permite un tráfico mercantil que excede los límites puramente locales de la comunidad. Los productos van y vienen de una nación a otra, y tras ellos las influencias y los nuevos aportes culturales. Molina cuida de afirmar esta relación cuando sostiene que ”Las mercantiles correspondencias con los extranjeros, son las solas guías de repulimiento de los pueblos” (111).   El desarrollo del comercio desempeña, además, un papel de importancia en las relaciones internacionales. El trae -según piensa nuestro autor- como inseparable secuela la buena armonía entre los pueblos(112).  Las naciones, al salir de su aislamiento, son capaces de hacer causa común con sus vecinos(113).  El mundo político, hasta entonces cerrado y circunscrito a los estrechos límites de los terrenos de cultivo y sus anejos, se abre abarcando las nuevas comunidades con  que establece contacto. Se rompe el aislamiento y empiezan a ser capaces de hacer causa común con los pueblos vecinos, que antes ni siquiera merecían el calificativo de hombres. Se forman coaliciones y muchos peligros se salvan auxiliándose mutuamente(114).

También la división del trabajo alcanza en este periodo su punto máximo. Todas las actividades se diversifican y se descomponen en un sinnúmero de profesiones, cada una con funciones específicas. El cambio se ve, a su vez, facilitado por la aparición de la moneda; la cual -al terminar con el engorroso sistema de trueque-, da un nuevo impulso al comercio(115). Se forman los primeros centros mercantiles, y, en torno a ellos las ciudades que atraen a grandes masas de población por su capacidad de absorber mano de obra(116). Asimismo, las nuevas condiciones permiten un rápido aumento de la población. Aumento que es cada vez mayor según crece el mercado(117). Toda la nación entra en actividad y la cultura se desenvuelve con una rapidez y brillo nunca antes visto.

Y no son sólo las técnicas y las artes las que mejoran, también el lenguaje se perfecciona y enriquece. El nuevo complejo de actividades multiplica las ideas y éstas exigen ser expresadas.Al mismo tiempo que el comercio acrecienta las formas materiales de la cultura, engendra y perfecciona una serie de, cualidades en los hombres; Los hace humanos, complacientes y amantes de hacer el bien(118).  Los convierte en lo que acostumbramos a llamar un “hombre civilizado”. Este hombre civilizado toma conciencia de sí mismo, de pertenecer a una cultura que valora en relación con otras culturas. Se da cuenta que transcurre en el tiempo y comienza a sentir interés por  lo que hace. La escritura, propia también de este periodo (119)., le va a servir de medio para recordar mejor sus hechos, antes entregados a la memoria de los ancianos y los bardos. Nace, así, la historia.

No obstante, no todas son ventajas. Junto con la cultura llega el lujo y la comodidad. Entonces, la naturaleza humana antes fuerte y vigorosa se acostumbra a la vida muelle y al placer. Se hace delicada, perdiendo sus ingénitas cualidades mientras se aleja del estado de primitiva naturaleza(120).  Los hombres olvidan el privilegio de su libertad y se crea el  campo propicio para que se ceben las ambiciones de poder y aparezcan los déspotas. (121).

Por último, para concluir este capítulo, quisiera citar unos párrafos, insertos en una memoria Sulla propagazione succesiva  del genere Umano, publicada en 1820 y que todavía permanece olvidada de  los traductores. El mérito de estas líneas radica en la forma clara y vívida en que nos explica el progreso humano:

“Queste difficolta svaniscono interamente nell opiniones di quelli,che sanno dalle storie antiche che tutti gli uomine furono da prima cacciatori, vagabondi, senza abitazione fissa e attenti soltanto a cercare, inoltrandosi, ove le bestie selvatiche, onde dipendeva tutta la loro sussistenza, fossero piu abondanti, giacche allora non avevano la menema idea dei ventaggi, che procura l´agricoltura. Di questa maniera essi con le loro famiglie sempre avanzando scorrevano a poco a poco vestissimi tratti di paese, senza lasciarsi agomentare o dall asprezza dei monti, che come cacciatori sorpassavano volentieri, o dalla profundita dei fiume, che cercavano divalicare alla loro sorgente, o di superarla per mezzo dizattere , che fácilmente costruivano secondo l´opportunita.

       Succedeva bene spesso che altre orde di selvaggi, egualmentecacciatori, rispingeveno sempre avanti quelle, che principiavano a stabilirse,per godere esse sole e senza rivali del provento dei boschi. Gli esempi diqueste trasmigrazioni o volontarie o sforzata ocorrono frquentemente nell´America settentrionale, dove quelle orde, che vivono ordinariamenti dei prodotti della caccia, si rispingono a vicenda, per modo che le piu meridionali si veggono oggidi stabilite verso il settentrione in regioni distanti le mille o piu miglia del loro primo soggiorno” (122).

LA NECESIDAD FACTOR DINÁMICO DE LA CULTURA.

Los hombres en su laborioso progreso no desarrollan, empero, una actividad consciente ”para adelantarse hacia la perfección de  la vida civil” Los (adelantos) que realiza no constituyen momentos ni etapas superables de una visión general tendiente a mejorar el modo de vida, sino que en la mayoría de los casos son soluciones a problemas concretos e inmediatos u obra del azar. Los hombres actúan movidos por circunstancias apremiantes que requieren una pronta solución. Estas circunstancias son las necesidades que tiene

que satisfacer (123). Cuando las necesidades son escasas, los hombres viven cómodamente sin tener que realizar ningún mejoramiento notable en su cultura (124). En primer lugar deben atender a procurarse los medios indispensables para su subsistencia. No bien logran obtenerlos, cuando se pone en marcha un proceso que se complica cada vez más, y que nosotros gustamos de llamar enfáticamente ”la marcha del progreso”. La forma en que se satisfacen estas necesidades fisiológicas o primarias es, en un comienzo, muy rudimentaria. Mas, al  punto que se alcanza algún grado de satisfacción, se presenta de inmediato un nuevo problema: es necesario mejorar lo ya obtenido y aplacar en forma más refinada los apetitos básicos (125).

