Bestiario chilensis de Lukas

Hace muchos años publiqué un libro, La imagen artística de Chile, donde me ocupé aunque manera sesgada del “Bestiario nacional”. Ya entonces tuve ocasión de constatar que nuestra teratología emblem tica se encontraba estrechamente asociada con el mar y con nuestra condición de finis terrae.

Si la teratología es la ciencia de los monstruos, el bestiario es un corpus constituído por un grupo estructurado de temas animales, o semihumanos, que tiene un valor emblem tico, escatológico, místico, alquímico o esotérico. No es ni un cat logo de especies ni un simple repertorio de elementos dispersos. Aunque la representación animal sea realista, lo propio del bestiario es la presencia de lo insólito, lo féerico o lo maravilloso. La visión del mundo (Weltanschaung) hecha de creencias religiosas, leendas populares y, por qué no, de acertijos alquímicos es el cañamazo que da coherencia a un tejido de relaciones significativas y a menudo paradigm ticas que presiden la formación del bestiario. Ya en la Edad Media los bestiarios constituían documentos maravillosos para estudiar las mentalidades. Aportaban un comentario explícito, aproxim ndose a la alegoría.

Lukas lo utiliza sobre todo para describir tipos humanos, personalidades…

En la Edad Media los monstruos obsesionaron a San Agustín y San Isidoro de Sevilla se dió a la tarea de clasificarlos, obsesión taxnómica que recorre la imaginación occidenal llegando hasta Borges. Son famosos por lo demás los bestiairos medievales que se conservan en la Biblioteca Nacional de París, como el titulado: La maniŠre e les faitures des monstres e de hommes, o  El liber de monstruosis hominibus, guardado en Brujas, y otros de la Biblioteca del Arsenal o de Saint Germain-de-Près.

Con los primeros navegantes desembarcaron igualmente en América los monstruos. Mucho del Bestiario Medieval se reproduce en la primera cartografía artística y en los grabados de De Bry y Hulsius, que ilustraron viajes del siglo XVI. Como la patria de los monstruos siempre fueron las fornteras del mundo conocido, los conquistadores creyeron que los monstruos habitaban ya las Indias, y los indianizaron, al igual que indianizaron a todos los habitantes de estas tierras a quienes nunca antes se les había pasado por la cabeza que pudieran ser “indios”. Ellos eran mapuches, diaguitas, atacameños, aymaras o aztecas…, pero nunca habían sido indios. Indianizar signicaba desnudar, agregar macana o flechas y acentuar el car cter feroz del personaje, para lo cual el canibalismo como vicio se prestaba perfectamente. Los monstruos, pues, se americanizaron, mostrando sus desnudeces y un apetito desmedido por la carne del prójimo.

El fantástico europeo se distribuyó por todo el continente: en la Guayana Sir Walter Raleigh situó a los esternocéfalos, cuyos rostros se encontraban a la altura del pecho. En el Amazonas, las guerreras dieron su nombre al río, en México y Chile se anunció la presencia de gigantes, y de hombres caudados… Sin contar a los seres compósitos, nacidos de una imaginación más cercana a América. El más completo repertorio de los monstruos americanos lo encontramos en la Historia Monstrorum de Ulyses Aldorvandi, a comienzos del siglo XVII.

Estos monstruos venían d ela tradición clásico-medieval, pero también fueron engendrados por las incertidumbres de reconocer lo desconocido y por las visiones calenturientas que provocaban las fatigas del viaje. ¿o es que el hombre sólo ve lo que teme o lo que quiere ver? Así una de las primeras descripciones del nativo americano, de Sacrobusto en 1498, dice que los “hombres eran de color azul y de cabeza cuadrada” (glosa a la Sphera Mundi de John of Holywood).

