Adiós querido amigo

11/12/10 

Para Norbert Rehrmann

Hace algo más de diez años recibí una llamada de Alemania. Se identificó como un colega, profesor de Dresde y que estaba interesado en contactarme porque, habiendo leído algunos de mis libros se percataba que compartíamos muchas preocupaciones científicas y seguíamos líneas de investigación comunes. Era Norbert Rhermann.

Se inició entonces una enriquecedora amistad en la que avanzamos juntos en muchos temas. Tal vez el más importante fuese la visión de América Latina. La mayoría de los investigadores europeos modula su visión de ese continente cultural complejo a partir de las relaciones que mantuvieron durante el período colonial sus países con España. A menudo son de ellas que nacen sus líneas de investigación. Un caso evidente es el de Francia en donde el punto de partida de sus reflexiones se encuentra en la obra de el Padre Las Casas;  del cual son sin duda los más asiduos estudiosos. La referencia a Las Casas implica, desde la época de Francisco I, la crítica a la legitimidad del dominio español. De ella nace incluso la llamada “Leyenda Negra” que luego se difunde en la iconografía holandesa y alemana a través de los grabados de Théodor de Bry y Matheus Merian y se continúa en la historiografía francesa en la obra del abate Reynal. En el caso de Alemania la visión de América tiene como referente una figura que está en el vórtice de la Colonia y la República, que modifica tan radicalmente la visión de América, que es considerado  el segundo descubridor del Continente. Alexander von Humboldt deja de lado las fantasías y exotismos con que se había figurado América durante tres siglos y  la describe con una mirada científica que abarca tanto la naturaleza como los hombres y es anticipadora  del discurso de independencia de los criollos. La obra del Barón von Humboldt  va efectivamente a inspirar en la historiografía alemana una mirada no marcada por los antagonismos coloniales y con una perspectiva de futuro que incita a los americanistas a preocuparse más por los temas republicanos y a tener una mirada matizada sobre las políticas coloniales, en parte porque Alemania no tiene pasado colonial en el Nuevo Mundo.

En esa línea Norbert Rerhman realiza investigaciones históricas que se centran en las perspectivas del desarrollo americano partiendo de Bolívar. Trabaja sobre el imaginario que autores alemanes como Marx y otros se forjaron de América para incluirlo en sus sistemas. La mirada de Norbert busca situarse en la encrucijada de un imaginario especular: tanto en el que Alemania tiene de América como el que Latinoamérica tiene de Alemania. Destierra así todo eurocentrismo. Y, a su vez, desde este reflejo,  se encuentra  él mismo, haciendo un camino común con los pensadores latinoamericanos. Así, se interesa por percibir la realidad la realidad tal cual ella es vista por éstos: Por la construcción de las naciones en el siglo XIX: el conflicto entre “civilización y barbarie” que, en definitiva, no era otra cosa que la dialéctica de una política nacional que se debatía entre la ciudad y el campo, entre el natural y el inmigrante. En Argentina es base de inspiración cultural, comenzando por la literatura, donde  llega hasta Borges, mientras que en la música se ve crecer la ciudad a través del tango y en política el debate continúa entre los dos principales partidos: peronistas y radicales. Reflexiona siobre los discursos de identidad compuestos en realidades multiétnicas e interculturales,  sin olvidar los aspectos políticos y económicos, ni el peso de un imperialismo que trató al sur del continente como su patio trasero. Su atención no pasó por alto las secuelas históricas de la exacerbación en los conflictos políticos que se catalizaron en revoluciones y dictaduras y en crímenes de lesa humanidad.  Su mirada siguió los laberintos de una historiografía, marcada a menudo por sensibilidades culturales y políticas que sólo quien participa de una familiaridad cultural puede percibir y no se detuvo ni siquiera frente al futuro, del que intuyó sus raíces: En el trayecto de su investigación cultivó la amistad y los encuentros.  Lo recuerdo como un inolvidable amigo. Organizamos numerosas actividades comunes, tanto en Dresde como en España, donde yo dirigía una Universidad de Verano y Norbert me acompañaba a menudo como expositor. La nuestra fue una relación afectiva, una amistad en la que aprendimos mucho el uno del otro. Norbert prestigiaba la Universidad de Dresde en América Latina –por hablar sólo de mi tierra-y transmitía valores de camaradería y solidaridad que aumentaban el aprecio que, con su presencia, sentíamos por Alemania.