Solo una vez que el ser humano se procura la subsistencia, puede dirigir su actividad en otro sentido. Así piensa el abate, quien nos dice: ”De estas artes de primera necesidad pasaron a algunas de aquéllas que exigen las necesidades secundarias de una sociedad.” (126).  Pero…¿Cuáles son estas necesidades secundarias? ¿De dónde provienen? Por una parte, son el producto de una natural inclinación humana. Esta   afirmación nos demuestra que Molina es un hombre del siglo XVIII, inmerso en el pensamiento de su época. Todo el peso de la Ilustración se pone de manifiesto en esta idea (127).  Por otra parte, nuestro prójimo es impulsado por las necesidades de su constitución política (128). Estas necesidades se originan no bien el hombre abandona  la vida nómada y comienza a practicar la agricultura; entonces, busca la compañía y el auxilio de sus semejantes, los que al momento se convierten en indispensables para su bienestar (129). Nace así la organización política y el gobierno, porque ninguna unión civil puede subsistir sin “alguna forma de gobierno” (130). También nace, en aquél momento la propiedad privada sobre la tierra, trasmisible de padre a hijo; y que, según Molina, es el principio fundamental de donde brotan las primeras artes, ”que pedían las necesidades de la natural conformidad, no menos que aquéllas de la constitución política” (131).

Importa señalar, sin embargo, que todo este proceso de culturación de las sociedades comienza cuando el hombre descubre la agricultura, pues es ella “el manantial principal de  la sociedad y de las artes” (132). Y, que el perfeccionamiento sólo es posible, por la natural capacidad humana de recoger y acumular experiencias, de utilizarlas en la obtención de fines diversos; e incluso, de proyectarla de una situación otra. “Basta que el hombre conozca una vez la utilidad que puede sacarse de cualquier cosa para que de grado en grado trate de aplicarla a otros objetos que le sean ventajosos”

 

EL RITMO DEL PROGRESO

Parecería desprenderse de todo lo dicho que el hombre avanza en forma ininterrumpidamente acelerada por el camino del progreso. Mas , el abate no es tan ingenuo como para dejarse llevar de esta idea que desvirtúa la realidad histórica. Molina piensa que frente a la tendencia natural del ser humano a mejorar sus formas de vida- remotivada a cada instante por la aparición de nuevas necesidades- existe una tendencia, una inclinación antagónica, la antítesis. ”Una cierta especie de inercia propia de la condición humana (133), “que hace permanecer a los hombres en un determinado estado cultural” por mucho tiempo estacionarios, aún cuando las circunstancias pareciesen favorables para el adelantamiento (134).   Avanzar de una etapa a otra en los primeros períodos, no presenta mayor dificultad. Empero, llega un momento en que es  preciso dar el paso más difícil, cuando se pasa de la barbarie a la vida civil. Esto -señala nuestro autor- “no es tan fácil como a primera vista podría creerse” (135). Para lograrlo se necesita, ante todo, la cooperación de los vecinos. Es preciso establecer relaciones mercantiles con otros pueblos extranjeros (136), o bien, recibir la cultura por contacto con otras naciones más adelantadas. Este contacto pude ser pacífico, pero lo más frecuente es que sea violento. Las invasiones y la conquista foránea originan, en forma inesperada una “revolución cultural” incoadora de nuevos usos y costumbres (137).

A su vez, los mismos pueblos que han alcanzado la cima de la civilización, traspasando los límites de la barbarie, pueden caer abatidos por ”algunas de aquéllas revoluciones físicas o morales a las cuales está también sujeto nuestro globo” (138). De esta suerte, se encuentran en una etapa intermedia y estacionaria, pueblos en plan de desarrollo, deseosos de desprenderse de su estado de barbarie, con los residuos de otros, que otrora estuvieron en la cúspide(139).   Esta fase no es ni de civilización ni de salvajismo, sino “aquel estado medio entre lo salvaje y lo civil que llamamos barbarie” (140).  De este estado sólo puede sacarlos el comercio.

Para alcanzar este límite superior las sociedades siguen un desarrollo evolutivo en que todas las cosas van subiendo por grados (141).   Los usos, es decir, las nuevas técnicas y prácticas abren nuevos conductos favorables al progreso que antes se habían creído impracticables. Esta evolución, común a toda la especie humana, está condicionada, en mayor o menor medida, por las características geográficas del medio circundante (142). Cuando los recursos de dicho medio no favorecen la actividad que se desarrolla y que es propia del grado de cultura en que se vive, el hombre supera rápidamente la etapa, pasando al grado superior. Así, las inclemencias del ambiente se constituyen en un verdadero reto a la actividad humana, ante el cual el hombre se ve  obligado a actuar, a desarrollar una actividad. Esta respuesta humana es el progreso.

Como ya señalamos, Molina piensa que los hombres, puestos ante las mismas circunstancias,  reaccionan de la misma manera (143).   Este planteamiento es particularmente interesante pues lo hace extensivo al campo de formación de las ideas(144).  Sostiene que las ideas se van ampliando cada vez más con el uso y que, al multiplicarse las ocupaciones y tener el hombre un mayor número de cosas de que preocuparse, crece de grado en grado la esfera de sus ideas(145).  De esta forma se suceden los inventos, muchos de los cuales son productos del genio creciente; aunque, también, un número considerable es consecuencia de la accidentalidad. Muchos de los grandes beneficios  obtenidos por la industria han sido el resultado de meros accidentes(146). Eso sí, el genio humano ha sabido sacar provecho de ellos(147). No de otra manera se va extendiendo progresivamente el dominio del hombre sobre la naturaleza(148).   hasta alcanzar el refinamiento de la vida civil.

La cultura nos va a proporcionar una serie de comodidades y terminará por llevar al ser humano a una vida verdaderamente civil. No obstante, no todos los valores se desarrollarán igualmente; algunas de las virtudes más características de la vida primitiva se van a perder. El  refinamiento, que es una “tendencia connatural” al hombre, bien que no una necesidad, encontrará un campo especialmente propicio a su desarrollo cuando él se reduzca a vivir en compañía de sus semejantes (149).

En las grandes sociedades comerciales esta inclinación al refinamiento se hipertrofia y se transforma en lujo de comodidades, de magnificencias y de bagatelas (150).  Este lujo es el fenómeno que inicia la decadencia. El va a corromper a los pueblos y a debilitar las pasiones que dieron fuerza a la vida primitiva. Además, debilita la naturaleza humana, ”que no es delicada por sí misma, sino porque se acostumbra a serlo” (151). Por último, ofrecerá un campo propicio para que se ceben las ambiciones de poder y el despotismo (152). Así pues, aunque el comercio perfeccione determinadas cualidades y haga de los pueblos humanos, complacientes y capaces de hacer el bien (153)., les quita la fuerza y el valor ( la constancia guerrera), tan característicos de los pueblos primitivos .