Desde sus orígenes los “monstruos” americanos fueron portadores de un discurso, alegórico o simbólico. El gigante representaba los inicios de la humanidad y así lo recogió Vico cuando en su Ciencia Nueva, lo situó en la primera de las diversas fases de la historia. En el se reflejaba un miedo ancestral, freudiano diríamos a partir del siglo XIX, miedo ya presente en las aventuras de Odiseo y todavía visible en la Jerusalme Liberata, donde Torcuato Tasso escibe: Orribili mughiante/ scopro su’l litto patagon gigante ¿Y acaso Shakespeare no recoge la misma idea en su Calibán de la Tempestad? Pero además todos estos endriagos eran emblem ticos, hablaban de barbarie, de una naturaleza humana de tono menor, incluso aludían a las fuerzas que el Anticristo debía reclutar al fin del Milenio. En el Nuevo Mundo legitimabna la conquista. Vencer o dominar estas fuerzas monstruosas era el triunfo del Bien sobre el Mal.

En el Reino de Chile sentían los viajeros que se les agostaba el continente. Era la aventura meridional donde en el finis terrae, al amparo de la bruma, los elementos volvían a separarse: la tierra, del agua y del fuego. No fue por azar que llamaron fueguinos a sus habitantes. Y los personajes que animaban su geografía: los gigantes, los hombres con cola, los basilíscos, los pingüinos desmesurados, los hombres mitad sol y mitad sombra y hasta las serpientes marinas constituyeron el último capítulo de una geografía novelada que entonces provocaban el mayor interés en los lejanos lectores de sus crónicas.

Basta echar una ojeada (de mirada más que de hoja) al mapa que acompaña a la Histórica ralción del Reyno de Chile de Alonso de Ovalle para verificar lo que estoy diciendo. Uno de los maestros de Lukas que lo hizo y redibujó con su humor impenitente la disparatada fauna que había imaginado el ilustrador de Ovalle, fue Oski, el gran dibujante argentino, en una grabado iluminado, de buenas proporciones, que figura en la Vera Historia Natural de Indias.

Nuestra geografía -que siempre ha sido loca- se llenaba así de leyendas, convirtiéndose en un relato fant stico no excento de humor.

¿Cómo no captarlo en los párrafos que Pigafetta dedica al susto que Magallanes provocó poninedo delante de un espejo a un gigant, goloso de las ratas del barco y a quienes los hombres apenas le llegaban a la cintura: al ver su reflejo: “retrocedió tan espantado que echó al suelo a cuatro de nuestros hombres”.

Un auténtico humor surrealista -sino pregúntele a Dalí- se manifiesta en el gusto por crear monstruos compósitos, como el animal que “tiene la cabeza i las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de ciervo i la cola de caballo, i relincha como éste” (Pigafetta) y que Rostand en el Cyrano, ÿllamó elephantocamelo, y que no es otra cosa que nuestro amabla, aunque a veces “pollento” -diría Lukas- guanaco.

Un arte el del injerto – al  que afeccionaba particularmante Lukas-, al igual que el de la amplificación son característicos de la técnica del bestiario. Una vieja técnica que a los logógrafo de la Antigedad y la Edad Media les resultaba muy útil para amenizar la historia con la fantasía, hacer sentir los peligros de lo desconocido y situarse en los límites del Mundo, como hacen Homero y Marco Polo. ¿Y no era en esos límites precisamente, enfrent ndose a las leyendas geogr ficas, donde se hacía el héroe? ¿Y acaso Chile no fue también para sus exploradores un nuevo límite del mundo?

Con el bestiario los sabios medievales o forjaron símbolos de sus creencias y alegorizaron sus conocimientos. A los europeos del Renacimiento que llegaron a América les permitió dar un nombre a especies nuevas no conocidas por ellos o expresar sus temores escatológicos y telúricos o sus dudas sobre la condición humana de los personjas que los recibían, bien que mal, en estas tierras.

La alegoría afecciona igualmente servirse de los monstruos. La alegoría es una figura pl stica o literaria, donde las im genes o los términos se refieren a un significado oculto y más profundo, que no es leído globalmente como en la met fora, sino término a término o figura tras figura. La función alegórica -dice Heidegger- es decir otra cosa que de sí misma.

