Bicentenario: Reflexión sobre los compromisos del futuro.

Toda Ibero América parece haber decidido conmemorar el Bicentenario de una u otra Independencia. El movimiento independentista se inicia en Nuestra América en 1810 y se extiende en la América del Sur hasta fines de 1824, cuando Sucre con un ejército de patriotas de todo el continente derrota en Ayacucho al último ejército español. La dimensión hispánica y continental del hecho, no debe hacernos olvidar que antes,  al iniciarse el año 1804, Haití había declarado ya su independencia conjuntamente con la abolición de la esclavitud. Recientemente se reunieron en Río de Janeiro Lula da Silva y Cavaco Silva para conmemorar los 200 años de la llegada de la familia real portuguesa a la ciudad carioca, el 8 de marzo de l808. Entre 1808  y 1822 el país fue sede de la corona portuguesa sin dejar de ser colonia. Les queda a los brasileños por conmemorar 1824, cuando de imperio a imperio el país se hizo independiente con don Pedro I y 1889 cuando dejó de ser imperio y pasó a ser república. Por esas fechas, años después, en 1898, obtuvo Cuba su independencia de España –aunque quedo bajo la Enmienda Platt. Y no digo Puerto Rico porque acabó asociado a los faldones de los EEUU. Pero no sólo las naciones de América, también España está de Bicentenario. Goya pintó las fecha: el 2 de mayo de 1808,  cuando el pueblo se levanta atacando con  palos y cuchillos a los  mamelucos, mercenarios egipcios del ejército francés, que recordaban a los españoles los temidos moros,  y el 3 de mayo, el día siguiente, cuando contempló desde su ventana la ejecución de los sublevados. Goya fijó para la historia las  imágenes del levantamiento con que se inicia la Guerra de Independencia.

En América Latina nos preparamos desde la vuelta del siglo a esta conmemoración, El Bicentenario es un jalón que nos obliga tanto a mirar la historia como a avizorar el futuro. Abre espacios para la reflexión. Obliga a plantearse muchas preguntas. Sin  duda muchas de las que se han propuesto carecen de  sentido histórico, como si valió la pena la independencia, Son preguntas que pertenecen al género de la ucronía, no de la historia. En el concreto campo de la historiografía el Bicentenario  obliga a pensar la forma de difundir mejor los hechos históricos fundacionales y de los años transcurridos desde entonces. Conmemorar quiere decir “recordar con”, memoria conjunta, colectiva. A eso tenemos que abocarnos. La historia es la base de nuestra identidad, la que da sentido a nuestra cultura. Pero como decía Ortega y Gasset la identidad cultural no es sólo un elemento que se busca en el pasado sino que mira al futuro, en tanto es un proyecto colectivo. Yo escribí en alguna parte que las raíces de la identidad estaban en el futuro,

La historia hay que contarla; Para que la nación exista es necesario que se cuente. Si no se cuenta  no construye una imagen que le permita hacerse. No hay posibilidades de crear un imaginario nacional sin  un relato sobre los orígenes de la nación, sus cualidades únicas, sus héroes y sus hazañas. Mas es preciso analizar cómo se cuenta la nación. En el contexto del Bicentenario debemos comenzar por establecer las secuencias de acontecimientos  que  preparan los hechos. En realidad ya tuve ocasión de trabajar sobre un Bicentenario. Sólo que lo hice con un siglo de anticipación. Conmemoré el Centenario de la Independencia de Cuba en imágenes. Me pareció oportuno recurrir a una documentación novedosa. Seguir la trayectoria de los hechos en un medio que se imponía a fines del siglo XIX : las caricaturas en los periódicos. Las imágenes resultaron más elocuentes que los textos porque no sólo mostraron los hechos sino como la gente, el ciudadano de a pie, los percibía y lo que los documentos oficiales no decían. Las imágenes me permitieron tener una visión completa de los hecho, de las intenciones, las motivaciones, incluso de los discursos intimidatorio y racista de que España hacía uso para ganarse la población blanca: “lo que iban a sufrir si los negro ocupaban el poder con la independencia”; pero también hablaban del  los “esfuerzo de guerra” y de las mordidas que los políticos daban en esos empréstitos. Las caricaturas de los periódicos a lo largo de los hechos dejaban muchas cosas en claro: que los españoles detestaron la guerra, que los cubanos se equivocaron sobre su destino y que en los Estados Unidos fueron los grandes empresarios que manejaban y manipulaban  la opinión pública, principalmente Hearst y Pulitzer,  los que forzaron la mano a MacKinley para que declarara la guerra. El corpus de dibujos, cromos y grabados humorísticos(no por ello menos dramático),  me permitió reconstruir el imaginario de la guerra del 98 en 3 momentos: Los antecedentes, los hechos de guerra y las consecuencias y me permitió entender muchos otros aspectos de la historia vinculados a esas circunstancias; comprender por ejemplo, que pese a lo que dice Hobsbaw,  el siglo XX comienza con el 98, cuando los EEUU se elevan a potencia mundial y se extinguen cuatro siglos de Imperio Español y no con la Primera Guerra Mundial. Me permitió captar el sentimiento -porque las imágenes a diferencia del alfabeto lo transmiten-, el porqué la depresión colectiva que causó el desastre de la guerra,  generó en  España el Regeneracionismo y dio vida a la “Generación del 98”. Eran vitales  para  la reconstrucción inmaterial de España. Estoy seguro que si en el 2098 me solicitan que haga  algo para conmemorar  el Bicentenario de la Independencia de Cuba y de la dependencia de Puerto Rico, haría lo mismo. Pero no estoy seguro de que vaya a estar disponible. En todo caso este excurso me sirve para pensar cómo se pude vislumbrar la historia del Bicentenario en imágenes.