Pero…, detengámonos un momento.

Hasta aquí hemos presentado un esquema demasiado rígido, que si bien corresponde a las ideas del abate, no nos revela ni su espíritu, ni su filosofía ni mucho menos su manera de entender la historia. Porque, si algo supo comprender Molina -y nos inclinamos ante él por ello-, fue el sentido de lo histórico. Es decir, lo imprevisible del actuar humano, las inesperadas formas que puede adoptar la conducta del hombre, la imposibilidad de encuadrarla dentro de marcos rígidos que desvirtúan el sentido de su historia, lo absurdo de circunscribirla a esquemas-, verdaderas celdas-, que no abren un solo resquicio para dar paso al espíritu individual. En síntesis, comprendió el papel que juega en la historia “lo relativo.”

Es cierto que Molina estructuró sus ideas de acuerdo con un esquema, y que, dentro de él, en una serie de grados, agrupó a los pueblos. No obstante, del tenor de sus obras se desprende, que el abate no creía que los pueblos se circunscribían total y absolutamente a este esquema. Las sociedades, al ser miradas desde distintos ángulos y con diversas perspectivas (154),   dan diversos tonos. Junto a los grises  de su cultura media brillaban con fuerza los tonos cálidos de una actividad especialmente desarrollada, de una actividad que había quedado por encima de la “media”, y que estaba a la altura de una “mejor cultura”. Tal era, por ejemplo, el caso de los araucanos, que siendo pueblos bárbaros, habían  alcanzado un desarrollo militar que nada tenía que envidiar  a la lustrosa cultura española.

De tal forma trepan los pueblos, poco a poco, los peldaños de esta estructura. Al avanzar rápidamente por el camino de sus aptitudes, dejan atrás lo menos característico de su espíritu. La marejada del progreso rompe por el lado de lo peculiar, y los pueblos dan un primer paso. La condición o aptitud especial que tiene cualquier grupo humano para desarrollar una determinada ciencia o arte, es lo que lo hace característico, lo que lo distingue entre todos los demás, conformando su espíritu (155).

Desgraciadamente este proceso de desarrollo cultural no es reversible. Una vez que se ha alcanzado un determinado grado de complejidad cultural, no se puede volver atrás para aprovechar las ventajas de instituciones primitivas más sencillas (156). Las sociedades civilizadas pueden decaer de plano; es decir, volver a las instituciones de la barbarie, manteniendo sólo débiles reminiscencias de su estado de vida anterior; sin embargo, no pueden seleccionar lo mejor de la “primitiva simplicidad” para enriquecer sus vidas civilizadas (157). Sólo cuando las avanzadas de una cultura entran en contacto con grupos bárbaros, se insertan en su  mundo, viven rodeados de sus formas de cultura, y circunscritos por un contorno físico distinto del que les es propio; sólo entonces, en un medio tan propicio, pueden volver a las instituciones primitivas, aprovechando aquéllas que más se acomoden a su nuevo modo de vida (158).

Todo esto no quiere decir que en los grados superiores de cultura se pierdan por completo las antiguas formas, Se conservan, cuando menos aquéllas que constituyeron las actividades indispensables para la satisfacción de las necesidades primarias; aunque no se mantienen con el carácter de fundamentales que tenían en los antiguos tiempos, continúan como actividades complementarias, de segundo orden; o  como formas de juego y deporte. La caza, por ejemplo, -apunta el abate-, había dejado de ser hace tiempo el principal ejercicio de los araucanos; no obstante, se conservaba entre ellos en forma de “pasatiempo”, y como un modo de acrecentar las provisiones (159).

 

PROGRESO Y POBLACIÓN

Es curiosa la relación que establece Molina entre estos dos fenómenos. Para él, cada paso hacia adelante en el camino del progreso se traduce en un aumento de la población. Su lectura trajo a nuestra memoria la tan conocida teoría de Gordon Childe sobre el origen de la civilización, llamada también por algunos, ”Teoría de las Revoluciones”(término con que designa los grandes cambios culturales de la evolución humana, por analogía con la Revolución Industrial). Según Childe el avance cultural de la humanidad se puede medir por su curva demográfica: Mientras mayor es la población, mayor la civilización  (160). Todos los grandes adelantos descubiertos por el hombre y que han abierto un nuevo capítulo en la historia, son detectables por su efecto inmediato: un alza en la curva de la población.  Nuestro autor, a semejanza de Childe, aunque sólo con doscientos años de anticipación, sostiene una idea semejante: los hombres mientras más salvajes, menos numerosos. “Estos son los más bárbaros -se refiere a los chiquillanes– y por consiguiente, los menos numerosos de todos los chilenos, pues es cosa cierta que el estado de vida selvática es tanto menos propicia a la población cuanto es más rústica.” (161).

En el tiempo que los hombres viven salvajes, los lugareños sólo se propagarán, cuando se hayan asegurado los medios de subsistencia (162).  En cambio, en la última etapa la población estará en relación directa con el comercio: “Un gran comercio es relativo a una gran población: a medida que este crecerá se aumentará también aquél  (163).”Un ejemplo que muestra en forma fehaciente este planteamiento es el caso de Chile: su población, bastante menguada ya por las interrumpidas guerras de Arauco, se ha visto detenida en su crecimiento por lo exiguo de su comercio, el que se realiza sólo con el Perú. No obstante, la nueva política de la Casa de Borbón, la cual ha permitido el comercio directo con Europa y el envío de bajeles que arriban todos los años a nuestras costas, ha revitalizado el comercio nacional y, consecuentemente, hecho aumentar la población  (164). Ya en 1755 -según informaciones de Molina- : “La provincia sola de Maule contaba 14.000 blancos capaces de llevar armas y las demás provincias se iban llenando de gente a proporción de la extensión de sus términos” (165). “Así se ve, que luego que aquel reino ha comenzado a encontrarse libre de los obstáculos que se oponían directamente a los progresos de su población va prosperando de 30 años a esta parte con una rapidez increíble” (166). Desgraciadamente, este sistema, tan superior al anterior, no ha dado todos los frutos que eran de esperar. Ninguno de los puertos chilenos fue convertido en puerto de destino, y el hecho de que sean solamente puertos de arribada dificulta mucho nuestro comercio, y es, naturalmente, muy perjudicial para el crecimiento de nuestra población (167).