En el imaginario el patagón hace su primera aparición en un grabado de Stradanus de 1523, una alegoría. Allí se le ve a uno de los bordes del Estrecho, con enormes pies cubiertos de babuchas de piel y trag ndose una flecha, como los tragasables de feria. Dice López de Gómara que para asustar al enemigo. En  realidad el sentido más profundao radicaba en el primitivismo que implicaba el gesto, un primitivismo que legitimaba la conquista. La alegoría de Stradanus por otra parte a través de su riqueza de detalles, es un comentario preciso de determinados aspectos del viaje ¿Por qué Apolo y el Ave Rock con un elefante entre sus garras? Apolo es le signo de la redondez de la tierra, al darle la vuelta Magallanes había imitado el sol, Rock es la referencia a Marco Polo… Magallanes es también el discurso del Finis Terrae, que en la época aparece asociado al fin de los tiempos, una alegorización que lo unía a una mística salvacionista.

También se utilizaba el discurso teratológico como una forma de afirmar la superioridad de Europa, pues fueron numerosos los que se creyeron que las especias americanas distintas de las del Viejo Mundo sólo podían ser degeneraciones de las de éste.

Esta teoría fue desautorizada en su época por el autor a quien el propio Lukas dedica su Bestiario: el abate Molina.

Lukas, por su parte, sólo se servía del personaje compósito con amor y para completar la personalidad compleja de algunos prototipos de nuestra picaresca nacional.

Lo propio del bestiario y, en particular de la fábula, a la que Lukas est  particularmente próximo, pues sus personajes, como los de Esopo, encarnan una conducta y llevan a menudo implícita una moraleja, es la representración del hombre como animal, o al animal actuando como hombre. Una de sus formas de caracterización es la utilización de elementos animales o vegetales que sustituyen partes del cuerpo humano para definir un personaje.

Lukas define el actuar del chileno por analogía con la emblem tica animal. Construye una picaresca de la sociedad a través de una forma de fisiognómica. Ciencia, que como lo aclaré en otra ocasión se origina con el Trattato: De humana physiognomia (Hannovia 1586), Giovanni Battista della Porta, reiterado dos siglos más tarde por Lavater en su Physiognomie, ambos aseguraron que el car cter de un hombre podía descubrirse en el parecido que éste tuviera con un determinado animal. Sólo que en el caso de Lukas su bestiario parte de una emblem tica popular, del lenguaje familiar figurado. Sus personajes son figuras retóricas inspiradas en determinadas propiedades visuales o metafóricas atribuídas a la fauna chilena o en tópicos de conducta humana simbolizados por ella.

Con su bestiario Lukas entra en la emblem tica nacional. El lenguaje figurado, entre los que se incluyen los propios garabatos, es expresión de fondos culturales muy profundos y de el surgen los filones populares de la identidad nacional. Es notorio que la mayoría de los “tacos” españoles (cochinadas) son esencialmente heréticos. Lo que demuestra la fuerza de la religión en su cultura. Precisamente la intensidad o la ferocidad del garabato radica en la transgresión de un espacio tabú, en este caso un espacio sagrado. Los franceses, en cambio, expresan su cultura rabelesiana en un abanico de “gros mots” sexuales o escatológicos. Los chilenos acusamos una marcada preferencia por el mar, en cuya fauna encontramos muchas de nuestras met foras sexuales y sociales, y los antillanos por las frutas. Lukas pone en imagen este lenguaje popular y familiar. ­Que mejor ejemplo que el “gallo-choro”! A la vez una figura compósita y un injerto, característica de todos los bestiarios: gallo decimos corrientremente para indicar persona, o galla para mujer, que no sea ni niño ni viejo, agrega el Diccionario ejemplificado de chilenismos. Pero también gallo es persona fuerte y valerosa: ser muy gallo, lo que se adecua a una de las acepciones posibles de choro: “dícese de la persona que se destaca por su car cter audaz y valeroso”. Con la amfibología de que también choro puede ser “aniñado”, incluso “delincuente”, etc. De esta amfibología nace una polisemia en la que afinca corrientemente un tipo de humor chileno, ocurrente, que caletea entre los múltiples sentidos de las palabras y las apariencias.

Lukas en su Bestiario del Reyno de Chile nos adentra en el mundo de las agudezas, de los dichos y ocurrencias: “es un gallo ocurrente que nada tiene de pajarón”, de los aforismos, de los proverbios, de los refranes. A través de ellos hace una radiografía de la sociedad chilena, una sociedad que se reconoce en lo popular a traves de sus met foras y metonimias animaloides.

Su Bestiario es un retrato iluminado de la sociedad chilena.

 

Miguel Rojas Mix.