Discurso de Miguel Rojas Mix en la Inauguración del CEXECI, 1993

Discurso de Miguel Rojas Mix frente al Rey de España y autoridades extremeñas con motivo de la Fundación del Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica (CEXECI)

Majestad, Señor Presidente de la Junta de Extremadura, Señor Rector de la Universidad de Extremadura, Ilustrísimas autoridades, amigos todos:

La creación de centros de investigación y colaboración con Iberoamérica parece ser una de las más lógicas concreciones en que debía desembocar la política de encuentro del Quinto Centenario; y, por cierto, ella no puede ser más conforme a los acuerdos de las dos primeras Cumbres Iberoamericanas.

Nada más natural que Extremadura sea la primera Comunidad en abocarse a esta tarea. En Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica refleja lo que ha sido el espíritu que ha orientado su política de participación en el Quinto Centenario. Política que la Presidencia llevó adelante creando la institución adecuada: Extremadura Enclave 92.

Al unísono este centro de cumplimiento al mandato del Estatuto de Autonomía, que señala la obligación de estrechar vínculos de todo tipo con América Latina y Portugal, y al apartado correspondiente del Estatuto de la Universidad de Extremadura, que define la vocación iberoamericana de dicha institución y su atención preferente por mantener relaciones con las universidades latinoamericanas.

Hablando de la cooperación con Iberoamérica señaló el Presidente Rodríguez Ibarra al inaugurar el Programa Enclave 92: “hemos venido a aportar y no a obtener”. Marca esta frase uno de los aspectos de la cooperación: la solidaridad. Y, cómo podría España no sentirse solidaria con un mundo que le es tan próximo, y que se ha visto y se ve azotado por terribles crisis? Cómo podría quedarse indiferente frente a situaciones de miseria como la que nos acaba de confirmar la UNICEF, la de 15 millones de niños que luchan por la “supervivencia errática” en las calles de las ciudades latinoamericanas?. Quince millones de niños, Majestades, son más que todos los niños de España. La cooperación de los países más ricos con los más pobres debe tener pues es dimensión del “aportar”.

Pero el vocablo cooperación admite varias preposiciones y algunos adverbios: se puede cooperar para, cooperar a, o con; o hacer la cooperación entre. En estas modulaciones de sentido la cooperación es también un recibir: un dar para recibir. Un ejemplo convincente de esta cooperación con hemos conocido en el campo cultural hace apenas unas décadas. Es un hecho que a nadie escapa, que para existir culturalmente hay que ser reconocido, valorado. Es preciso primero dar a conocer y, en segundo lugar, valorizar, para convertir así nuestra cultura en referencia. Los intelectuales se generan cuando se valoriza su palabra. Es por ello que la fisonomía cultural parece haber cambiado en Iberoamérica estos últimos años, porque una generación de escritores fue valorada. Y no es que antes no hubiese habido plumas notables. Antes de Vargas Llosa y García Márquez hubo una larga lista que iba de sor Juana Inés de la Cruz a Neruda y Borges; pero que, salvo raras excepciones, sólo fueron reconocidos cuando se generó el llamado boom de los años sesenta. Eclosión que en gran medida fue obra del interés que España manifestó por ellos, y que hizo que esos escritores se convirtieran en los grandes intelectuales de las décadas siguientes, y en los portavoces de América, y no sólo en el terreno literario, también en el político y filosófico.

Pero la valoración de dichos escritores no fue sólo en beneficio de los americanos, lo fue también en el de España; de una literatura común en la que todos nos conocemos: la escrita en lengua castellana y la redactada en el idioma portugués. Valorizar Iberoamérica sólo puede llevar a prestigiar todo lo Ibérico: lo español y lo portugués. Esa es la filosofía de cooperación que inspira este centro. Consciente que la acción de aportar, implica siempre un recibir, y ello sin pedir ni exigir, puesto que el prestigio de uno conlleva el del otro. Creemos que la cooperación sólo puede beneficiarnos mutuamente. Aportar es compartir. Y ese es el sentido que para nosotros tiene la idea de Comunidad.

Y quiero insistir en el término compartir, porque ha sido éste mucho más que el de imponer, vigilar o tutelar, el que nos ha enriquecido mutuamente. Qué mejor ejemplo que la lengua. Son pocas las literaturas que hoy se pueden comparar con la castellana. Por qué? Simplemente por que está en un constante proceso de renovación y creación, consecuencia de que se regenera desde más de veinte fuentes simultáneas. Fuentes que no sólo crean expresiones nóveles, sino que además conservan giros del siglo de oro que entre nosotros pueden haber caído en el olvido. Y la lengua muestra la simetría de lo que deben ser nuestras relaciones. Si dentro de unos días se celebraran también los 500 años de esa gramática que hizo del castellano vulgar una lengua culta, no debemos olvidar que la otra gran referencia a la osatura del idioma ha sido la Gramática del venezolano Andrés Bello. Es la consolidación de este legado común lo que contribuirá a hacer del encuentro una realidad. Los desencuentros han sido a menudo productos de la ignorancia mutua.