Desde luego en los otros países de Hispanoamérica tampoco  la independencia se produjo de un día para otro, se fue gestando con los años. Desde el siglo XVIII empieza a desarrollarse con el pensamiento de la Ilustración una idea de progreso que se asocia a un sentir nacional naciente; sentimiento que se expresa particularmente a fines de la Colonia en el amor a la tierra, en la pugna por la libertad de comercio y en los deseos de autonomía; sentimiento que incuba el criollismo intelectual  que se exacerba precursor en el exilio jesuita. El abate Molina que escribe en Bolonia  el Saggio sulla storia naturale del Chile (1782) y cinco años más tarde el: Saggio sulla storia civile del Chile y el padre Clavijero que  en La Historia Antigua de México (1780-81), hace la apología del indio mexicano son los  mejor ejemplo de ese sentimiento: que inscribe la historia de América  en la senda del progreso

Los pueblos para que existan es necesario que se cuenten y se imagen. Hace años que me dedico estudiar los imaginarios históricos. A trabajar la imagen como documento, no a utilizarla como ilustración. La imagen tiene la ventaja que agrega el sentimiento a la información, por eso los símbolos nacionales resultan tan emotivos. Es mucho más duro ver una masacre en televisión que leer el suceso en un periódico, Además revela lo que los textos a menudo no muestran, incluso lo que ocultan, las circunstancias en que se vivieron, las imágenes  realzan la acción y, eventualmente, a sus protagonistas los transforma en íconos referenciales. El imaginario nacional  es fundamentalmente un referente que me indica quien soy en el planeta, fija mi identidad, me enseña a reverencias y a emocionarme, a la vez que condensa  valores y principios en que la nación fundamenta su cohesión…

La nación es una comunidad imaginada…

Toda nación tiene que dar una imagen de si misma que reproduce en sus símbolos patrios. Los himnos nacionales dan testimonio. La Marsellesa define la Francia por el sentido republicano con que se cancela la Monarquía: “Adelante, hijos de la Patria” –exclama. La revolución los ha hecho ciudadanos, han dejado de ser súbditos del rey. Los chilenos cuando entonan el himno nacional en primer lugar cantan a la geografía.  La geografía siempre fue una obsesión, un elemento significante   de la identidad chilena, La magnifica Neruda: “Antes de la peluca y la casaca/fueron los ríos, ríos arteriales/fueron las cordilleras…” ,  enloquece a Benjamín Subercaseaux: “Chile una loca geografía”. Y Huidobro, con ingenio, alude a sus desacompasadas dimensiones cardinales  cuando anota: “los puntos cardinales son tres: norte y sur”. Todavía comenzando el siglo XX decían los historiadores eurocéntricos mirando a la extera europa que hay pueblos que sólo tienen geografía, pero no tienen historia. Chile ha hecho de su geografía historia: en parte porque desde Ercilla a Neruda, artistas, escritores e historiadores han pensado e imaginado el país ajustado en su paisaje.

