Edouard Will

Edouard Will:  DORIEN’ ET I0NIENS. Essai sur la valeur du critère ethnique appliqué a l’étude de l´histoire et de la civilisation grecques Publication de la Faculté des Lettres de l’Université de Strasbourg, 1956, 107 págs.

Edouard Will, a quien conocimos por un trabajo sobre la economía griega, publicado en la Revue Historique  (octubre-diciembre 1954), nos ofrece en este ensayo –su tesis complementaria para optar al doctorado de Estado en la Facultad de Letras de la Universidad de París- un interesante estudio de la forma en que la introducción del criterio étnico ha obscurecido la  imagen histórica que tenemos de la sociedad helénica.

Como el mismo lo afirma, su obra es n trabajo de carácter negativo, pues pretende reaccionar contra la tendencia que viene de la historiografía alemana y que en síntesis sostiene que todo lo valioso, admirable y único de la civilización griega es de esencia nórdica indogermánica “’C’est à tenter de dissiper le fantôme de la discrimination et surtout de la valorisation ethnique Dans l’étude de l’histoire e de la civilisation grecques que nous voudrions nous attacher ici”

En su trabajo comienza por rechazar como absurdas y falsas, las ideas de “individualismo jonio” y “disciplina doria”, con las que siguen operando muchos historiadores. Ideas que no se pueden aceptar, sobre todo sí se las entiende en el sentido de manifestaciones inmediatas de un atavismo étnico, pues individualismo y espíritu de disciplina son dos fuerzas antagónicas que se perciben en toda comunidad humana.

Sentadas las premisas generales, continúa el historiador francés llevando su análisis a los diversos campos en que el elemento étnico ha sido utilizado por los historiadores como factor interpretativo. Refiriéndose a las tiranías, sostiene que ellas no deben mirarse como las propugnadoras de una política anti-doria, sino más bien como las realizadoras de grandes reformas sociales. Pasa luego a la literatura advirtiendo que en ella no se manifiesta la conciencia étnica, sino ya muy adelantada la época histórica. Es preciso llegar a Píndaro para ver aparecer con cierta frecuencia el término “dorio”, y en general no se trata más que de un elemento erudito de orden genealógico tradicionalista. Las alusiones a la hostilidad étnica que Tucídides pone en boca de sus oradores no son más que explicaciones postizas del imperialismo. En el arte pasa algo semejante, no es posible ligar la llegada de los dorios con la aparición del espíritu protogeométrico o geométrico; por el contrario, actualmente se plantea una hipótesis muy diferente, que entiende este estilo como el producto de una evolución lenta y consecuente, puesta en marcha desde el micénico tardío y continuada hasta el geométrico. Evolución que ha sido orientada en el sentido geométrico, por los trastornos que a fines del segundo milenio produjeron la llegada de los dorios. Elarte geométrico durante toda su evolución, incluso en su última fase, muestra una unidad que bien puede ser calificada de  panhelénica, a despecho de las diferencias regionales.

Como se  ve, la obra del historiador francés, tiene el innegable valor de ser una seria advertencia al historiador de la antigüedad, para que comience a modificar aquellos criterios que fueron acuñados al calor de los intereses políticos de la historiografía alemana, y que todavía conservan su vigencia. No deja de ser absurdo que en arquitectura sigamos hablando de un orden jónico o dorio, cuando los caprichos del estilo  difícilmente pueden estimarse vinculados a los genes de la raza. Más aún, la Grecia arcaica no conoció una oposición étnica, la cual sólo vino a surgir, como lo afirma otro historiador francés: Jardé, en el encarnizamiento de las guerras del Peloponeso. “La oposición entre una raza doria y una raza jónica, no es la causa, sino la consecuencia de la Guerra del Peloponeso”.

Por otra parte, los historiadores que siguen apegados a los criterios étnicos, han desestimado las influencias orientales que afectaron el arte griego, incluso, profundamente, al arte espartano. Y que, en la medida que se levanta el velo que cubre los orígenes de la Hélade, y se descifran las pocas tablillas escritas que hasta el momento poseemos, adquieren cada vez mayor significación.