ARIAS, P. E. y HIRMER, M. Le vase grec.

114 págs. de texto, .240
láminas en blanco y negro y 52 reproducciones a color. Flammarion.
París, 1962,

En Anales de la Universidad de Chile 1963

Esta obra es mucho más de lo que su nombre indica, ya que no sólo
nos da cuenta de algunos vasos griegos, sino de todo el movimiento
pictórico de la Hélade: pues, como bien se sabe, en una época en que no
se distingue mayormente el ceramista del pintor, la cerámica es el único
testimonio de la pintura griega, irremediablemente perdida.

Dejando de lado el valor de la cerámica como documento histórico
—es una de las fuentes más importantes para nuestro conocimiento de
la Antigüedad—, los autores procuran destacar su valor artístico, dando
así una visión de conjunto de la más fina expresión del arte helénico.
Sin embargo, la selección y ordenación de las láminas está cuidadosa-
mente hecha para darnos un cuadro histórico del desarrollo de la cerámica griega.

En efecto, las primeras ánforas con que nos encontramos están decoradas en el estilo geométrico que floreció en los siglos XII y XI A.J., y cuyos
Principales restos se encuentran en el Ceramicón, aquel cementerio  de
la alfarería ateniense que tanto ha ayudado al historiador. A continuación, vemos en las láminas .siguientes como el estilo geométrico va dando
paso a un estilo figurativo, que se manifiesta por vez primera en la repetición de pequeños  motivos, como la serie de caballos de la crátera de
Dipylon (fig. 5), “que pese a su estructura ingenua y linear, revelan
ya intenciones figurativas”. Un poco más entrada la época histórica, el
culto a los muertos y las influencias orientales, a la vez que afinan y
reducen los cacharros, transforman las escenas figuradas en algo mucho
más complejo. Surge entonces la figura humana, no como un hallazgo,
sino como el renacer de los motivos del arte creto-peloponésico, donde
tenía larga tradición.

Es en el siglo VI y V A. J. cuando la cerámica alcanza su apogeo. Los
grandes artesanos, llamémoslos pintores: Clitias, Exékias, Amasis, Sophilos, etc., inician la tradición de las figuras en negro y comienzan a utilizar los motivos del ciclo épico y dionisíaco.

Esta tradición se mantiene, vivamente influida por la escultura hasta
los anos de Pisístratos, en que se abandona la técnica de las figuras
negras y opacas, ya esteriotipada, para buscar superficies que permitan
indicar claramente los detalles del desnudo y de los ropajes. En este período comienza a utilizarse la técnica de las figuras en rojo, especialmente apta para representar el cuerpo humano, en cuya plasticidad se recrea el pincel de artistas tan notables como Oltos, Euthymedes y Euphronios. Es la época en que la firma con que los artistas rubrican sus obras, delata su afán creador: Polygnoto epoiesen.

A fines del siglo vi y comienzos del v, Polygnoto, marca una profunda
transformación en el estilo y los intereses formales de la cerámica. Para
ampliar el campo, pone a los personajes en diferentes niveles que separa
con líneas onduladas (figs. 173-5). Por otra parte, procura traducir los
sentimientos de los personajes, a quienes pinta en tensión o conversando.
Se crea así, un estilo de vasos llamados polygnoteos, en los  que se advierte
que la preocupación principal del artista es trasuntar el ethos de los
héroes: véase la mirada apasionada que une a Aquiles y a la Amazona
en el momento en que éste la traspasa con su espada (168-9). Por último Polygnoto enriquece el cromatismo, empleando cuatro colores.

A fines del siglo v comienza a desarrollarse una tendencia manierista,
en la que se pierde el interés por la composición y  el artista se preocupa
principalmente del color y de la luz. Es por ello que en el siglo iv se ha
producido una estandarización de los motivos, los cuales se repiten según
esquemas más o menos variados. La pintura en este siglo busca renovarse
por medio de la policromía, pero es incapaz de encontrar soluciones nuevas.

La obra comprende además de un pequeño texto de Arias, muy orientador, un extenso comentario final, donde se describen las obras reproducidas, se analizan los estilos, las escuelas y los artistas. Fuera de la completa serie de reproducciones, cabe destacar la calidad de la fotografía de Hirmcr. Por ello Le vase grec nos parece una de las obras más acabadas sobre la alfarería y la pintura griega,