Cuando la historia se cuenta, siempre se imagina. A menudo asalta la duda sobre cuál es la parte de realidad y cual la dosis de fantasía en un relato. Es aquí donde se precisa la propuesta de las 200 imágenes. Son imágenes que hay que hacerlas dialogar con el texto ¿Cómo se recoció el hecho, como se lo presentó en imagen? ¿Es una imagen sublimada? (corriente en la iconografía oficial) ¿Es una imagen textual? Que no deja duda de la veracidad del hecho ni de su conformidad con la realidad ¿Es una imagen simbólica? Puede serlo de muchas formas, por ejemplo por el manejo del color ¿Es juna caricatura?, ¿un retrato? ¿Qué dicen de los hechos, del lugar y de la época los detalles y los atributos?. Según sea la proporción entre  fantasía y realidad estamos en la ficción o en la historia. Pero, en definitiva ¿ Acaso existe la realidad sin un gota de ficción y, a su vez, la ficción no tiene que apoyarse en lo real? Es una línea tenue la que separa los géneros, pero es especial. En historia la imaginación a menudo toma forma de ideología: seleccionan hechos y personajes para legitimar situaciones de poder o de casta. Voltaire satirizando esta práctica decía: “Los historiadores son unos tramposos que hacen triquiñuelas con los muertos”.  En los años cuarenta del siglo en que nací se publicó un tomo titulado Episodios Nacionales, guardo un ejemplar en mi biblioteca. Ilustra 150 hechos que constituirían  el devenir histórico de Chile. Como su prólogo lo reconoce,  son todos –de cerca o de lejos- hechos de armas.

Hace algo así como diez lustros que comencé a estudiar las representaciones sociales y los imaginarios. La imagen artística de Chile que publiqué a fines de los años sesenta fue un primer ensayo; el último, en búsqueda de un método para abordar el conocimiento visual. El imaginario civilización y cultura de siglo XXI, es obra de hace un par de años. Complementar los métodos tradicionales de investigación histórica con el estudio de la imagen no sólo profundiza la comprensión de los hechos, sirve asimismo para captar la historia desde el imaginario de estereotipos que circulan en nuestra comprensión de los hechos. Y abre un espacio a la crítica histórica pues permite ver cómo evolucionan los valores y precisa las circunstancias en la lectura de los hechos. . El discurso que hoy se maneja  de la multiculturalidad o de la interculturalidad, en el siglo XIX y hasta hace poco -si es que todavía no subyace al socaire de las palabras-, estuvo marcado por la dicotomía “civilización y barbarie”, un imaginario que pasaba y pasa por el lenguaje, como cuando refiriéndose a las luchas mapuches contra el conquistador un historiador culterano de la historia oficial habla de “tropelías” de los indios.

No sólo las repúblicas americanas, prácticamente todas las naciones nacen hace aproximadamente dos siglos. Cuando la Revolución francesa cancela la monarquía y se inicia la república. Toda nación necesita un imaginario inclusivo para fusionar el cuerpo social. La nación es una comunidad política imaginada como intrínsecamente limitada y soberana. Es  un proyecto que se alimenta de una imagen de síntesis. Una figuración compuesta de un conjunto de efigies a la vez heterogéneas y coherentes a partir de las cuales  se plasma la vida del grupo social. Heterogéneas pues comprende diversos géneros y coherentes porque todas apuntan a una idea cohesionadora de la nación.

En América este principio de cohesión nacional es complejo porque puede encontrarse en conflicto principios de cohesión étnica que implican la continuidad de pueblos en naciones diferentes, a menudo fronterizas pero no necesariamente. El sentimiento étnico transfronterizo se ha expresado  Si bien este congreso reafirmó la tendencia,  el indigenismo en el Perú se había anunciado antes, en la obra de Manuel González Prada, ”Nuestros Indios” de 1904. Y en México en el indigenismo de la revolución mexicana que difundieron en imágenes los muralistas que cambiaron la imagen del indio mostrando sus culturas como civilización y no como barbarie. La barbarie fue el tema de El Facundo, Civilizción y barbarie  de Domingo Faustino Sarmiento que comenzó a aparecer por entregas en el  Progreso en Chil en 1845. La imagen de la barbarie fue la mujer blanca raptada por el indio, la reprodujo en la literatura La Cautiva de Esteban  Echeverría en 1837  y fue tema de un cuadro de Mauricio Rugendas, y de una litografía para ilustrar el Atlas de la Historia Física y Política de Chile, de Claudio Gay.