EL ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO.

Desde que América fue descubierta, los eruditos vienen haciéndose cuestión del origen del hombre americano; problema este sobre el cual ni siquiera la Biblia daba luz, ya que el Libro Sagrado no menciona a los habitantes del Nuevo Continente. Las hipótesis han sido, en consecuencia, numerosas, aunque no tan numerosas como descabelladas. En la actualidad sólo dos teorías pueden ser consideradas como sólidas y con un serio basamento científico y documental (168).  La sustentada por la Escuela Norteamericana de Hrdlicka, de corte aislacionista y que defiende la idea que los primitivos pobladores de América procedían en su totalidad de Asia habiendo llegado a América a través del estrecho de Bering (169). Y, la sustentada por Paul Rivet que postula el origen múltiple del hombre americano (170). La primera de estas hipótesis se considera valedera, bien que insuficiente para explicar el poblamiento de toda América. La de Rivet, en cambio, aunque puede ser sometida a serias críticas, explica a grandes rasgos lo que había sido el proceso integrador de nuestra población.

Es curioso comprobar que nuestro abate, en una genial intuición, se adelantó a la teoría del origen múltiple; a la vez que con ingenuidad adhirió a teorías que hoy resultan fantasiosas, aunque se repiten de tanto en tanto, como las que afirman que, la última corriente pobladora del Nuevo Mundo fue de hombres de raza blanca, griegos de la flota de  Alejandro, quienes a su muerte decidieron abandonar las regiones conquistadas y poner proa hacia el oriente (171).

Lamentable es el hecho que nadie se haya preocupado de situar a Molina en el lugar que le corresponde entre los autores que han teorizado sobre este problema, y,  que un escrito tan importante como el que a continuación presentamos haya permanecido hasta el momento casi ignorado, sin merecer, siquiera, una traducción castellana.

Yo todavía estoy persuadido que aquel vasto continente llamado impropiamente Nuevo Mundo, ha sido poblado en diversas oleadas y por varias naciones, por tres partes diferentes. La primera lo es por el estrecho ya mencionado descubierto por Cook. Los “Tchuski,”que ocuparon justamente el promontorio más oriental del Asia, fueron probablemente los primeros en cruzar el canal cercano, y en extenderse por las costas occidentales de América en busca de la caza, que aquí es abundante, y al hallar un clima mucho más benigno que el propio se establecieron. Su ejemplo fue seguido gradualmente por varias hordas de las numerosas tribus, que con diversas lenguas y costumbres vagan por los desiertos de la tartaria china. Estas hordas poco a poco se adueñaron hasta el Golfo de México de las regiones más pobladas de América boreal, y especialmente de aquéllas que presente gozan de una paz envidiable bajo el benigno dominio de los Estados Unidos. Algunos siglos después llegaron por el mismo camino los mexicanos procedentes sin duda de una nación culta, los cuales rechazaron hacia septentrión los bárbaros que allí vivían, se extendieron hasta el istmo de Panamá, y en aquéllas fértiles provincias fundaron el gran imperio electivo de México, que en el año 1521, por la mala conducta del penúltimo emperador fue conquistado por los españoles. Los grandiosos adelantos que quedan de sus edificios, los jardines del pueblo que cultivaban, y su capital construida como Venecia, casi en el centro del gran lago salado, de más de cincuenta millas de circunferencia, con tres calles de comunicación que conducen a la campiña adyacente y provista en los lados de acueductos de agua dulce para aprovisionar la ciudad, dan una gran idea de su inteligencia en las artes mecánicas y sus códigos escritos con caracteres  jeroglíficos y su calendario perpetuo explicado por el docto americano Clavijero y de nuestro erudito colega Mezzofanti, demuestran que ellos no eran en ningún caso ignorantes en las ciencias útiles.

                  El mismo estrecho de Cook sin duda había ya en los tiempos anteriores facilitado el pasaje de los cuadrúpedos salvajes que se encuentran en América, los cuales en su mayor parte son del mismo género de aquéllos que frecuentan los bosques de Europa, pero entre estos se encuentran también en los países cálidos o temperados de la misma lo antedicho tigres y leones, de especie muy diferente de éstas, que viven en los áridos desiertos de África y Asia, de donde por Linneo  vienen en ser denominados con los nombres específicos de felis onca, y de felis puma. Por tanto creo que ellos provengan de aquellas panteras y leones sin melena que se capturaban para los espectáculos romanos en Armenia e Ircania, provincias  sujetas en tiempo de invierno a las nieves y al frío. Perseguidos entonces por los cazadores se retiraron hacia el septentrión y encontrando pasaje libre por el estrecho helado, sin muchas incomodidad se adentraron por los países menos fríos del Nuevo Continente.

                  En cambio, los primitivos habitantes de la América Meridional, de índole mucho más tranquila y menos supersticiosa que aquélla de los septentrionales, asemejan, por cuanto me parece de no haber tenido orígenes en las razas tártaras antedichas, ni haber llegado a América por el estrecho de Cook. Ellos comúnmente se dicen originarios del Occidente. La India Oriental justamente está situada a su  poniente. Muchas de las costumbres de los peruanos y de los chilenos, que son los pueblos más cultos de esta parte del Nuevo Continente comprueban esta descendencia. Luego del descubrimiento del Cabo de Buena Esperanza y del Estrecho de Magallanes, los europeos cruzando el inmenso mar Pacífico o sea del sur, encontraron y van cada día encontrando un número increíble de islas formadas en su mayor parte de pólipos coralinos, poco distantes las unas de  las otras y prolongadas hasta las costas occidentales de América, entre los cuales se ven los vestigios de algunas habitables en otros tiempos, y ahora sumergidas o por los volcanes que son comunes o por la erosión del Océano. A través de este grupo de islas, varias tribus indígenas expulsadas por las guerras intestinas o deseosas de establecerse mejor arribaron ya a nado, ya en pequeñas embarcaciones al litoral de América todavía inculta. De allí propagándose rápidamente por la bondad y fertilidad del clima, se esparcieron por la vasta provincia, donde según la  mayor o menor industria fundaron diversas sociedades que se hicieron con el tiempo salvajes, como son las del Brasil, de la Amazonia, del Paraguay, o vastos imperios como el de Bogotá que duró tan poco, o aquél del Perú, que bajo el paternal gobierno de su soberano llamado Inca se extendió desde el Ecuador hasta el trópico de Capricornio, y se conservó por espacio de más de cuatrocientos años… 

