Batman y los justicieros enmascarados ¿Una tradición de la literatura inglesa?

( 3 Fotos: afiche/ La primera portada / y Herne el Cazador) (Dos recuadros: usamericano y Herne el Cazador).

El estreno este año, por la Warner Bros, de la segunda parte de las aventuras de Batman, con un éxito de taquilla que bate todos los récords, muestra cómo finalmente el cómic se ha impuesto como el gran producto cultural de este siglo, me refiero por cierto a la cultura espect culo, la que antes que tuviera los grandes medios técnicos que tiene ahora llamabamos “cultura popular”, una cultura que todav¡a sigue siendo considerada por muchos de segunda, o puramente comercial, pero que ha demostrado tener un impacto social gigantesco. En el sistema de valores, por ejemplo, su impacto es mucho mayor que el de la cultura de élite.Entre otras cosas, representa el triunfo aplastante del modelo cultural usamericano, que empezó a imponerse poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Se introdujo como diversión para los ignorantes, mientras que el modelo francés era cultura para cultos. Pero que poco a poco habr¡a de desplazarlo, hasta que los intelectuales terminaron aliment ndose fundamentalmente de cultura de masas. La cultura francesa de hoy no nos dice nada, y la de ayer es cada vez m s una referencia no le¡da, mientras que la usamericana nos invade: el cine, los cómics, los hamburguers, los Rythm and blues, Disneyworld… son sólo algunos ejemplos. Lo que antes el etnocentrismo europeo ignoró y despreció, le plantea ahora la gran pregunta: ¨Cómo resistirlo?

La cultura de cómics ha creado sus propios mitos, anclados en los fundamentos de la cultura anglosajona. El de Batman es una clara proyección de la ética puritana: un personaje providencial que se enfrenta al mal y lo destruye, como en su época los pioneros eliminaban a los indios. En el fondo El Joker y el Pinguino son la continuación de los indios, condenados por naturaleza, son el pecado absoluto que hay que eliminar. Es una imagen sin matices, los malos como el Mal son absolutamente malos. El héroe funciona como el Deus-ex-machina, como en el teatro antiguo baja desde lo alto para resolver situaciones embrolladas.

Quien ha adquirido ciertos matices con los años es Batman. Consecuencia de que la sociedad ha hecho su revolución sexual y los héreos ya no necesitan como en las pel¡culas de los años cincuenta darse una ducha vestidos cuando han estado ad-portas con una vamp. Ahora es normal que llegue “la sangre al r¡o”. Sin mayores problemas pueden llevarla a la cama,, aunque se supone que con acompañados de Mr Condon. O ella llev rselo a él, pues la inciativa ha sido siempre una virtud de las chichas puritanas. El héreo ha cambiado tambien ligeramente de personalidad consecuncia probablmente de la moda del sicoan lisis: a menudo se le ve depresivo y bajo la doble personalidad se advierte, cada vez mas clara, una personalidad esquizoide. Aparte de los matices propios de la puesta al d¡a, la verdad es que después de 50 años el personaje no ha adquirido una sola arruga.

El justiciero enmascarado, el héreo de doble personalidad, es una tradición en la literatura inglesa, y no existe en la española, donde después de El Cid, incluso el personaje del justiciero desaparece y el caballero andante se hace p¡caro o enloquecido manchego: cada cultura crea sus propias figuras de identificación. Durante el franquismo va, sin embargo, a adquirir popularidad; porque es un héreo que sirve para mostrar “de qué lado est  el Bien”. Es el caso del Guerrero del antifaz. Pero el modelo de héroe del integrismo católico no pod¡a poseer poderes sobrenaturales, ya que estos estaban reservados a Dios, por ello su cualidades fueron f¡sicas (hubieran podido batir todos los récords de Decatlón) y morales: patriotismo, familia y religión, todo defendido con valent¡a. Significativo es que los superhéroes, que fueron conocidos en Esapaña gracias a las publicaciones de la Editorial Novaro de México, fueron prohibidos por Fraga siendo éste Ministro de Información y Turismo. La explicación fue que los personajes demiúrgicos no resultaban adecuados para la mente de los adolescentes.

El personaje viene de la Edad Media, se sentaba en la Mesa Redonda con el Rey Arturo, es sos¡a de Robin Hood, y descendiente directo de otro héreo menos conocido, pero no menos fascinante: Herne el Cazador. Precursores m s recientes fueron Dick Turpin, Pimpinela Escarlata, El Zorro, La Sombra, héreos de las dime novels, que antecedieron a los comic-books.

El héreo enmascarado vuelve a adquirir actualidad en los EEUU a fines de la década del treinta. Devuelve la confianza social a quienes la hab¡an perdido con la gran depresión y se inquietaban de las consecuencias de la guerra en Europa. Necesitaban superhéroes para que los defendieran no sólo de los villanos que atentaban contra su propiedad, sino de las potencias extranjeras que pod¡an amenazar la seguridad de su pa¡s. De héroes que encarnaran con absoluto optimismo el “sueño americano”.El ideal llegó y duró hasta John F. Kennedy, que en un discurso resumió en un frase su emblem tica, mostrando porqué el usamericano se identificaba con él: “Nosotros, en este pa¡s, en esta generación, somos por destino, m s que por elección los vigilantes de la libertad mundial”. El “sueño americano” tuvo un terible despertar con la derrota de Viet Nam; fue entonces cuando incluso los superhéreos comenzaron a ser ganados por el escepticismo y a dudar de los valores morales de Gotham City (Nombre de pega para Nueva York en las aventuras de Batman).

Batman y su acólito, el adolescente Robin, fueron creados por Bob Kane. Batman apareció por vez primera en Detective Comics , EL Nø27 en 1939, y acompañado de Robin, tuvo su primer número especial en 1940. Segu¡a, con dos años, a Supermann, nacido en los Acction Comics en 1938, y cuyo creador, el dibujante Joe Shuster, acaba de entregar su alma a Dios, el 92. Ambos personajes, defensores a todo trance de la ley y la pax americana, modelos de buenos americanos, travestidos en tenidas de circo para que nadie los reconociera en la vida civil, estaban destinados a modificar profundamente la cultura del planeta. Ejemplos del “buen americano” hasta la crisis de valores que implicó la derrota de Viet Nam, Bruce Wayne, como se le conoce a Batman en su identidad privada, tuvo, por voluntad del público (se hizo una encuesta), que abandonar a Robin, pues muchos comenzaban a sospechar que relaciones tan estrechas con un adolescente sólo pod¡a mantenerlas un homosexual.

 

Miguel Rojas Mix