Componer el  Imaginario del Bicentenario significa seleccionar imágenes significativas de un hecho relevante de cada año puede ser una foto: La de los estudiantes de Córdoba arriba del techo de la Universidad en 1918 indicando la Reforma, la muerte de Evita Perón para 1952, el gol de Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México en 1986 o imágenes conmemorativas como el cuadro del Congreso de Tucumán de 1816 la   o ilustrativas de una idea, o de un movimiento como las que podrían ilustrar los temas recién tratados; la barbarie, el indigenismo americano, la Semana de  Arte Moderno en Brasil m Sao Paulo 1922…

Argentina y Chile en el Sur y las Gran Colombia  en el Norte  y México, todavía más al Norte, comenzaron  hace ya pronto 200 años a construir el imaginario nacional, cuya historia es la del Bicentenario.

El imaginario nacional es un referente. Son hechos iconozados por el arte o narrados por la literatura que aluden a la construcción de la nación. América, para independizarse, debió abandonar el imaginario histórico español y construir su propia imagen: recoger en estampas la vida cotidiana.  Para ello tenía que heroizar personajes y hechos recientes. A esa tarea se dieron artistas de dentro y de fuera del país, al igual que se volcaron los escritores para captar el ritmo de la argentinidad o de  la chilenidad,  exaltar la naturaleza y, en definitiva, narrar la vividura nacional. La imagen plástica: retratos paisajes, escenas de costumbres- como la descripción literaria  van a presentar lo nacional, desde la geografía hasta la vida privada de los diversos sectores sociales y dobre todo va acreditar la presencia de la nueva clase que toma el poder. En ese sentido los géneros privilegiados son el retrato y el retablo histórico. José Gil de Castro, “El Mulato Gil” fue el gran maestro de la iconografía del prócer americano y de la clase emergente, del criollo que tomaba el poder. Perpetuar el hecho histórico es una forma de crear la identidad nacional. Muchos de los artistas conocidos a principios de siglo son extranjeros, casi todos fueron grandes retratistas, cronistas sociales o pintores de historia, Monvoisin, Rugendas y Charton, figuran entre los más señalados de los que trabajan en Chile. A Monvoisin se le debe  la famosa tela de la abdicación de O’Higgins y un retrato de Rosas  y a Rugendas la más exhaustiva exploración de la sociedad chilena y escenas de la vida argentina. Sarmiento decía: “Humboldt con la pluma y Rugendas con el lápiz, son   los dos europeos que   más a lo vivo han  descrito la América”. Chile en particular,  donde Rugendas pernoctó diez años, dejando  cantidad de dibujos y pinturas. Algunos sirvieron para ilustrar la vida cotidiana en la Historia Física y política de Chile de Claudio Gay (Paris 1854). Charton se volcó en el costumbrismo. Entre sus dibujos recuerdo uno que me ha fascinado desde niño, El velatorio del angelito, un rito mortuorio que solo he visto que se practica en América . Todos ellos participan en construir la iconografía de la nueva nación o en crear la nación en imágenes. A ellos se incorporaron lo artistas nacionales  ya más avanzado el siglo o pasándose al siglo XX. Nadie ha evocado mejor la vida gaucha que Molina Campos en sus calendarios de alpargatas, ni mostrado que el músculo no duerme en la clase obrera como Carpani, ni hecho comprender de qué se trataba eso de la Civilización Occidental y Cristiana que León Ferrari. Ni nadie ha sabido mostrar con más perspicacia la lucidez de los niños que Quino …  También están los que sin pisar el suelo americano  ilustraron desde Europa la gesta emancipadora o la violencia de las dictaduras. En París visité una exposición de Erro en que colgaba una sorprendente ensamblado de imágenes evocando el golpe contra Allende y en la Biblioteca Nacional encontré la aguada original del Famoso “Abrazo de Maipú”. Pocos lo saben, pero es obra de uno de los más grandes pintores románticos: Géricault.