                  La época en que los peruanos y los chilenos emigraron de la India parece bastante posterior a aquélla en que otras naciones bárbaras provenientes de la misma región se establecieron en los territorios que todavía ocupan en gran parte de la América Austral. Yo creo que esta emigración es contemporánea o poco posterior a la excursión de Alejandro hasta la desembocadura del Indo. Los conocimientos que desde antiguo poseen los chilenos, por no mencionar aquéllos de los peruanos, del arte del tejido, de la tintura, de la fusión de los metales, del cultivo de las gramíneas, usadas en su pan fermentado con levadura, de la táctica militar, de la hidráulica, de la astronomía, de los juegos de ajedrez, tablas y de la bola; y, sobretodo, la construcción de su lengua en la que existe el dual, el aoristo y el participio en todos los tiempos, la existencia de todos los géneros de composición; y, aquél que es más de admirar, la gran cantidad de vocablos claramente griegos y con el mismo significado, no dejan ninguna duda sobre su origen grego-indio. Falta, es verdad, toda suerte de escritura, mas tampoco los indios tenían en aquélla época, según dice Megastene, el uso de los signos alfabéticos, que aprendieron después de los fenicios o de los hebreos, transformándolos a su manera.

                  En la misma época o poco después del establecimiento de esta colonia asiática en América, el noroeste de Europa contribuyó también a formar su población mucho antes de la expedición de Colón. Los noruegos, constreñidos  por la  esterilidad de su país, habían comenzado hacía tiempo a recorrer los mares para procurarse el sustento ya sea con la piratería en el cual eran famosos, o con la pesca de la ballena en cuya búsqueda descubrieron las costas de el Labrador y de Groenlandia, donde dejaron algunas colonias. Sus descendientes han ocupado la parte más septentrional de América, análoga por su rigurosa temperatura a la de su patria de origen, hasta el estrecho descubierto por Cook. Por ello se observan allí sus costumbres y peculiaridades, bastante diversas de los otros americanos. En efecto, en otras diferencias de menor relieve, y contra el uso constante de aquéllos se precian de tener la barba larga espesa. Además su lengua tiene mucha afinidad con la de lapones y noruegos.

                  Muchos siglos después en la época del establecimiento de los primeros forasteros en América, la Polinesia del Océano Pacífico fue enteramente ocupada por una numerosa nación proveniente según parece de las regiones meridionales de Asia. Dividida en varias tribus se extendió por Nueva Zelandia, por los archipiélagos de los amigos de la sociedad y de Sandwich. La fisonomía, la índole y la lengua de todas estas tribus tienen gran parecido con aquéllos de los “malesi”, que viven en las penínsulas e islas de la India Oriental. Parece un problema insoluble, según Cook, explicar cómo pasaron estos habitantes a América, considerando la inmensa distancia  y la poca o ninguna práctica de estos pueblos en la navegación de largo curso. Sin embargo, es indudable que existe una misma lengua y una misma población en las islas situadas a 1660 leguas de distancia de este a oeste y a 1200 de norte a sur.

                  De todo lo que hasta aquí hemos expuesto se ve que el género humano, originario de un solo lugar, ha podido propagarse no sólo en el vecino continente, cuyas partes están todas unidas, sino también en el nuevo, a despecho de su aislamiento, sin el aparato de grandes navíos, por las tres vías practicables antes indicadas. Esto es, por el noroeste y el sureste de Asia y por el noroeste de Europa. (172).

 

 

NOTAS

 

 1. Barros Arana,Diego: Revista Chilena(1881), tomo 1,pág. 289

2. Historia Natural, Prefacio, p.310

3. J.B Lamarck, Philosophie zoologique  Paris,1809

4. Sobre esta idea confróntese en el abate:Compendio de Historia Natural: LII,pág.398;Compendi o  Anónimo;Parte Iª,XXXVIII;Parte IIª,II,VI,XXHistoriaVIIH;Compendio Historia Civil L Iº,págs.108,110-III,I24;LII,,págsI47,I48,I49,I52,I55,I6I,I65,I66,I70,I7I,I72,I73,I75,I76,I77,I80,I8i2,I84,I86,I87,I89,I9I,I94,I96;L.IIIpágs 208,2,233,LVpágs262,263,322,326,329..;Memoriasulla propagazione sucesiva del genere umano;;pág.176 ss.

5. Hazard,Paul; El Pensamiento Europeo en el siglo XVIII;págs 296 y 297.

6- Hist. Civil, p.348

7. Hist. Civil pp. 148, 152, 161, 165, 171,etc. etc.

8. Memorie di Historia   Naturale :Memoria  12;Sulla propagazione successiva del génere Umano.

9. Cf.Casssirer, Ernst;, Filósofo de la Ilustración,pág.20:El siglo xvii está saturado de la creencia en la unidad e invariabilidad de la razón. Es la misma para todos los sujetos pensantes, para todas las naciones, para todas las épocas, para todas las culturas

10. Com. Hist. Civ.pág122 “ las ideas de absoluta libertad que son innatas por decirlo así entre los salvajes”; Cf. Id. pág 153.

11.  Com. Hist. Nat. Págs 122 y 134

12- Ver párrafos sobre las necesidades como factor dinámico de la cultura.

13. Hist. Civ.; pág 173, Cf.169

14. Id. pág. 208.

15. H. Civ; L I pág 117

16. Ibid.

17. Confrontar capítulo anterior “Analogía y uniformidad  en…”

18. H.Civ. LI,págs 125. L.IV p265; 304,329,330,

19. Hist. Civ. P. 126

20. Veremos más adelante, que el abate llama chilenos a los aborígenes y no a los criollos.

.21 H. Civ; L. I. pág. 122.

