Argentina. “El futuro vivía aquí”: El Pabellón de Sevilla

Cuando visité el paballón de Argentina por primera vez, a pocos días de iaugurarse la Expo, unos pintores de brocha gruesa estaban escribiendo en una de sus fachadas: “El futuro vive aquí”. Me dije que sin duda prefería no mencionar el pasado, y entré. Sin embargo, en el pabellón no hay un solo indicio de futuro. Incluso los artistas que expone son viejos de más de medio siglo, como es el caso de Pettoruti. Lo demás es vacío, silencio como la pampa, muy evocada en esta muestra. Y un detalle curioso, la bandera argentina no esta izada sobre el pabellón, sino que está expuesta en la sala, como si fuera otro objeto pintoresco. Es además la bandera con el sol entre los dos horizontes celestes: ¿La bandera militar?

Mafalda, dando vueltas por la exposición, mirando y remirando, buscando y rebuscando, respondería a quien le preguntase: “¨Qué hacés?”. “Estoy buscando el futuro.

En realidadel futuro al que alude el pabellón no es otro que el que ofrece uno de los espejismos más peligrosos y engañosos de nuestro imaginario político: el mito del “pueblo joven”. Aquél que afirma que América Latina,  simplemente por ser jóven, tiene reservado un futuro.Ya Ortega y Gasset, fino observador de la sicología del hombre argentino, cometió uno de los grandes , y más sabrosos errores de jucio, al tratar de comprender el futuro de la Argentina partiendo de este mito: Argentina como pueblo joven, previno, tendrá grandes gobertantes, pero difícilmente un gran escritor.

Por lo demás, si continuamos viendo la exposición que se caracteriza por su vacío de objetos, apoyándose exclusivamente en un documental, que pasa en una sala central, el futuro de la Argentina son vacas, muchas vacas; que cada día resultan más difíciles de vender en el mercado europeo, sino son espacios sin horizontes: la inmensidad del paisaje de la pampa, el gigantismo de los farellones antárticos… Cuántos mitos están repercutidos en esta visión, comenzando por  uno de los difundidos por sus más agudos intelectuales, al ejemplo de Martínez Estrada en Radiografía de la Pampa. Argentina sigue esperando su futuro de la geografía: “Los grandes espacio productivos”, como dice otro texto: ¡Ojalá!

Cuando volví por el pabellón, sólo una semana después, el lema había desaparecido ¨Alguna de las azafatas había escuchado la pregunta de Mafalda y trasmitido al comisario y éste a un hombre cuerdo, que le habría recordado lo bueno que es no vender la piel del oso antes de haberlo matado…?

El hecho es que lema había desaparecido y se leía un lacónico: Argentina. El futuro había sido reemplazado por una galería de los más famosos personajes de cómics de la cultura argentina ¿Otro chiste?: con las chicas de Divito, con los mujeres de ciencia-ficción de Juan Jiménez, los gauchos de Fontanarrosoa. Pero el pabellón seguía siendo un paballón vacío. Más una sala de baile que una muestra. Pues es quizá lo mejor  de él: el espectáculo de tangos que se ofrece a espacios regulares. Un pabellón marcado principalmente por dos pobres bazares, donde se vendían artículos que reproducían en estereotipos de lo que el tursita puede encontrar en Argentian, sobre todo el bazar del cuero; o la venta de reproducciones de algunos temas tradicionales de la pintura colonial, como es el Angel del Arcabuz o Santiago “Mataindios”, o afiches. Entre los cuales se notaban algunos del incomparable Molina Campos, a quien dicen que Walt Disney le copió sus caballos, cuando hizo aquella pel‰cula sobre América latina, la menos recordada quizá de toda su serie, ni siquiera ahora que estamos en el Quinto Centenario: ¡Salud Amigos! En todo caso, Molina Campos es una referencia sólo para argentinos o para grandes conocedores y amantes de los popular de su cultura, en particular los amantes de las alpargatas.

MRM