Más aún, es preciso no olvidar que esa particularidad de nuestra comunidad refuerza nuestro papel dentro de otras comunidades, a las cuales podamos pertenecer. Quién puede ignorar que la recuperación económica y el relance cultural de América Latina no puede sino fortalecer el prestigio y el peso de España dentro de la Comunidad Europea?.

Se cuenta que recientemente el Presidente Miterrand, comentando con un escritor de origen español, después de confesar que Francia estaba sur le declin, en crisis, exclamó: “Ah, si nosotros tuviéramos América Latina”.

Por cierto nadie “tiene” a América Latina, España es con ella Iberoamérica, pero la frase del Presidente francés no puede ser más significativa. En particular si se lee en el sentido de lo que eso representaría para Francia en el contexto de la Comunidad Europea.

Estos son algunos de los aspectos que inspiran la filosofía de este Centro. Sin olvidar la solidaridad, estamos conscientes de que él debe beneficiarnos, y no sólo en cuanto refuerce la idea de comunidad, sino también en cuanto región. Extremadura está en un proceso de desarrollo donde la asociación con América Latina no puede ser sino beneficiosa. Tanto para su crecimiento interno, su desarrollo cultural y universitario, cuanto para definir un perfil singular dentro de la península. Por su pasado y por su vocación de futuro ¿no debería Extremadura ser una de las cabezas de puente de las relaciones de España con América Latina? Esa voluntad es también la de su Universidad, impulsada por su Rector, que encuentra en los estudios iberoamericanos una identidad académica; una vocación a la cual ya muchos de sus docentes se han volcado.

La constitución de un equipo multidisciplinario, imbuido de una nueva visión, que destierre estereotipos y desarrolle la mutua comprensión histórica, no sólo servirá para estrechar los vínculos de comunidad, servirá al prestigio de esta universidad y, a lo que es más importante a dar la responsabilidad a los propios iberoamericanos de comprender Iberoamérica. Para que una comunidad exista necesita generar sus propios intelectuales y no ser comprendida a través del pensamiento ajeno. Piénsese solamente que el número de cátedras y especialidades en Iberoamérica que hay en España es muy inferior al que existe en Francia.

Es necesario que generemos nuestros propios intelectuales. Gran parte de las incomprensiones son producto del desconocimiento o de que hemos entregado a terceros la tarea de explicarnos. Decía Hostos, ese insigne portorriqueño y convencido partidario de la idea de comunidad en el siglo pasado: “Raynal, Robertson, de Pradt, Prescott, Irving, Chevalier, me presentaron a América en el momento de la conquista y maldije al conquistador”… Pero incluso hoy; y esto dicho con el mayor respeto por los méritos específicos de cada estudioso. Cómo es posible que cuando en España se quiera hablar de América Latina se invite a un francés o a un inglés para que lo hagan? Yo he vivido casi veinte años en Francia y les aseguro que nunca ha visto que cuando los franceses quieren hablar del Africa francesa inviten a un español. Es preciso que Iberoamérica dé la palabra a sus propios intelectuales, esa es una forma de hacerla existir. Mientras sean otros los que nos expliquen a nosotros lo que somos nosotros mismos, nos estaremos sistemáticamente negando. Y negando la idea iberoamericana, porque la estaremos desvalorizando. Y en esto creo interpretar lo que Su Majestad recordó con ocasión de la II Cumbre “que todos formamos parte de una comunidad unida por 500 años de historia, de drama, de fruto, de tragedias y alegrías, de equivocaciones y éxitos; agregando que un elemento esencial de nuestro intento es la comunicación y que nuestros objetivos y afanes sean bien conocidos, explicados por nosotros mismos y ampliamente difundidos”. Qué duda cabe de que estos propósitos de Su Majestad, dichos como mensaje a la prensa, con mayor razón se aplican a la investigación, a la docencia y a la universidad, que es donde se adquiere ese conocimiento?.

Este es el espíritu del Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica, que hoy, 20 de septiembre del año de gracia de 1992, año del Encuentro entre dos Mundos, Sus Majestades le hacen a Extremadura el alto honor de inaugurar.

Con la venia…