22. L.II, p. 153

23. Id. L.I, p. 122

24. H.Civ. L.I, p.122

25. Ibid. P.153

26. Id. L.I, p. 122

27. Id L.IV, p.265

28, Id. L.II, p. 185

29. Id.,LIv,pág 263

30. Com. Anónn.; P II, I.,II.

31. H. Civ. L1 pág 117

32. Id,; 1 I,pág 146

33. Id, L I pág 125

34. H.Civ;L I pág 146

35. Ibid.

36. Véase Jaeger, Werner; Paideia, capítulo sobre “Nobleza y Areté”

37. H.Civ.;LIIpág.179

38- H.Civ;LIIpág.157

39. Id.; LI pág 146

40. Id.LII, pág 191

41. Ibidem

42. H.Civ;LIpág121

43. Ibidem.

44. H.Civ.LIIpág 147

45. Id.LIpág125

46. Ibidempág109

47- H.Civ.LIpag109

48. H,Civ,; Li Pág 118

49. Idem

50. Id.;LII,pág.175

51. H.Civ; L.I,pag122

52. Id.;pág 179

53. Id., p.179.

54. Com,Anon. Parte III, I, XXIII, p.253

55. H Civ., L I pág.178

56. H, Civ., L II pág.180; Comp. An,, II,I, XXVII, Col. Hist. De Chile, T.XI, p. 255

57. H. Civ.; L.Iipag.179 y 180:”Las oraciones de sus retóricos se parecen a las de los asiáticos,o por mejor decir, a la de todos los oradores bárbaros”

58. H. Civ. L.II pags.180:”Sus poetas se llaman “gempin” esto es, los dueños del decir.Este nombre

expresivo combiene a ellos perfectamente, porque,movidos de aquel impetuoso entusiasmo que

les suelen inspirar las pasiones no debilitadas por el refinamiento de la vida civil, no siguen otras

reglas en sus composiciones que los impulsos de su imaginación…El entusiasmo desenfrenado es

el carácter primario de toda la poesía de los salvajes.Tales fueron las de Bardi entre los celtas y de Scaldi entre los daneses.El pretendido editor de las composiciones de Ossian estaba plenamente instruido del genio poético de las naciones bárbaras”

59. H. Civ. LII pags 179 y 180

60. H. Civ; L.I pag.119

61. H. Civ,L I pag 123

62. Id. p.123

63. Id, p.122

64- Id.123

65. Ibidem

66. Id. 124

67. Id.120

68. Id..,124

69. H.Civ,: LII pag 190

70. Id,pag 184

71. H.Civ.pág. 181

72- Id. ,pag 184

73. H.Civ.,L.I pag 121

74. Ibidem

75. Id.,L.II pag 152

76. Id.,L.I pag 121-122

77. d.,pag 121-122; L.II,pag 152

78. H. Civ ,L I pag 153, cf.Comp, An, II,XIII,pag 248

79, Id. L. I pag 122

80. Id L.II pag 153

81. Id. L.II pag170

82. d.L.II,pag 153;cf. Com An,II,Xiii,pag 248

83. Id. L. I pag 122

84. H. Civ., L.II pag 153

85. Id., L.II pag 152

86. Id. L. II pag 157

87. Id. pag 153

88. H. Civ. LI pag122

89. Id I,II, pag 153

90. Id, L.I pag 122

91- Id.LII pag 153

[1]92. Ibidem

93- Id.Pag 169

94. H. Civ.,pag174

95. Id. pag 169

96. Id pag 170

97. “El abate, al hablar de estas analogías entre el cielo y la tierra, seguramente comprende, o al menos vislumbra, aunque no lo dice expresamente, esa tendencia al antromorfismo tan propia del ser humano, y que se encuentra presente en todas las religiones”.

98. H Civ., LII pag 169

99. Id.pag 171

100. Ibidem.

101. Id.,pág 172

102. H. Civ.,Lib.II, pag 172

103. Ibidem

104. Id. Lipag.184:”Aunque la caza no fuese su principal ejercicio, ya por pasatiempo o por acrecentar sus provisiones, se aplicaban a tomar aquellos animales selváticos que se encuentran en su país, y especialmente los pájaros, que abundan por todas partes.

105. H. Civ.L.II pag. 185:”Aunque los araucanos hayan salido mucho tiempo hace del estado salvaje con todo, conservan todavía en muchas cosas las preocupaciones y el carácter propio de aquél primitivo período de la vida humana. Desvanecidos de su valor y de su libertad limitada se creen los solos que merecen el nombre de hombres sobre la tierra…”

106. H..Civ., L I pag 125

107. Id. L.II pag 179

108. Id. pag 182

109. Id. pág 149

110. H. Civ.,L.I.pag109

111. H. Civ.Pag 125

112. Id. L. IV.pag 304

113. Id. L.I.pag 134

114. Id. LI pags 134-135

115. H.Civ.,L.I pag330

116. Id., L.IV pag316,nota a-2,y pag 320

117. Ver capítulo sobre Progreso y Población

118. H.Civ.,L.IV pag 265

119. El abate no la menciona como característica de este periodo, pero de su lectura se deduce que

así lo estimaba.

120. H Civ.,L.II pag 148:”Hemos dado ya una idea de las habitaciones de los antiguos chilenos.Los araucanos tenacísimos de sus patrióticas costumbres,como lo  son todas las naciones no corrompidas del lujo, nada han cambiado de aquélla manera de fabricar…El lujo de comodidad,de magnificencia y de bagatelas es allí enteramente desconocido.Las solas necesidades naturales son consultadas en la elección de sus muebles.

121. Cf.H.Civ.LIpag 122;L.I.pag134; LII.,pag153

122. Sulla propagazione sucessiva del genere Umano; en Memoria di Storia Naturale.Parte IIa.

Mem.12. pag 176 .

