Doña Inés de Suárez

Poco es lo que conocemos de esta mujer plasentina que desempeño un papel decisivo en la formación de la sociedad chilena. Se sabe que nació en Plasencia en 1507 y figura en el Registro de Pasajeros de Indias de 1537. Probablemente era ya viuda. Se indica que sabía firmar pero no leer. En 1539 la encontramos en el Cuzco. En el juicio de cuentas que La Gasca hace a don Pedro de Valdivia, terminadas las Guerras Civiles del Perú, se dice que pasó a Chile “Con licencia del Marqués (Pizarro) y para su servicio e limpieza y sus enfermedades.

La presencia de doña Inés en la expedición resulta a menudo providencial. Para Marino de Lobera, el cronista que mejor la recuerda, su intervención resulta casi milagrosa. Cuenta incluso que cuando los españoles se morían de sed en el desierto, mandó a un indio a sacar agua donde ella estaba. A poco andar salvó la vida de Valdivia, cuando Pero Sancho de Hoz trató de asesinarlo en “una noche oscura y sin candela”. Pero su acción más destacada la realizó el 11 de septiembre de 1541 cuando salvó la ciudad de Santiago, asediada por los indios, ejecutando a siete caciques.

Pero doña Inés no sólo sabía manejar la espada, fue ella la que guardó lo necesario para repoblar la ciudad: unos puñados de trigo; dos puercos, un cochinillo y un pollo y una polla…

Su relación con Valdivia, fue la crítica mayor que se le hizo a don Pedro en el Juicio de Cuentas que le abrió La Gasca.

Ahí probablemente terminó el concubinato, porque al poco tiempo doña Inés se casó con Rodrigo de Quirogo, que llegaría ser Gobernador de Chile. La plasentina se convirtió entonces en “La Gobernadora”. Un clérigo le enseño a escribir y pasó el resto de su vida ocupándose de obras de caridad.

No conocemos ninguna imagen de época de doña Inés. La figura que presentamos es una reconstrucción hecha a partir de documentos por la escultora Mónica Bunster para un proyecto de monumento.