Pero no sólo el contenido, incluso los estilos cuentan en el imaginario histórico, A comienzos del siglo XIX la Independencia marca la ruptura de América con el barroco. Para la clase que aspira asumir el poder, el neoclásico aparece como correlato artístico de las nuevas ideas. Si el barroco es el arte de la monarquía absoluta, el neoclasicismo es proclamado el estilo de las ideas liberales y de la burguesía emancipadora. El neoclásico va a dar imagen a las recién creadas repúblicas. En Chile, el Palacio de La Moneda, hoy palacio de gobierno, construido por Joaquín Toesca en el más puro estilo neoclásico, anticipa la Independencia. En la década del 20 del siglo XIX Rivadavia agrega un pórtico Neoclásico a la Casa Rosada. E1 romanticismo, que sucede al neoclacisismo pregona “el retorno a la naturaleza y el gusto por lo popular”, lo cual significa no sólo el descubrimiento del paisaje, sino además una exploración de la sociedad, de lo cotidiano. Genera la aparición de un costumbrismo que retrata los modos de vida de las nacientes clases sociales, lo que en Hispanoamérica llamamos criollismo; constituye, a la vez una exploración y un acto de fundación de la identidad nacional. Ahí quedan fijados los tipos sociales: la dama, el caballero, el medio pelo, el futre, el lacho, el roto, el gaucho, el cholo, la rabona, el huaso…

La Independencia fue un hecho histórico y a la vez una promesa. “la promesa de una vida republicana”. Esa promesa se ilustra en los procesos que el tránsito del pareado de dos siglos ha suscitado. La historia puede condensarse, en la medida que ella remueve la memoria, despierta el sentimiento y convoca la sapiencia. La imagen influye en la creación del valor. Es precisos crear valor para recuperar la autoría y la pertinencia de nuestro pensamiento, Recuperar figuras semi olvidadas, como Bilbao que fue el creador del nombre y la idea de América Latina, de la que luego han querido apropiarse los franceses. Nada sintetiza mejor estos procesos que la imagen. Es por ello que con disitntos grupo de historiadores argentinos, chilenos, ecuatorianos  hemos decidido  desarrollar un proyecto conmemorativo,  el Bicentenario en imágenes: 200 años 200 imágenes. Exposición doblada por un libro, Una imagen por año,. La imagen más significativa de cada año,  en cada país. Así, vayan  de ejemplo lás imágenes ya citadas; más otras como,  por referirme sólo a Chile, 1856: Bilbao crea en Francia el nombre América Latina”, 1879 Combate Naval de Iquique, 1891  suicidio de Balmaceda, 1906 Terremoto de Valparaíso,  1907 Santa María de Iquique, 1945 Primer Premio Nobel Latinoamericano: Gabriela Mistral,  1962 El Mundial de Futbol (Leonel Sanchez le rompe la nariz a David);  1971 Neruda Premio Nobel, 1973 La Moneda en llamas.y así sucesivamente. Si sabemos hacerlas hablar, las imágenes nos dan una información suplementaria y si  queremos difundir los hechos  ningún medio es más eficaz  para comunicarlos y  hacer de la historia  una  verdad de masas:

Pero el Bicentenario es también una interrogación sobre el futuro y la cuestión capital es cómo plantearselo en América Latina, en el contexto de la geopolítica,  los grandes compromisos que presenta el siglo XXI.

Sería ingenuo imaginar el Bicentenario como escenario en que pueden desatarse todos  los nudos del futuro. Pero llegamos a esta conmemoración con cuatro compromisos a los que tenemos que hacer frente. Los cuatro son distinguibles pero están estrechamente relacionados: El compromiso nacional, el regional, el continental y el planetario. El compromiso nacional es la democracia y la disminución de las desigualdades sociales; el regional es el desarrollo (culturas indígenas, tradiciones afro, micro cultura (culturas maternas) de las colonias de inmigrantes semi-integrados: alemanas, árabes, judíos y otros), el continental es la integración y el planetario la globalización.

Lo que está en juego hoy es la naturaleza de los vínculos entre estos cuatro grandes Una dialéctica entre la interdependencia y la independencia de los actores. En un largo libro  Los cien nombres de América traté hace años la diversidad cultural a partir de los diferentes discursos continentales de identidad cultural: Hispanoamérica, Iberoamérica, Indoamérica, Afroamérica, Latinoamérica y Panamérica. Bien que este último no sea un discurso de identidad pues nadie se llama panamericano salvo que sea una carretera. Por razones de tiempo me remito a él. Me asomo a estos compromisos desde la perspectiva de la cultura.