123. Civ.,L.I,pags119,121,122,123; L.III pag257; L.IV Pag 327 Comp. An.; I,XXI,pag 196H

124. Idem,L.I,pag 118

125. H.Civ.,LI pag119. Molina nos da aquí un notable ejemplo de cómo una necesidad primaria se

va complicando en la medida que es satisfecha, y necesita ser resatisfecha,originando un proceso de perfeccionamiento creciente.Se refiere a la fabricación del pan:”Es opinión generalmente adoptada que los primeros hombres comiesen los granos crudos luego que empezaron a servirse de ellos para su alimento.Pero esta comida sabiéndoles insípida y difícil de masticar, tomaron el partido de tostarla o de cocerla,machacando fácilmente entre las manos el grano tostado, tuvieron la idea de la harina, y luego por grados vinieron a hacer la poleada, las tortitas y después el pan…”

126, Hist. Civ. L.I, p.123

127, Cf.,Hazard,Paul;El Pensamiento Europeo en el siglo XIII;parte III,,cap.V:Naturaleza y Libertad;

H. Nat; L.III pag 376.

128. Hist. Civ. L.I, p.122

129. Hist. Civ. Pag 121

130. Ibidem

131- H. Civ. L. I,pag. 122

132. Idem.,pag 121

133. H Civ; L..I.pag 125

134. Idem.

135. Ibidem

136. H.Civ.,L IV,pag 329,nota a: “Las que son  las solas guías del repulimiento de los pueblos”

137- H.Civ. L I, pag 126

138. Id.,LI, pag 109

[1]139. Idem.

140- H. Civ. L I pag 125

141. Id.,L.IV,pag 329,nota

142. Id.,LI,pag 117; L IV,pag 257, pag322

143.H . Civ., LII pag 173

144. Idem;”Esta fábula como se ve, es muy semejante a la del viejo Caronte, no porque haya sido copiada la una de la otra,sino porque la mente humana,puesta en las mismas circunstancias, se

forma las mismas ideas”

145. H.Civ.,L.I,pag 125

146. Id. L.I pag 119

147. Idem

148- H.Civ, LI.,pag 117 y 118:”El dominio de ellos-se refiere a los araucanos- sobre la creación

animal no se había extendido a más”

149. H. Civ. L. I pag.120

150. Id. L.II. pag 148

151. Id. L II,pag 191:”El día mismo que paren un hijo,lo lavan, se lavan ellas también, y dentro de

poco tiempo vuelven a las acostumbradas ocupaciones domésticas,sin sentir alguna incomodidad; tan cierto es que la naturaleza humanan no es delicada por sí misma,sino porque se acostumbra serlo. Paren con suma facilidad lo que se debe atribuir a su natural robustez; de donde proviene que también en Europa las mujeres plebeyas, según los cálculos del Dr.Blond registrados en las transacciones filosóficas, paren más felizmente que las señoras y están menos sujetas a las consiguientes incomodidades”

152. H. Civ.,L. I pag 122, 134, L.II,pag 145, 153, y 170

153. Id. L.IV. pag 265

154. Visión que se inscribe en el pensamiento de la Ilustració Cf.,Hazard,Paul, ”El pensamiento europeo en el sigloXVIII”Cap.V. Parte III.”Naturaleza y libertad…”

155- H.Civ., L. I. pag 124; L II,pag.157:” Su gobierno militar parece en cierto modo que supera la

inteligencia de una nación inculta”; H. Civ. L.II,pág.s 147 y 158;C.Anónimo,II,V pág242, y XXIII, págs252 y 258;”Los araucanos creen que el hombre no ha nacido más que para la guerra” y

renglón seguido dice:”Los hombres pasan el tiempo que les deja libre el ejercicio de la guerra

o la embriaguez, en diversos juegos que, según su genio marcial, tienen siempre algo de militar”

156. Cf. H. Civ., L II, pág.157,158,,169,182 y L.III, pág 233

157. Cf. H. Civ.,L II,pág 161

158, Idem.

159. .,Civ.,L.II pág 194

160, Gordon Childe “Man makes himself”

161. H. Civ., L IV pág 265

162. H., Civ., pag 118: “Asegurada de este modo la subsistencia de la cual deriva la población, ellos se propagaban felizmente…, bajo aquel benigno clima”

163. H.,Civ., L.IV,pag 327

164. Idem. Pág 321

165. H.Nat., L.I, pag.329 nota 1

166. H.Nat., p.489

167. H.,Civ., L.IV, 329,nota

168. Nos referimos aquí solo a las corrientes centrales, dejando de lado  los epígonos, variantes

y tendencias eclécticas.

169. Canales Frau, Salvador;Prehistoria de América  págs.141 a 149.

170. Rivet, Paul; Orígenes del Hombre Americano

171. Hugo Grotius en De origine gentium americanarum, sostiene que los indos al norte de Yucatán descendían de los noruegos. Su jingoísmo se basaba en consideracionen ligüísticas, la mayoría de los nombres terminaban con el sufijo germánico “land” y lo mismo ocurría en varios sitios de México, el más conocido Tenochtitlan. La explicación más imaginativa, sin embargo, estuvo a cargo de Pedro Sarmieto de Gamboa,  quien creía que los americanos descendían de Ulises porque en Yucatán y Campeche había encotrado que los habitants llevaban trajes, tocados y vestidos “grecescos” y señalaba que se encontraban muchos vocablos griegos: “llaman   a Dios Teos”

172. Memoria “Sulla propagazione succe ssiva del genere humano”

Bibliografía:

I.-Obras del abate Juan Ignacio Molina:

1º Anónimo: Compendio della storia geografica, naturale e civile del regno del Cile, Bolonia 1776, en 8º con 9 láminas, un mapa de Chile y un plano de Santiago.

2º  Compendio de la Historia Geográfica, Natural y Civil del Reino de Chile, publicado Anónimo en Bolonia y traducido por Narciso Cueto; Colecc. de Hist. de Ch. Tomo XI, págs 185 a 304, s/lám. y s/map.

3º Molina, Gioan Ignazio: Saggio sulla storia naturale del Cile; Bolonia 1782, en 8º, 1 mapa s/lám.

4º Molina, Juan Ignacio: Compendio de la Historia Geográfica, Natural y Civil del Reyno de Chile; Primera parte que abraza la historia geográfica y natural, traducida al español por don Domingo Joseph; Antonio de Sancha, Madrid 1788, en 8º, 1 mapa, 418 páginas.

5º Molina, Juan Ignacio : Compendio de la Historia Geográfica Natural y Civil del Reino de Chile; “Primera Parte” que abarca la historia geográfica y natural”; traducida al español por don Domingo José de Arquelladas Mendoza.

6º Molina, Gioan Ignazio; Saggio sulla storia civile del Chile, Bolonia 1787; 2 mapas,un retrato del autor, s/lám.,en 8º.