 

Era mucho lo que nos aproximaba. Pero había otro tema transcendental del que compartíamos el desasosiego: el destino de los Estudios culturales. En este sentido nos preocupaban sobremanera los efectos culturales que implica hoy la adopción de un modelo universitario impulsado por una concepción  neoliberal, globalizado,  y acelerado  por el proceso  de privatización de la Educación Superior. Un sistema que,  para imponerse, implica restringir la formación humanista y soslayar los valores regionales y el diálogo cultural. He aquí una primera razón de la necesidad de fortalecer la responsabilidad cultural de la Universidad pública. Los mismos economistas señalan que la promoción inteligente de la creatividad contribuye al desarrollo económico; en cambio el descuido de las industrias creativas provoca desaprovechamiento de recursos. Es desde la cultura que la universidad realiza su ministerio formativo. La educación superior es parte básica de la cultura y el progreso de los pueblos. Por función cultural de la universidad debía entenderse su responsabilidad de formar no sólo profesionales, sino intelectuales. Pero el tema va más allá. Es sólo desde la cultura que es posible comprender  a otros pueblos: saber valorarlos y preparar a los países para tener un diálogo cultural que sea la base de muchas formas de entendimiento. Incluso en el marco del Tratado de Lisboa que pretende hacer de Europa la economía más competitiva del mundo y que se apoya en la Declaración de Bolonia, es preciso entender,  que es desde la comprensión cultural que progresan las relaciones económica. No es por azar que España sea hoy en América Latina el primer inversionista de la Unión Europea y el primero del mundo en el sector bancario.  En un encuentro de empresarios e intelectuales, al que hace algunos años me envió la UNESCO a Washington, pude constar cómo las empresas se servían cada vez más de la cultura para sus políticas inversionistas en los países emergentes. Una figura parecía destacarse en las avanzadas económicas: La del consejero cultural, que trasmitía a las empresas el cuadro histórico-social e identitario en el cual debían presentar sus productos. Hoy, todas las Grandes Escuelas de Francia, que son las que conozco, tienen departamentos de Estudios culturales

En ese sentido considero particularmente importante mantener la línea formativa que inauguró Norbert Rehrmann

Finalmente quisiera concluir con unos párrafos que leí cuando esta universidad me otorgó el honor de concederme el título de Dr. honoris causa, distinción a   la que fui presentado por el propio Dr. Norber Rehrmann. Sólo unas pocas líneas que se que acordaban con su convicción profunda en torno a la importancia de los estudios culturales:

“Man kann nicht aufhören das Konzept einer Universität, wie es uns durch die so genannte Ökonomie des Wissens suggeriert wird, mit Furcht zu betrachten. Ein Konzept, in dem das Studium anhand seiner Rentabilität gemessen wird und das die Streichung oder Zusammenlegung weniger rentabler Studiengänge vorsieht. In Spanien schlägt man vor, all jene Studiengänge aufzulösen, die weniger als 70 Neueinschreibungen pro Jahr aufweisen. So schickt sich das Schwert des Marktes an, die Geisteswissenschaften zu enthaupten, ebenso alles, was nicht zu einer Anwendbarkeit führt. Es ist das Konzept der Rentabilität, das hier im Spiel ist und das die Universität einer Ökonomie des Wissens von der einer Wissensgesellschaft unterscheidet. Ohne Geisteswissenschaften ist es sehr schwierig, dass eine humane Universität entsteht. Die Geisteswissenschaften als Disziplin und als Kulturgut bilden die lebensnotwendige Basis für die Reproduktion der Gesellschaft an sich und für den Bau der unerlässlichen Brücke, die uns den Austausch mit anderen Kulturen erlaubt. ..Ohne Geisteswissenschaften gibt es keinen Humanismus und nur unter Schwierigkeit können wir eine Kultur des Friedens entwickeln, wie es heute der ethischen Verantwortung der Universität entspricht. Kant sagte, dass der Frieden der menschlichen Natur nicht innewohne, dass man ihn anlegen müsse. Das heißt, man muss im Sinne einer Kultur des Friedens erziehen. Es ist möglich, dass die ökonomistische Vision der Universität in Erwägung ziehen könnte, dass ein Lehrstuhl für Kultur aus marktwirtschaftlichen Gesichtspunkten nicht rentabel ist. Für die Bewahrung der Menschheit ist er es jedoch sehr wohl.

Adiós, querido amigo