El Compromiso nacional es con la democracia.  La cultura autoritaria se desarrollo aún más allá de los regímenes autoritarios y se encuentra maquillada bajo diversas formas: el integrismo, el racismo, el sexismo… Como he hablado mucho en un libro reciente: El Dios de Pinochet sobre integrismos y racismo, voy a ejemplificar con la cultura sexista; Las ideas sexistas sobre las funciones de género, tanto en el trabajo doméstico como en la vida profesional (discriminación en las remuneraciones) corresponde a una concepción autoritaria de la familia tradicional. En Iberoamérica desde Franco a Pinochet los gobiernos dictatoriales han arremetido contra cualquier conato de liberación de la mujer, en gran medida porque se las asocia a su función reproductora, definiéndola y fijándola en el papel de ser depositaria de valores y virtudes (que por cierto no se le exigen al varón). Experiencias con niños del Norte argentino para que dibujen a la madre, muestra que de inmediato reproducen la iconografía básica de la Virgen. De ahí su rechazo a las medidas de la contracepción que llegan con la democracia. Es idea sustancial de la familia patriarcal asociar la función reproductora a la sexualidad. Esta rémora culturalista aparece todavía hoy en el discurso del Papa Benedicto XVI y en el rechazo,  en defensa de los valores de la familia,  de la asignatura de educación para la ciudadanía, decretada por el gobierno español.

El Compromiso regional es el desarrollo.  Las políticas culturales son factores esenciales del desarrollo sostenible. La salvaguarda, conservación y protección del patrimonio cultural, se asocia con el desarrollo económico regional a través de turismo sostenible y la difusión de las artesanías.  La cultura es la que constituye la fuente y la finalidad del desarrollo, la que le da su impulso, calidad sentido y duración. Todo esfuerzo cultural que no se apoye en el potencial creador que ofrece la cultura, aparte de perjudicar el  intercambio y el dinamismo y el  diálogo de que se alimenta la diversidad cultural, está condenado al fracaso. Desde el punto de vista cultural no podemos pensar en la realidad nacional limitándola a los límites geográficos.  Existen muchos nexos que hacen que un pueblo continúe en el país de al lado. Continuidad cultural encontramos en el sur Brasil,  en Uruguay y Entre Ríos, Buenos Aires y Montevideo, Uruguay y  Río Grande do Sul, el Noroeste argentino con Chile y Bolivia; Cuyo con Chile. La cultura integra pueblos que sólo son cartográficamente fronterizos. La regionalización de los programas de acción, más concretamente en el ámbito del MERCOSUR, internacionaliza políticas y estrategias y permite afirmar a la vez identidad local y regional, superando los riesgos identitarios que supone la mundialización. La Conferencia Internacional de Educación en el año 20012, orientada a querer y saber vivir juntos (Cuadragésima sexta Reunión de la Conferencia Internacional de Educación: “La educación para todos para aprender a vivir juntos”. Ginebra, septiembre de 2001) plantea resolver en el diálogo intercultural, muchos de los problemas económicos y sociales generados por el dispar crecimiento entre los países de regiones como la nuestra.

Un pueblo consciente de la diversidad del origen de las distintas manifestaciones culturales que constituyen su herencia, debería encontrarse  en una mejor posición para mantener relaciones pacíficas con otros pueblos, para sostener un diálogo enriquecedor basado en el respeto mutuo. Sin embargo no ha sido así el occidentalocentrismo y el racismo han desvalorizado el saber de otras culturas. Han llamado curandero a sus terapeutas, barbarie a sus costumbres, primitivismo a su arte, lasitud a su inteligencia, supersticiones a sus creencias… En América Latina debemos apoyarnos en los valores de la identidad común, que recoge las diversas herencias culturales, para promover el desarrollo humano en paz, justicia y democracia.