7º Molina, Juan Ignacio: Compendio de la Historia Civil del Reyno de Chile, Parte Segunda, traducida al español y aumentada con varias notas por don Nicolás de la Cruz y Bahamonde; Imprenta Sancha, Madrid 1795, en 8º, 2 mapas, un retrato del autor, un plano de ciudades, s/láms.

8º Molina, Juan Ignacio; Compendio de la Historia Civil del Reino de Chile.Traducción de Nicolás de la Cruz Bahamonde, tomo XXVI de la Colecc. de Hist. De Chile.

9º Molina, Gioan Ignazio Memorie di Storia Naturale, lette in Bologna, nelle adunanze dell’Istituto, Bologna 1821, Tipografía Marsigli, con Approvazione; 2 vol. En 8º, s/ lám y s/mapas. Contiene las siguientes memorias:

1- Memoria I:  “Sulla Porretta”

2-  Memoria II: “Osservazione sulla fisica costituzione e sui prodotti minerali della montagna bolognese”

3-  Memoria III : “Sulla coltivazione degli Ulive”

4- Memoria IV : “Sulle Marne”

5- Memoria V : “Il Caffé”

6-Memoria VI : “Analogie meno osservate dei tre Regni della Natura.

Parte Seconda

7- Memoria VII :”I Giardini Inglesi “

8- Memoria VIII: “La Balene”

9- Memoria  IX  : “Sulla propagazione degli Alberi,e specialmente degli Abeti”

10-Memoria   X : “Sul Carbone”

11- Memoria  XI: “Sul Potosí, monte argentino del Perú”

12- Memoria XII :”Sulla propagazione sucesivadel genere Umano”

13.-Memoria XII: “Sul Cacao”

14.-Memoria XIV:” Sopra lo Zucchero”

 

IIº Archivos:

1º.-Tomos 208 y 309 de la Colección de Manuscritos que perteneció a don Benjamín Vicuña Mackenna.

2º.-Un tomo de papeles, impresos unos y manuscritos otros que don Matías Pizarro obsequió a don Luis Montt.-pieza 158.

3º.- Dos volúmenes con diversos papeles e impresos que en 1882 le compró el gobierno al señor Pizarro.

4º.- Escritura pública de cesión de bienes de Molina a su madre. Vol. 675,hoja 156 vuelta ( Archivo de Escribanos de Santiago )

 

IIIº.- Obras sobre Molina

1º.- Amunátegui, Domingo; Bosquejo Histórico de la Literatura Chilena

2º.-Anales de la Universidad de Chile T. XVII; diversos trabajos dedicados a Molina.

3º.-Astaburuaga, Fco. Solano: “Biografía de Molina”; El Crepúsculo 1843 .

4º.- Astaburuaga, Fco. Solano; “ Carta de Molina a don Ignacio Opazo”; Anales de la U. de Chile T. XVII .

5º.- Astaburuaga, Fco. Solano; “Biografía de Molina”, Anales de la U. de Chile Tomo XVII.

6º.- Barros Arana, Diego; Historia General de Chile, Tomo VII, Rafael Jover Editor, 1886.

7º.-Barros Arana, Diego; “Carta felicitando a Vicuña Mackenna por biografía de Molina” Anales de la U. de Chile,T.XVII.

8º.- Donoso N.,Ricardo; “De porqué el abate Molina es Talquino”; Revista Chilena de Historia y Geografía, T.LIV.

9º.- Enrich, F. Historia de la Compañía de Jesús en Chile, Imprenta de Francisco Rosal; Barcelona 1891

10º.- Espinosa, Januario; El Abate Molina, uno de los precursores de Darwin, prólogo de Fco. A. Encina. Zig-Zag 1946.

11º.-Eyzaguirre, José Ignacio; Historia Eclesiástica ,Política y Religiosa de Chile; tomo II.

12º.- Fontecilla Larraín, Arturo; ”El Abate don Juan Ignacio Molina”; Revista Chilena de Historia y Geografía T.LXII, Nº 66.

13º.- Fontecilla, Larraín, Arturo; “El proceso seguido al abate Molina”, Revista Chilena de Historia y Geografía, T. LXXIV, nº 80

14º.-Fontecilla Larraín,Arturo; “Cartas de don Juan Ignacio Molina a don Nicolás de la Cruz Bahamondes”

15º.-Gunkel,Hugo; “Don Juan Ignacio Molina”, Revista Universitaria. Año XIV.

16º.-Medina, J. Toribio, Historia de la Literatura Colonial de Chile, Imprenta El Mercurio, Santiago. 1878.

17º,-Opazo, Gustavo; ”El abate Juan Ignacio Molina, fundador del Liceo de Talca”; Revista Chilena de Historia y Geografía, T. LIV; nº 58, 1927.

18º.-Opazo,G.;”Una elegía autobiográfica del Abate Molina” Revista Chilena de Historia y Geografía; T.LV, nº59. 1927.

19º.-Prieto,Luis Francisco;”¿Cómo se llamaba la madre del abate Molina?”; Revista Chilena de Historia y Geografía; T. XV. Nº 19

20º.-Porter, Carlos E.; Revista Chilena de Historia Natural, año XLIV,1940. Número de homenaje a Molina. Vienen diversos trabajos dedicados al abate.

21º.-Philippi, Rudolfo; ”Comentarios sobre las plantas chilenas descritas por el abate Juan Ignacio Molina”, Anales de la U. de

Chile, T. XXII.-

22º.-Philippi, Rudolfo; ”Comentario crítico sobre los animales descritos por Molina”, Anales de la U. de Chile. T. XXIX.

23º.-Vicuña Mackenna,B.; ”Rasgos biográficos del abate Juan Ignacio Molina”, primer historiador…”,Anales de la U. De Chile, T. XVII, 1856.

24º.- Santágata; “Biografía de Molina”; Anales de la U. de Chile; Tomo XVII.

IVº.- Otras obras citadas.-

1º.- Cassirer, Ernst;  La Filosofía de la Ilustración, F.C.E., México 1950.

2º.- Canales Frau, Salvador; Prehistoria de América, Ed. Sudamericana; B. Aires 1959.

3º.-Hazard, Paul; El Pensamiento Europeo en el siglo XVIII; Guadarrama, Madrid 1958.

4º.- Jaeger, Werner; Paideia. Los Ideales de la cultura griega; F.C.E., México 1953.

5º.-Rivet, Paul; Los orígenes del hombre americano; F.C.E. México 1960.