Ciudadanía, cultura, ética e inclusión social

Son estos conceptos ejes temáticos signos de las preocupaciones de nuestros tiempos, de una universidad que ha pasado por diversos modelos y crisis a lo largo de su historia.

La Universidad  republicana se inspira en el modelo alemán, definido esencialmente por Guillermo de Humboldt que situaba la institución en el centro del conocimiento. Su estereotipo era la imagen del el sabio alemán, que inspiró incluso personajes cinematográficos. Este modelo atravesó el siglo y sólo entró en crisis los años 60, Mayo del 68, los movimientos estudiantiles en Berlín, produjeron una crisis de hegemonía dentro de la Universidad denunciando el sistema de mandarinato en el que había derivado el sistema tradicional del Herr Professor humboldlteano. Esos años afloraron en la Universidad disciplinas y preocupaciones que hicieron ver que la cultura de masas era más importante que la cultura universitaria. Se abandonó la idea de que sólo el griego y el alemán eran aptos para la filosofía y se configuró el pensamiento contemporáneo que arraiga más en lo cotidiano y lo fragmentario que en lo metafísico y sistemático.

La crisis siguiente fue producto de la constatación que la universidad perdía el monopolio de la investigación y que entraba en competencia con al empresa. La revolución digital que siguió, nos planteó otro marco del saber: la sociedad del conocimiento, que nos introdujo una nueva forma de desigualdad, la que algunos analistas han definido como la que existe entre los “enchufados” del Norte y los “desenchufados” del Sur.

El desafió más reciente es el de una crisis epistemológica a la que la Universidad debe hacer frente: el paso de una inteligencia alfabética, del logos, a una inteligencia visual, del  ícono

Dentro de la perspectiva actual y en el horizonte de amenazas que se vislumbran al cumplimiento de las tareas de la Universidad, que en su época precisaron la Reforma Universitaria de Córdoba  y la lucidez de Ortega y Gasset, queremos afrimar los siguientes puntos:

Que s responsabilidad fundamental de la Universidad Pública fomentar la cultura ciudadana garantizando la educación para todos. Entendemos por cultura ciudadana la que atiende al bien común respetando la libertad individual,

Que, para que pueda responder a la demanda de una cultura ciudadana es necesario consolidar la universidad pública. El derecho a la educación debe  reconocerse como uno de los derechos humanos. Es preciso tomar conciencia que la propia idea de nación resulta amenazada si no sabemos conservar la Universidad. Debe romperse con los paradigmas puramente técnicos y eliminar los vicio que afectan a la Universidad. Debe desarrollarse una educación asentada en los valores humanos, en la justicia social, la educación participativa y comprometida. Es función de la Universidad contribuir al desarrollo de una ética social. La dimensión profesional debe incorporarse en una práctica colectiva y pública

Debe ser también un espacio donde se refuerce la identidad cultural, una identidad integradora inspirada en un proyecto de futuro, identidad no excluyente, en diálogo con las otras culturas y, en primer lugar, con las múltiples que existen en Nuestra América. Reforzar la identidad es fundamental para generar criterios de pertinencia que nos permitan pasar de la sociedad de la información, manipulada por la globalización a la sociedad del conocimiento adecuada a nuestro desarrollo.

La Universidad debe reforzar nuestros valores humanísticos y nuestro compromiso con la acción cultural. Debe romper las barreras que impidan una amplia participación de mujeres y hombres en la vida ciudadana.  La cultura -decía Ortega- es lo que nos salva del naufragio vital. En este sentido la extensión universitaria, una de las tres funciones tradicionales de la Universidad, debe ser una función sustantiva de la Universidad. La Universidad debe recuperar su función cultural, abandonada en una dinámica esencialmente profesionalística. Así como sustantiva debe ser su función integradora.  Debe contribuir  a construir el espacio cultural iberoamericano y  debe proyectarse, abrirse, reforzar cultura y valores sociales:  aliarse con la escuela, atender a los desocupados, a la Tercera Edad, que está cada vez más presente en la vida activa.

El espacio universitario debe ser un espacio de construcción de la ciudadanía, de ética e inclusión social, en que se desarrolle la cultura erudita y al mismo tiempo popular, un espacio donde hombres y mujeres compartan más universal e íntimamente  la utopía de una existencia cada vez más humana.