El compromiso continental es la integración. Una asignatura pendiente de nuestros países.Como ya lo señalamos la  Idea de América Latina fue fundada en el siglo XIX, por Bilbao. Nació del espíritu progresista de la época, como bandera de la integración y para oponerse al imperialismo de los EEUU que acaban de despojar a México la mitad de su territorio. No hizo cuestión de razas ni de regímenes: el concepto abarcaba a todos los abuelos de Nicolás Guillén: el abuelo blanco, el abuelo negro y el abuelo indio, a las repúblicas americanas y al imperial Brasil. En el siglo XX la idea fue llevada adelante por los intelectuales llamados “comprometidos” Neruda que escribía “América no invoco tu nombre en vano”, García Márquez que encontró la América profunda en las soledades de Macondo y Cortázar que unía a América con Europa tirando un tablón entre los dos ventanas del océano para dialogar con la Maga. Y podemos seguir enumerando intelectuales, artistas y escritores que, desde el Río Grande al  Cabo de Hornos,  se comprometieron con la idea. Intelectuales como Roa Bastos,  quien con Yo el Supremo puso a Paraguay en el mapa literario de América Latina. Podemos hablar del “cinema nóvo” y,  en fin,  de tantos artistas que quisieron darle imagen  a Nuestra América. Ellos nos enseñaron a ser latinoamericanos. A ver la realidad desde nuestro horizonte y no desde la atalaya ajena. Al afamado pintor chileno Roberto Matta le preguntó un crítico: “Ud. Matta se reconoce como surrealista”. “No, respondió Matta: Yo soy un realista del sur”. Y aquí pasamos a la otra ruta. Al destino que damos al saber para servirnos de él adecuadamente: Al proyecto. El proyecto de nación, el proyecto democrático, el proyecto de integración. Ese destino es un norte y nuestro norte es el sur. Debemos ser realistas del sur. La cultura latinoamericana sólo tiene sentido en la medida que implica un espacio de solidaridad y progreso en el que millones de individuos se reconocen en un ámbito común en el cual se construye una sociedad más justa y un futuro prometedor.

El compromiso planetario es la globalización: Es a nivel global  que las culturas han de convivir. Así buscar soluciones para la convivencia es una tarea común que muestra la importancia de la interdependencia.  Cuestión ¿Qué hacer cuando entran en conflicto distintas cosmovisiones?: la condición de la mujer, el velo, el clítoris, la justicia, etc. Si es sólo un símbolo (¿el velo?) no parece legítimo prohibirlo en sociedades pluralistas.

La uniformización que genera las sociedades mediáticas de masas y la globalización constituye una amenaza para la identidad política de los países y  de fragilidad para la autonomía de la creación cultural.  Frente a esta amenaza se ha reaccionado reivindicando el derecho a la diferencia. Proceso que va desde la excepción cultural hasta la condición multicultural de sociedades como son las de nuestros países mestizos y que toma en consideración los aspectos pluriculturales que representa la generalización el fenómeno migratorio.

Hay diversas formas de entender el pluriculturalismo, pero hay un fondo claro, debe basarse en el diálogo intercultural que respete todas las culturas. Toda cultura tiene riquezas. El diálogo comienza en la educación. En sociedades multiculturales, la única forma de evitar la fragmentación y las rivalidades de los diversos grupos es englobarlos en un proyecto colectivo y solidario  que cree conciencia común de pertenencia ciudadana. Hay que pasar de la Multiculturalidad a la interculturalidad. Es la única forma de poner las raíces de la identidad en el futuro. La Esperanza de futuro apacigua los resentimientos del pasado.

En el revés de la trama que une estos compromisos  se tejen diversas cuestiones. Cuestiones que han sido aventadas por la crisis financiera que estamos viviendo y en medio de la cual escribo: el Estado de derecho y los derechos humanos, la relación entre lo público y lo privado, la conciliación de lo universal y lo particular para construir una modernidad sobre la base de valores propios; el acceso a la sociedad de la información con criterios de pertinencia y relevancia para crear la sociedad del conocimiento. El conocimiento es la información seleccionada y procesada y por eso cada cultura, cada nación, debe crear la suya; la configuración de una idea de nación no excluyente  sino abierta a una comunidad hecha de naciones,  que aloje una sociedad transcultural e intercultural; la valoración del pensamiento propio como proyecto emancipatorio de formas soterradas de colonialismo cultural o académico; la articulación de un proyecto que tenga como meta la utopía, la utopía concreta. Para todo esto es preciso construir el Estado desde un imaginario democrático y solidario. Construirlo desde la cultura.